"Duque velo, somos musulmana, feminista y catalanista"
Entre prejuicios y estereotipos, esta joven de Campos defiende la libertad de elegir y la convivencia entre culturas, religiones y lenguas en Mallorca
This browser does not support the video element.
PalmaNo todas las chicas jóvenes tienen la cabeza y las ideas tan claras como Douae El Mojahidi a 19 años. Puede haber tenido una experiencia vital muy diferente, aunque no lo haya elegido, es lo que le ha hecho tener una madurez y capacidad de analizar el mundo que le rodea poco habitual a tan joven edad. Se autodefine a sí misma como musulmana, feminista y catalanista; podría ser la tres vueltas rebelde que escribía Maria Mercè Marçal en su célebre poema.
Cuando le piden de dónde está, no tiene una respuesta simple. Su historia se mueve entre sitios, lenguas e identidades, el amazige y la mallorquina. Nació en Algeciras, pero ha crecido en Mallorca, en Campos.
"Cuando me piden de dónde estamos, no tengo una respuesta única", explica. "He nacido en Andalucía, pero he vivido toda la vida en Mallorca. Aquí he aprendido a charlar catalán, aquí tengo a mis amigos, aquí he ido al instituto… básicamente, aquí he hecho mi vida".
En casa, la cultura es otra. "Las raíces de mi familia son marroquíes, amazigues. La cultura de casa es de allí, y eso también es parte de quienes somos". Por eso dice que no se puede definir sólo con un sitio. "Al final, no me siento sólo de un sitio. Me siento de ambos. Cada vez conozco a más gente joven que le pasa lo mismo: somos de aquí y de allá a la vez, y no pasa nada".
Entre dos tierras
"Me siento de todas partes y de ninguna parte a la vez". Cuando viaja a Marruecos a ver a la familia, allí la identidad también le es cuestionada. "Allí me llaman 'la española' o 'la mallorquina'. Porque charro diferente, porque he crecido aquí, porque llevo otra manera de hacer".
Pero cuando vuelve a Mallorca, a menudo también se siente juzgada. "Hay gente que me ve la cara o el apellido y me pide: '¿Y tú de dónde eres?'. Y cuando les digo que somos de Mallorca, me dicen: '¿De dónde eres de verdad?'".
Aunque explique que ha vivido toda su vida en Campos, dice que a veces parece que no es suficiente. "Entonces, ¿dónde está mi sitio? Al final aprendes a vivir en esta frontera: eres de los dos lugares, pero a veces en ninguno de los dos lo eres 'del todo'". Sin embargo, también encuentra una fortaleza, en todo ello. "Es raro, pero también es bonito", explica. "De pequeña no entiendes por qué en tu casa las cosas son diferentes que en casa de los amigos: la comida, las costumbres, la lengua de los padres… Y cuando vas a Marruecos tampoco encajas del todo".
Sin embargo, con los años ha aprendido a darle otro enfoque y hacer de lo que le incomodaba, una virtud. "Es guapo, porque aprendes a mirar el mundo de dos maneras. Tienes dos formas de vivir, dos maneras de sentir. Y al final todo esto es tuyo". Ella se siente mallorquina porque ha crecido aquí. "Campos es mi sitio, charlo como charlan aquí y amo esta tierra". Pero también siente que Marruecos forma parte. "Llevo a Marruecos dentro, aunque no viva. Y Andalucía es mi primer lugar donde viví, aunque no lo recuerde". "Al principio era como si tuviera que elegir", dice. "Pero ahora sé que no. Son todas mías".
Feminismo y velo
Otra de las cuestiones que a menudo despierta debate es el hecho de llevar velo y definirse como feminista. Hay sectores del feminismo que consideran que ambas cosas son incompatibles pero ella lo tiene claro.
"Piensa así: ¿una mujer que lleva velo puede decidir llevarlo o no?", plantea. "Si lo decide ella, ¿por qué no puede ser feminista?" Para Douae, la clave está en la libertad de decidir, y no se equivoca. "El feminismo debería ser poder elegir, no imponer", apunta firmemente.
Ha tenido que responder a esta pregunta en varias ocasiones. "A mí me han dicho: '¿Cómo puedes ser feminista si llevas el velo?'". Su respuesta es clara: "Llevo velo porque quiero, no porque me obliguen, y es mi derecho elegir mi vestimenta". Recuerda que existen muchas razones para que una mujer decida llevarlo: fe, cultura, identidad. "También hay mujeres que luchan por sus derechos, que trabajan, que estudian, que opinan. Una cosa no quita la otra".
Por eso cree que el feminismo debería defender la libertad de todas las mujeres. "El feminismo de verdad debería defender que todas las mujeres podamos decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, con o sin velo. Si no, no es feminismo, es imponer otra vez qué deben hacer las mujeres", considera. Este tipo de comentarios les ha oído sobre todo en el instituto. "Gente que te ve con velo y ya da por hecho que eres oprimida, que no puedes pensar por ti misma".
Recuerda una conversación concreta con una compañera. "Me dijo: 'No entiendo cómo te puedes decir feminista si llevas esto'. Y yo le contesté: 'Si no quisiera llevarlo, no lo llevaría. El feminismo es poder elegir, ¿no?'", le dijo. También ha vivido debates similares en internet. "Hay gente que dice que el velo es una imposición y basta. Yo les digo: hay mujeres a las que se lo imponen, sí, y eso está mal. Pero también hay quien lo elegimos. ¿Por qué quitais la voz a las segundas?".
Cuando se habla de las críticas que algunos sectores hacen a los países musulmanes en cuanto a los derechos LGBTI, Douae también reflexiona sobre la contradicción que ve en algunos discursos. "Es hipócrita, hay gente que señala a los marroquíes como si los únicos que tienen problemas con los derechos LGTBI fuéramos nosotros. Pero después esa misma gente aquí tampoco los defiende".
Según ella, muchas veces las mismas personas que critican la situación en otros países son las que se oponen a los derechos del colectivo en su propio entorno. "Los mismos que critican 'allí' son los que van contra el Orgullo o hacen discursos de odio aquí". Aunque reconoce que proviene de un contexto cultural distinto, defiende una idea clara: el respeto. "A mí me han enseñado otra cosa, y no puedo cambiarlo de un día para otro. Pero respete a todo el mundo, y defiende que cada persona tenga derecho a vivir como quiera y amar a quien quiera sin ser juzgada".
"Me dicen que pensaban que era de ahí cuando charlo en mallorquín"
Douae considera que la lengua ha sido una pieza clave en su identidad. Pero en casa la realidad lingüística es diferente a la de la calle.
"En mi casa charlamos árabe y castellano", explica. "El catalán lo aprendí yo en la escuela y con los amigos, pero mis padres no le charlan. Lo entienden un poco, sí, pero charlarlo ya es más difícil para ellos". "El catalán ha sido la lengua que me ha hecho oír de aquí", explica. Recuerda una escena de la infancia que la hizo dar cuenta de ello. "Un día, de pequeña, dije 'esto' y mi madre me miró extraña. No lo entendía. Y allí pensé: yo charlo como charlan aquí, esa también es mi lengua". Con el tiempo, el mallorquín se convirtió en parte de su vida cotidiana.
"Iba a la escuela, jugaba con las amigas, aprendía palabras nuevas… y poco a poco se hizo mío". Por eso dice que el catalán le ha dado un sitio. "Cuando charlo mallorquín, la gente me ve como una más, como lo que soy".
Sin embargo, a menudo se encuentra con prejuicios. "Hay gente que piensa que el catalán es sólo para los mallorquines 'de toda la vida'". Recuerda una escena en la calle. "Iba con unas amigas y un hombre mayor me detuvo. Me dijo: 'Muchacha, charlas muy bien mallorquín, ¿de dónde eres?'". Ella le respondió que de Campos. "He vivido aquí toda mi vida". El hombre, sorprendido, insistió: "Ah, pensaba que eras extranjera, ¿seguro que eres de aquí?".
También le ha pasado con profesores. "En el instituto, algunos suponían que mis padres no hablaban catalán o que en casa sólo hablábamos árabe". La realidad es más compleja y al mismo tiempo compatible. "Sí, en mi casa se habla árabe. Pero yo somos de aquí y charlo como charlamos aquí". Por eso lo resume con una frase clara: "El catalán también es mío. Lo he aprendido, lo defiende y lo siento como propio porque amo esta tierra, aunque mi nombre y apellido sea marroquí".
A veces los prejuicios se manifiestan en detalles que denotan una xenofobia muy interiorizada. Por ejemplo, cuando alguien le habla directamente en español. "Hay gente que me ve la cara y ya me habla en español sin pedir", explica.
Recuerda una situación en una tienda de Campos. "La dependienta me dijo: 'Buenos días, ¿qué querías?'. Y yo le respondí en mallorquín". La reacción fue inmediata. "Se quedó cortada y me dijo: 'Ay, ¡pensaba que no sabías hablar mallorquín!'". También le ha pasado con profesores nuevos. "Me hablaban en castellano hasta que oían que charlaba con las amigas en mallorquín. Y entonces decían: '¡Ah, pero si eres de aquí!'". Estas situaciones, dice, cansan. "Es como si tuvieras que demostrar que eres de aquí. Pero es mi lengua también”.
Una sociedad más diversa
Pese a estas experiencias, cree que Mallorca está cambiando. "Cuando era pequeña, en Campos éramos pocos con orígenes como el mío", recuerda. "Ahora hay más diversidad: gente de muchos sitios, con otras lenguas y otras culturas".
Este cambio se nota en la calle, en el instituto o en las tiendas. Sin embargo, dice que todavía queda camino. "Aún hay gente que piensa que el catalán es sólo para los mallorquines de toda la vida". La diferencia más clara es la voz entre generaciones. "Mis amigos ven normal que yo sea musulmana, feminista y charle mallorquín. No les extraña". Por eso piensa que el cambio llegará con el tiempo. "El cambio real vendrá cuando una chica como yo pueda charlar mallorquín sin que nadie se sorprenda".
El discurso de la extrema derecha
Los prejuicios también pueden amplificarse a través del discurso del odio. Douae dice que ha oído más de una vez comentarios que asocian a los marroquíes con problemas sociales. "En Campos no he tenido problemas grandes, pero sí comentarios", explica. "Gente que dice 'estos vienen a pedir' o 'se aprovechan'".
Lo vive con indignación y dolor porque la realidad de su familia es otra. "Mi familia trabaja y paga impuestos como todo el mundo".
Cuando recuerda episodios como los vídeos grabados en Manacor por miembros de Vox, es crítica. "Ir a grabar vídeos diciendo 'eso parece Marruecos' o hablando de 'negocios de moros' no es denunciar nada real, es crear odio donde no había". Y, dice, este tipo de mensajes tienen consecuencias: "Después la gente te mira diferente". Sobre el discurso de algunas formaciones, cree que combina islamofobia y racismo. "Atacan al islam porque es más fácil de vender. Si hablaran mal de todos los inmigrantes, perderían votos".
Según ella, el mecanismo está claro. "Dicen que el islam es incompatible con nuestra forma de vivir. Y eso es islamofobia. Como los musulmanes somos mayoritariamente marroquíes, todos somos señalados". Cuando se le comenta que, pese a su juventud, tiene las ideas muy claras, Douae reconoce que el camino no siempre ha sido fácil. "La verdad es que no he tenido ningún referente", explica. "Ni profesor, ni amiga, ni conocida que me mostraras que podía ser todo esto a la vez".
Su proceso ha sido sobre todo personal. "Lo he aprendido yo sola, a base de pedirme, dudar, equivocarme y volver a intentarlo. De leer, de escuchar, de pensar. Y también de sentirme extraña a veces, hasta que entendí que no lo era". Ahora, dice, le gustaría que su experiencia pudiera servir a otros jóvenes que viven situaciones similares. "Me gustaría que fuera yo el referente para otras chicas que pasen por lo mismo. Que vean que se puede ser musulmana y feminista, que se pueden tener raíces marroquíes y defender el catalán y el feminismo, y que se puede ser de aquí y de allá sin tener que pedir perdón".
"Hay mucha gente joven que se siente así, aunque a veces no lo parezca". Lo importante, dice, es no dejar que los demás definan tu identidad. "Ni los que te dicen que no eres lo suficiente de aquí porque tienes un apellido diferente, ni los que te dicen que no eres lo suficiente de allá porque has crecido aquí". Porque la identidad, dice, es todo lo vivido. "Todas las culturas, todas las lenguas, todas las formas de ver el mundo que tienes dentro".
"Mallorca es mi casa"
Cuando la inmigración o el islam se convierten en un relato político basado en el miedo, dice que le afecta personalmente. "Me siento muy mal. Y enfadada". Porque su vida está aquí. Por eso se pide: "Si dicen que los musulmanes somos un peligro, ¿yo qué somos? ¿Dónde debo ir para que me consideren de aquí?". Lo que más le molesta es que se generalice a partir de casos aislados. "Cogen un caso y lo venden como si fuera la realidad de todos".
También cree que muchos prejuicios nacen del desconocimiento. "Hay gente que se lo cree porque no tiene ningún amigo marroquí que le cuente cómo vivimos". Sin embargo, dice que estas experiencias también le han hecho más fuerte. "Porque al fin y al cabo, esto es mi casa". "Y no me iré a ninguna parte".