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    <title><![CDATA[Ara Balears en Castellano - amaziges]]></title>
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      <title><![CDATA[Los hijos de la luna]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/hijos-luna_129_5715978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Mientras en las calles de los barrios y los pueblos de Mallorca revivíamos la Pasión de Jesucristo y de las chimeneas salían los olores de las empanadas y los rubiols, miles de visitantes y turistas bajaban a toda velocidad, con furgonetas y todoterrenos negros, del collado de Tizi n’Tichka en dirección al desierto, allí, a las inmensas serraladas nevadas del Atlas africano. ¿Qué buscaban aquellos visitantes?Por los altavoces de los vehículos sonaba una música pegadiza, moderna y rítmica, un poco hipnótica. Era del grupo amazic Tarwa N Ayur, con la voz de la cantante Sarah Mou. Aquel ritmo misterioso de afrofusión les acompañaría hasta las dunas de Erg Chebbi –conocidas por su arena dorada y por ser de las más altas de Marruecos–, justo a las afueras de Merzouga y Khamlia.Los jóvenes guías y chóferes, muchos de ellos amazics, mientras conducían, tarareaban las letras que Sarah Mou iba musicando; una canción titulada <em>Amoudou</em> les motivaba especialmente.<em>Caminemos juntos en este viaje,</em><em>hijos de la tierra y de la luna,</em><em>llevamos la fuerza de los padres,</em><em>y no nos detendrá ni siquiera el viento del desierto.</em>Antes de 1936, la ruta 9, que va de Marrakech a Uarzazate, no existía. Las tropas coloniales francesas –con el 4º Regimiento de la Legión Extranjera– se pusieron al frente de esta obra, que duró un buen puñado de años. Evidentemente, la población amazigh de las montañas inmensas y blancas se volcó en ella.Sin la carretera, solo había senderos estrechos y pasos de roca, aptos únicamente para mulas y asnos, porque los dromedarios tenían demasiado frío durante las nevadas que acontecían con frecuencia. Durante siglos, las lentas caravanas de los hijos de la luna habían tenido que arriesgarse en silencio por la nieve para hacer llegar sus mercancías a Marrakech y Casablanca.Aquella carretera tenía finalidades coloniales de dominio, pero la actual acerca dos mundos, especialmente dos culturas –la árabe y la amaziga– separadas por la naturaleza, la tradición y la identidad. Hay que recordar que el pueblo amazic es muy anterior a la llegada de los árabes a estos territorios. Consiguieron –los amazics– un hecho casi único: después de la llegada y el abrazo del Islam, consiguieron tener su propia escuela coránica; los conocemos como los seguidores de Malek o malekitas, en la cual su identidad, la tradición y las costumbres han tenido un espacio propio que ha perdurado hasta hoy.Hablar de civilizaciones sería demasiado atrevido, pero sí que podemos hablar de cultura. La ruta hacia el desierto negro, la ciudad de Zagora y las gargantas del Todra nos abrieron las puertas del conocimiento de la cultura amazigh. Tan íntima, atractiva, diferente y misteriosa para nosotros, los occidentales.En nuestro caso, los amazics del Rif habían llegado a Mallorca hacia el año 1981 aproximadamente, y su número fue aumentando con el paso de los años. Debemos puntualizar, sin embargo, que el pueblo amazic no forma un conjunto estrictamente homogéneo. La geografía y la historia han jugado su papel y han fomentado los matices entre ellos. Para entenderlo, y ya que hablábamos de música al principio, la podemos poner como ejemplo de estos rasgos específicos.La música de los amazics del sur –Agadir, desierto, Atlas– tiene unos ritmos lentos, casi hipnóticos; suele usar la repetición con un efecto mantra, y el ambiente que genera es abierto, contemplativo, casi espiritual. Las voces son suaves pero profundas –el caso de Sarah Mou–, cantan hacia el interior del alma. Los temas suelen hablar del viaje, del camino por el desierto de la vida, de la tierra, la gente, el tiempo y la luna. El grupo Tarwa N Ayur –los hijos de la luna– sería un buen representante de este arquetipo. Por contra, en la zona del Rif –nuestros amazics de Mallorca– suelen tener ritmos más rápidos y marcados, menos repetitivos, más directos y vivos. Suelen ser músicas más festivas, incluso combativas. Las voces suelen ser fuertes, reivindicativas. Hablan de la vida cotidiana, de la emigración, de las dificultades sociales y de una identidad más explícita.En este punto me gusta recordar que el nombre de la mezquita de sa Pobla es <em>Ibno Amazic </em>–hijos del pueblo amazic–; evidentemente, cuando llegan de visita los funcionarios del consulado marroquí de Palma, alzan las cejas y arrugan la nariz. Las diferencias dan riqueza a un pueblo; las homogeneizaciones lo matan. Mientras el sur canta y mira hacia adentro, los amazics del norte cantan hacia afuera, lejos de sí mismos. Ambos emplean lenguajes metafóricos y evocadores. Ambos hacen referencia a imágenes de la luna, el viento, el camino, las dificultades, las montañas y el desierto.Cuando preparaba este artículo me sorprendió la poca información que hay en las redes del conjunto musical y la solista que nos han acompañado a lo largo del texto. Curiosamente, han desarrollado parte de su proyecto en circuitos internacionales, siempre teniendo cuidado y buscando canciones profundamente arraigadas a la cultura, la lengua y la espiritualidad amaziges. Ahora entiendo que este hecho explica muchas cosas. Muchos artistas amaziges priorizan la comunidad, el pueblo y la música por encima de su propia figura individual.Pienso, y estoy convencido, que los sonidos del desierto son imperceptibles para nuestros oídos occidentales. Solemos escuchar y sentir hacia fuera y no hacia dentro. Curiosamente, san Agustín de Hipona, muy probablemente un bereber del siglo IV, trabajó y predicó a partir de un pensamiento en el cual la necesidad del viaje siempre va hacia la interioridad:	“No salgas fuera; vuelve a tu interior. En el hombre interior habita la verdad.”Un pensamiento y una necesidad mística, entendida por los amazics desde la antigüedad.Los baleares de cultura catalana nos sentimos identificados con los amazics; nos entendemos. Dos pueblos, sin estado nación, con claro retroceso lingüístico e identitario. En lucha constante por la supervivencia. Arremetidos por otras gentes, con otras maneras de entender el mundo, que necesitan expandirse y controlar sus vecindarios para no morir. ¿Qué buscaban aquellos visitantes? Buscaban los hijos de la luna.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere Perelló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/hijos-luna_129_5715978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 05:32:43 +0000]]></pubDate>
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