Juristas

"Todos los estudiantes deberían pasar por la Clínica Jurídica": la cara más humanitaria del Derecho en las Baleares

Los estudiantes de la UIB combinan aprendizaje práctico con servicios sociales y atienden casos reales de personas en situación de vulnerabilidad

30/03/2026

Palma“Todos los estudiantes deberían pasar por la Clínica Jurídica si quieren ejercer la abogacía”, asegura el abogado y coordinador del proyecto, Sebastià Arbós. Los estudiantes que hacen las prácticas están de acuerdo y saben que este "tast" del oficio real de abogado no lo encontrarán en los manuales de Derecho.

“Si aquí lo haces de manera gratuita, es porque realmente te gusta”, explica una de las alumnas que hace las prácticas de Derecho en la Clínica Jurídica, en la Fundació Monti-Sion, donde es habitual ver con el chaleco de voluntario al presidente y magistrado del TSJIB, Carlos Gómez, socio fundador de la entidad, y el presidente y magistrado de la Audiència Provincial, Gabriel Oliver, ambos voluntarios de la fundación –no de la Clínica Jurídica, por su condición de jueces.

Las alumnas (mayoritariamente, mujeres) que hacen las prácticas coinciden en que el paso por la Clínica les ayuda a definir la vocación profesional y, además, les hace vivir de primera mano realidades sociales que muy a menudo no se perciben en la facultad. “Es un espacio donde se confrontan con la realidad social y con la dimensión humana de la profesión, al tiempo que les permite desarrollar habilidades como la escucha activa, la comunicación y la capacidad de análisis en situaciones reales”, apunta el actual coordinador de la clínica y abogado, Sebastià Arbós.

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Una parte esencial del trabajo consiste en orientar, ayudar a las personas a entender su caso, recopilar documentación y hacer los primeros trámites. “Muchas veces llegan sin saber cuál es exactamente el problema que tienen ni qué necesitan para solucionarlo. Por eso, lo más importante es que salgan con una idea clara de la situación y sepan cuáles son los pasos que deben seguir”, explican los alumnos. “Aunque no solucionemos el problema que tenga aquella persona, es increíble ver cómo salen de aquí con otra cara. Se les nota que les hemos dado esperanza”, explica una de las practicantes.

Las experiencias de los usuarios evidencian el impacto del servicio. Una mujer explica que conoció la Clínica a través de los programas sociales de la fundación y que recurrió a ella por unas deudas que arrastraba desde hacía años y que no le permitían avanzar. “Tenía una deuda de un piso desde hacía años. Tuve un accidente trabajando y no podía trabajar ni pagar. Aquí me ayudaron y conseguí ir a un juicio con un abogado que no hubiera podido pagar”, relata. Según explica, el caso se resolvió hace un año, aunque el origen del conflicto se remontaba dos décadas atrás: “He podido solucionar un problema de hace 20 años”. Con una pensión de unos 800 euros y un alquiler elevado, asegura que la situación era muy complicada y que el apoyo que ha recibido ha sido clave. “Es una herramienta excelente para las personas que estamos en situación vulnerable, me ha cambiado la vida”, subraya. También reivindica que el servicio crezca: “Se debería dar a conocer más y tener más espacio, porque cada vez hay más gente que lo necesita”.

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Otra usuaria pone el acento en el acompañamiento humano del servicio. “No es solo hacer un trámite: hay mucho apoyo emocional. Cuando vine, incluso, lloré de gratitud”, explica. En su caso, llegó a la Clínica por un asunto administrativo en un momento personal difícil, marcado por la pérdida de su madre. “Sentir que alguien te apoya en estos momentos es muy importante”, asegura. También valora el papel formativo de la Clínica para los estudiantes: “Es muy positivo que los graduados puedan coger experiencia con casos reales”. Igualmente, coincide en señalar la falta de recursos para hacer frente a la demanda creciente: “El servicio ayuda mucho, pero necesita más espacio, porque hay demasiada demanda”.

Los casos que llegan a la Clínica reflejan realidades complejas, como gente mayor sin apoyo familiar, familias sin recursos, situaciones de desahucio, abusos en torno a la crisis de la vivienda, mujeres con cargas familiares en contextos de precariedad, etc. Cada curso realizan las prácticas entre veinte y treinta alumnos, se atiende una media de 400 casos y participan unos treinta abogados de la justicia pro bono del Colegio.

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También se tratan casos delicados, como agresiones sexuales y abusos, en los que el servicio ofrece orientación jurídica y deriva la atención psicológica a los servicios especializados. “Esto es algo que les repito mucho a los alumnos: no somos psicólogos, somos juristas”, dice Sebastià Arbós, y apunta que uno de los retos más importantes que tienen los estudiantes es tener la “sangre fría” necesaria para empatizar sin que les afecte emocionalmente. “Tienen que tener la cabeza clara para ofrecer a la persona que tienen delante la mejor solución jurídica a su problema y esto implica tomar cierta distancia. Es lo que debe hacer un buen profesional”, continúa. “Después, cuando estás en tu casa, en la cama, ya es otro tema, porque no puedes evitar que muchos de los casos te vengan a la cabeza. También somos personas”, reconoce.

Los inicios

La Clínica Jurídica de la Universitat de les Illes Balears (UIB) se ha consolidado, quince años después de su creación, como un servicio esencial de orientación jurídica para personas en situación de vulnerabilidad. Fue una iniciativa conjunta de los decanos de la Facultad de Derecho y del Colegio de Abogados, que conocían las clínicas jurídicas de otras universidades, sobre todo las de los Estados Unidos, que tienen una función social “importantísima”, según destaca la directora del proyecto y profesora de Derecho Internacional Público de la UIB, Margalida Capellà. “Las prácticas en la Clínica Jurídica son una optativa de prácticas externas donde los alumnos conocen la parte más social del derecho, que difícilmente se explica durante la carrera y que, por el contexto personal de cada uno, probablemente desconocen”, comenta.

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“Siempre digo que es un programa que podría venderse como un win-win-win. Ganan los tres: las ONG, que pueden ofrecer a sus usuarios un servicio altamente cualificado; la Universidad, que devuelve a la sociedad una parte del conocimiento que genera, al tiempo que proporciona a sus estudiantes un aprendizaje vital imposible de encontrar dentro de los muros de la academia, y el Colegio de Abogados, que puede materializar su responsabilidad social corporativa mediante el ejercicio pro bono de la profesión”, explica.

“Además, con la Clínica jurídica garantizamos lo que llamamos el derecho al Derecho, porque hay muchas personas que no conocen sus derechos, ni siquiera que tienen derecho a asistencia jurídica gratuita en caso de reunir unos requisitos determinados, los cuales la mayoría suelen cumplir”, argumenta Capellà. En este sentido, apunta que, a medida que se conoce el proyecto, aumenta la demanda, y la temática de los casos suele estar condicionada por cada momento. “Ahora hay muchas consultas sobre derecho de extranjería por el anuncio de la regularización extraordinaria, pero también la crisis de la vivienda lleva a muchas personas a hacer consultas sobre alquileres e hipotecas”, comenta.

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La directora explica que la clínica de la UIB forma parte de la red de Clínicas Jurídicas del Estado, formada por una cincuentena de clínicas, que anualmente organiza un encuentro para poner en común proyectos conjuntos, como una guía jurídica que hicieron para los damnificados de la DANA o otra para los refugiados ucranianos. Con todo, la Clínica Jurídica de las Illes Balears es la única que tiene el apoyo del Colegio de Abogados de su territorio (el ICAIB). Además, es la única que ofrece la orientación jurídica de forma directa y in situ, mientras que el resto de clínicas del Estado lo hace a través de entidades o fundaciones, y son los demandantes quienes acuden a la Universidad.

“Es estimulante comprobar que alumnos que han pasado por la clínica hoy son abogados, jueces, fiscales y funcionarios de la CAIB. También cómo participan en jornadas que organizamos periódicamente para evaluar la situación de la Clínica Jurídica y cómo reconocen el importante papel que ha tenido no solo en su formación y orientación profesional, sino también en su formación como personas y ciudadanos”, reconoce Margalida Capellà.