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    <title><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Ferran Rosa es el sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ferran-rosa-sistema_129_5835553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>No sé dónde oí o leí por primera vez aquello de que el votante de izquierdas castiga y el de derechas ficha. Castigar puede ser abstenerse, cambiar de bando o moverse dentro del mismo. Y hasta hace poco, tenía sentido. Aunque quizás solo era porque la derecha era granítica y un monopolio del PP, mientras que la izquierda siempre había ofrecido más opciones. Hasta que Ciudadanos rompió la presa del voto cautivo por el centro y se inundó con los fugados por la corrupción de Bárcenas & Cía. Lo de este partido de Albert Rivera fue flor de un día y ahora el PP se pelea, cuerpo a cuerpo, con Vox, que va a pecho descubierto como el whisky DYC de la política.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Torío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ferran-rosa-sistema_129_5835553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 06:33:01 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta como herramienta de propaganda]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ceuta-herramienta-propaganda_129_5835546.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La propaganda política existe desde que hay estructuras organizativas y de poder. Una élite trata de persuadir a la masa para controlar la polis y, si las cosas van bien, obtener algún beneficio: prestigio, riqueza y la sensación de estar por encima de los demás. De hecho, esto es lo que significa la palabra ‘prepotencia’: la praepotentia latina no era más que la cualidad de ser superior en poder. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maria Llull]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ceuta-herramienta-propaganda_129_5835546.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 06:22:54 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pódcast MÁS necesario]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/podcast-necesario_129_5834891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/83eaa680-b03c-48db-8441-57afa6eb4093_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Lo que se ha armado con <a href="https://es.arabalears.cat/politica/ataque-sinceridad-revolucionado-mes-mallorca_1_5833813.html" target="_blank">el pódcast del diputado de MÉS per Mallorca Ferran Rosa n</a>o ha dejado indiferente a nadie del partido ni de la órbita ecosoberanista. Esto es bueno. Es cierto que en un sistema de partidos maduro las críticas se deben hacer primero internamente. También, sin embargo, el accidente por exceso de relajación (porque juraría que Rosa no tenía ninguna intención de montar ningún lío ni de ofender) ha sido útil. Ha puesto de manifiesto que, como ocurre en las familias, hay cosas de las que no se habla en la mesa, pero nadie tiene coraje de iniciar el debate a pesar de ser necesario.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jaume Perelló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/podcast-necesario_129_5834891.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2026 06:02:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El grupo parlamentario de MÉS per Mallorca, en una imagen de archivo]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Aena no es el problema]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/aena-no-problema_129_5834738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/1e8834fe-50dc-4a48-9281-2efbe3a97313_16-9-aspect-ratio_default_1042691.jpg" /></p><p>El Parlament balear aprobó una proposición de ley orgánica para la creación de una autoridad aeroportuaria de las Islas Baleares, también se manifestó contra las obras anunciadas en el aeropuerto de Ibiza, el pasado 2 de junio, y se han hecho pronunciamientos contra la ampliación prevista en el aeropuerto de Menorca. A mi parecer, estas manifestaciones y posiciones se hacen desde el desconocimiento, el prejuicio o por intenciones más inconfesables.Si hablamos de que tenemos que ir a un modelo sostenible y contra la masificación, estoy de acuerdo, pero no será atacando y culpando a Aena como aclararemos. Para defender la gestión o cogestión autonómica de los aeropuertos, y ir contra Aena, se dice que si gestionamos los aeropuertos desde aquí, prevalecerá el interés público o social, que la conectividad será mejor. Y últimamente se ha sumado uno nuevo: Aena es la responsable de la masificación turística que sufrimos y, por lo tanto, hay que ir a un nuevo modelo de gestión para evitarlo. Lo cierto, sin embargo, es que no hay ningún argumento que aguante esta posición, más allá de expresiones populistas, por no decir demagógicas, y respuestas simples a problemas complicados.Imaginen ustedes que por culpa de las listas de espera o la falta de médicos, enfermeras y especialistas en la sanidad pública la solución fuera privatizar la sanidad? Algo similar pasa con la propuesta de autogestión/cogestión aeroportuaria o los ataques a Aena.Aena es el primer gestor aeronáutico mundial, mueve el 10,8% del PIB de España y, según un estudio de Incosa, en la última década, Aena se ha convertido en el modelo aéreo europeo de más éxito, ¡y no nos cuesta ni un céntimo! Lo habéis leído bien, no nos cuesta nada, se autofinancia con las tasas aeroportuarias y lo que factura a las empresas que allí realizan una actividad comercial o económica.Hacerla pedazos solo encarecería la gestión y aumentaría los problemas.La masificación turística no es consecuencia de la gestión de Aena, que recordemos que gestiona los aeropuertos de interés general por mandato constitucional del artículo 149.1.20a; y, por tanto, gestiona los aeropuertos de Ibiza con 9.138.224 pasajeros en 2025 y el de Menorca con 4.210.152 el mismo año, dos islas similares en cuanto a kilómetros cuadrados y mismo gestor, pero con una evolución económica muy diferente. La primera isla apuesta desde los años sesenta del siglo pasado por un modelo fundamentado en el sector turístico, mientras que Menorca tenía una economía más diversificada con más presencia de los sectores primario y secundario.Tampoco Aena controla el número de vuelos y <em>slots</em>. En Europa está regulado por el reglamento CEE n. 95/93 y en España, desde el año 2014, es AEFCA, organismo independiente, que determina los <em>slots</em> en función de la capacidad declarada por cada aeropuerto y los derechos históricos de las compañías aéreas.  Las obras anunciadas tanto en Ibiza como en Menorca no están dirigidas a aumentar la capacidad declarada, sino a dar solución a problemas estructurales de ambas terminales, que no están bien dimensionadas por el actual número de pasajeros. Aumentar la capacidad declarada es lo que realmente nos debería alarmar.¿Significa esto que Aena lo hace todo bien, que no hay margen de mejora, que no podemos hacer nada? Pues no, pero las iniciativas políticas y sociales en nuestra comunidad autónoma deberían ir encaminadas en otra dirección y afrontar los problemas reales que tenemos en nuestros aeropuertos. En primer lugar, luchar por la reversión de la privatización del 49% hecha en 2015, en cumplimiento del artículo 128.1 de la Constitución. En segundo lugar, conseguir que tengan las plantillas necesarias, como reclamaron en el aeropuerto de Menorca el pasado 21 de julio, o más recientemente en Ibiza el 24 de agosto con concentraciones, sin olvidar Son Sant Joan y Son Bonet. Igualmente pasa con las plantillas de muchos contratos de los aeropuertos, ya sean empresas de <em>handling</em>, seguridad, restauración o limpieza. En tercer lugar, tener las infraestructuras imprescindibles. El caso más urgente, el de una nueva torre de control en el aeropuerto de Menorca. En cuarto lugar, exigir el cumplimiento de la normativa en prevención de riesgos laborales, que es muy deficiente. En quinto lugar, participar activamente en los comités de coordinación aeroportuaria y mejorar su composición y competencias. Finalmente, si realmente queremos combatir la masificación turística, se debe decrecer, regular el alquiler turístico, intervenir en el mercado de vivienda, limitar la entrada de vehículos y reorientar la economía hacia sectores más sostenibles. Y todo esto es potestad autonómica y municipal, pero es más fácil echarle la culpa de todo a Aena. Por cierto, ¿y a los puertos donde participa la Comunidad Autónoma? En el caso de APB (y, por tanto, de la afluencia de cruceros) tiene las competencias de los Puertos de las Islas Baleares, que gestiona, entre otros, el puerto de Ciutadella, donde hemos pasado de 205.461 pasajeros en 2012 a 643.582 en 2025 (y lo quieren ampliar). ¿Pero de esto mejor no hablar, no? Podemos ir contra Aena, como el Quijote contra los molinos, pensando que eran gigantes. Pero no eran gigantes, eran molinos. Cuanto antes abramos los ojos, mejor, no sea cosa que atacando las aspas de los molinos quedemos heridos. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramon Enric Carreras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/aena-no-problema_129_5834738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 17:56:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aeropuerto de Palma]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Movilidad parada, pueblos olvidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/movilidad-parada-pueblos-olvidados_129_5834730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a9f1ce9b-53ec-428d-abc4-eee1a9037642_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hablar de movilidad sostenible en Mallorca es hablar de seguridad, de servicios públicos y de calidad de vida. Es hablar de tener alternativas reales al vehículo privado para ir a trabajar, estudiar, ir al médico o simplemente desplazarse entre pueblos. Pero, hoy, para muchos municipios de la Part Forana, esta alternativa es cada vez más difícil.El Consell de Mallorca y el Govern de les Illes Balears han hecho de la movilidad sostenible una cuestión secundaria. Los anuncios se acumulan, pero las actuaciones no llegan al mismo ritmo. Y cuando no hay inversiones o servicios suficientes, los primeros perjudicados son los municipios pequeños y sus vecinos y vecinas.En Santa Eugenia tenemos un ejemplo muy claro con las dos vías cívicas que han de conectar el municipio con su entorno. Se anunció que estas actuaciones estarían acabadas antes de finalizar el 2025. Estamos en 2026 y no solo no están ejecutadas, sino que aún no disponemos ni siquiera del proyecto definitivo. Cuando una infraestructura considerada prioritaria no pasa del anuncio, es legítimo preguntar qué ha pasado y, sobre todo, cuándo se piensa cumplir el compromiso.Otro ejemplo lo encontramos en la Pujada a Lluc a pie de la Part Forana. Una actividad que cada año moviliza a cientos de personas y que tiene un importante componente deportivo, social y de cohesión entre los municipios. Inicialmente, el Consell insular había asumido el coste de las camisetas de los participantes. Ahora, sin embarg<a href="https://es.arabalears.cat/sociedad/manacor-asumira-organizacion-subida-lluc-pie-falta-apoyo-consell_1_5832835.html" target="_blank">o, este gasto recae sobre los ayuntamientos, que también deben hacer frente al coste de los autocares y a buena parte de la organización</a>.No podemos obviar qué significa esto para un ayuntamiento pequeño. Cada euro que se destina a cubrir un gasto que antes asumía otra administración es un euro que no se puede dedicar a otras necesidades del municipio. Y esta falta de apoyo a los pueblos también se hace evidente en el transporte público. La conexión regular con Santa María ha desaparecido y el servicio disponible continúa presentando carencias importantes. Las frecuencias hacia Palma son insuficientes para las necesidades de muchos usuarios, y la capacidad de los vehículos tampoco se adapta a la demanda. Además, las incidencias de los mismos autobuses son frecuentes y acaban afectando directamente a los usuarios, que se encuentran con un servicio poco fiable y sin alternativas cuando se producen estas situaciones.Mallorca necesita una política de movilidad que tenga en cuenta la realidad de todos los municipios y no concentre los esfuerzos únicamente en determinadas zonas de la isla. La movilidad no puede quedar relegada a los principales núcleos urbanos o a las zonas turísticas. También debe llegar a los pueblos de la Part Forana, con transporte público de calidad, conexiones adecuadas e infraestructuras seguras para los viandantes y las bicicletas.Si queremos reducir el número de coches en las carreteras, primero debemos garantizar que la ciudadanía disponga de alternativas que sean útiles, frecuentes y fiables. No podemos pedir a la gente que deje el coche en casa si después el transporte público no le permite llegar al trabajo, a los estudios o a los servicios con garantías.Las consecuencias de no actuar son evidentes: más vehículos en las carreteras, más atascos, más contaminación y más dificultades para que la ciudadanía pueda escoger formas de desplazamiento más sostenibles. Hablar de cambio climático y, al mismo tiempo, no reforzar el transporte público ni avanzar en las infraestructuras necesarias es una contradicción difícil de justificar.La movilidad también es una cuestión de igualdad territorial. Vivir en un pueblo no puede significar tener menos oportunidades para llegar al trabajo, estudiar, ir al médico o participar de la vida social. Los municipios de la Part Forana necesitan que sus necesidades sean escuchadas y que las inversiones y los servicios lleguen con la misma determinación que a otras zonas de la isla.Por eso, hace falta más transporte público, más frecuencias, mejores conexiones entre municipios e infraestructuras seguras para los peatones y las bicicletas. Y, sobre todo, hace falta que los compromisos anunciados por las instituciones se traduzcan en proyectos, obras y servicios.Los pueblos de Mallorca no piden un trato de favor. Piden que se cumplan los compromisos adquiridos, que se deje de gobernar a base de anuncios y que las instituciones apuesten de manera decidida por una movilidad moderna, eficiente y sostenible.Es hora de pasar de los anuncios a los hechos. Dejar de considerar la movilidad de los pueblos como una cuestión secundaria y empezar a entenderla como lo que es: un servicio esencial y una pieza fundamental para construir una Mallorca más cohesionada, más segura y más sostenible.Porque la movilidad no se puede abandonar. Y los pueblos, tampoco.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arnau Miralles Ferrer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/movilidad-parada-pueblos-olvidados_129_5834730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 17:51:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Consejo de Mallorca]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nieve en la nevera]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/nieve-nevera_129_5834725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>No creo equivocarme si digo que buena parte de los recuerdos que nos llevaremos de este verano tienen que ver con el sol. Más allá del calor insoportable, la posibilidad de haber podido ver un eclipse total no es algo que ocurra cada verano. Hubo gente que pasó horas esperando o que se gastó una buena suma de dinero para tener un sitio en primera línea de mar, aunque algunos no pudieron evitar que una nube llegara en el momento más inoportuno. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Mesquida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/nieve-nevera_129_5834725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 17:45:59 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con la silla en el mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/silla-mar_129_5834715.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8da616e8-5006-4a96-b478-c5313a9bd334_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Este verano me he fijado en que los jóvenes van al mar con una silla. Y no me refiero a jóvenes que hayan dejado de serlo, sino a jóvenes muy jóvenes. Algunos llevan una tumbona, pero la mayoría, una silla plegable. Los ves con la silla, pero también con la sombrilla, una nevera grande, una cesta con el picnic, fiambreras y con ropa colgada de la sombrilla. Se instalan en las rocas o en la playa como quien lo hace en su casa. Me gusta la actitud.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/silla-mar_129_5834715.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 17:34:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una silla en la playa]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Postal de Folegandros]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/postal-folegandros_129_5833094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Escribo este artículo en medio del mar Egeo: estamos dentro de un barco y acabamos de dejar atrás Folégandros, una de las islas más pequeñas de las Cícladas. Íbamos a buscar lo que en nuestra casa ya hemos perdido: un poco de paz, un poco de sol, un poco de sal y un poco de cielo, por decirlo como lo escribió Pere Quart. Calma y naturaleza. Aquí, la electricidad no llegó hasta el año 1973, y los coches no se generalizaron como medio de transporte, junto con las motos, o los más recientes quads, hasta hace cosa de 20 años. Antes, aquí, la gente se movía a pie o en burro, y no tenían muchos motivos para pasearse más allá del trocito de sembrado, ir a un entierro, esperar noticias o productos de primera necesidad al puerto. Ahora mismo viven, a lo largo del año, poco más de 700 personas.Aquí hemos pasado tres días. Y tres nos han bastado para ver cómo el azul, aquí, puede ser igual de azul que el de Mallorca, y que el encalado de las paredes no es tan diferente del que aún se descascarilla en nuestros edificios más antiguos, en las afueras. Aquí han pasado muchas cosas, los últimos 50 años, y estoy seguro de que no todas nos las han querido contar, los habitantes de la isla. Con todo, que el turismo es el principal motor económico es evidente: todo el mundo trabaja o tiene algún vínculo con la veintena de bares y restaurantes que hay, sobre todo en Chora y también en el puerto, o bien con las tiendas de comestibles, las de recuerdos, los taxis barca y los autobuses que cruzan la isla, con parsimonia, pero con una frecuencia bastante digna. Los conductores, cuando se encuentran en las curvas, entre matas y higos chumbos, entre tamariscos y algún pino, sonríen y se saludan. Lo hacen como si hablaran en un código solo conocido entre ellos. Y yo me lo puedo imaginar, y a ratos es como si lo entendiera: es el de la gente que ha sabido ofrecer lo mejor que tienen sin que eso les costara el paisaje que lo ha facilitado, el de la gente que ha sabido (o que no ha tenido que) decir basta.Al anochecer, la gente que duerme aquí y allá se junta en las tres o cuatro plazas que hay en Chora. Vienen de mirar la puesta de sol en el camino de piedras blancas que lleva hasta la iglesita de la Mare de Déu. Se han hecho fotos durante la hora dorada. Antes de llegar, han podido apreciar un concierto de canción pop griega que tres niñas de no más de cinco años han improvisado con un micro con amplificador. Ahora, sin embargo, los padres cenan, y regalan restos de <em>matsata</em> a los gatos que patrullan entre las mesas de los restaurantes. No muy lejos de ellos, al lado de la heladería, otro grupo de niñas prepara el tenderete para el negocio de hoy: collares y pulseras que ellas mismas deben haber hecho, y que venderán, no sin antes tener que regatear el precio con los clientes. Piedrecitas planas. Los precios, garabateados con boli azul. Las miro con mucha envidia: a su edad, mis veranos también eran así. Y no sé si esto que ahora siento es nostalgia de mi infancia o más bien la añoranza de una isla que ha querido crecer tanto que ya no está. Mallorca ya no es como Folégandros.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Portell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/postal-folegandros_129_5833094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2026 05:30:35 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fuego en el cuerpo –y en esta era]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/fuego-cuerpo_129_5832319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Son las seis recién dadas y desde la galería de casa veo cómo se levantan, en las terrazas solárium, unos vecinos: han dormido a la intemperie y arrastran colchones y almohadas hacia dentro de los pisos, antes de irse a trabajar. En mi lavadero, diseñado como un oasis sombrío, ahora ya hace calor por el rebufido de los aires de otros vecindarios que todavía duermen con el aire acondicionado. No chillan gaviotas ni arrullan palomas, ni zumba nada más que las hambrientas madres moscas. Solo oigo a los albañiles que –al fin amparados en un cambio de horario– se mentalizan a continuar picando las baldosas del bloque que tiembles a la izquierda, donde el habitante del primer piso ha sido el único resistente a la presión inmobiliaria. Los han vaciado, destripado, y apenas mantendrán la fachada de persianas verdes.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laia Malo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/fuego-cuerpo_129_5832319.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 05:46:27 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Xenelasia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Uno de los factores que más deben decantar la balanza a la hora de saber si una zona del planeta tiene un futuro o no turístico debe implicar determinar el grado de autoestima o de identidad más o menos marcada que tienen sus nativos. No debe ser sencillo turistificar aquellos lugares donde los autóctonos son cerrados y huraños, entre ellos y delante de los demás, o aquellos lugares donde la lengua local está tan arraigada y es tan impenetrable que los forasteros no terminan nunca de hacerse un lugar ni que lo quieran. En Esparta existía incluso la institución de la ‘xenelasia’, o el derecho de expulsar a los forasteros que pudieran corromper las costumbres locales. El turismo como fenómeno de masas implica, en primer lugar, que la gente está dispuesta a viajar, y que tiene curiosidad y recursos para ver otras zonas del planeta, pero sobre todo implica que buena parte de los autóctonos de un determinado lugar deben cambiar, y no solo de trabajos sino de moralidad y de actitud. Quizás por eso cuando una zona está muy turistificada quien la gestiona ya no son los trabajadores locales sino los inmigrantes, la gente que ha venido de fuera a trabajar, y que puede tener aquel grado de cortesía descomprometida, vacía y estereotípicamente amable que se espera casi en todas partes. El sector turístico tiende a sustituir relaciones personales y arraigadas por la profesionalización de la atención al cliente. Hay muchos lugares de Japón, por ejemplo, donde los turistas no son bien recibidos, y hasta se les niega una mesa en los restaurantes, por mucho que haya sitio para los comensales de la zona. En otros sitios, por ejemplo, no pondrán nunca los menús de los restaurantes en inglés o en cualquier lengua ‘internacional’ o foránea, y quien quiera comer allí que se adapte o aprenda la lengua del país, cosa que contrasta enormemente con lo que hemos hecho en las Islas, por ejemplo, donde nos hemos encargado por sistema de suprimir y ocultar aquello que es propio, desde la cocina a la lengua, por no hablar de los que han hecho este trabajo de vitriolo desde elcastellanismo poniendo todo a los pies de una España que no se adapta a ellos cuando el viaje se hace en sentido contrario. Pero una sociedad sana debería permitirse el lujo de no gustar siempre. Tener horarios particulares, una cocina impresentable o una burocracia pesada para los forasteros. Pero ahora todo se convierte en un producto que debe ajustarse a las expectativas de los visitantes; la turistificación no es solo la llegada de millones de personas, sino la transformación psicológica de una comunidad, que acaba mirándose con los ojos del visitante y modificándose para satisfacer esa mirada sedienta. Es un mecanismo muy profundo porque cuando esto pasa, la renuncia ya no parece impuesta desde fuera, sino que se vive como una decisión libre, casi como una virtud: la de ser siempre amable, estar siempre disponible y ser siempre comprensible. Esta es, probablemente, la forma más sutil y duradera de transformación cultural, el agujero por donde entra un líquido corrosivo que lo acaba matando todo.  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 05:30:45 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turismo y cambio climático: adaptarnos a él o morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/turismo-cambio-climatico-adaptarnos-morir_129_5831475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Este verano hemos vuelto a batir récords que nos han hecho la vida más pesada tanto a los turistas como, sobre todo, a los residentes: el calor más persistente desde que hay registros, noches con mínimas que rondan los 30 grados en media Mallorca, un mar Balear convertido en caldo a 33 grados, que alimentará las tormentas que nos anuncian para las próximas semanas. Ante esto, se habla de la palabra mágica: ‘adaptación’. De acuerdo… pero ¿adaptar qué, cómo y, sobre todo, a costa de quién? ¿Adaptación para garantizar las ganancias empresariales en un escenario de riesgo, o para garantizar una mínima calidad de vida para la mayoría?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Abril]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/turismo-cambio-climatico-adaptarnos-morir_129_5831475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 05:30:55 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cansados de tanta luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/cansados-luz_129_5830687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/69808530-828c-4316-bc37-844fbe422e1b_16-9-aspect-ratio_default_0.png" /></p><p>Escuchaba Catalunya Ràdio. En una tertulia de jovencitos de estas que ahora se usan y que hablan de redes sociales y de <em>influencers </em>abordaban un concepto que empieza a tomar fuerza incluso entre aquello que hoy en día se llaman ‘creadores de contenido’ y que en otro tiempo se debieron llamar ‘gente con figurón’ o simplemente ‘gentuza’. Decían, los tertulianos, que incluso estos mismos ‘<em>influencers’ </em>que cobran miles de euros por publicar <em>posts</em> donde nos cuelan publicidad oculta de marcas de ropa, de cosmética y de toda casta de productos, ahora resulta que ya están cansados. Sufren ‘fatiga digital’. Uno podría pensar que hablamos de picor en los ojos, dolor de cabeza, cansancio físico y mental... Pero va más allá, la cosa. Se han cansado de ellos mismos y de sus congéneres. No pueden más. Ya hay creadores de contenido que están saciados de tener que crear cada día, y de que cada una de las cosas que viven deba devenir un contenido original, entretenido y destinado al goce tedioso de los escrolistas de hoy.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Riera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/cansados-luz_129_5830687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 2026 05:46:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un lector aprovecha la calma del mar para desconectar de las pantallas.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hervirá el mar como la cazuela en el horno]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/hervira-mar-cazuela-horno_129_5830679.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Los lectores de Ausiàs March conocerán el verso que le he tomado prestado para dar título a este artículo. Pertenece al poema <em>XLVI</em> de la obra del poeta de Gandía, uno de los autores fundamentales de la historia de la literatura catalana y uno de los más grandes de toda Europa en el tránsito entre la edad media y el renacimiento. Ausiàs March, igualmente, este verano está de actualidad a nuestra manera desgraciada: su cripta familiar, situada en el monasterio de Sant Jeroni de Cotalba (que de por sí es una joya arquitectónica, de inmenso valor histórico y patrimonial), en la comarca valenciana de la Safor, está a punto de ser convertido en un balneario de aguas termales. En efecto, la empresa Castilla Termal y el Ayuntamiento de Alfauir se proponen convertir la cripta de Ausiàs March en un jacuzzi. Es difícil imaginar una demostración más cruda de cómo perdemos nuestras raíces como pueblo y como cultura por la grosería y la avaricia desbocadas de cuatro vividores que se hacen llamar empresarios y políticos —no lo son. El grupo de poetas y activistas Saforíssims ha colgado en su web, ‘<em>saforissims.org</em>’, las instrucciones para presentar alegaciones al proyecto: hacedlo. Aquello que pase con nuestro patrimonio literario y cultural nos afecta a todos de pleno, tanto si pasa en las Baleares como en el País Valenciano como allí donde sea.También nos afecta, y de forma todavía más urgente y directa, lo que pase con el mar. El mar Balear ha batido récords de calentamiento en superficie este verano infernal, y —como explicaba Caterina Karmany en una de sus crónicas recientes en el TN de TV3, o 3Cat, o como se diga— se ha llegado a registros de hasta 33 grados, con una temperatura media de 30 grados durante muchos días de estos meses de julio y agosto. Hemos perdido la frescura del mar y nos bañamos dentro de un agua que parece un caldo caliente y turbio: sin embargo, nuestra incomodidad a la hora de darnos un chapuzón todavía sería un problema mucho menor comparado con los efectos que este calentamiento puede tener en los ecosistemas marinos, que no son ninguna rareza ni ninguna entelequia, sino una parte esencial de nuestro entorno natural. Esencial quiere decir que su destrucción apunta, lisa y llanamente, hacia nuestra propia destrucción. Si los humanos que habitamos el Mediterráneo consentimos estropearla, simplemente, estaremos acabados. Desde el punto de vista medioambiental, pero también social, y por supuesto económico, nuestro fracaso (si no hacemos nada para revertir el calentamiento del mar Balear) será absoluto. Que hayamos tenido noches con temperaturas que han pasado de largo los 36 grados es un hecho que ha hecho dar la alarma a un meteorólogo como Miquel Salamanca, riguroso y nada dado al sensacionalismo. Es un ejemplo de que es necesario que las voces de alerta sean escuchadas. Sin más excusas ni dilaciones.Puesto que tal vez es la única cosa a la que reaccionan nuestros gobernantes, es necesario insistir en los efectos catastróficos que puede tener para la industria turística que las Baleares sigan este camino. Pero es dudoso que incluso así escuchen, porque la avaricia de las ganancias inmediatas les hace olvidar la necesidad de prever nada para mañana. Además, han elegido gobernar de la mano (a las órdenes) de un partido de extrema derecha y negacionista del cambio climático. La inacción, el cinismo y las mentiras de los malos gobiernos de hoy los pagaremos muy caros mañana: pero no un mañana metafórico, sino un mañana de mañana mismo. Este verano ya no ha sido ningún aviso, sino la confirmación de que el cambio climático ya no es una teoría, sino la realidad dentro de la cual vivimos. La capacidad de adaptación sin duda es uno de los fundamentos de la evolución de las especies, pero hay adaptaciones que se acercan más a la degradación de la especie.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Alzamora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/hervira-mar-cazuela-horno_129_5830679.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 2026 05:31:12 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Magaluf XL]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/magaluf-xl_129_5830105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d72fbf9a-2c26-45f5-9521-5d3429051807_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Me pasé el año de Erasmus en Londres desmintiendo que fuera italiano y respondiendo las mismas preguntas en el <em>pub</em> donde trabajaba: no, no entendía qué hacía mi <em>Prime Minister</em> en la foto de las Azores; el euro nos lo había encarecido todo (ellos asentían orgullosos); <em>Aserejé</em> era solo la adaptación fonética al inglés de una canción disco-rap y –para su decepción– no significaba nada; y no, no frecuentaba Magaluf. A los clientes a quienes servía pintas y chupitos, pronunciar Magaluf les iluminaba la cara. Para mí, solo era un lugar que quedaba lejísimos de todas las zonas de marcha de Palma y el aliciente del cual era tomar pastillas de éxtasis un sábado por la tarde en BCM. Diría que ni había puesto los pies. Por lo tanto, me limitaba a asentir con una sonrisa mientras les devolvía el cambio en <em>pounds </em>de su Foster’s o Carling. No quería añadir otra decepción a la de las Ketchup, famosas entonces al nivel de Tony Blair.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Torío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/magaluf-xl_129_5830105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 06:30:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Noche de juerga en Punta Balena, Magaluf.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Este será el mejor verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/sera-mejor-verano_129_5830099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/2103fb3e-6876-483a-87e6-b9c12c219c30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Este verano que no acaba nunca ha sido una época de lamentos y letanías. Estamos más saturados que nunca y hemos protestado más que nunca. Pero las concentraciones, las manifestaciones, las cenas al aire libre y las reivindicaciones solo han servido para constatar el abismo que hay entre la calle y los despachos de quienes deciden sobre nuestras vidas, una brecha que se empezó a abrir legislaturas atrás y que ahora ha alcanzado unas dimensiones grandiosas. Esta no es tierra de políticos valientes y los que mandan de verdad no suelen presentarse a las elecciones.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maria Llull]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/sera-mejor-verano_129_5830099.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 06:16:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Turistas en Palma, este agosto.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El reto de siempre de la izquierda: construir sociedad o gestionar sociedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/reto-izquierda-construir-sociedad-gestionar-sociedad_129_5829680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d3ee5494-3ae1-435b-88e8-63ebf270e0c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p><em>El autor del artículo, Salvador Martínez, nos dejó el pasado día 3. Estamos ante, pues, un texto póstumo. Su testamento político, que quiso publicar en ARA Balears, medio del cual era suscriptor y con el que mantuvo un contacto permanente como activista y dinamizador, además de como presidente de ATTAC. Se publica este escrito con la esperanza de que sea fuente de debate, que sea iluminador de perspectivas de paz y justicia social, y también alentador del pensamiento y la acción transformadora.</em>Coincido totalmente con el análisis que Juan Torres, economista y miembro del comité científico de ATTAC España, ha publicado en <em>Globalter</em> el 28 de mayo bajo el título: ‘<em>La izquierda que ya no sirve. Ideas para recuperar el norte</em>’ y quiero centrar mi reflexión y propuestas en cuatro líneas-fuerza que se desarrollan en su artículo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salvador Martínez Millán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/reto-izquierda-construir-sociedad-gestionar-sociedad_129_5829680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 15:15:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Protesta ante Corte a raíz de la desautorización del gobierno municipal para llevar a cabo allí una cena al aire libre]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Baleares ponen el cuerpo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/baleares-ponen-cuerpo_129_5829327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/2fe75f9a-be36-4a46-b87a-b1b16fc04e88_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Nos quejamos, y con razón, de cómo los mal llamados inversores europeos –que son especuladores o aspirantes a serlo– llegan a las Islas para adquirir solares o chalets ya hechos y transformarlos en activos inmobiliarios. Compran por un millón y quieren sacar tres. O_alquilan a conocidos y hacen actividad turística sin ninguna autorización. Por supuesto, la transacción se hace en los países de origen y las Islas solo ponen el territorio, su cuerpo, en definitiva, para que otros se forren.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jaume Perelló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/baleares-ponen-cuerpo_129_5829327.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 06:02:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Terraferida denuncia el impacto y la destrucción territorial de una sola vivienda en plena Sierra de Tramuntana]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué verdades nos ocultan sobre la granja de Son Brau?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/verdades-ocultan-granja-son-brau_129_5829148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/ce07f130-c796-4220-9d09-2a432649b8c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p><a href="https://es.arabalears.cat/misc/manacor-planta-cara-macrogranja-80-000-gallinas-mallorca-no_1_5798612.html" target="_blank">Unos setenta vecinos se manifestaron ante el Ayuntamiento de Manacor con pancartas y gritos de ‘Macrogranja no’ justo antes del pleno ordinario del mes de julio</a>. Durante la sesión, el pleno aprobó una moción presentada de forma conjunta por el equipo de gobierno (MÉS-Esquerra, PSOE y AIPC) y el PP en contra de las macrogranjas en Mallorca.Los vecinos afectados salieron contentos del pleno. La moción, genérica y que no menciona de manera explícita en ningún momento el topónimo de Son Brau, ni tampoco la empresa Avícola Son Perot, que es quien quiere construir esta granja de 80.000 gallinas ponedoras, se aprobó, con los únicos votos en contra de Vox. Pidieron un pronunciamiento por parte de todos los partidos, que se mostraron, con más o menos vaguedad y con más o menos argumentos, contrarios a “explotaciones intensivas como esta”.Avícola Son Perot ha presentado un proyecto que intenta ajustarse a las disposiciones que establece la ley 2/2025, aprobada, precisamente, para evitar que se construyera una macrogranja de esta misma empresa en el término de Sineu con una carga de 800.000 gallinas.De hecho, Avícola Son Perot también es la propietaria de la macrogranja de Llucmajor, lamentablemente conocida como ‘la granja de los horrores’, después de que se filtraran unas imágenes del interior de las instalaciones que mostraban que los animales se encuentran “en condiciones penosas”. “Las gallinas vivas conviven con decenas de cadáveres en diferentes estados de descomposición, incluidos esqueletos y otros animales, como ratas (vivas o envenenadas) y erizos, extintores caducados y contenedores con cadáveres en estado de putrefacción y llenos de gusanos” decía a un medio el informante que habría tomado las imágenes. Avícola Son Perot recibió una sanción de 200.000 euros por las condiciones de las instalaciones.Ahora, la empresa se presenta como un ente moderno y adaptado al tiempo y a la ley actuales. Pero es necesario que tengamos memoria y recordemos qué actuaciones ha llevado a cabo con anterioridad.Mientras tanto, hay muchas preguntas que nuestros representantes en el Ayuntamiento podrían responder. ¿Por qué, a pesar del acuerdo verbal que tenía el equipo de gobierno con los representantes de la plataforma Macrogranja No, la moción se tuvo que presentar finalmente por la vía de urgencia? ¿Tenían dudas sobre la conveniencia de presentarla?¿Por qué la moción habla exclusivamente de macrogranjas y no menciona en ningún caso el concepto ‘granja’? ¿Es intencionada esta ausencia? ¿Tiene algo que ver el hecho de que la granja proyectada en Son Brau sea para 80.000 gallinas, diez veces menos que la carga proyectada en Sineu? ¿Es realmente considerada una macrogranja la que ahora piden hacer en Manacor?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Embat Manacor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/verdades-ocultan-granja-son-brau_129_5829148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 17:53:30 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/ce07f130-c796-4220-9d09-2a432649b8c4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Protesta contra la macrogranja en Manacor.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Derechos sociales frente al odio: el fracaso del escudo invisible de Galmés]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/derechos-sociales-frente-odio-fracaso-escudo-invisible-galmes_129_5829143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La geopolítica global tiene la capacidad de sacudir la realidad más cotidiana de nuestros hogares. Las consecuencias derivadas de la injusta guerra de Irán que sufrimos en este 2026 no son abstracciones; se traducen en una presión inflacionista asfixiante, en la subida de precios de la cesta de la compra y en la dificultad para llenar el depósito de combustible. Ante esta vulnerabilidad sobrevenida, la ciudadanía tiene derecho a esperar que sus instituciones actúen como red de seguridad. El ejemplo más claro fue el Gobierno de España, que aplicó medidas como la reducción durante 6 meses, a los carburantes y a la energía. Pero la realidad del Consell de Mallorca nos demuestra que, en lugar de un escudo protector, lo que tenemos es un muro de propaganda, descarga de responsabilidades y concesiones ideológicas intolerables.Hace meses que oímos los grandes titulares del presidente Llorenç Galmés. Se nos prometió la movilización de un escudo social histórico, que en el caso del IMAS estaba dotado con 9 millones de euros para mitigar los efectos de esta crisis económica. Hoy en día, ¿cuál es la realidad? El contador para los ciudadanos está a cero. En lugar de gestionar y ejecutar directamente la ayuda, el Consell ha optado por descargar el trabajo y la responsabilidad sobre los hombros de los Ayuntamientos. Una decisión tomada de manera unilateral, sin hablar con los alcaldes y alcaldesas, dando por hecho que asumirán una nueva carga burocrática cuando los servicios sociales municipales ya están desbordados con su día a día. Hoy, las administraciones locales se encuentran que deben gestionar esta papeleta sin saber cuánto, qué ni cómo.Pero si esta dejadez de funciones ya es grave, el precio político pagado es aún más preocupante: el Partido Popular ha comprado al dedillo el discurso de la "prioridad nacional" de Vox y ha impuesto a los municipios un requisito de cinco años de residencia para poder acceder a unas ayudas que deberían ser de emergencia.Con este odio, este racismo y esta xenofobia que desprende Vox, el gobierno de Galmés parece no ver que está resquebrajando la cohesión social de Mallorca. Vox no oculta que quiere dejar fuera a las personas migrantes, y esto ya es bastante grave. Pero el problema es aún mayor: este filtro acaba dejando fuera a cualquier persona que atraviese una situación de vulnerabilidad si no cumple un requisito tan arbitrario como haber residido cinco años seguidos en la isla. En definitiva, convierten un derecho social en un privilegio reservado solo a algunos.Quedan fuera las personas que trabajan y sostienen servicios esenciales, pero que no han podido arraigar suficiente tiempo por culpa de la precariedad, del coste de la vida o de la inestabilidad residencial. Quedan fuera las familias que han tenido que empezar de cero y que, a pesar de hacer un esfuerzo enorme para salir adelante, continúan atrapadas en situaciones de pobreza sobrevenida. Y quedan fuera también todas aquellas personas que necesitan un apoyo puntual para no caer todavía más abajo, pero que topan con un filtro administrativo que no responde a ningún criterio de justicia social. Para el gobierno de Galmés, la necesidad ya no es suficiente: antes hay que pasar un filtro ideológico.La crueldad de esta imposición llega a su extremo con los colectivos que más sufren. Esta medida deja completamente desamparadas a muchas personas en situación de sinhogarismo o con trayectorias vitales marcadas por la inestabilidad, la ruptura y la exclusión. Personas que han quedado fuera del sistema por múltiples motivos y que, precisamente por ello, deberían encontrar en la administración una mano tendida y no una nueva barrera. Con este filtro ideológico impuesto por el Consell, es materialmente imposible que muchas de ellas cumplan el requisito de los cinco años de residencia continuada. Este escudo social no protege a quien más lo necesita: precisamente deja fuera a aquellos para los cuales debería existir.El gobierno de Galmés se ha convertido en un rehén voluntario de la exclusión. Para mantener la estabilidad del despacho, prefieren traspasar la presión a los ayuntamientos y aplicar filtros identitarios a la vulnerabilidad antes que plantar cara a su socio de gobierno. Condicionar el apoyo económico en tiempos de crisis a un recuento de años es vaciar de contenido el concepto de dignidad humana.Gobernar exige altura de miras, respeto institucional y humanidad. El escudo social de Galmés ha resultado ser una ficción propagandística que se ha deshecho al primer dictado de la extrema derecha. Necesitamos que se rectifique, que se escuche a los municipios y que se pongan los recursos a disposición de la gente sin exclusiones. Ante la crueldad de su prioridad nacional, respondemos con firmeza: políticas sociales; ante su prioridad nacional, derechos sociales siempre.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sofia Alonso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/derechos-sociales-frente-odio-fracaso-escudo-invisible-galmes_129_5829143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 17:50:49 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Armando]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/armando_129_5827824.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6d72a96e-d5b5-4ef8-95d9-101687e6ffc2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Al atardecer lo vi delante del mar, en el pequeño pantalán de la bahía de Pollença. Era un hombre delgado, de barba larga y descuidada. Sus movimientos eran lentos, armoniosos. Hacía sus prácticas y parecía que su cuerpo estaba allí, pero que su espíritu estaba muy lejos. Aquel instante de eternidad desprendía serenidad y tranquilidad. ¿Quién era aquel hombre? ¿Qué historia de vida tenía a sus espaldas?Me detuve a cierta distancia, no quería molestarlo. Todo se fue ralentizando, las pequeñas olas que se movían, el sol naranja que quería ponerse tras el Tomir, los niños que corrían con sus bicicletas, el cuerpo y las manos lentas de aquel hombre delgado, de barba larga. Cada encuentro es único e irrepetible. Aquella tarde no sabía quién era, solo sabía que desprendía una serenidad que daba ganas de estar quieto y mirar.“Cada respiración es una oportunidad”, dice Ester cuando guía la práctica de yoga. Para entender la historia de Armand hay que volver a los inicios de los años 80. En sa Pobla, el SIDA llegó sin llamar a la puerta. No fue la única invitada, también llegaron la heroína y la necesidad de dinero fácil y rápido. La fisonomía, la piel del pueblo, cambió radicalmente en poco tiempo. Un reguero de jóvenes empezaron a morir, siempre silenciosamente y de puntillas. La homosexualidad estaba ahí, pero no se podía hablar de ella; decían que era tabú, o quizás pecado.Ante los hechos y las noticias que nos llegaban de aquella muerte roja, había un sentimiento colectivo de supervivencia bien arraigado. Nos parecía que aquellas historias pertenecían a otro mundo, que aquello sucedía en Nueva York, en Londres, a los artistas que veíamos por la televisión, pero no a nuestro pueblo. “A nosotros no nos pasan estas desgracias”, pensábamos; mientras tanto, los jóvenes fueron cayendo, morían uno tras otro. Vidas desmigajadas, sin oportunidades, sin retorno, sin explicación.Entre 1981 y 1995, casi una veintena de jóvenes murieron en sa Pobla infectados por el sida o fulminados por una sobredosis. La misma cantidad de jóvenes soldados pobleros que murieron en el frente del Ebro aquel fatídico 1938. Para una comunidad pequeña, fue otra guerra. Sin bombas, sin uniformes, pero igualmente devastadora.“Cada sesión, cada práctica, es como empezar una hoja en blanco”.Al taichí se llega mediante el movimiento continuo, el desplazamiento del peso, el arraigo a tierra y la respiración. No hay prisa, cada gesto nace del anterior y prepara el siguiente. El tiempo deja de ser una cosa que ‘pasa’ y se convierte en una cosa que ‘vives’. Armand necesitaba habitar el cuerpo y el tiempo, necesitaba contemplar para coger distancia y hacer soportable la enfermedad. El yoga también busca esto. Cuando mantienes una postura con una respiración consciente, no ‘mantienes’ simplemente una postura, aprendes a ser presente dentro de tu propio cuerpo. El cuerpo deja de ser una herramienta que utilizas y deviene un lugar que habitas. Cuando contrajo el sida, Armand inició un camino de profundización hacia sí mismo, sin mucho ruido ni visibilidad. La práctica y la contemplación del taichí le dieron vida y sentido.“Vivir con el espíritu tranquilo”, me decía Joan Socies, amigo mío de la infancia y discípulo de Armand. Con Joan aprendimos a caminar y a montar en bicicleta en la calle Gran de sa Pobla, eran los años 60. La psicología, la enseñanza y la búsqueda de su camino interior fueron su constante y, a la vez, una necesidad vital. Un día me dijo: “He empezado a hacer taichí y me gusta. El maestro es medio vasco y medio francés y vive en Santa Margalida. A ti te gustaría... ¿Por qué no vienes?”Hace tres años, Joan murió de cáncer y lo enterramos en Son Tut, con la mirada hacia el este. Armand, su maestro, lo visitó unos días antes de la partida. Hablaron y se abrazaron; habían compartido un tramo del camino. Joan murió con el espíritu tranquilo.Armand buscó un rincón, un refugio tranquilo en la bahía de Pollença. Sabía que debía preparar su partida, le quedaba poco tiempo. El sida se había apoderado de su cuerpo cuando solo tenía 24 años, mientras trabajaba de ingeniero en Londres. En aquellos años no había vacunas ni respuestas. Pero él decidió vivir el tiempo, su tiempo, con más conciencia.“Cada respiración cuenta... Coge aire. Este tiempo solo es para ti”, dice Ester con voz calmada.Armand supo transformar el sufrimiento en una manera serena de vivir. En el documental que en 2019 emitió <em>IB3 </em>sobre el sida, Armand dijo que no renunciaría por nada a su enfermedad.A lo largo de su vida buscó el silencio. No era un ‘maestro mediático’, no publicaba libros ni buscaba notoriedad. Simplemente vivía. Y eso, hoy en día, es extraordinariamente poco frecuente. Joan me decía: “Lo importante es tener el espíritu tranquilo”. Ahora sabemos que esta frase no nació de la nada. Formaba parte de una manera de vivir que probablemente había aprendido al lado de Armand. Un maestro no es quien crea discípulos dependientes, es quien ayuda a los demás a caminar por su propio pie. La grandeza de Armand no será haber sido perfecto, sino haber continuado viviendo.Ahora tenemos aquella escena del pantalán, aquel hombre delante de la bahía de Pollença. Un hombre muy delgado, de barba larga, un hombre surcado por la viruela.Los últimos días de junio de este año, Armand murió, acompañado de la gente que lo quería. El luto se extendió por el pequeño rincón de la bahía. Las mujeres que vivían allí en invierno lo habían acogido y adoptado; se hacía querer. A menudo paso por delante del pantalán y todavía veo aquel hombre delgado, de barba larga, haciendo sus prácticas, viviendo cada día como si fuera el último día de su vida.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pere Perelló]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/armando_129_5827824.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 05:31:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Armand y Joan.]]></media:title>
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