Artà estalla con el primer baile del demonio y reclama a San Antonio como propio
El pueblo se llena de música, fuego y rotlos improvisados en el inicio de Sant Antoni, con el primer baile del demonio como epicentro de la fiesta
This browser does not support the video element.
PalmaArtà ha vuelto a vibrar este viernes con el primer baile del demonio, el momento más esperado que marca el inicio simbólico de Sant Antoni en el municipio. A toque de caña, la banda de música ha hecho sonar lo reconocibleTatachín y, con las primeras notas, irrumpieron en la plaza los dos demonios, entre gritos, aplausos y una expectación contenida que llevaba horas cociéndose.
El primer baile ha durado pocos minutos, pero ha bastado para desatar la euforia colectiva. De repente, el pueblo se ha puesto en movimiento: decenas de personas han subido detrás de los demonios, que han iniciado el recorrido ritual por las calles de Artà, convirtiendo cada parada en un pequeño escenario improvisado. La fiesta ha ido avanzando poco a poco, entre rollos espontáneos, risas y la música que resonaba entre las fachadas.
Una de las primeras imágenes icónicas de la jornada la ha protagonizado el Demoni Gros, quien ha bailado con un bebé en brazos, una escena que ha despertado ternura y complicidad entre los asistentes. Mientras, los artanenses se turnaban para entrar en el rollo, bailar unos segundos y volver a ceder el lugar, en una coreografía colectiva que es parte indisociable de la celebración.
San Antonio es también, como cada año, territorio de rivalidades simbólicas. Desde primera hora de la mañana, los artanenses han reivindicado la "propiedad" de la fiesta con una glosa que se ha oído repetidamente por las calles y plazas del pueblo:
Arriba desde Puig Colomer
encontraron una sima.
Ni murero ni pobler,
¡Sant Antoni es artanense!
This browser does not support the video element.
Los demonios han bailado frente a decenas de casas, siguiendo un itinerario que combina tradición e improvisación, mientras la multitud les acompañaba fielmente a cada paso. Desde los balcones, la gente gritaba "¡Sube, sube!", invitando a familiares y conocidos a compartir la fiesta desde dentro. Las ventanas se han llenado de vecinos que acechaban, móvil en mano o simplemente con los ojos bien abiertos, para no perderse ningún detalle del paso del demonio.
This browser does not support the video element.
Con el primer baile, Artà ha vuelto a demostrar que Sant Antoni no sólo se vive: se habita, se baila y se defiende como parte esencial de la identidad colectiva del pueblo.