Los barrios de Palma con menos renta también son los que tienen menos árboles
Cerca de 285.000 ciudadanos no disponen de una zona verde de más de una hectárea a menos de 300 metros de su casa
PalmaUna mujer con dos bolsas en cada mano, un hombre con una riñonera y una gorra, otra mujer arrastrando un carrito; todos sudan a mares. Una escena cotidiana. Avanzan pegados a la fachada de los edificios, como una hilera de hormigas, como si una fuerza invisible los arrastrara. En realidad, pasa justo lo contrario: es el calor el que los empuja a buscar la poca sombra que proyectan los bloques de la calle. Todos se dirigen hacia la plaza de Miquel Dolç desde la calle de Josep Darder con propósitos diferentes, pero con un objetivo secundario compartido: que les toque tan poco como sea posible el sol implacable de una mañana de julio.
La plaza de Miquel Dolç, antiguamente conocida como plaza del teniente coronel Franco, es una rotonda enorme que hace de cruce de caminos entre los barrios de Pere Garau, Son Gotleu y la Soledad, en el Llevant de Palma. Según el informe de Amigas de la Tierra Cómo garantizar el derecho a la naturaleza?, que analiza la relación entre renta y acceso a zonas verdes urbanas, estos barrios forman parte de las áreas donde hay que incrementar la dotación de espacios verdes de más de una hectárea.
El estudio identifica las zonas que sufren una doble desigualdad: una renta más baja y una menor disponibilidad de parques de proximidad. En Palma, casi la mitad de la población con más ingresos –el quintil con más renta– dispone de una zona verde de más de una hectárea a menos de 300 metros de casa. En cambio, el resto de quintiles de renta se encuentran en una situación claramente peor. "En los barrios de menos renta, la superficie de zona verde por habitante es inferior a la de las zonas con más ingresos, debido a la mayor densidad poblacional", concluye el informe.
Mientras limpia el portal del bloque donde vive, en la calle Josep Darder, Pilar Trujillo observa cómo los viandantes caminan aferrados a las escasas sombras de los edificios y ríe. "Todos estamos iguales", resume. Se muestra partidaria de aumentar las zonas verdes, pero advierte: "El problema es que luego no se cuidan. Las plazas del barrio dan pena".
Un discurso similar comparte Sofia Villanueva. Está de baja por maternidad y sale del gimnasio cuando explica que se trasladó al barrio hace un par de años, después de vivir en la Rambla. "La diferencia es abismal", asegura. "Este barrio parece olvidado, así que cualquier sombra es bienvenida". También recuerda la tala reciente de árboles que entidades vecinales como Flipau amb Pere Garau han denunciado reiteradamente como un "arboricidio".
Villanueva explica que, para encontrar una zona verde con condiciones, tienen que ir hasta el parque de les Estacions o al parque Kristian Krekóvitx, porque el parque Wifi ofrece muy poca sombra. Además, aprovecha para criticar los planes urbanísticos previstos en el entorno del edificio de Gesa: "Lo he comentado con muchos vecinos y todos coincidimos en lo mismo: todo es cemento".
"No hay cultura del jardín"
En declaraciones a ARA Balears, el histórico conservacionista Pere Llofriu, figura clave en la defensa del patrimonio natural de Mallorca, considera que la falta de arbolado en Palma responde a una ausencia de cultura del jardín, de profesionalización, y al hecho de que, históricamente, las zonas verdes se han tratado como un "adorno". "Los políticos piensan en las próximas elecciones y los árboles necesitan más de cuatro años, lo que dura una legislatura. Tienen su propio ritmo, y esta visión a largo plazo no existe en Mallorca", lamenta.
Llofriu también es crítico con algunos de los principales espacios verdes de Ciudad. "En Palma, los grandes parques, como la Riera o el parque del Mar, tienen más que ver con Abu Simbel –el conjunto arqueológico del sur de Egipto– que con un parque de verdad", asegura. Según explica, los espacios basados en "zonas duras" continúan siendo los preferidos porque resultan más cómodos para arquitectos, constructores y también para los ayuntamientos, que se ahorran los costes y las dificultades de mantenimiento que comportan las zonas ajardinadas.
Son Canals
El informe de Amigas de la Tierra considera prioritario garantizar en Son Canals –barrio adyacente a Pere Garau– unos mínimos de verde urbano, con más arbolado viario, medianas ajardinadas y alcorques corridos, además del uso de suelos urbanizables como futuros refugios climáticos comunitarios.
También en el Llevant palmesà, el estudio señala como zonas de actuación prioritaria el Rafal Vell, Son Cladera, la Indioteria y Son Fortesa Nord. En Ponent, identifica Son Cotoner y Camp d'en Serralta, mientras que en el Distrito Norte pone el foco sobre el Camp Redó.
Sin acceso a una zona verde
Los datos son contundentes. Según el informe, cerca de 285.000 personas residentes en Palma –dos de cada tres habitantes si se toma como referencia la población de 2023– no tienen acceso a una zona verde de más de una hectárea a menos de 300 metros de casa. El análisis se basa en la recomendación de la Organización Mundial de la Salud conocida como la regla 3-30-300: poder ver al menos tres árboles desde la ventana, vivir en barrios con un 30% de cobertura vegetal y disponer de un parque de al menos una hectárea a menos de 300 metros.
El estudio también destaca que Palma solo dispone de 8,33 metros cuadrados de zona verde por habitante, muy por debajo de la media de 13,4 metros cuadrados de las ciudades analizadas por Amigos de la Tierra. La comparación, además de Palma, incluye Madrid, Valencia, Zaragoza, Sevilla, Valladolid, Badajoz, Ourense, Santiago de Compostela e Ibiza.
En cuanto a la ciudad de Ibiza, el estudio señala que "no hay corredores verdes reconocibles ni una red articulada que conecte los diferentes espacios". A excepción de los jardines de Dalt Vila, el Parque de la Paz y el parque Maria Vilangómez, las zonas verdes presentan una calidad ambiental limitada y abundan las plazas de cemento. En las áreas de renta más alta, el verde es predominantemente privado. Fuera del núcleo más denso, a los recortes agrícolas y de matorral mediterráneo se suman las marismas de Es Feixes, lo cual conforma, en conjunto, un paisaje fragmentado que, a pesar de su riqueza potencial, no tiene una estructura continua y accesible.
En Ibiza, solo el 28% de la gente tiene falta de acceso a espacios verdes
En Ibiza, el análisis muestra que solo 14.000 personas, el 28% de la población, tendrían falta de acceso a suficientes espacios verdes, el valor más bajo entre las ciudades analizadas. Las áreas con más déficit de acceso se concentran en el oeste de la ciudad. A estos ámbitos se añade el Puig dels Molins, cuya proximidad a un gran espacio abierto no se traduce en accesibilidad real, dado que se trata de un parque arqueológico con acceso de pago.
Amigas de la Tierra señala que la gran tarea pendiente es la conservación, restauración y protección de las Feixes. Además, como medida de alto impacto y de carácter estratégico, la apertura del Puig dels Molins permitiría incorporar de manera inmediata un gran espacio verde para disfrute cotidiano de la población residente. Aun así, destaca que la zona principal de intervención se sitúa sobre Ca n'Escandell y Cas Serres, entre la calle de Corona, la EI-20, y la avenida de Sant Josep de sa Talaia, con parte de la zona al sur de esta avenida.