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    <title><![CDATA[Ara Balears en Castellano - cambios]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/etiquetes/cambios/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara Balears en Castellano - cambios]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Xenelasia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Uno de los factores que más deben decantar la balanza a la hora de saber si una zona del planeta tiene un futuro o no turístico debe implicar determinar el grado de autoestima o de identidad más o menos marcada que tienen sus nativos. No debe ser sencillo turistificar aquellos lugares donde los autóctonos son cerrados y huraños, entre ellos y delante de los demás, o aquellos lugares donde la lengua local está tan arraigada y es tan impenetrable que los forasteros no terminan nunca de hacerse un lugar ni que lo quieran. En Esparta existía incluso la institución de la ‘xenelasia’, o el derecho de expulsar a los forasteros que pudieran corromper las costumbres locales. El turismo como fenómeno de masas implica, en primer lugar, que la gente está dispuesta a viajar, y que tiene curiosidad y recursos para ver otras zonas del planeta, pero sobre todo implica que buena parte de los autóctonos de un determinado lugar deben cambiar, y no solo de trabajos sino de moralidad y de actitud. Quizás por eso cuando una zona está muy turistificada quien la gestiona ya no son los trabajadores locales sino los inmigrantes, la gente que ha venido de fuera a trabajar, y que puede tener aquel grado de cortesía descomprometida, vacía y estereotípicamente amable que se espera casi en todas partes. El sector turístico tiende a sustituir relaciones personales y arraigadas por la profesionalización de la atención al cliente. Hay muchos lugares de Japón, por ejemplo, donde los turistas no son bien recibidos, y hasta se les niega una mesa en los restaurantes, por mucho que haya sitio para los comensales de la zona. En otros sitios, por ejemplo, no pondrán nunca los menús de los restaurantes en inglés o en cualquier lengua ‘internacional’ o foránea, y quien quiera comer allí que se adapte o aprenda la lengua del país, cosa que contrasta enormemente con lo que hemos hecho en las Islas, por ejemplo, donde nos hemos encargado por sistema de suprimir y ocultar aquello que es propio, desde la cocina a la lengua, por no hablar de los que han hecho este trabajo de vitriolo desde elcastellanismo poniendo todo a los pies de una España que no se adapta a ellos cuando el viaje se hace en sentido contrario. Pero una sociedad sana debería permitirse el lujo de no gustar siempre. Tener horarios particulares, una cocina impresentable o una burocracia pesada para los forasteros. Pero ahora todo se convierte en un producto que debe ajustarse a las expectativas de los visitantes; la turistificación no es solo la llegada de millones de personas, sino la transformación psicológica de una comunidad, que acaba mirándose con los ojos del visitante y modificándose para satisfacer esa mirada sedienta. Es un mecanismo muy profundo porque cuando esto pasa, la renuncia ya no parece impuesta desde fuera, sino que se vive como una decisión libre, casi como una virtud: la de ser siempre amable, estar siempre disponible y ser siempre comprensible. Esta es, probablemente, la forma más sutil y duradera de transformación cultural, el agujero por donde entra un líquido corrosivo que lo acaba matando todo.  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 05:30:45 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muchos casetes hacen un infiernito]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/casetes-infiernito_129_5757657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d0006e4b-1b87-4690-ae3f-fd202f47f0f2_16-9-aspect-ratio_default_0.png" /></p><p>Una de las imágenes más recurrentes en el discurso del Partido Popular durante la campaña de las últimas elecciones autonómicas y del primer tramo de esta legislatura fue la de la ‘casita’ o el ‘solar’ que muchos isleños supuestamente heredan ‘de los abuelos’ y que deberían poder reformar, edificar y explotar según quisieran. La idea era muy sencilla, y seguramente de consenso entre la gran mayoría de la sociedad favorable a la defensa más básica de la propiedad privada: casi todas las cosas pertenecen a alguien, y el hecho mismo de esta pertenencia da derecho a ese alguien a hacer con ella lo que quiera, siempre que esto no atente contra los demás o el interés general. Así, según el argumentario defendido por el PP, todo el mundo debería poder hacer y deshacer con aquel ‘huerto’ que han heredado de la tía de Son Sardina o aquella ‘barracada’ que, arreglada, se podría convertir en un contenedor perfecto para la enésima propuesta de alquiler vacacional. ¿Qué pasa, sin embargo, cuando estas ‘casitas’, ‘barracadas’ y ‘huertos’ llegan a ocupar buena parte del suelo rústico de las Islas? ¿Qué debemos hacer, cuando tantas promesas de paraíso, juntas, acaban destruyéndolo sin remedio?Basta coger el coche o la bicicleta y dar una vuelta por cualquier núcleo urbano de las Baleares para ver cómo no solo los núcleos mismos, sino sus alrededores, se han transformado de manera sustancial en los últimos tres o cuatro años. Allí donde antes había solares entre medianeras, en los pueblos y ciudades, ahora hay casas que imitan (¡solo imitan!) la construcción tradicional y que ofrecen patios con piscinas lujosas, paredes forradas de marés y pared seca y persianas decoradas con los colores pastel más <em>a la moda</em>. Y lo mismo pasa en el campo: allí donde había una huerta, en el mejor de los casos, o bien un terreno prácticamente abandonado, ahora ha aparecido un chalet, como un champiñón, ahora una casa que estropea el estilo arquitectónico y de nuevo rico de Beverly Hills, ahora una piscina desde la cual casi (o sin el casi) se puede ver la piscina del vecindario.Una casa con piscina en medio de la pleta es un privilegio y un lujo reservado para poca gente; sobre todo, para la que se la puede pagar, muchas veces con capital extranjero. En cambio, una casita desde donde se ve otra casita, a donde llega el ruido del jardinero de otra casita, que oye las obras, durante todo el verano, de otra casita… Puede llegar a ser un infierno. ¿Quién querrá comprar o alquilar casas, en las Islas Baleares, cuando las idílicas viviendas supuestamente en medio de la naturaleza sean el único paisaje que quede por ver? ¿Quién querrá venir, cuando los recursos naturales se hayan agotado? ¿Hasta dónde debemos llegar para que los propietarios (sin tan siquiera apelar a su eventual conciencia ecológica) vean que, si la tendencia no cambia, sus mismos negocios se irán al traste en cosa de cinco años, diez años, veinte, a lo sumo? Muchas casitas juntas ya no son muchas casitas: son un infiernillo. Y no es que sea hora de poner límites, es que ya llegamos muy tarde.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Portell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/casetes-infiernito_129_5757657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2026 05:32:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[descargar 2026 05 29T102629.792]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Crisis y crisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/crisis-crisis_129_5755505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En noviembre de 2008 terminé de escribir esta introducción para un artículo para la revista <em>Lluc</em> con el mismo título y que se publicó en el n.º 867 de enero-marzo de 2009: “No todas las crisis tienen la misma etiología. Las hay que son crisis coyunturales, que una vez pasada la borrasca escampa y vuelve a salir el sol. Las hay, sin embargo, que son verdaderos tsunamis<em>, </em>que asolan lo que encuentran a su paso y obligan a hacer una tarea importante de reconstrucción de la arquitectura económica, social e institucional que ordena nuestras vidas. Entiendo que la crisis actual no es una crisis coyuntural, sino que nos encontramos ante una verdadera crisis estructural o ‘crisis de regulación’ que cambiará nuestro imaginario social, las estructuras productivas y las instituciones a escala nacional e internacional”.Presentía que venían cambios importantes, pero no de la escala de lo que nos ha ocurrido en estos últimos diecisiete años en términos del impacto de las revoluciones tecnológicas recientes: utilización intensiva de internet por parte de una nueva generación de teléfonos móviles y la creación de nuevas aplicaciones para manipular a una escala impensable la opinión pública, la polarización social y, sobre todo, a partir del covid y de la aparición de la IA generativa, una enorme concentración de poder científico, económico y político en muy pocas manos, que harían palidecer al mismo Marx con su ley de la concentración del capital.La primera gran revolución tecnológica fue la de la agricultura, 10.000 años a.C. Según Cristian Canton, director asociado del Barcelona Supercomputing Center, el tiempo hasta el impacto social masivo de la revolución agrícola tardó entre 1000 y 4000 años. En términos de sistema tecnológico, abarca la esclavitud y el feudalismo donde no existe el trabajo asalariado y unos pocos individuos concentran el máximo poder económico, político y social vía la propiedad exclusiva de la tierra y del trabajo. A lo largo de este período hasta la edad moderna se inventa la escritura y la moneda.Con la ciencia moderna y el Renacimiento, la Humanidad se encaminó hacia la revolución industrial a lo largo de un período que no representa ni una décima parte del tiempo que ocupó la revolución agraria para conseguir su impacto masivo. Este período introduce cambios económicos revolucionarios con la aparición del trabajo asalariado, la acumulación del capital y dejando las rentas de la tierra en un apartado marginal. No digamos ya en el ámbito político y social con la introducción de las democracias parlamentarias y el estado del bienestar, sin olvidar los avances científicos y tecnológicos: vacunación, imprenta, la aviación, la electricidad, el ferrocarril, el automóvil, el teléfono, los antibióticos, la energía nuclear, entre otros.Y ahora entramos en otro gran cambio sistémico con la IA generativa, que tiene el precedente en la aparición de la web y el uso intensivo de internet desde hace ya más de veinte años. ¿Por qué es un cambio sistémico? Porque internet y su uso masivo para generar valor a través de la IA generativa está en la base de internet de las cosas, de la robotización, de la financiarización y terciarización de la economía y de la geoestrategia y seguridad de los estados. Y ahora todo esto está en unas pocas manos que lo quieren controlar todo, es decir, el poder en mayúsculas y a escala planetaria. Es un cambio revolucionario que nos ha venido de repente a una velocidad sorprendente, menos de un diez por ciento de lo que se ha tardado en implantar el capitalismo. Como dice <em>The Economist </em>en su último número del 16 de mayo: “Finalmente, los humanos podían, como los caballos en la era del coche, convertirse en no económicos. Los ingresos pueden ir mayoritariamente o totalmente a los propietarios de capital, que después lo gastan en cosas fabricadas por IA y robots utilizando recursos naturales que monopolizan. Esta posibilidad distópica está detrás de las advertencias de Silicon Valley de que la intervención estatal, y quizás una Renta Básica Universal (RBU), será necesaria”.No es de extrañar que por ello el papa León XIV firmase, el viernes 15 de mayo, su primera encíclica, titulada <em>Magnifica Humanitas, </em>a la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial, donde se afirma que la revolución tecnológica de la IA supone una transformación social de una magnitud comparable a la de la segunda revolución industrial.La disyuntiva es esta: o se plantea una salida democrática de control de la IA generativa por parte de la sociedad y una RBU, o podemos caer en un neofeudalismo capitalista, es decir, en una nueva barbarie donde la democracia y el control del capital y del trabajo volverán a caer en unas pocas manos a escala global.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ferran Navinés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/crisis-crisis_129_5755505.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2026 05:47:35 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los veterinarios vuelven a la ofensiva contra la ley de medicamentos después de un año de aplicación]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/sociedad/veterinarios-vuelven-ofensiva-ley-medicamentos-despues-ano-aplicacion_1_5651828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/cdc2b20c-4c65-4229-be71-3fb18032ff87_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Los <a href="https://www.arabalears.cat/societat/centres-veterinaris-balears-peu-guerra-tardam-mes-emplenar-l-excel-veure-l-animal_1_5281155.html" >veterinarios de Baleares</a> siguen pidiendo cambios en la nueva normativa que regula los medicamentos que receta el sector. Pese a las modificaciones realizadas por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del gobierno español, casi un año después de la entrada en vigor de la normativa, el Colegio Oficial de Veterinarios de las Islas (COVIB) considera que "no son suficientes" y que "hay que seguir trabajando para adaptar plenamente la ley a la realidad de la práctica clínica". </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura López Rigo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/sociedad/veterinarios-vuelven-ofensiva-ley-medicamentos-despues-ano-aplicacion_1_5651828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Feb 2026 19:54:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manifestación de los veterinarios en Mallorca.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[El sector considera que las modificaciones que ha hecho el gobierno español "no son suficientes"]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Mallorca en transición]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mallorca-transicion_129_5579831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A veces hay libros que se adelantan a su tiempo, o que sin adelantarse en ellos recogen el espíritu de toda una época. Pueden ayudar, incluso, a imaginar futuras, o mejores. Ésta es la sensación que he tenido con la novela <em>Monumento</em>, de Alba Noguera (Palma, 1997), ganadora del VIII premio Antoni Vidal Ferrando y publicada por el sello calongí Adia Edicions.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Portell]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 18:30:06 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo es un mal gag]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mundo-mal-gag_129_5570534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Había un breve gag de la serie <em>Los jóvenes</em> en que Balowski entraba en una tienda y decía algo así como "Buenos días, ¿esto es una quesería?"; "No", respondía el dependiente. "Ido ya hemos jodido el gag", remataba el primero. Era una escena absurda y delirante, pero como vivimos unos tiempos en los que la absurdidad y el delirio se han apoderado de la realidad, quizá sea hora de asumir que éste <em>running gag</em> que era la vida está dejando de tener nada de gracia.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Cabot]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mundo-mal-gag_129_5570534.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Nov 2025 18:15:32 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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