Se alquilan habitaciones en la prisión antigua de Palma y el Ayuntamiento no hace nada

Una mafia arrienda por 350 euros celdas sin luz ni agua de lo que fue centro penitenciario, mientras que Cort no actúa, desvía el discurso y culpabiliza a la inmigración irregular

PalmaAl oír la palabra 'mafias', a Joana (nombre ficticio), una mujer que vive en la antigua prisión de Palma desde hace casi cuatro años, se le descompone la cara. Se pone nerviosa y dice que no sabe nada. "Aquí, para vivir bien, debes ser como un mono: ver, escuchar y callar". Lo repite una y otra vez: "Yo no estoy bien de salud, no sale nunca de mi casa; no veo nada ni sé nada". Tiene miedo. De hecho, acepta contarlo en un bar, lejos de la cárcel, para que nadie sepa –ni sienta– que habla de esto con nadie.

La antigua prisión de Palma, cerrada en 1999 y convertida hoy en un asentamiento en el que viven cerca de 300 personas, se ha transformado en una de las muestras más visibles de la crisis de vivienda en Baleares. Desde que ella llegó, el número de residentes se ha disparado. En un contexto en el que hay personas que viven en tiendas de campaña en las aceras de las autopistas porque no pueden pagar un alquiler, algunos residentes de la antigua cárcel –un edificio propiedad del Ayuntamiento de Palma– han visto una oportunidad de negocio entre el estiércol y la miseria: alquilan celdas por 350 euros al mes. Sin luz ni agua.

Lo hacen en la parte trasera del antiguo centro penitenciario, donde la puerta está siempre abierta. Cuando Joana llegó apenas había nadie en esta zona. Casi todo el edificio estaba vacío y los recién llegados podían elegir el sitio que con los años sería su casa. Sin embargo, ya algunos aprovechaban el eco que empezaba a tener la cárcel antigua y hacían negocio. Ella ya pagó 70 euros "a un joven" por conseguir la llave de su nuevo hogar.

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Nada más entrar en la antigua prisión ya se sabe quién ha llegado el último. Los primeros en ir se alojan en los edificios donde residían los funcionarios y en los espacios más grandes, como la cocina, mientras que los demás lo hacen en lugares pequeños, como los primeros pisos de las torres de control y en las instalaciones, que antiguamente eran celdas, situadas en la parte trasera.

La cárcel está ahora zonificada, como hace un centro penitenciario en función de la peligrosidad de sus convictos. En la parte de los veteranos, se relacionan con los inquilinos y se ayudan entre ellos. "Mis vecinos de abajo son encantadores. No tenemos ningún problema y siempre me ayudan a subir las garrafas de agua que encargo en el supermercado. Ahora bien, los que viven en los bloques de allí detrás son los más conflictivos. Se pegan cuchilladas entre ellos y prenden fuego al primero que encuentran", explica Joana. Nunca va por esa zona.

Al entrar por la puerta trasera hay personas que, de encima de las torres de control, advierten que no puedes pasar por ella. Mueven los dedos de lado a lado en señal de negación. Así siembran el miedo. Los voluntarios de una asociación que llevaba comida a los residentes ha dejado de hacerlo. "La mayoría somos mujeres y hay quienes tienen miedo. Es peligroso meterse ahí dentro si no te conocen. Y, además, mujeres solas", argumentan.

¿Cómo hacen frente los vecinos?

Los vecinos también conocen el negocio en prisión. "Vamos por la calle y nos preguntan si sabemos dónde se alquilan habitaciones", confirma el presidente de la Asociación de Vecinos de Cas Capiscol-Son Busquets, Biel González. A su juicio, lo hace "una mafia". Apunta que no sólo existe ésta, sino también la de la droga. "No es como en Son Banya, que la venden directamente allí, sino que alguien entra y sale y la lleva", dice.

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El problema también ha llegado a la escuela del barrio. En la última manifestación, cientos de vecinos exigieron "seguridad, civismo y respeto" y "soluciones inmediatas" para la antigua prisión de Palma y para las casi 300 personas que viven en ella. La directora del CEIP Cas Capiscol, Ana Eva Álvarez, explicó al ARA Baleares que el centro ha reforzado la vigilancia. Según detalló, el claustro acordó aumentar el control de los accesos, cambiar las puertas de entrada y salida e instalar lonas en el patio para evitar incidencias. La directora justificaba estas decisiones con varios episodios recientes: "Ha habido robos en la puerta de la escuela, ven gente que ronda el centro con evidencias de haber consumido sustancias, gente que se ducha en las bocas de incendios, sienten olor a humo de neumático, entre otros", cuenta.

Los vecinos aseguran que los delitos de "baja intensidad" en el barrio han aumentado desde que se ha multiplicado la población de la prisión antigua, desde que se han instalado las mafias. La del alquiler de celdas de dos metros cuadrados se aprovecha de la desesperación por encontrar un techo bajo el que vivir y la de la droga se beneficia de la adicción de algunos residentes, que están dispuestos a hacer cualquier cosa por consumir. "Cada día pasan cosas. Hace poco tiraron del bolso a una mujer ya un joven le atracaron por la espalda", dice Biel González. Aunque los vecinos apuntan a la antigua prisión como culpable del conflicto, hacen una distinción clara entre las personas que viven allí porque no pueden acceder a una vivienda y las que crean conflicto en el barrio. "Antes estaba la cárcel ocupada y ahora hay cuchilladas y delitos", dijo la presidenta del Amipa Cas Capiscol, Cecilia Serra, en la última manifestación.

Por su parte, la Policía Nacional asegura que los delitos en la zona "no han aumentado especialmente en los últimos años", y apunta que últimamente el problema "se ve mucho por las manifestaciones vecinales, pero no hay más denuncias". Además, fuentes del cuerpo policial aseguran que no tienen constancia de que haya un grupo de gente organizada que se dedique a alquilar habitaciones en el edificio público y lo definen como algo "puntual que se podría dar".

En una reunión con el Ayuntamiento, la Policía Local de Palma, la Policía Nacional y el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS), los vecinos dejaron claro que el edificio es de titularidad municipal, por lo que es el Consistorio, en manos del PP, que debe dictar su solución. "Pero pasaron olímpicamente", lamenta González. Sin embargo, explica que llegaron a "un pequeño acuerdo" con el Ayuntamiento por el que se cerrará la puerta de atrás y se instalará un furgón de la Policía delante para controlar sus entradas y salidas. Pero la Policía Nacional asegura que no tiene ninguna orden del Consistorio para ello. En caso de que el alcalde de Palma, Jaime Martínez, incumpla el acuerdo, González advierte de ello: "Seguiremos con la lucha y seguiremos vigilando".

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Parece que, por ahora, el Ayuntamiento de Palma no dará soluciones a los residentes de la antigua prisión. Ahora bien, sí que ha enviado los cuerpos de seguridad en reiteradas ocasiones para contar a las personas que viven o bien para entregarles un acta de desalojo voluntario y, meses después, la de incumplimiento de esta norma municipal, como ocurrió el 12 de abril de 2025.

El posicionamiento político

La antigua prisión de Palma ha entrado a formar parte del argumentario contra la inmigración irregular del PP. En el último pleno del Consell de Mallorca, el presidente del IMAS –la entidad pública de servicios sociales de referencia en la isla– Guillem Sánchez, añadió más leña al fuego: “La inmensa mayoría de personas que están en asentamientos o en situaciones de sinhogarismo son inmigrantes irregulares. de años, una mafia de argelinos se insertaron en ello. Los españoles han expulsado y ahora hacen subarriendo de habitaciones. Debemos hacer un análisis que algo falla cuando una persona abandona su patria para buscarse un futuro mejor y acaba en la exclusión social".

El alcalde de Palma recientemente también predicó el mismo discurso y dijo que "el 60% de las personas que viven en asentamientos son irregulares". Pese a adoptar el mismo posicionamiento político, Sánchez admitió tener constancia del problema del alquiler de habitaciones en la cárcel antigua mientras que el alcalde de Palma no lo ha hecho. Además, el Ayuntamiento de la capital balear se ha negado a responder al ARABalears si conoce la existencia de esta mafia.

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Ante este posicionamiento político criminalizando a los inmigrantes, el presidente de la Asociación de Vecinos Cas Capiscol-Son Busquets asegura que los vecinos "no quieren caer en la trampa de que los migrantes son los culpables de todo lo que pasa". Así huye de los prejuicios que difunden los populares: "No hay migrantes buenos ni migrantes malos, hay buenas personas y malas personas". De este modo, reclaman a las administraciones públicas que no creen "guetos" y que "no marginen a las personas por no poder acceder a una vivienda" porque, a su juicio, "donde hay marginalidad hay problemas de droga y mafias, y la cárcel antigua no es una excepción". Además, defienden que la marginación obliga a personas trabajadoras compartir espacios con gente que necesita "intervenciones más esmeradas y específicas" porque tienen otros tipos de problemas, además del de la vivienda.

Proyectos frustrados

La antigua prisión de Palma es un quebradero de cabeza para los diferentes gobiernos desde hace 27 años. Desde que se cerró definitivamente, se han planteado numerosas iniciativas para reconvertir y rehabilitar el espacio, pero ninguna se ha llegado a hacer nunca realidad. Un centro de innovación cultural y creativa, una residencia de estudiantes universitarios, una promoción de viviendas sociales, un equipo de equipamientos para los ciudadanos; han sido algunas de las opciones que se han propuesto a lo largo de los años.

Lo que ocurre en la antigua prisión no es una anécdota ni un conflicto puntual, sino el síntoma más crudo de una crisis de vivienda y de una desatención institucional que se arrastra desde hace décadas. Mientras los proyectos se atascan, los discursos se endurecen y las responsabilidades se diluyen, cientos de personas siguen sobreviviendo en un espacio pensado para encerrarse, no para vivir.