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    <title><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Melcior Comes]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/firmes/melcior-comes/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Melcior Comes]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[El boomerang]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/boomerang_129_5799140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En este mundo se hablan más de 7.000 lenguas. Lamentablemente, sin embargo, más de 3.000 están amenazadas de desaparición. Y no estoy hablando de nuestra lengua catalana, que por mucho que sufra ataques cada día está lejos, todavía, de sufrir las circunstancias que tienen que afrontar las lenguas que de aquí a pocos meses no hablará nadie. Porque estamos dejando morir lenguas a un ritmo furibundo: cada dos semanas desaparece una lengua en este mundo. Esto, en pleno siglo XXI, cuando parece que la IA hace milagros, y que la moralización de la sociedad había llegado a niveles más altos que en ningún otro período de la historia. Porque la inmensa mayoría de personas de este planeta hablan lenguas que son grandes demográficamente hablando, unos pocos centenares de lenguas que acaba hablando el 90% de la población global. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/boomerang_129_5799140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 05:32:46 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obsesión y consentimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/obsesion-consentimiento_129_5792207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El estreno de la película <em>Obsesión</em> ha coincidido en nuestro rincón del mundo con una polémica –¿sexual?– notable. Un político de más de 30 años ha sido finalmente expulsado de un partido político nacionalpopulista, porque mantiene relaciones afectivas con una menor de edad, si bien la niña ya tiene 16 años, la mínima para el consentimiento sexual (recordamos que antes era 14). Entre los dos había una relación de alumna-profesor, hecho que aún enturbia más la cosa.En las redes sociales se ha levantado un revuelo tremendo, motivado por la necesidad o no de posicionarse como sociedad en medio de una relación de este tipo, o por si basta con simplemente ceñirnos a la ley y dar por bueno el vínculo una vez se admite que el consentimiento de la chica es válido. Pero aquí hay una confusión de términos demasiado evidente: la ley habla del consentimiento sexual, y que las relaciones a partir de entonces pueden ser consentidas y, por tanto, deja de haber delito de abusos. Pero ¿qué tiene que ver esto con una relación? Incluso no sabemos, ni tenemos por qué saber, si ha habido alguna vez sexo entre los dos, aparte de la historia de amor (“relación sentimental”, dice el profesor en un comunicado público) que ha motivado el follón.Aunque podamos suponer que sí, el hecho sexual pasa a un segundo término, porque lo que interesa evaluar es hasta qué punto un hombre de más de 30 años juega limpio cuando entra a seducir a una mujer –¿mujer?– tan joven, la cual además ‘educaba’. Ponerse a evaluar esto no es de puritanos ni de estirados, ni de moralistas herederos de la Iglesia, la cual siempre ha casado a la gente con menos edad y todo. El tema es que el amor puede ser muy bonito, pero la vida es larga, y todo aquello que nos parece amor, al final quizás solo es dependencia emocional, e incluso abuso, el cual, más allá de que sea penalmente reprimible, no puede dejar de verse cuando las personas no son muy conscientes de lo que hacen o sienten. La escritora Vanessa Springora ha hecho un libro admirable sobre todo esto (<em>El consentimiento</em>); es la misma chica ‘enamorada’ quien después se gira hacia la sociedad y le pregunta: ¿Por qué me lo permitisteis?En la película <em>Obsesión</em>, recién estrenada, vemos algo similar: un chico hace que una chica se enamore de él con un conjuro mágico, y a partir de entonces no se la puede quitar de encima. El film se está convirtiendo en un fenómeno, y no me extraña, porque está magníficamente rodado e interpretado, sobre todo por la actriz (Inde Navarrete) que hace de chica ‘enamorada’. La consumación del sueño sexoafectivo del joven bobo se transforma en una historia de terror mayúscula, porque no hay nada más espantoso que un amor forzado. O que un amor verdadero en un mundo donde ya no tiene lugar, o cuando el enamorado no sabe estar a la altura de lo que se le da. Los hay que han querido ver en la película también una alegoría del consentimiento forzado, o de aquellas relaciones basadas en el engaño, o de la dependencia emocional de los amores jóvenes, que siempre son dolorosamente enfermizos. ¿Y quién es el monstruo, entonces, la chica fatalmente ‘enamorada’ o quien ha forzado este amor con malas artes?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/obsesion-consentimiento_129_5792207.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2026 05:30:24 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Motos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/motos_129_5785459.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Una práctica usual en ciertas cadenas de supermercados ha sido ofrecer, al principio, productos de toda clase, para al final descubrir qué quiere verdaderamente el cliente. Una vez hecho este ‘descubrimiento’, sin embargo, se dejan de vender estos productos para empezar a vender productos iguales o similares pero solo de la marca del mismo supermercado. Allí donde había un producto ‘de marca’ ahora hay uno genérico o de ‘marca blanca’, quizás más barato y de calidad más o menos idéntica. Así, hay supermercados (y grandes vendedores <em>online</em>) que casi solo han acabado vendiendo productos de su mismo sello, incluso de cosas tan básicas como el agua o los huevos. Hay librerías que básicamente venden libros –los tienen más visibles o bien colocados– de las editoriales que pertenecen al mismo conglomerado de empresas a quien pertenece la librería: todo queda en casa. Y una cosa muy similar ha pasado con las llamadas redes sociales. Al principio, uno se apuntaba para ver a los amigos y conocidos, o a la gente de su sector de actividad, o a aquellos referentes de lo que más interesaba: periodistas deportivos, críticos de cine, gente cuyo contacto nos convenía por un motivo u otro. En la película sobre el nacimiento de Facebook (<em>La Red Social</em>, ganadora del Oscar) veíamos que el éxito del invento venía de la capacidad de unir personas y crear vínculos, facilitar conocimientos, ligar, etc. Que esto viniera de la mano de una persona insociable y a través del relato de los juicios que le habían puesto los amigos no era más que otra de las grandes ironías de la historia. Pero entonces se habló de solidaridad e incluso de democracia de las comunicaciones en una nueva era que internet acababa de empezar. Pero ahora las ‘redes’ no son eso, ni mucho menos, porque han hecho como los supermercados: se han convertido en depósitos de aquello que al amo más le interesa vender, y que no son precisamente los productos de los otros sino los suyos. Contenidos que ya no son los que venden nuestros amigos, sino los que crean una serie de personajes muy conocidos, a los cuales sigue todo el mundo pasivamente y sin interacción verdadera. Es curioso cómo se han transformado en lo que eran las televisiones, pero personificadas después del estudio que el algoritmo hace de cada uno de sus usuarios. Ya no son debate y sorpresa a raíz de los intereses de cada uno, sino entretenimiento y captación de la atención para su reventa con intenciones comerciales e ideológicas. Es decir: el invento primario de la cultura de masas. Y todo porque ha sido la manera de hacer rentable un invento que era gratuito, pero que en el fondo pagábamos con nuestra atención, nuestro tiempo y nuestros datos. Todo esto no es obviamente nuevo. Pero a menudo hay que pararse a reflexionar sobre cómo nos venden una moto para después transformarla en otra cosa, cuando ya nos han dado demasiadas vueltas encima. No me sorprendería en absoluto que lo mismo acabara pasando con la IA, porque repite el mismo patrón que los otros inventos digitales que nos han llegado en las últimas décadas. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/motos_129_5785459.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 05:32:22 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escenario del sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/escenario-sueno_129_5778671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En la película <em>Dream Scenario</em> se nos explicaba qué pasaba cuando una persona normal, un profesor que interpretaba Nicolas Cage, se convertía en la persona más célebre del planeta. Y no porque hubiera hecho nada especial: simplemente empezaba a salir en los sueños de todo el mundo. Todas las personas del mundo afirmaban, realmente o por no quedar al margen, que habían visto en sueños al profesor Matthews, para los demás, un personaje gris y olvidable. La fama llegaba de una manera tan gratuita como le está llegando ahora mismo a Tim Payne, un jugador de fútbol de Nueva Zelanda que participa en el mundial en curso. Payne no ha hecho nada para ser famoso; precisamente es famoso, ahora, porque no lo era. O porque era el que tenía menos seguidores en las redes en una selección no muy prometedora de cara al triunfo (nunca ha ganado ningún partido de una fase final). Pero Payne fue el elegido de un creador de contenidos argentino para hacerlo famoso; simplemente lo ha elegido y ha pedido que todo el mundo simpatice con él por encima de las explosiones de orgullo patriótico que suelen vertebrar las pasiones futboleras. Y sí, Payne pasó en pocos días de ser un futbolista cualquiera a tener más seguidores en las redes que habitantes tiene su propio país, simplemente por un capricho o idea de un <em>influencer </em>del otro lado del mundo, y de una manera incluso más arbitraria que el profesor de la película. En la actual economía de la atención, sin embargo, esto no es una anécdota o una historia curiosa. Tal como en la película, lo primero que pensaba el profesor era cómo aprovecharlo, ya que hoy en día tener la atención de la gente (que sepan quién eres y te escuchen) es el capital principal a partir del cual puede crecer la economía personal y colectiva. Así, no hace falta decir que el futbolista se ha puesto muy de cara; se ha dirigido a sus millones de nuevos seguidores y ha “agradecido el apoyo”. He aquí el funcionamiento de la economía de la atención: todo se basa en captar y mantener la atención de la gente, sea de la manera que sea, gracias a las redes evidentemente, las cuales construyen nuevas famas casi cada día, con la misma arbitrariedad que los sueños. Ahora que Payne tiene la atención de las masas, o de determinada gente del planeta, podrá capitalizarlo: hará anuncios, posts remunerados que verán millones de personas, la fama crea más fama y el dinero hará más dinero. Y todo a partir de un capricho o jugada de los nuevos dioses digitales, o de la ociosidad frenética de las nuevas masas en red, que se entrenan con el juego de la atención al mismo tiempo que ansían que algo igual les pase a ellos. O que por un golpe de suerte alguno de sus contenidos se haga viral; o incluso hacen las cosas, o las viven, en función del rendimiento que podrán sacar en las redes. Pero tal como en la película de Cage, la tortilla puede girar en cualquier momento. El profesor empezaba no a salir en los sueños sino en las pesadillas, rodeado de sangre y de dolor, y se iniciaba la infamia de ser odiado de una manera tan gratuita como antes se había sido admirable.   </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/escenario-sueno_129_5778671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 05:31:32 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Creer y practicar]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/creer-practicar_129_5771416.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Dicen los números del CIS que el tanto por ciento de personas que van a misa en el conjunto de España no llega ni al veinte por ciento del total de la población. En Cataluña, el porcentaje cae a menos de la mitad. El número de creyentes es más elevado, ya lo sabemos, de los que efectivamente después practican. Si estamos hablando del catolicismo romano, esto debe obligar a hacer algo, no debe bastar la simple manifestación retórica de la fe. Casi la mitad de la población se define como atea, agnóstica o indiferente. Y quizás lo más destacable sería saber si al bien común le interesa más que seamos cristianos o no, o si colectivamente nos irían mejor las cosas si hubiera un acuerdo, de raíz cristiana, entre todos nosotros. La visita del papa León XIV a nuestro país sirve para hacernos muchas preguntas, sobre todo al ver de nuevo el fervor que despierta un Santo Padre, muy por encima de lo que puede motivar una estrella del pop o cualquier otro personaje civil. Toda esta pasión tiene un punto de estridencia y de comedia, incluso de fealdad y de pose, y nos obliga a preguntarnos por qué, siendo aparentemente tan devotos y buenas personas, vivimos en una sociedad tan desigual, innecesariamente violenta, egoísta, intolerante y despreciativa ante las diferencias. Y que nos recuerda que la Iglesia ha sido un nido de criminales y de pederastas, amparados por la curia, todavía, una autoridad que busca más proteger que colaborar con la justicia y ponerse del lado de las víctimas. No deja de ser absolutamente abominable. Porque una cosa debe ser la fe y la moralidad, y otra las obras, y otra todavía debe ser simpatizar con una mafia de la pederastia (y del coleccionismo de arte y de la especulación inmobiliaria). Intenté escuchar el discurso del papa a los políticos, pero lo primero que pensé es que no debería haberse producido, o no en la sede de la soberanía popular. Un líder religioso no debe hacer discursos políticos en un recinto parlamentario, porque no estamos en un régimen islámico sino en una democracia liberal que ha separado el Estado de la Iglesia. Evidentemente, allí hizo política, o manifestó sus ideas en defensa de la ‘vida humana’, entendido esto como crítica al aborto y a la eutanasia. Pero aun así ni el papa mismo debe creer lo que predica; ya le pesa que ni aquí ni en ningún sitio volverán a prohibir el aborto, y en todas partes se implanta el derecho a morir dignamente, porque nuestra vida es nuestra, y no de Dios o del vicario. Todo ello da un tuf bastante lastimoso de decadencia intelectual y política, o de fe que no es auténtica, sino más bien una fe en la misma fe, o una creencia en cuando las creencias funcionaban. El Sentido es la añoranza del sentido.  Incluso el papa sabe que Dios ha muerto y que en el fondo vive de la nostalgia. Quien ha sabido entender todo esto de una manera admirable es Paolo Sorrentino con sus series sobre papas: todo se sostiene sobre el esteticismo y la voluntad de creer que la creencia todavía tiene una fuerza que ya no puede beber de ningún sitio, porque todos sabemos que solo tiene una entidad de comedia o de hipocresía culpable. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/creer-practicar_129_5771416.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 05:31:04 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maestro fracaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/maestro-fracaso_129_5763870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Desde hace décadas el prestigio y el reconocimiento del profesorado en nuestra sociedad no ha hecho más que decaer. Un profesor de instituto ya no es más que un pobre desgraciado a los ojos de demasiada gente, parece, a quien desprecian tanto los alumnos inteligentes, que se dan cuenta finalmente de la farsa, como los perezosos o torpes, que se ponen en contra de todo lo que implica arremangarse. Desde la política no se ha sabido dotar de herramientas y de valores a esta profesión, con la excusa del presupuesto o que los institutos solo eran zonas de paso entre la universidad, donde los válidos acabarían de hacerse, y la formación profesional, donde los otros aprenderían un oficio para no morirse de hambre. También ha habido, ciertamente, espíritus acomodaticios, que han hecho bueno el tópico del funcionario vago y escaqueador, que solo busca hacer lo mínimo –repartir fotocopias– y huir de fin de semana. Pero la mayoría son personas entregadas con pasión por el saber y por la transmisión del saber, que disfrutan explicándose y haciendo del conocimiento lo que de verdad es: una aventura. El resto de la sociedad, sin embargo, se ha quedado con la imagen del profesor inútil y sabelotodo, que tiene dos meses de vacaciones, pagas dobles y que cuando puede se coge la baja, no explica gran cosa a los chicos y en el fondo no querría estar allí. Pero lo que ha empeorado el oficio no han sido los profesores sino los alumnos; si estos vinieran con verdaderas ganas de trabajar, aprender y mejorar, los profesores serían los primeros que alucinarían; si los alumnos tuvieran verdaderas ganas de trabajar y de estudiar, la cosa podría llegar a hacerse insoportable para todo el sistema. Lo que ha ido a la baja y lo ha enrarecido todo aún más ha sido la quiebra de la educación básica doméstica, que envía hacia las instituciones –la ley obliga– a chicos que no tienen ganas de hacer nada más que mirar una pantalla o yacer. Si los chicos no creen en el futuro, en el conocimiento, en la mejor progresiva del yo y de la sociedad, en el hecho de que sabiendo cosas pueden tener un buen futuro y una buena vida, es inútil cualquier reforma educativa, incluso de las condiciones de los docentes. Pero el mundo que creen conocer les habla de futbolistas millonarios y youtubers, de impresentables que se hacen ricos con tonterías y sin saber nada. No les rodea una realidad donde el conocimiento parezca tener nada de importancia o prestigio, y aquí radica el problema. A menudo, el mismo profesor que tienen delante no es más que una advertencia, no un ejemplo: como si lo mejor que les pudiera llegar a pasar de sacar buenas notas fuera llegar a convertirse en profesor de Secundaria, con todo lo que implica de frustraciones y de miserias poco o muy económicas (ahora acentuadas por las huelgas). La sociedad, el mundo, no les da la información necesaria para que acaben entendiendo todas las opciones y realidades que hay en un mundo vasto y complejo como el que hay fuera de las aulas. Un mundo que desprecia a los profesores, que se ríe de ellos, tal como el policía nacional que se ha hecho viral por apalear arbitrariamente a una maestra valenciana de sesenta y ocho años.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/maestro-fracaso_129_5763870.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 05:30:18 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura automática]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/literatura-automatica_129_5756511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A raíz de un reciente caso de plagio de un artículo en el ámbito catalán, que el falsario atribuía a una mala jugada que le habría hecho la IA, y a un premio literario anglosajón bastante importante, que habría ganado un autor sirviéndose también de la IA, se ha vuelto a hablar en el mundo de la creatividad literaria de qué haremos a partir de ahora con los textos que quieran circular por el mundo, la autoría de los cuales pueda ser cuestionada en virtud de su posible origen algorítmico. Que alguien haga servir la IA para escribir una pieza literaria solo se puede deber a motivos que tienen que ver con sus carencias como intelectual o como escritor. Para un autor de verdad, hacer servir la IA para escribir sería como hacer servir patines para jugar a fútbol, cuando precisamente la gracia del juego es correr. Para mí, que la máquina escriba por mí equivale a que una máquina haga el amor por mí, o que envíe un robot a la cama, con el amante, solo porque a mí me da pereza o temo que así quedaré mejor ante la amada. No tiene sentido que encomendemos a una máquina que haga aquello que nos da placer y lucidez, que nos hace sentir vivos e inteligentes. Además, dudo que ahora mismo ninguna máquina pueda llegar a escribir con el acierto que siguen teniendo los buenos escritores, pero aunque se llegara a este punto en un futuro cercano, tampoco tendría ningún interés lo que pueda llegar a decirnos el bot, ya que no es literalmente nadie y lo que acaba interesando de la literatura y del periodismo es qué opina –o siente o ve– una persona de carne y hueso. Una máquina no me puede decir qué pienso de las cosas, porque no lo sabe. Gracias a la IA quizás podemos acabar simulando una erudición que no tenemos, o que presumimos de lecturas que no hemos hecho realmente, pero eso tampoco sería una impostura nueva. Los tramposos son más viejos que la imprenta, en este oficio, y precisamente fue la imprenta lo que democratizó la escritura y el conocimiento. La IA no deja de ser una especie de imprenta automática, que produce texto al gusto del consumidor, cosa que no es lo que acaban haciendo los escritores; el papel de los intelectuales es precisamente recordarnos aquello que no queremos recordar, o hacernos pensar las cosas que pueden darnos dolor de cabeza. Cuando vea que una IA cuestiona las ideas fundamentales de la tribu me empezaré a asustar, pero de momento solo es la voz del amo, porque tampoco deberíamos olvidar que toda IA no es más que una forma de negocio para los que le dan cuerda. “Hemos sido lo suficientemente listos para inventar la IA, y tan tontos para necesitarla, y tan estúpidos que no podemos averiguar si hemos hecho lo que debíamos…”; esto lo ha dicho ni más ni menos que el humorista Jerry Seinfeld en una entrevista reciente. Y podemos pensar sin la IA si tiene razón o no. Yo, de momento, todavía prefiero seguir leyendo personas que se equivocan, que dudan, que se obsesionan e incluso que se autodestruyen escribiendo, antes que una máquina que simplemente calcula qué frase encaja más con las precedentes. La literatura no es solo producción de texto: es vanidad, es contradicción, es una conciencia humana intentando entenderse a sí misma. Y esto, para suerte o desgracia, todavía no se puede automatizar. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/literatura-automatica_129_5756511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 05:30:54 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Troya trans]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/troya-trans_129_5749644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Antes de que se haya estrenado, todo el mundo ya habla de ello… Pienso en la versión de la<em>Odisea </em>que ha filmado Christopher Nolan, que se verá en las pantallas grandes el próximo julio. Ya sabemos que antes este director, uno de los artistas cinematográficos más en forma de las últimas décadas, había firmado la historia de<em>Oppenheimer </em>y antes las aventuras de Batman. La polémica está siendo generada por todos aquellos que en las redes sociales se oponen a que ciertos papeles sean interpretados por determinados actores, así, el rumor –parece que ya confirmado– que Helena de Troya será encarnada por una actriz negra, Lupita Nyong’o, y que Elliot Page (antes Ellen Page), un hombre transexual, pueda llegar a interpretar, nada más y nada menos, que al guerrero Aquiles. Recientemente se ha estrenado en la televisión una nueva versión de la vida de Mozart –<em>Amadeus</em>, en Skyshowtime– y he visto que al genio de Salzburgo lo interpretaba (magníficamente) Will Sharpe, que es medio japonés, y que al libretista judío e italiano Lorenzo Da Ponte y al músico austríaco Süssmayr, que remató el <em>Rèquiem</em>, los interpretaban actores negros. Todo esto podría hacer reír hace algunos años; ahora mismo está motivando parodias en X, en las cuales, sin embargo, se pone de relieve una supuesta injusticia: que jamás admitiríamos que un personaje histórico negro fuera interpretado por un actor blanco, como por ejemplo un biopic de Obama encarnado por Simón Andreu. Si el color de la piel no importa, como debemos defender si somos antirracistas, por qué preocupa que Helena de Troya la haga una mujer negra (a pesar de ser guapísima)? Y es evidente que detrás de esto hay mucha conciencia culpable y que desde las industrias culturales se quiere apostar no solo por la diversidad en los trabajos –y dar un papel a todo el mundo en las producciones globales: satisfacer cuotas–, sino por compensar la invisibilidad de raza en las películas del pasado. Por mucho que esto nos lleve a mostrar una Viena de Mozart con más diversidad racial que la Nueva York de ahora, tergiversando el relato histórico, como lo desfiguró Clint Eastwood cuando no hizo salir ningún soldado negro en las películas que filmó hace casi veinte años sobre la Segunda Guerra Mundial, tampoco está bien visto que no haya mujeres en el argumento, por mucho que una película bélica o de mafiosos nos pueda obligar (pensemos en la filmografía de Scorsese). Ahora ya no se trata de representar ‘la realidad’, sino de hacer un espejo que proyecte no lo que somos, sino lo que querríamos ser, y que por mucho que ponga en solfa nuestras debilidades como especie, lo haga al menos sin olvidar que somos diferentes, plurales y presuntamente justos en los castings, por mucho que esta forma de justicia ahora nos lleve a falsear un pasado que sí, para el arte ha sido siempre una excusa. Como decía Hitchcock: “El cine son cuatrocientas butacas vacías”, es decir, más que un arte, es una audiencia por encima de todo, y será esta la que decidirá si acepta o no estas licencias. Y creo que no solo las acepta, sino que las pide, o que celebra que la obra la obligue también a posicionarse antes incluso de comprar la entrada y disfrutar. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/troya-trans_129_5749644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 05:32:30 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tarta]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/tarta_129_5742483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Si una sociedad es consciente de lo que provocan los cambios demográficos, esta es la sociedad isleña. Se ha dicho muchas veces y es bien verdad: Mallorca, por ejemplo, ha sido una especie de laboratorio social donde se han podido experimentar muchas de las ideas económicas que han acabado dando perfil a muchísimas partes de Occidente. Una sociedad pequeña, cerrada, inmensamente abocada a una economía de supervivencia o agraria, de golpe entraba en un ciclo de expansión, construcción, cambio demográfico, llegada masiva de inmigración, turistas, etc., que deshacía los viejos vínculos, jerarquías y culturas. La literatura se ha hecho bastante eco de esta problemática, mientras la política se encargaba o bien de negar que pasara nada de demasiado grave, o de mirar de encauzarlo para el mayor beneficio, en teoría, de todos, pero en la práctica, de las élites políticas y económicas.Una sociedad que no es capaz de garantizar sus estructuras básicas de supervivencia está abocada al suicidio, o a una crisis perpetua de identidad, que comienza a notarse como crisis de continuidad, y también obviamente, como crisis económica. Ahora es en el resto del estado español donde se está experimentando un crecimiento brutal de población, sobre todo esta última década. El modelo económico necesita mucha mano de obra, y una población envejecida, que depende de los cuidados y una muy baja natalidad entre nosotros, han acabado de arreglar el pastel.La crisis inmobiliaria del 2008 frenó la expansión, pero a partir del 2015 vuelve a crecer, ahora con más europeos, ucranianos refugiados (más de 300.000), trabajadores digitales, etc. En ningún momento ha habido una manifestación explícita del deseo político de aumentar la población, pero; los ciudadanos han visto cómo llegaba la oleada sin que esto se les hubiera consultado, o que se hubiera planificado políticamente de una manera clara.Sin embargo, las reformas de las leyes de extranjería del año 2022, y las facilidades exigidas al mismo tiempo por la UE, que es consciente de que Europa envejece y de que la economía necesita sangre nueva, han abocado ahora a un punto en el que se tiene la impresión de que se roza el colapso, y ya no solo en las comunidades con lengua no española, sino en todas partes. Una ola así pedía planificación, además de capacidad de integrar a la gente y hacerle hablar la lengua del país que la acoge. Desde España saben que la gente acaba por obligación hablando el castellano, qué remedio, mientras que los catalanohablantes inclinan la cabeza y ceden la lengua, cosa que a la larga solo hace que engrandecer en millones de hablantes del castellano. Es una manera como otra de poner fin a las lenguas no castellanas, diluirlas, y negar que la demografía es una herramienta para llegar a este objetivo, más que recurrente en la historia del españolismo, es una forma de hacerle el juego o de blanquearlo. El mismo españolismo se lleva las manos a la cabeza cuando encuentra que el castellano deja de oírse en ciertos barrios o zonas de las grandes capitales, un escándalo que cuando venía de los catalanohablantes siempre era escarnecido y estigmatizado. Ahora se verá más que nunca a favor de qué lengua –no de qué lenguas– está el estado español. El dinero siempre ha hablado la lengua de quien lo maneja.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/tarta_129_5742483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2026 05:32:30 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las sirenas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/sirenas_129_5735377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Quizás la metáfora más buena para entender lo que nos pasa la ha puesto por escrito Chris Hayes, el periodista norteamericano, cuyo ensayo, <em>El canto de las sirenas</em>, acaba de salir traducido al castellano. Es una obra seria, divulgativa y a la vez muy crítica con la actual sociedad del capitalismo de la atención, cuando vivimos inmersos en un mar de ruido continuado y hemos aprendido a no hacer caso más que a aquello que hace más ruido —que sobresale en medio del barullo continuo—, o al canto de las sirenas. Pero Ulises se encadenaba al mástil del barco para no sucumbir, se imponía límites para no caer en aquello que lo pudiera distraer de la vida que quería llevar, cosa que nos vemos imposibilitados de hacer, siempre pendientes de las pantallas. Bien es cierto que en principio no son ‘las pantallas’, el problema, sino las aplicaciones diseñadas para captar y mantener nuestra atención esclavizada y después hacer negocio con ‘nuestros ojos’, revendiendo nuestra atención a los anunciantes que insertan publicidad en medio de los contenidos que el algoritmo ha descubierto que nos fascinan. Es así como pasamos las horas, tiempo de atención que podríamos dedicar a asuntos que realmente sean útiles, o que nos den algunas cuotas de felicidad. Si la media en el estado español es de tres horas y media por persona y día de uso del teléfono móvil, ¿cuántas cosas podríamos hacer para recuperar este tiempo en nuestras vidas? ¿Cuántos idiomas podríamos aprender? ¿Cuántos instrumentos podríamos dominar? ¿Cuánto amor podríamos dar a los demás en lugar de mirar vídeos extraños o participar en polémicas inútiles? ¿Y cómo podría mejorar la cultura de todos si, en lugar de mirar una pantalla, se leyeran libros; por lo tanto, la gente consumiera más literatura, cosa que revertiría también en el mercado editorial? El progreso de la humanidad se basaba en la idea de que llegaría un día en que, más allá del tiempo de trabajo y del descanso nocturno, tendríamos tiempo para dedicarnos a nuestros verdaderos intereses, a nuestra libertad interior. ¿Pero ahora que por fin podríamos disponer de unas horas de ocio: por qué las hemos regalado inútilmente? Fijémonos en ello, los ‘amos’ de este tiempo perdido son los hombres más ricos del mundo, los propietarios de X, Facebook, Instagram, Amazon, etc. El capitalismo en red se ha construido sobre el tiempo que íbamos a emancipar, igual que el capitalismo industrial lo hizo sobre el tiempo que íbamos a las fábricas y a los centros de producción en masa. Ahora nos vemos hasta incapaces de leer un texto corto, como este artículo, y no hablemos de una novela entera, y mucho menos si es larga y quizás un poco exigente. La única manera, ahora, de leer ciertas cosas es ‘ligarse’ al palo del barco, es decir, desconectar el teléfono, hasta apagar el módem para no tener tentaciones de conectarse y mirar la pantalla cada quince minutos. Que estemos de esta manera, tan interferidos, debería preocuparnos, porque esta sí que es, literalmente, la alienación que pretendía denunciar el marxismo. Tu vida ya no es tuya si hasta el tiempo de tu libertad lo tienes bloqueado.       </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/sirenas_129_5735377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 05:37:50 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ping-pong IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ping-pong-ia_129_5728481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Una noticia me entera de que han inventado la máquina de jugar al ping-pong. Los jugadores de tenis de mesa ya disponían de una especie de robot que les servía para entrenar y que colocaba las pelotas con fuerza y precisión, pero el artilugio de ahora es toda una otra cosa. La máquina puede jugar un partido seguido; dispone de una gran plataforma detrás de la mesa y un brazo móvil con una pala, y todo un conjunto de cámaras que filman el juego y al rival y, gracias a la IA, pueden saber dónde irá la pelota y responder con máxima contundencia y malicia. Ahora mismo, la máquina juega a un gran nivel, y la quieren hacer competir contra los grandes jugadores del planeta para ver si los gana. La cosa es que, como es perfectamente verosímil, todo este lío de brazos, cámaras (nuevo), IA a raudales y una paleta podría llegar a vencer al campeón Wang Chuqin o a alguno de los hermanos Lebrun (los únicos franceses que han llegado a la élite global del juego), pero una vez se consiguiera esta hazaña: ¿qué cambiaría? ¿Dejaríamos de jugar a tenis de mesa? ¿Dejaría de haber competiciones, olimpiadas, clubes y aficionados, escuelas y maestros de este deporte? Es muy probable que no, como nos dice el sentido común. Si la IA y la tecnología asociada pueden hacer algo que nosotros ya sabemos hacer, ¿también hacerlo? No dudo que una herramienta así pueda servir para entrenar –no se cansa, puede ayudar a trabajar los puntos débiles–, pero, \u00bpsirve para aprender? ¿Qué nos puede enseñar la máquina sobre el juego y cómo jugarlo que no nos pueda enseñar un jugador de nivel? Nada. ¿No vemos que la máquina se mueve y decide qué hacer en el juego gracias a una serie de procesos que no tienen nada que ver con la mente, la percepción y el cuerpo humanos? Es evidente que sí. ¿Por qué, pues, cuando la IA no juega a ping-pong, pero, nos puede llegar a parecer ejemplar? ¿Qué tiene que ver el funcionamiento de la IA con la mente humana y la manera que tenemos de aprender y mejorar en nuestras vidas? ¿Por qué podemos llegar a considerar que una IA nos puede ayudar a mejorar, por ejemplo, a escribir mejor, cuando lo que hace la IA para crear texto no tiene nada que ver con lo que hacen los escritores a la hora de dar forma a una página? Estamos dando a la IA un poder ejemplar que en ningún caso puede llegar a tener, porque la manera que tiene la IA de solucionar los problemas no tiene nada que ver con la manera en que los humanos pensamos y tomamos decisiones. Que la tecnología pueda llegar a ser extraordinaria es indudable, pero la vieja tecnología del cerebro humano funciona, desde hace millones de años, de la misma manera, y nos cuesta tanto como hace milenios aprender cosas nuevas, incorporar nuevas habilidades o llegar a alguna forma de excelencia intelectual. La IA no nos hace listos si no sabemos pensar por nosotros mismos y evaluar lo que de verdad necesitamos. Igual que ya tenemos una máquina que nos lava la ropa, parece que querríamos una máquina que nos ahorre de pensar o de aprender, o de hacer las cosas por nosotros mismos, como si hubiéramos vendido a un conglomerado de empresas la posibilidad de hacer una cosa que nosotros sabíamos hacer perfectamente, pero que ahora harán ellos, porque nos da pereza. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ping-pong-ia_129_5728481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 05:33:18 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Jorge o la gran ilusión del libro: ¿mucho ruido y poca literatura?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/san-fidel_129_5722034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d27c1e9e-ec0a-43d1-9d41-7d607c943a16_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Después de Sant Jordi parece que apetece hacer un poco de balance. El mundo del libro parece abocado, en los últimos años, a una fiesta del comercio cultural en la que buena parte de la facturación anual se concentra en un solo día. No deja de ser una buena noticia que la fiesta de la rosa y el libro continúe teniendo tan buena aceptación, y que haya tanta gente que aún tenga el anhelo de regalarle un libro y una rosa a su estimada. Hace unos años, las cosas iban de tal manera que los hombres compraban la rosa y las mujeres el libro, pero el sesgo machista de este intercambio ha tendido a disolverse (nadie quiere acordarse de este detalle). Es evidente que si todo el mundo compra un libro por Sant Jordi (cosa que tampoco pasa, no nos engañemos) el negocio puede llegar a funcionar muy bien, porque vender dos millones de libros en un día no es poca cosa (pero hay más de dos millones de catalanoparlantes; pocas ganas de gastar, y menos aún de leer). Pero, si nos atenemos a la cifra de libros que puede colocar el autor más vendido solo ese día, pues vemos que difícilmente llegará a 30.000 ejemplares (su título no representa ni un 1% del total de ventas); es decir: lo más importante no tiene ninguna importancia. Todos aquellos libros que llamamos ‘<em>best sellers</em>’, libros que se adaptan a los gustos populares, solo son un 6% del total de libros que aquel día se han colocado. Tampoco hay que añadir que solo un poco más de la mitad de los libros que se venden son en catalán, en porcentajes que tienden a igualarse, lamentablemente, año tras año. Y que si la cosa va de vender libros populares, tampoco podemos esperar que, una vez convertidos ciertos libros en ‘cultura de masas’, estas obras sean las que destaquen más por sus valores estéticos o literarios –o por su mérito intelectual. Todavía hay gente que se sorprende cuando ve lo mala que puede llegar a ser la mala literatura, y hasta es admirable que se dediquen más esfuerzos de la alta cultura a hundir aquello que el mercado ha elevado que a levantar aquello que, siendo excelente, pasa más o menos desapercibido y no da nada de caja. No hace falta decir que este fenómeno muestra más resentimiento y esnobismo que una verdadera preocupación por el estado de la cultura. Que Sant Jordi sea una fiesta de la literatura comercial o popular tampoco debería asustar a nadie, porque al día siguiente (Sant Fidel) podemos seguir yendo a las librerías y llevarnos, sin colas ni aglomeraciones, las verdaderas maravillas que continúan publicando los editores que no se han transformado en proxenetas de la propaganda ideológica disfrazada de narratividad 'para todos'. Aquello que conocemos como literatura, o buena literatura, no morirá nunca, pero cada vez tendrá un papel y un lugar más reducido en la cultura, fenómeno que cada día que pasa se aleja más de lo que debería ser (una exhibición y aprendizaje de la excelencia posible) para transformarse en una simulación de integración cultural o ideológica: en la celebración del tópico, o de aquello más manido y previsiblemente inocuo, de lo que ya sabemos reforzado con propaganda y papelinas. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/san-fidel_129_5722034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 05:31:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[WhatsApp Imagen 2026-04-23 a las 11.22.43]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La primavera tenía un precio]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/primavera-tenia-precio_129_5714849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Parece que hemos vuelto a tener, estos días, un poco –demasiado– de controversia cultural a raíz de la publicación en castellano de lo que ahora consideramos que es la mejor novela de Mercè Rodoreda. David Uclés, la reciente estrella de la literatura castellana (lleva treinta ediciones vendidas de su primera novela, y la segunda, premiada con el Nadal, se está vendiendo bastante bien) escribe un epílogo e incluso ilustra, más bien feamente, la cubierta de la obra. A algunos líderes de opinión se les ha ocurrido criticar la propuesta, como si la literatura catalana no pudiera ser prologada por autores castellanos, por más que es el éxito de Uclés el que hace que pueda ser tentador que su nombre acompañe la novela de Rodoreda de cara a los lectores de España. Uclés, guste o no lo que escribe (y debe gustar, porque se vende) puede servir para atraer lectores, en un país, España, donde ni Rodoreda ni ningún catalán ha hecho mucha fortuna literaria escribiendo en catalán (pero sí los catalanes que han escrito en castellano, de Gironella a Cercas pasando por Mendoza… ). Uclés, sin embargo, no deja de ser un síntoma, y ahora ya un símbolo. Es indiferente que su literatura sea floja –como apunta la mejor crítica–: vende. Y porque vende se le da después un premio como el Nadal, porque ya se había hecho un nombre, por bien que se sepa que, cuando no era nadie, intentó ganarlo unas cuantas veces. Ya sabemos el pan que se da, pues: se le da un premio porque ya es alguien, no porque haya hecho un buen libro (todo el mundo dice que es una tontería). Antes, sin embargo, las cosas no funcionaban así. Los editores pretendían dirigir el gusto del público, no satisfacerlo o amoldarse a él ciegamente. La literatura, o más bien el mundo del libro comercial, es una más de las ramas de la economía de la atención, la cual ahora mismo también da forma a la cultura. ¿Quién llama la atención? ¿De quién se habla? ¿Quién consigue atraer las miradas y centrar las conversaciones, o los artículos, aunque sea para oponerse? Pues aquellos de quienes hablamos consiguen traducir esa atención en dinero, sea a través de la literatura o de la política. Eso es el trumpismo, pero también es Rufián, que afirma estos últimos días que prefiere estar en TikTok antes que en las bibliotecas; es en TikTok donde la gente pasa más horas ahora mismo. Y sabemos que tiene razón, pero al mismo tiempo sabemos que no debería tenerla. Hay gente muy hábil para saber dónde se tienen que poner: captan qué tienen que decir, qué tienen que hacer, con quién se tienen que relacionar para capitalizar la atención dispersa. Lo ha hecho Mendoza esta semana hablando contra Sant Jordi, y lo hace Uclés acercándose a un referente del cual nunca se ha dejado de hablar: sea Rodoreda o una ciudad de Barcelona reducida a museo de folklorismos culturales, a imágenes de camiseta, como la que él mismo ha elaborado para la cubierta de <em>La mort i la primavera</em>. Que todo esto sea polémico o criticado le favorece, curiosamente, no hace falta decir que mucho más que si fuera excelente y, por lo tanto, no hiciera levantar los ojos de la pantalla a nadie… Viva la cultura. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/primavera-tenia-precio_129_5714849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 05:31:51 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El millón]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/millon_129_5707790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La dotación de un nuevo premio literario en el estado español ha levantado una cierta polémica. En teoría, según las bases, los libros que pueden ser premiados con un millón de euros por Aena han sido publicados el año anterior en una de las lenguas oficiales del Estado, si bien, ahora que ya sabemos quiénes eran los cinco finalistas (todos recibirán 30.000 euros, menos la ganadora, Samanta Schweblin, que se llevará el millón) son en castellano. Los autores catalanes podrían optar a él, siempre que la obra tenga traducción castellana, ya que parece que los jurados no tienen por qué saber leer en catalán, euskera o gallego. Ignoro qué pasa con las obras escritas en otras lenguas oficiales que salen en castellano pero no lo hacen el mismo año de su publicación original: podemos pensar que ya no son premiables. Esto dificulta enormemente que ningún autor en catalán, por ejemplo, pueda aspirar nunca a este galardón, incluso que ser finalista ya sea una quimera. En esta primera convocatoria, que podría ser programática, todo han sido libros en castellano. Cuando un autor o autora gana el premio Planeta, ahora ya dotado con un millón, realmente no gana ningún premio: se lleva un anticipo de ventas, de tal manera que si el libro vendiera más de un millón de ejemplares todavía se le tendrían que añadir dinero (cosa que creo que no ha pasado nunca…). El Planeta es a una obra inédita, a un mecanoscrito que los autores presentan al galardón; pero no este nuevo premio de Aena, que viene a reconocer una obra que ya está publicada, y que, por lo que vemos, tiene un perfil más literario, o más de literatura personal y ‘de riesgo’, más allá de novelas de fórmula o de las martingalas más o menos exitosas que se venden bien y que suelen nutrir el negocio editorial. Pero la dotación de este premio –tan gorda– está levantando una cierta polémica, por lo que tiene de nouveaux riches, de ostentación brutal de poder (la empresa Aena es medio pública) y de desnivell, me gustaría añadir a mí, con los finalistas, o con lo que se ha hecho –ignorándolos– con otros libros publicados en lenguas también oficiales. Es muy probable que ninguno de los ahora finalistas vuelva a oler una cantidad así de dinero (ni ganando el Nobel, como se dice que podría Vila-Matas, otro finalista). Un premio así puede poner fin a la carrera literaria de un escritor, no hace falta decirlo: puede profesionalizarlo, si es lo que desea, pero también atraerá un foco sobre su obra que puede ser contraproducente, o incluso innecesario. Porque una cosa es ganarse la vida vendiendo libros a los lectores que te aprecian, y la otra es poder jubilarte porque una institución –aeroportuaria– te ha elegido más en beneficio de su prestigio cultural que del tuyo. Y todo en una semana en la que hemos sabido que un montón de editoriales catalanas ven peligrar su supervivencia porque resulta que no tienen no sé qué sello que certifica el ecologismo del papel con que imprimen… Y cuando los diarios publican menos crítica literaria seria que nunca en su historia, una crítica que debería arbitrar el gusto mucho mejor y mucho antes que los jurados de escritores que juzgan a otros escritores (que los juzgarán a ellos en el futuro).  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/millon_129_5707790.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 05:33:07 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Morir cuando quieres]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/morir-quieres_129_5700844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e1050f2e-935c-4f75-83f1-31c105fea9e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La fijación por la muerte que se tiene desde ciertas interpretaciones de los credos religiosos y ahora desde la llamada agenda ultra –el conservadurismo más o menos rancio– no deja de ser preocupante y reveladora. Según la religión cristiana se nos vendría a decir que nuestra vida no nos pertenece, y que por tanto no está bien querer morir o ponerle fin cuando sensatamente queramos. La vida es una especie de regalo divino, del cual solo somos depositarios, como un libro maravilloso que no es nuestro y que debemos devolver más o menos intacto al Bibliotecario de Arriba. Esto quizá sea así, o podría serlo, pero la verdad es que no tenemos ninguna certeza de que las cosas respondan a estos parámetros. Al final, Dios no se manifiesta, sino que lo hacen los sacerdotes. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/morir-quieres_129_5700844.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 05:31:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Noelia eutanasia]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comedores]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/comedores_129_5695805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>No importaría decir que, en principio, la iniciativa es digna de elogio… Que un portal web nos quiera informar de cómo se gastan los dineros públicos no deja de ser un paso más en la transparencia democrática, la que nos empuja a no tener que ocultar nada de los asuntos que nos conciernen a todos. Pagamos impuestos para que estos satisfagan las necesidades colectivas, pero de qué manera los dineros van hacia ciertas cosas y no a otras no deja de ser discutible, es decir, pura política. Un señor puede considerar que los museos están llenos de irrellevancias, y que el dinero debería ir todo a la sanidad y a la educación, y no en cosas tan etéreas como el arte, sea este el museo o el teatro. Es opinable, pero colectivamente hemos decidido que el dinero público también debe ir a cosas como estas: pagar a los músicos en las fiestas mayores, los gigantes, las collas castelleras, la cultura popular, y no solamente las ayudas que recibe la industria o las subvenciones a la agricultura. Por no hablar del gasto militar. Juzgar quién debe recibir dinero público, y quién no, no es tan sencillo. Diseñar un sistema de impuestos justo es trabajo de especialistas —es extremadamente complicado—, no un debate de bar o de redes. El ciudadano sin mucha formación política ni conocimientos puede sentirse empujado a escandalizarse solo porque ve que él paga impuestos, o no llega a fin de mes, y después un señor recibe medio millón de euros por hacer una película que, encima, es mala o no acaba mirando casi nadie. O que la ministra del ramo se va a ver los Oscar en vivo y en directo a Los Ángeles con cargo al presupuesto público. Al web que busca fiscalizar todo esto en el ámbito catalán lo han bautizado como 'menjòmetre', como queriendo decir que hay 'comedoras' a las que hay demasiada gente pegada. La disposición con la que se quieren evaluar estas cosas ya es una forma de política, claro; y sobre todo se debe saber que el objetivo no es tanto repensar dónde va el dinero como hacer escarnio y poner cabezas —famosas— en la picota. Como si descubrir que un escritor, por ejemplo, se lleva miles de euros en contratos en los medios, o en los clubes de lectura, o en ayudas a la creación, lo desacreditara de alguna manera. Los medios de comunicación públicos también nos cuestan un montón de dinero, pero está bien que estén (pero si quieres repensar su tamaño o su gasto ya te consideran ‘de derechas’). Sin ellos todavía sería más complicada la búsqueda de la objetividad, pero tampoco deben tener miedo de ser transparentes consigo mismos. Muy a menudo se publican estas cifras con finalidades demagógicas, para hacerle sentir al electorado que nos gobiernan manipuladores, enchufados e ingenieros del trapicheo, pero no se le explica que también detrás de estos contratos y subvenciones hay familias, salarios, trabajos y dinero que no desaparecen en el vacío, sino que después se transforman en consumo en la economía de todos. Parece que el dinero que no va directamente a nuestros bolsillos es siempre malgastado.   </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/comedores_129_5695805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 05:31:07 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arte y paridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/arte-paridad_129_5689084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A raíz de la reciente concesión del premio a la mejor novela del año, ha vuelto a asomarse la polémica de la escasa presencia de las mujeres en la lista de las diez novelas nominadas. Aunque la ganadora fue una mujer, Antònia Carré-Pons, no dejó de destacar en su discurso que sólo había dos novelas escritas por mujeres en la lista de diez finalistas (que incluía una novela de quien escribe ese papel). ¿Me incluía a mí o incluía mi novela? Quienes tienen presente cierta idea de paridad son los mismos jurados que elaboran estas listas. Si las mujeres publican cuatro de cada diez libros, al menos debería haber esta proporción en las distinciones y en los galardones, salvo que se nos esté diciendo que lo hacen peor –lo que quizás no podemos deducir si finalmente son las distinguidas…</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/arte-paridad_129_5689084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 06:30:57 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres extranjeras]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mujeres-extranjeras_129_5681590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/414021a7-b351-4f05-9658-73d49621b45a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>A los hombres, por lo general, nos importa bastante poco el feminismo. Hay quien se muestra directamente contrario, diciendo que las mujeres son unas exageradas, o que los agravios y desigualdades que manejan ya no tienen fundamento en la sociedad igualitaria y democrática, o que todo ello sólo es una pantomima para mirarse o para recoger subvenciones por la vía del victimismo. Hay quien trata de entenderlo más allá del Día de la mujer, e intenta poner sensatez a un plegado de reivindicaciones que, me parece a mí, tienen todo el sentido, y más aún cuando vemos las cifras de la violencia doméstica y sexual, o las desigualdades económicas más que manifiestas. Sin embargo, es complicado que un hombre se sienta directamente implicado por estas reivindicaciones. Como si las mujeres que nos rodean fueran un país extranjero que tiene sus guerras y miserias e injusticias, que podemos comprender, pero no se espera que hagamos más que simpatizar de lejos y no mostrarnos demasiado partidarios –y colaboradores– de los opresores. Incluso entre las nuevas generaciones parece que esto tiene mala fama, o como si ya fuera un debate superado, o que las mujeres no necesitan ningún tipo de ayuda o apoyo, o bien como si el feminismo fuera el que crea el problema porque entera de un conjunto de diferencias que deberían ser ya invisibles. También hay parte de las mujeres que se sienten más a gusto pensando en la batalla como ganada, o como innecesaria o incómodamente planteada. O que encuentran que el papel tradicionalmente doméstico de la mujer es liberador y fantástico, la tierra prometida y perdida. Sin embargo, a menudo si tuviéramos que dirigir la solución desde una óptica de izquierdas, tampoco queda muy claro qué tipo de políticas se podrían empujar.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mujeres-extranjeras_129_5681590.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 06:30:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una chica pinta el símbolo de la mujer en la cara de otra.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bombas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/bombas_129_5674597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En la extraordinaria serie <em>Teherán</em> (Apple Tv) vemos todos los trapicheos horribles que hacen los israelíes para acabar con el régimen teocrático de Irán. La ficción es israelí, y podríamos pensar que es un mensaje políticamente dirigido al régimen o al pueblo de Irán para mostrarles las enormes miserias de su gobierno, como lo es, en buena medida. Pero al mismo tiempo lo que se nos evidencia es la falta de escrúpulos del mismo espionaje israelí, el Mossad, la manera en que usa y abusa de sus agentes, la horrible y trágica desmesura de sus métodos para acabar con un régimen que quiere armarse no sólo para dominar la región sino también para arrasar.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/bombas_129_5674597.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 06:30:26 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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    <item>
      <title><![CDATA[Como los perros]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/perros_129_5667341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Quizá lo único que podemos decir del fenómeno <em>therian</em> es que es un fenómeno. Que la gente salga disfrazada de animal, que diga identificarse hasta el punto de confundir su personalidad con la de una bestia, o que vaya por el mundo a cuatro patas y haciendo ruidos animalísticos, no es algo menor. Pero que se hable de ello en todo el planeta como si fuera algo a tener en cuenta, o un peligro, o una señal de locura colectiva, o una más de las pruebas que demuestran que vivimos en 'la decadencia de Occidente', no deja de ser aún más revelador.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/perros_129_5667341.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 06:30:09 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
  </channel>
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