Hacen trabajo en Ibiza, pero viven en un campamento: 130 personas esperan el desalojo

Los residentes del asentamiento de la Joveria, mayoritariamente hombres saharauis con trabajo, afrontan el desalojo previsto para el 21 de abril en un campamento precario junto al centro de Ibiza

14/04/2026

IbizaEl próximo 21 de abril cae en martes; día laborable normal para los habitantes de Ibiza, día marcado en rojo en los despachos del Ayuntamiento, día crítico para los habitantes del asentamiento irregular de la Joveria. El campamento se encuentra entre el recinto ferial y el primer cinturón de ronda de Ibiza, a solo 20 minutos a pie del centro de la ciudad. En las últimas semanas la Policía ha visitado todas las tiendas del poblado y ha entregado a los habitantes, uno por uno, el aviso: día 21, a las 10 de la mañana, está prevista “la entrada y desmontaje del asentamiento, previo lanzamiento de sus personas ocupantes”. El alcalde de Ibiza, el popular Rafa Triguero, ha hablado de los asentamientos ‘ilegales’ con contundencia en las últimas semanas; la palabra ‘firmeza’ ha sonado en diversas ocasiones.

Los ocupantes de la Joveria no parecen muy impresionados. “Hemos llegado a un límite que ya todo nos da igual”, asegura Ahmed, uno de los residentes más veteranos, que habla un castellano excelente. “Nos da igual morir”, afirma serio. Rápidamente se ha formado alrededor de Ahmed un círculo de una docena de ocupantes; todos tienen entre 20 y 35 años, todos son de origen saharaui. De hecho, buena parte de los 130 habitantes del asentamiento (estimación del Ayuntamiento de Ibiza) proceden de la antigua colonia española. Al contrario que en otros poblados, aquí prácticamente no hay familias; todos son hombres, casi todos tienen trabajo, y los que no, lo tienen en perspectiva. Ahmed trabaja durante todo el año “de jardinero, en la construcción, de lo que sea”. Otro de los ocupantes, Ibrahim, nos muestra con el móvil la página web de una constructora, como prueba ‘material’ de su puesto de trabajo; Haydan nos explica que trabaja “de llevar gente” –conduce un Uber–; otro afirma que trabaja en un hotel del grupo Palladium...

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Del poblado de la Joveria se ha hablado mucho en las últimas semanas, ante el inminente desalojo; sus ocupantes aseguran que el asentamiento ya tiene cuatro años, y que, en verano, ha llegado a alojar a 400 personas.

Cuarenta infraviviendas

Ahora mismo, la Joveria está integrado por una cuarentena de infra-viviendas, tiendas de aspecto más o menos inestable, fabricadas con materiales diversos; restos de toldos, colchones, telas, conglomerados, plásticos, palets... Desde fuera el aspecto siempre es precario, como una casita de cuento que el lobo podría derribar de un soplo. Cuando entras te das cuenta de que quizás has cometido un error de percepción. En una de las tiendas, el suelo está sólidamente construido con palets, y el interior, distribuido en diversas áreas; separando el espacio de dormir del de cocinar. Las paredes se alzan rectas, cubiertas con telas que funcionan como aislante. Son las 12 del mediodía; fuera, el sol ibicenco ha comenzado a avisar que se acercan el verano y la temporada alta. Dentro, la temperatura da la sensación de que baja un par de grados. Un hombre prueba a descansar en la zona de dormitorio. En la cocina, el gas azuléa debajo de una ollita de tagín, que deja escapar un excelente aroma. Cuando vas a un asentamiento irregular, lo último que esperas es que te pueda llegar a dar hambre.

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Can Misses

La Jovería es solo el primero de los dos desalojos que tiene previstos el Consistorio durante este mes de abril; día 29 las excavadoras entrarán también al asentamiento de Can Misses, al lado del campo de fútbol de la UE Ibiza, donde se calcula que viven unas 80 personas. Según fuentes de la UGT, al menos una parte son trabajadores de la hostelería.

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El Ayuntamiento de Ibiza quiere evitar que la ciudad quede rodeada por asentamientos y, sobre todo, que se lleguen a crear grandes núcleos como el de Can Rova 2, que el verano pasado llegó a alojar a 300 personas. “No podemos permitir que se consoliden situaciones que implican condiciones indignas y riesgos para las personas”, expresa el Consistorio en un comunicado. “El Ayuntamiento actuará con firmeza, pero también con sensibilidad, y ofrecerá apoyo a quienes se encuentren en situación de vulnerabilidad”.

En el caso de la Joveria, los habitantes –mucho más cohesionados que en otros asentamientos, por cuestión de origen y edad– no parece que estén dispuestos a acatar la sentencia. “¿Qué pasará el día 21? No lo sé, no tenemos nada previsto”, contesta Ahmed. “Nadie está en este poblado por gusto; si nos echan, tendremos que buscar otro lugar para vivir, si vemos una casa vacía, tendremos que ocuparla...; nos tratan como si fuéramos basura”, se lamenta. Durante la conversación, Ahmed saca a colación el pasado español del Sáhara varias veces, “la provincia número 53”. “Y ahora España nos trata como si fuéramos delincuentes”.

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Cuesta entrar y salir del poblado de la Joveria: las vallas que ha puesto el Ayuntamiento les cierran el paso a una parte; al otro lado un tractor –o una retroexcavadora– ha ‘arado’ una amplia franja del solar lo más profundamente posible, de manera que prácticamente no se puede ni caminar. Pero por encima de los surcos, el pisoteo repetido de los zapatos ya ha trazado un sendero bien visible.

En la carretera, mientras conduce de vuelta a casa, una furgoneta negra con el logo de Uber me pasa a toda velocidad. No me cuesta imaginar a Haydan al volante, transportando a los primeros turistas de la temporada a su villa con piscina.

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