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    <title><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Melcior Comes]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/firmes/melcior-comes/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Melcior Comes]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Xenelasia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Uno de los factores que más deben decantar la balanza a la hora de saber si una zona del planeta tiene un futuro o no turístico debe implicar determinar el grado de autoestima o de identidad más o menos marcada que tienen sus nativos. No debe ser sencillo turistificar aquellos lugares donde los autóctonos son cerrados y huraños, entre ellos y delante de los demás, o aquellos lugares donde la lengua local está tan arraigada y es tan impenetrable que los forasteros no terminan nunca de hacerse un lugar ni que lo quieran. En Esparta existía incluso la institución de la ‘xenelasia’, o el derecho de expulsar a los forasteros que pudieran corromper las costumbres locales. El turismo como fenómeno de masas implica, en primer lugar, que la gente está dispuesta a viajar, y que tiene curiosidad y recursos para ver otras zonas del planeta, pero sobre todo implica que buena parte de los autóctonos de un determinado lugar deben cambiar, y no solo de trabajos sino de moralidad y de actitud. Quizás por eso cuando una zona está muy turistificada quien la gestiona ya no son los trabajadores locales sino los inmigrantes, la gente que ha venido de fuera a trabajar, y que puede tener aquel grado de cortesía descomprometida, vacía y estereotípicamente amable que se espera casi en todas partes. El sector turístico tiende a sustituir relaciones personales y arraigadas por la profesionalización de la atención al cliente. Hay muchos lugares de Japón, por ejemplo, donde los turistas no son bien recibidos, y hasta se les niega una mesa en los restaurantes, por mucho que haya sitio para los comensales de la zona. En otros sitios, por ejemplo, no pondrán nunca los menús de los restaurantes en inglés o en cualquier lengua ‘internacional’ o foránea, y quien quiera comer allí que se adapte o aprenda la lengua del país, cosa que contrasta enormemente con lo que hemos hecho en las Islas, por ejemplo, donde nos hemos encargado por sistema de suprimir y ocultar aquello que es propio, desde la cocina a la lengua, por no hablar de los que han hecho este trabajo de vitriolo desde elcastellanismo poniendo todo a los pies de una España que no se adapta a ellos cuando el viaje se hace en sentido contrario. Pero una sociedad sana debería permitirse el lujo de no gustar siempre. Tener horarios particulares, una cocina impresentable o una burocracia pesada para los forasteros. Pero ahora todo se convierte en un producto que debe ajustarse a las expectativas de los visitantes; la turistificación no es solo la llegada de millones de personas, sino la transformación psicológica de una comunidad, que acaba mirándose con los ojos del visitante y modificándose para satisfacer esa mirada sedienta. Es un mecanismo muy profundo porque cuando esto pasa, la renuncia ya no parece impuesta desde fuera, sino que se vive como una decisión libre, casi como una virtud: la de ser siempre amable, estar siempre disponible y ser siempre comprensible. Esta es, probablemente, la forma más sutil y duradera de transformación cultural, el agujero por donde entra un líquido corrosivo que lo acaba matando todo.  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 05:30:45 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El templo del Sol]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/templo-sol_129_5827119.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En medio de la marjal poblera, el eclipse se ha visto genial. Desde días antes que había probado de vislumbrar cómo estaría el Sol a aquella hora, y la verdad es que según las previsiones y la zona, en aquel momento el Sol quedaría detrás de nuestra Serra, perdido más allá de Búger y Campanet. Muy probablemente no era el mejor lugar de Mallorca para apreciar la cosa, pero lo quería hacer desde encima de la pared del lavadero de mi abuelo Joan, a quien la cosa le habría divertido sobremanera. Es bien cierto que la tentación de mirar el Sol es tan antigua como Dédalo, y que, saturados de espectáculos, ya no nos quedaba otra cosa que consumir que un espectáculo cósmico. Si una cosa caracteriza el capitalismo de ahora es que se basa en la atención, en la capacidad de toda artimaña para atraer los ojos de la gente y mantenerlos encima. Lo que crea riqueza no es vender cosas sino comprar y vender atención, porque quien consigue esto puede construir encima cualquier trapicheo comercial. El eclipse, sin embargo, ha democratizado la atención, y ha puesto al alcance de todos de estas comarcas la posibilidad de ver cómo la bola de fuego del Sol, detrás del cristal de las gafas seguras y asequibles, se iba tapando por una bola negra que irrumpía desde la izquierda y desde abajo, como un globo hambriento. Es una banalidad, y al mismo tiempo una maravilla. ¿Qué hemos ido a ver sino una ocultación? ¿No se hacen más presentes las cosas cuando hacen ver que se esconden? Nadie quería perdérselo, o decir que no lo había visto, si bien, en esto también ha habido sus esnobs, sus desordenados, sus eruditos de pacotilla y los que no dejaban de sufrir por los ojos de la juventud. A mí me interesa más la sociología que la astronomía, y por eso acaba siendo más ilustrativo del mundo en que vivimos lo que pasa en la Tierra que lo que acontece en el cielo. Hemos visto que casi todo el mundo se lo ha tomado como unas campanadas de Fin de Año, o quien, cuando todo ello ha terminado, se ha preguntado en voz alta qué tocaba ahora, como si los astros estuvieran en el cielo para hacernos el payaso. Tras los plásticos oscuros, sin embargo, todo aquello solo era un juego de luces y sombras, no nos engañemos. Nada comparado con el primer eclipse que ‘vivimos’, que no fue televisado sino en cómic, cuando Tintín se salvaba de ser quemado vivo invocando al Sol un día marcado por el eclipse ante los idólatras incas. Hoy en día se calificaría el episodio de eurocentrista, o de arrogancia blanca, el dominio colonial de quien sabe frente a quien no sabe y puede ser –debe ser– manipulado para sacarlo de la ‘barbarie’. El eclipse también ha servido para volver a sacar a nuestros paranoicos, que ahora no se fiaban de las gafas homologadas, igual que antes no se fiaban de las mascarillas o de la verdad de la covid. Hay para ponerle sillitas, es cierto, pero mirando el horizonte, allí donde nuestro Sol amado se va a acostar, hoy bien tapado por una Luna entrometida. A ver si el Sol mañana vuelve, a aplastarnos hasta hacernos volver más tontos. Hasta agosto del año que viene, que dicen los sabios que habrá otro –de parcial, al menos en nuestro rincón de planeta. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/templo-sol_129_5827119.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 05:31:12 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Náufragos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/naufragos_129_5822143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Uno de los deportes preferidos de los intelectuales, por lo que estamos viendo, es ponerse en contra de lo que agrada a las masas. Lo que menos se debe perdonar a Christopher Nolan no es su cine, sino que este agrade, haga caja, y al mismo tiempo cuente con el prestigio de buena parte de la crítica y de la Academia.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/naufragos_129_5822143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Aug 2026 05:30:44 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Vete a casa']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/vete-casa_129_5817109.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El debate en torno al turismo, ahora ya transformado en reivindicación ciudadana movilizada en las calles, viene de muy atrás. Desde hace décadas sabemos o debatimos sobre el modelo económico basado en el turismo, muy a menudo sin haber acabado de entender las implicaciones de todo ello, cuál es la raíz profunda del problema o cuál es la viabilidad posible de las soluciones. Desde el ecologismo siempre se nos ha dicho que el turismo destruye el entorno, porque obviamente donde hay un hotel podría haber un pinar, y cabras salvajes en lugar de un matrimonio de holandeses. Toda la generación de mis abuelos, por ejemplo, vio cómo Mallorca se transformaba de un país de huertos y pueblos a un entorno de hoteles y bloques de apartamentos, y algunos supieron aprovechar el empuje de todo ello y se hicieron muy ricos, y empezaron a ver la antigua Mallorca como una pocilga, o de campesinos ofuscados que no sabían adaptarse a los tiempos encendidos de una fiebre de oro. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/vete-casa_129_5817109.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Aug 2026 05:30:48 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Triunfadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/triunfadores_129_5811564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Estos días de celebración patriótica en honor de los futbolistas de España que han ganado el mundial, vemos cómo no hay forma de nacionalismo que no se haga en contra de buena parte de las ‘naciones’ implicadas. España puede ganar a Argentina o a quien sea, pero lo que debería ser el símbolo de una superioridad deportiva de un grupo humano sobre otro se convierte en el emblema del supremacismo de un grupo o de una idea de la nación española por encima de los otros pueblos de España. Son victorias que sobre todo se celebran hacia dentro, y nada hacia fuera. Sirven de cara al interior; los del exterior ni se lo miran o pasan completamente, entre rabiosos o indiferentes. Los que dicen que el fútbol se debe separar de la política deberían admitir, como mínimo, que es imposible separar los resultados deportivos, porque de inmediato son usados políticamente como instrumentos de imposición simbólica, como emblemas de una identidad que borra o arrincona unas otras. Y no hace falta decir que son instrumentalizados por el poder de turno, sea este la monarquía o el progresismo del gobierno de Madrid, que se lo hará venir bien para interpretarlo todo de cara a su trifulca electoralista. España podría ser un proyecto plural, multilingüe, diverso e integrador, no hace falta decir que es teórica e intelectualmente posible, pero en la práctica es un proyecto de disolución, de asimilación y borrado, o que incluso vive con incomodidad, no la catalanidad de algunos jugadores, sino su diferente color de piel o su fe en el Islam. No ha habido ninguna fiesta de celebración del mundial que no se haya erigido en una fiesta de escarnio, donde los cánticos contra las minorías del mismo estado español son habituales, sin ninguna burla por los rivales caídos de camino a la final. Los estados se hacen contra las naciones, no contra los otros estados, que también son máquinas políticas de destrucción masiva de lenguas y diferencias, a las cuales, no hace falta decir, se renuncia de gusto, todo para poder participar del triunfo sin cavilaciones ni mala conciencia. Estamos viendo cómo sobre todo son los niños los que son asimilados en esta clase de explosiones de euforia colectiva, porque sobre todo es una forma de infantilismo, este nacionalismo basado en la ignorancia o el menosprecio o incluso el autoodio que te lleva a olvidar tu identidad o lengua y a querer integrarte en la masa ‘triunfadora’.  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/triunfadores_129_5811564.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jul 2026 05:30:45 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Babel y la nación]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/babel-nacion_129_5805246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La maldición de Babel –como nos recuerda Joan-Lluís Lluís en un ensayo magnífico, <em>Baila con Babel</em>– se basa en el equívoco de suponer que la variedad lingüística es una maldición divina, un castigo, cuando, de hecho, es todo lo contrario: un regalo de Dios, o de una Humanidad que se enriquece a sí misma cuando aborda el problema de la comunicación y la memoria y el conocimiento personal y colectivo desde miles de perspectivas diferentes.Fue el monolingüismo del mito bíblico el que llevó a la idea de levantar la torre. Una sola lengua significa una sola manera de entender el mundo, una sola narrativa, una sola cultura, una sola autoridad. Y es precisamente entonces que aparece el proyecto imperial. Vivimos, no en las ruinas de la torre, sino en el continuo proyecto de levantar nuevas y eliminar los otros miles de maneras de representar la vida y el mundo. Llamadle torre o estado nación. Llamadle como queráis. Cada lengua deposita no solo categorías gramaticales, sino metáforas, clasificaciones de la naturaleza, concepciones del tiempo y formas de cortesía, relaciones entre el individuo y la comunidad. Es la uniformización lingüística del planeta lo que lo hace un lugar más violento e inhabitable. Son las ganas de borrar lenguas lo que lleva a las ganas de borrar a las personas que las hablan y que se empeñan todavía en quererlas hablar y transmitir a los hijos. J.M. Coetzee dice que mientras matemos animales mataremos personas, y que los mataderos son las antesalas de los exterminios de masas entre humanos. No son los mataderos, sin embargo, sino los lingüicidios. Las políticas y las actitudes de asimilación cultural que llevan a la marginación lingüística son la antesala de los genocidios. Hecho que está históricamente documentado: los ejemplos de esta aseveración son innumerables. No hay lenguas superiores a las otras; no hay lenguas que fallen a la hora de expresar el amor y el conocimiento y las abstracciones.Cada lengua podría aportarnos un concepto redentor, ganador, una iluminación de sentido que perdemos para siempre. Porque igual que el griego dio luz a los conceptos que alimentan todavía buena parte de nuestra filosofía; el latín, las categorías jurídicas; el árabe medieval, el vocabulario científico y ahora el inglés nos da del lenguaje tecnológico, las otras lenguas del mundo podrían hacer su aportación, si no las dejamos morir en el desconocimiento y el silencio.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/babel-nacion_129_5805246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jul 2026 05:31:08 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El boomerang]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/boomerang_129_5799140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En este mundo se hablan más de 7.000 lenguas. Lamentablemente, sin embargo, más de 3.000 están amenazadas de desaparición. Y no estoy hablando de nuestra lengua catalana, que por mucho que sufra ataques cada día está lejos, todavía, de sufrir las circunstancias que tienen que afrontar las lenguas que de aquí a pocos meses no hablará nadie. Porque estamos dejando morir lenguas a un ritmo furibundo: cada dos semanas desaparece una lengua en este mundo. Esto, en pleno siglo XXI, cuando parece que la IA hace milagros, y que la moralización de la sociedad había llegado a niveles más altos que en ningún otro período de la historia. Porque la inmensa mayoría de personas de este planeta hablan lenguas que son grandes demográficamente hablando, unos pocos centenares de lenguas que acaba hablando el 90% de la población global. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/boomerang_129_5799140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 05:32:46 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obsesión y consentimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/obsesion-consentimiento_129_5792207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El estreno de la película <em>Obsesión</em> ha coincidido en nuestro rincón del mundo con una polémica –¿sexual?– notable. Un político de más de 30 años ha sido finalmente expulsado de un partido político nacionalpopulista, porque mantiene relaciones afectivas con una menor de edad, si bien la niña ya tiene 16 años, la mínima para el consentimiento sexual (recordamos que antes era 14). Entre los dos había una relación de alumna-profesor, hecho que aún enturbia más la cosa.En las redes sociales se ha levantado un revuelo tremendo, motivado por la necesidad o no de posicionarse como sociedad en medio de una relación de este tipo, o por si basta con simplemente ceñirnos a la ley y dar por bueno el vínculo una vez se admite que el consentimiento de la chica es válido. Pero aquí hay una confusión de términos demasiado evidente: la ley habla del consentimiento sexual, y que las relaciones a partir de entonces pueden ser consentidas y, por tanto, deja de haber delito de abusos. Pero ¿qué tiene que ver esto con una relación? Incluso no sabemos, ni tenemos por qué saber, si ha habido alguna vez sexo entre los dos, aparte de la historia de amor (“relación sentimental”, dice el profesor en un comunicado público) que ha motivado el follón.Aunque podamos suponer que sí, el hecho sexual pasa a un segundo término, porque lo que interesa evaluar es hasta qué punto un hombre de más de 30 años juega limpio cuando entra a seducir a una mujer –¿mujer?– tan joven, la cual además ‘educaba’. Ponerse a evaluar esto no es de puritanos ni de estirados, ni de moralistas herederos de la Iglesia, la cual siempre ha casado a la gente con menos edad y todo. El tema es que el amor puede ser muy bonito, pero la vida es larga, y todo aquello que nos parece amor, al final quizás solo es dependencia emocional, e incluso abuso, el cual, más allá de que sea penalmente reprimible, no puede dejar de verse cuando las personas no son muy conscientes de lo que hacen o sienten. La escritora Vanessa Springora ha hecho un libro admirable sobre todo esto (<em>El consentimiento</em>); es la misma chica ‘enamorada’ quien después se gira hacia la sociedad y le pregunta: ¿Por qué me lo permitisteis?En la película <em>Obsesión</em>, recién estrenada, vemos algo similar: un chico hace que una chica se enamore de él con un conjuro mágico, y a partir de entonces no se la puede quitar de encima. El film se está convirtiendo en un fenómeno, y no me extraña, porque está magníficamente rodado e interpretado, sobre todo por la actriz (Inde Navarrete) que hace de chica ‘enamorada’. La consumación del sueño sexoafectivo del joven bobo se transforma en una historia de terror mayúscula, porque no hay nada más espantoso que un amor forzado. O que un amor verdadero en un mundo donde ya no tiene lugar, o cuando el enamorado no sabe estar a la altura de lo que se le da. Los hay que han querido ver en la película también una alegoría del consentimiento forzado, o de aquellas relaciones basadas en el engaño, o de la dependencia emocional de los amores jóvenes, que siempre son dolorosamente enfermizos. ¿Y quién es el monstruo, entonces, la chica fatalmente ‘enamorada’ o quien ha forzado este amor con malas artes?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/obsesion-consentimiento_129_5792207.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2026 05:30:24 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Motos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/motos_129_5785459.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Una práctica usual en ciertas cadenas de supermercados ha sido ofrecer, al principio, productos de toda clase, para al final descubrir qué quiere verdaderamente el cliente. Una vez hecho este ‘descubrimiento’, sin embargo, se dejan de vender estos productos para empezar a vender productos iguales o similares pero solo de la marca del mismo supermercado. Allí donde había un producto ‘de marca’ ahora hay uno genérico o de ‘marca blanca’, quizás más barato y de calidad más o menos idéntica. Así, hay supermercados (y grandes vendedores <em>online</em>) que casi solo han acabado vendiendo productos de su mismo sello, incluso de cosas tan básicas como el agua o los huevos. Hay librerías que básicamente venden libros –los tienen más visibles o bien colocados– de las editoriales que pertenecen al mismo conglomerado de empresas a quien pertenece la librería: todo queda en casa. Y una cosa muy similar ha pasado con las llamadas redes sociales. Al principio, uno se apuntaba para ver a los amigos y conocidos, o a la gente de su sector de actividad, o a aquellos referentes de lo que más interesaba: periodistas deportivos, críticos de cine, gente cuyo contacto nos convenía por un motivo u otro. En la película sobre el nacimiento de Facebook (<em>La Red Social</em>, ganadora del Oscar) veíamos que el éxito del invento venía de la capacidad de unir personas y crear vínculos, facilitar conocimientos, ligar, etc. Que esto viniera de la mano de una persona insociable y a través del relato de los juicios que le habían puesto los amigos no era más que otra de las grandes ironías de la historia. Pero entonces se habló de solidaridad e incluso de democracia de las comunicaciones en una nueva era que internet acababa de empezar. Pero ahora las ‘redes’ no son eso, ni mucho menos, porque han hecho como los supermercados: se han convertido en depósitos de aquello que al amo más le interesa vender, y que no son precisamente los productos de los otros sino los suyos. Contenidos que ya no son los que venden nuestros amigos, sino los que crean una serie de personajes muy conocidos, a los cuales sigue todo el mundo pasivamente y sin interacción verdadera. Es curioso cómo se han transformado en lo que eran las televisiones, pero personificadas después del estudio que el algoritmo hace de cada uno de sus usuarios. Ya no son debate y sorpresa a raíz de los intereses de cada uno, sino entretenimiento y captación de la atención para su reventa con intenciones comerciales e ideológicas. Es decir: el invento primario de la cultura de masas. Y todo porque ha sido la manera de hacer rentable un invento que era gratuito, pero que en el fondo pagábamos con nuestra atención, nuestro tiempo y nuestros datos. Todo esto no es obviamente nuevo. Pero a menudo hay que pararse a reflexionar sobre cómo nos venden una moto para después transformarla en otra cosa, cuando ya nos han dado demasiadas vueltas encima. No me sorprendería en absoluto que lo mismo acabara pasando con la IA, porque repite el mismo patrón que los otros inventos digitales que nos han llegado en las últimas décadas. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/motos_129_5785459.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 05:32:22 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escenario del sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/escenario-sueno_129_5778671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En la película <em>Dream Scenario</em> se nos explicaba qué pasaba cuando una persona normal, un profesor que interpretaba Nicolas Cage, se convertía en la persona más célebre del planeta. Y no porque hubiera hecho nada especial: simplemente empezaba a salir en los sueños de todo el mundo. Todas las personas del mundo afirmaban, realmente o por no quedar al margen, que habían visto en sueños al profesor Matthews, para los demás, un personaje gris y olvidable. La fama llegaba de una manera tan gratuita como le está llegando ahora mismo a Tim Payne, un jugador de fútbol de Nueva Zelanda que participa en el mundial en curso. Payne no ha hecho nada para ser famoso; precisamente es famoso, ahora, porque no lo era. O porque era el que tenía menos seguidores en las redes en una selección no muy prometedora de cara al triunfo (nunca ha ganado ningún partido de una fase final). Pero Payne fue el elegido de un creador de contenidos argentino para hacerlo famoso; simplemente lo ha elegido y ha pedido que todo el mundo simpatice con él por encima de las explosiones de orgullo patriótico que suelen vertebrar las pasiones futboleras. Y sí, Payne pasó en pocos días de ser un futbolista cualquiera a tener más seguidores en las redes que habitantes tiene su propio país, simplemente por un capricho o idea de un <em>influencer </em>del otro lado del mundo, y de una manera incluso más arbitraria que el profesor de la película. En la actual economía de la atención, sin embargo, esto no es una anécdota o una historia curiosa. Tal como en la película, lo primero que pensaba el profesor era cómo aprovecharlo, ya que hoy en día tener la atención de la gente (que sepan quién eres y te escuchen) es el capital principal a partir del cual puede crecer la economía personal y colectiva. Así, no hace falta decir que el futbolista se ha puesto muy de cara; se ha dirigido a sus millones de nuevos seguidores y ha “agradecido el apoyo”. He aquí el funcionamiento de la economía de la atención: todo se basa en captar y mantener la atención de la gente, sea de la manera que sea, gracias a las redes evidentemente, las cuales construyen nuevas famas casi cada día, con la misma arbitrariedad que los sueños. Ahora que Payne tiene la atención de las masas, o de determinada gente del planeta, podrá capitalizarlo: hará anuncios, posts remunerados que verán millones de personas, la fama crea más fama y el dinero hará más dinero. Y todo a partir de un capricho o jugada de los nuevos dioses digitales, o de la ociosidad frenética de las nuevas masas en red, que se entrenan con el juego de la atención al mismo tiempo que ansían que algo igual les pase a ellos. O que por un golpe de suerte alguno de sus contenidos se haga viral; o incluso hacen las cosas, o las viven, en función del rendimiento que podrán sacar en las redes. Pero tal como en la película de Cage, la tortilla puede girar en cualquier momento. El profesor empezaba no a salir en los sueños sino en las pesadillas, rodeado de sangre y de dolor, y se iniciaba la infamia de ser odiado de una manera tan gratuita como antes se había sido admirable.   </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/escenario-sueno_129_5778671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 05:31:32 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Creer y practicar]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/creer-practicar_129_5771416.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Dicen los números del CIS que el tanto por ciento de personas que van a misa en el conjunto de España no llega ni al veinte por ciento del total de la población. En Cataluña, el porcentaje cae a menos de la mitad. El número de creyentes es más elevado, ya lo sabemos, de los que efectivamente después practican. Si estamos hablando del catolicismo romano, esto debe obligar a hacer algo, no debe bastar la simple manifestación retórica de la fe. Casi la mitad de la población se define como atea, agnóstica o indiferente. Y quizás lo más destacable sería saber si al bien común le interesa más que seamos cristianos o no, o si colectivamente nos irían mejor las cosas si hubiera un acuerdo, de raíz cristiana, entre todos nosotros. La visita del papa León XIV a nuestro país sirve para hacernos muchas preguntas, sobre todo al ver de nuevo el fervor que despierta un Santo Padre, muy por encima de lo que puede motivar una estrella del pop o cualquier otro personaje civil. Toda esta pasión tiene un punto de estridencia y de comedia, incluso de fealdad y de pose, y nos obliga a preguntarnos por qué, siendo aparentemente tan devotos y buenas personas, vivimos en una sociedad tan desigual, innecesariamente violenta, egoísta, intolerante y despreciativa ante las diferencias. Y que nos recuerda que la Iglesia ha sido un nido de criminales y de pederastas, amparados por la curia, todavía, una autoridad que busca más proteger que colaborar con la justicia y ponerse del lado de las víctimas. No deja de ser absolutamente abominable. Porque una cosa debe ser la fe y la moralidad, y otra las obras, y otra todavía debe ser simpatizar con una mafia de la pederastia (y del coleccionismo de arte y de la especulación inmobiliaria). Intenté escuchar el discurso del papa a los políticos, pero lo primero que pensé es que no debería haberse producido, o no en la sede de la soberanía popular. Un líder religioso no debe hacer discursos políticos en un recinto parlamentario, porque no estamos en un régimen islámico sino en una democracia liberal que ha separado el Estado de la Iglesia. Evidentemente, allí hizo política, o manifestó sus ideas en defensa de la ‘vida humana’, entendido esto como crítica al aborto y a la eutanasia. Pero aun así ni el papa mismo debe creer lo que predica; ya le pesa que ni aquí ni en ningún sitio volverán a prohibir el aborto, y en todas partes se implanta el derecho a morir dignamente, porque nuestra vida es nuestra, y no de Dios o del vicario. Todo ello da un tuf bastante lastimoso de decadencia intelectual y política, o de fe que no es auténtica, sino más bien una fe en la misma fe, o una creencia en cuando las creencias funcionaban. El Sentido es la añoranza del sentido.  Incluso el papa sabe que Dios ha muerto y que en el fondo vive de la nostalgia. Quien ha sabido entender todo esto de una manera admirable es Paolo Sorrentino con sus series sobre papas: todo se sostiene sobre el esteticismo y la voluntad de creer que la creencia todavía tiene una fuerza que ya no puede beber de ningún sitio, porque todos sabemos que solo tiene una entidad de comedia o de hipocresía culpable. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/creer-practicar_129_5771416.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 05:31:04 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maestro fracaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/maestro-fracaso_129_5763870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Desde hace décadas el prestigio y el reconocimiento del profesorado en nuestra sociedad no ha hecho más que decaer. Un profesor de instituto ya no es más que un pobre desgraciado a los ojos de demasiada gente, parece, a quien desprecian tanto los alumnos inteligentes, que se dan cuenta finalmente de la farsa, como los perezosos o torpes, que se ponen en contra de todo lo que implica arremangarse. Desde la política no se ha sabido dotar de herramientas y de valores a esta profesión, con la excusa del presupuesto o que los institutos solo eran zonas de paso entre la universidad, donde los válidos acabarían de hacerse, y la formación profesional, donde los otros aprenderían un oficio para no morirse de hambre. También ha habido, ciertamente, espíritus acomodaticios, que han hecho bueno el tópico del funcionario vago y escaqueador, que solo busca hacer lo mínimo –repartir fotocopias– y huir de fin de semana. Pero la mayoría son personas entregadas con pasión por el saber y por la transmisión del saber, que disfrutan explicándose y haciendo del conocimiento lo que de verdad es: una aventura. El resto de la sociedad, sin embargo, se ha quedado con la imagen del profesor inútil y sabelotodo, que tiene dos meses de vacaciones, pagas dobles y que cuando puede se coge la baja, no explica gran cosa a los chicos y en el fondo no querría estar allí. Pero lo que ha empeorado el oficio no han sido los profesores sino los alumnos; si estos vinieran con verdaderas ganas de trabajar, aprender y mejorar, los profesores serían los primeros que alucinarían; si los alumnos tuvieran verdaderas ganas de trabajar y de estudiar, la cosa podría llegar a hacerse insoportable para todo el sistema. Lo que ha ido a la baja y lo ha enrarecido todo aún más ha sido la quiebra de la educación básica doméstica, que envía hacia las instituciones –la ley obliga– a chicos que no tienen ganas de hacer nada más que mirar una pantalla o yacer. Si los chicos no creen en el futuro, en el conocimiento, en la mejor progresiva del yo y de la sociedad, en el hecho de que sabiendo cosas pueden tener un buen futuro y una buena vida, es inútil cualquier reforma educativa, incluso de las condiciones de los docentes. Pero el mundo que creen conocer les habla de futbolistas millonarios y youtubers, de impresentables que se hacen ricos con tonterías y sin saber nada. No les rodea una realidad donde el conocimiento parezca tener nada de importancia o prestigio, y aquí radica el problema. A menudo, el mismo profesor que tienen delante no es más que una advertencia, no un ejemplo: como si lo mejor que les pudiera llegar a pasar de sacar buenas notas fuera llegar a convertirse en profesor de Secundaria, con todo lo que implica de frustraciones y de miserias poco o muy económicas (ahora acentuadas por las huelgas). La sociedad, el mundo, no les da la información necesaria para que acaben entendiendo todas las opciones y realidades que hay en un mundo vasto y complejo como el que hay fuera de las aulas. Un mundo que desprecia a los profesores, que se ríe de ellos, tal como el policía nacional que se ha hecho viral por apalear arbitrariamente a una maestra valenciana de sesenta y ocho años.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/maestro-fracaso_129_5763870.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 05:30:18 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura automática]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/literatura-automatica_129_5756511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A raíz de un reciente caso de plagio de un artículo en el ámbito catalán, que el falsario atribuía a una mala jugada que le habría hecho la IA, y a un premio literario anglosajón bastante importante, que habría ganado un autor sirviéndose también de la IA, se ha vuelto a hablar en el mundo de la creatividad literaria de qué haremos a partir de ahora con los textos que quieran circular por el mundo, la autoría de los cuales pueda ser cuestionada en virtud de su posible origen algorítmico. Que alguien haga servir la IA para escribir una pieza literaria solo se puede deber a motivos que tienen que ver con sus carencias como intelectual o como escritor. Para un autor de verdad, hacer servir la IA para escribir sería como hacer servir patines para jugar a fútbol, cuando precisamente la gracia del juego es correr. Para mí, que la máquina escriba por mí equivale a que una máquina haga el amor por mí, o que envíe un robot a la cama, con el amante, solo porque a mí me da pereza o temo que así quedaré mejor ante la amada. No tiene sentido que encomendemos a una máquina que haga aquello que nos da placer y lucidez, que nos hace sentir vivos e inteligentes. Además, dudo que ahora mismo ninguna máquina pueda llegar a escribir con el acierto que siguen teniendo los buenos escritores, pero aunque se llegara a este punto en un futuro cercano, tampoco tendría ningún interés lo que pueda llegar a decirnos el bot, ya que no es literalmente nadie y lo que acaba interesando de la literatura y del periodismo es qué opina –o siente o ve– una persona de carne y hueso. Una máquina no me puede decir qué pienso de las cosas, porque no lo sabe. Gracias a la IA quizás podemos acabar simulando una erudición que no tenemos, o que presumimos de lecturas que no hemos hecho realmente, pero eso tampoco sería una impostura nueva. Los tramposos son más viejos que la imprenta, en este oficio, y precisamente fue la imprenta lo que democratizó la escritura y el conocimiento. La IA no deja de ser una especie de imprenta automática, que produce texto al gusto del consumidor, cosa que no es lo que acaban haciendo los escritores; el papel de los intelectuales es precisamente recordarnos aquello que no queremos recordar, o hacernos pensar las cosas que pueden darnos dolor de cabeza. Cuando vea que una IA cuestiona las ideas fundamentales de la tribu me empezaré a asustar, pero de momento solo es la voz del amo, porque tampoco deberíamos olvidar que toda IA no es más que una forma de negocio para los que le dan cuerda. “Hemos sido lo suficientemente listos para inventar la IA, y tan tontos para necesitarla, y tan estúpidos que no podemos averiguar si hemos hecho lo que debíamos…”; esto lo ha dicho ni más ni menos que el humorista Jerry Seinfeld en una entrevista reciente. Y podemos pensar sin la IA si tiene razón o no. Yo, de momento, todavía prefiero seguir leyendo personas que se equivocan, que dudan, que se obsesionan e incluso que se autodestruyen escribiendo, antes que una máquina que simplemente calcula qué frase encaja más con las precedentes. La literatura no es solo producción de texto: es vanidad, es contradicción, es una conciencia humana intentando entenderse a sí misma. Y esto, para suerte o desgracia, todavía no se puede automatizar. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/literatura-automatica_129_5756511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 05:30:54 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Troya trans]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/troya-trans_129_5749644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Antes de que se haya estrenado, todo el mundo ya habla de ello… Pienso en la versión de la<em>Odisea </em>que ha filmado Christopher Nolan, que se verá en las pantallas grandes el próximo julio. Ya sabemos que antes este director, uno de los artistas cinematográficos más en forma de las últimas décadas, había firmado la historia de<em>Oppenheimer </em>y antes las aventuras de Batman. La polémica está siendo generada por todos aquellos que en las redes sociales se oponen a que ciertos papeles sean interpretados por determinados actores, así, el rumor –parece que ya confirmado– que Helena de Troya será encarnada por una actriz negra, Lupita Nyong’o, y que Elliot Page (antes Ellen Page), un hombre transexual, pueda llegar a interpretar, nada más y nada menos, que al guerrero Aquiles. Recientemente se ha estrenado en la televisión una nueva versión de la vida de Mozart –<em>Amadeus</em>, en Skyshowtime– y he visto que al genio de Salzburgo lo interpretaba (magníficamente) Will Sharpe, que es medio japonés, y que al libretista judío e italiano Lorenzo Da Ponte y al músico austríaco Süssmayr, que remató el <em>Rèquiem</em>, los interpretaban actores negros. Todo esto podría hacer reír hace algunos años; ahora mismo está motivando parodias en X, en las cuales, sin embargo, se pone de relieve una supuesta injusticia: que jamás admitiríamos que un personaje histórico negro fuera interpretado por un actor blanco, como por ejemplo un biopic de Obama encarnado por Simón Andreu. Si el color de la piel no importa, como debemos defender si somos antirracistas, por qué preocupa que Helena de Troya la haga una mujer negra (a pesar de ser guapísima)? Y es evidente que detrás de esto hay mucha conciencia culpable y que desde las industrias culturales se quiere apostar no solo por la diversidad en los trabajos –y dar un papel a todo el mundo en las producciones globales: satisfacer cuotas–, sino por compensar la invisibilidad de raza en las películas del pasado. Por mucho que esto nos lleve a mostrar una Viena de Mozart con más diversidad racial que la Nueva York de ahora, tergiversando el relato histórico, como lo desfiguró Clint Eastwood cuando no hizo salir ningún soldado negro en las películas que filmó hace casi veinte años sobre la Segunda Guerra Mundial, tampoco está bien visto que no haya mujeres en el argumento, por mucho que una película bélica o de mafiosos nos pueda obligar (pensemos en la filmografía de Scorsese). Ahora ya no se trata de representar ‘la realidad’, sino de hacer un espejo que proyecte no lo que somos, sino lo que querríamos ser, y que por mucho que ponga en solfa nuestras debilidades como especie, lo haga al menos sin olvidar que somos diferentes, plurales y presuntamente justos en los castings, por mucho que esta forma de justicia ahora nos lleve a falsear un pasado que sí, para el arte ha sido siempre una excusa. Como decía Hitchcock: “El cine son cuatrocientas butacas vacías”, es decir, más que un arte, es una audiencia por encima de todo, y será esta la que decidirá si acepta o no estas licencias. Y creo que no solo las acepta, sino que las pide, o que celebra que la obra la obligue también a posicionarse antes incluso de comprar la entrada y disfrutar. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/troya-trans_129_5749644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 05:32:30 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tarta]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/tarta_129_5742483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Si una sociedad es consciente de lo que provocan los cambios demográficos, esta es la sociedad isleña. Se ha dicho muchas veces y es bien verdad: Mallorca, por ejemplo, ha sido una especie de laboratorio social donde se han podido experimentar muchas de las ideas económicas que han acabado dando perfil a muchísimas partes de Occidente. Una sociedad pequeña, cerrada, inmensamente abocada a una economía de supervivencia o agraria, de golpe entraba en un ciclo de expansión, construcción, cambio demográfico, llegada masiva de inmigración, turistas, etc., que deshacía los viejos vínculos, jerarquías y culturas. La literatura se ha hecho bastante eco de esta problemática, mientras la política se encargaba o bien de negar que pasara nada de demasiado grave, o de mirar de encauzarlo para el mayor beneficio, en teoría, de todos, pero en la práctica, de las élites políticas y económicas.Una sociedad que no es capaz de garantizar sus estructuras básicas de supervivencia está abocada al suicidio, o a una crisis perpetua de identidad, que comienza a notarse como crisis de continuidad, y también obviamente, como crisis económica. Ahora es en el resto del estado español donde se está experimentando un crecimiento brutal de población, sobre todo esta última década. El modelo económico necesita mucha mano de obra, y una población envejecida, que depende de los cuidados y una muy baja natalidad entre nosotros, han acabado de arreglar el pastel.La crisis inmobiliaria del 2008 frenó la expansión, pero a partir del 2015 vuelve a crecer, ahora con más europeos, ucranianos refugiados (más de 300.000), trabajadores digitales, etc. En ningún momento ha habido una manifestación explícita del deseo político de aumentar la población, pero; los ciudadanos han visto cómo llegaba la oleada sin que esto se les hubiera consultado, o que se hubiera planificado políticamente de una manera clara.Sin embargo, las reformas de las leyes de extranjería del año 2022, y las facilidades exigidas al mismo tiempo por la UE, que es consciente de que Europa envejece y de que la economía necesita sangre nueva, han abocado ahora a un punto en el que se tiene la impresión de que se roza el colapso, y ya no solo en las comunidades con lengua no española, sino en todas partes. Una ola así pedía planificación, además de capacidad de integrar a la gente y hacerle hablar la lengua del país que la acoge. Desde España saben que la gente acaba por obligación hablando el castellano, qué remedio, mientras que los catalanohablantes inclinan la cabeza y ceden la lengua, cosa que a la larga solo hace que engrandecer en millones de hablantes del castellano. Es una manera como otra de poner fin a las lenguas no castellanas, diluirlas, y negar que la demografía es una herramienta para llegar a este objetivo, más que recurrente en la historia del españolismo, es una forma de hacerle el juego o de blanquearlo. El mismo españolismo se lleva las manos a la cabeza cuando encuentra que el castellano deja de oírse en ciertos barrios o zonas de las grandes capitales, un escándalo que cuando venía de los catalanohablantes siempre era escarnecido y estigmatizado. Ahora se verá más que nunca a favor de qué lengua –no de qué lenguas– está el estado español. El dinero siempre ha hablado la lengua de quien lo maneja.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/tarta_129_5742483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2026 05:32:30 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las sirenas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/sirenas_129_5735377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Quizás la metáfora más buena para entender lo que nos pasa la ha puesto por escrito Chris Hayes, el periodista norteamericano, cuyo ensayo, <em>El canto de las sirenas</em>, acaba de salir traducido al castellano. Es una obra seria, divulgativa y a la vez muy crítica con la actual sociedad del capitalismo de la atención, cuando vivimos inmersos en un mar de ruido continuado y hemos aprendido a no hacer caso más que a aquello que hace más ruido —que sobresale en medio del barullo continuo—, o al canto de las sirenas. Pero Ulises se encadenaba al mástil del barco para no sucumbir, se imponía límites para no caer en aquello que lo pudiera distraer de la vida que quería llevar, cosa que nos vemos imposibilitados de hacer, siempre pendientes de las pantallas. Bien es cierto que en principio no son ‘las pantallas’, el problema, sino las aplicaciones diseñadas para captar y mantener nuestra atención esclavizada y después hacer negocio con ‘nuestros ojos’, revendiendo nuestra atención a los anunciantes que insertan publicidad en medio de los contenidos que el algoritmo ha descubierto que nos fascinan. Es así como pasamos las horas, tiempo de atención que podríamos dedicar a asuntos que realmente sean útiles, o que nos den algunas cuotas de felicidad. Si la media en el estado español es de tres horas y media por persona y día de uso del teléfono móvil, ¿cuántas cosas podríamos hacer para recuperar este tiempo en nuestras vidas? ¿Cuántos idiomas podríamos aprender? ¿Cuántos instrumentos podríamos dominar? ¿Cuánto amor podríamos dar a los demás en lugar de mirar vídeos extraños o participar en polémicas inútiles? ¿Y cómo podría mejorar la cultura de todos si, en lugar de mirar una pantalla, se leyeran libros; por lo tanto, la gente consumiera más literatura, cosa que revertiría también en el mercado editorial? El progreso de la humanidad se basaba en la idea de que llegaría un día en que, más allá del tiempo de trabajo y del descanso nocturno, tendríamos tiempo para dedicarnos a nuestros verdaderos intereses, a nuestra libertad interior. ¿Pero ahora que por fin podríamos disponer de unas horas de ocio: por qué las hemos regalado inútilmente? Fijémonos en ello, los ‘amos’ de este tiempo perdido son los hombres más ricos del mundo, los propietarios de X, Facebook, Instagram, Amazon, etc. El capitalismo en red se ha construido sobre el tiempo que íbamos a emancipar, igual que el capitalismo industrial lo hizo sobre el tiempo que íbamos a las fábricas y a los centros de producción en masa. Ahora nos vemos hasta incapaces de leer un texto corto, como este artículo, y no hablemos de una novela entera, y mucho menos si es larga y quizás un poco exigente. La única manera, ahora, de leer ciertas cosas es ‘ligarse’ al palo del barco, es decir, desconectar el teléfono, hasta apagar el módem para no tener tentaciones de conectarse y mirar la pantalla cada quince minutos. Que estemos de esta manera, tan interferidos, debería preocuparnos, porque esta sí que es, literalmente, la alienación que pretendía denunciar el marxismo. Tu vida ya no es tuya si hasta el tiempo de tu libertad lo tienes bloqueado.       </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/sirenas_129_5735377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 05:37:50 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ping-pong IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ping-pong-ia_129_5728481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Una noticia me entera de que han inventado la máquina de jugar al ping-pong. Los jugadores de tenis de mesa ya disponían de una especie de robot que les servía para entrenar y que colocaba las pelotas con fuerza y precisión, pero el artilugio de ahora es toda una otra cosa. La máquina puede jugar un partido seguido; dispone de una gran plataforma detrás de la mesa y un brazo móvil con una pala, y todo un conjunto de cámaras que filman el juego y al rival y, gracias a la IA, pueden saber dónde irá la pelota y responder con máxima contundencia y malicia. Ahora mismo, la máquina juega a un gran nivel, y la quieren hacer competir contra los grandes jugadores del planeta para ver si los gana. La cosa es que, como es perfectamente verosímil, todo este lío de brazos, cámaras (nuevo), IA a raudales y una paleta podría llegar a vencer al campeón Wang Chuqin o a alguno de los hermanos Lebrun (los únicos franceses que han llegado a la élite global del juego), pero una vez se consiguiera esta hazaña: ¿qué cambiaría? ¿Dejaríamos de jugar a tenis de mesa? ¿Dejaría de haber competiciones, olimpiadas, clubes y aficionados, escuelas y maestros de este deporte? Es muy probable que no, como nos dice el sentido común. Si la IA y la tecnología asociada pueden hacer algo que nosotros ya sabemos hacer, ¿también hacerlo? No dudo que una herramienta así pueda servir para entrenar –no se cansa, puede ayudar a trabajar los puntos débiles–, pero, \u00bpsirve para aprender? ¿Qué nos puede enseñar la máquina sobre el juego y cómo jugarlo que no nos pueda enseñar un jugador de nivel? Nada. ¿No vemos que la máquina se mueve y decide qué hacer en el juego gracias a una serie de procesos que no tienen nada que ver con la mente, la percepción y el cuerpo humanos? Es evidente que sí. ¿Por qué, pues, cuando la IA no juega a ping-pong, pero, nos puede llegar a parecer ejemplar? ¿Qué tiene que ver el funcionamiento de la IA con la mente humana y la manera que tenemos de aprender y mejorar en nuestras vidas? ¿Por qué podemos llegar a considerar que una IA nos puede ayudar a mejorar, por ejemplo, a escribir mejor, cuando lo que hace la IA para crear texto no tiene nada que ver con lo que hacen los escritores a la hora de dar forma a una página? Estamos dando a la IA un poder ejemplar que en ningún caso puede llegar a tener, porque la manera que tiene la IA de solucionar los problemas no tiene nada que ver con la manera en que los humanos pensamos y tomamos decisiones. Que la tecnología pueda llegar a ser extraordinaria es indudable, pero la vieja tecnología del cerebro humano funciona, desde hace millones de años, de la misma manera, y nos cuesta tanto como hace milenios aprender cosas nuevas, incorporar nuevas habilidades o llegar a alguna forma de excelencia intelectual. La IA no nos hace listos si no sabemos pensar por nosotros mismos y evaluar lo que de verdad necesitamos. Igual que ya tenemos una máquina que nos lava la ropa, parece que querríamos una máquina que nos ahorre de pensar o de aprender, o de hacer las cosas por nosotros mismos, como si hubiéramos vendido a un conglomerado de empresas la posibilidad de hacer una cosa que nosotros sabíamos hacer perfectamente, pero que ahora harán ellos, porque nos da pereza. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ping-pong-ia_129_5728481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 05:33:18 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Jorge o la gran ilusión del libro: ¿mucho ruido y poca literatura?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/san-fidel_129_5722034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d27c1e9e-ec0a-43d1-9d41-7d607c943a16_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Después de Sant Jordi parece que apetece hacer un poco de balance. El mundo del libro parece abocado, en los últimos años, a una fiesta del comercio cultural en la que buena parte de la facturación anual se concentra en un solo día. No deja de ser una buena noticia que la fiesta de la rosa y el libro continúe teniendo tan buena aceptación, y que haya tanta gente que aún tenga el anhelo de regalarle un libro y una rosa a su estimada. Hace unos años, las cosas iban de tal manera que los hombres compraban la rosa y las mujeres el libro, pero el sesgo machista de este intercambio ha tendido a disolverse (nadie quiere acordarse de este detalle). Es evidente que si todo el mundo compra un libro por Sant Jordi (cosa que tampoco pasa, no nos engañemos) el negocio puede llegar a funcionar muy bien, porque vender dos millones de libros en un día no es poca cosa (pero hay más de dos millones de catalanoparlantes; pocas ganas de gastar, y menos aún de leer). Pero, si nos atenemos a la cifra de libros que puede colocar el autor más vendido solo ese día, pues vemos que difícilmente llegará a 30.000 ejemplares (su título no representa ni un 1% del total de ventas); es decir: lo más importante no tiene ninguna importancia. Todos aquellos libros que llamamos ‘<em>best sellers</em>’, libros que se adaptan a los gustos populares, solo son un 6% del total de libros que aquel día se han colocado. Tampoco hay que añadir que solo un poco más de la mitad de los libros que se venden son en catalán, en porcentajes que tienden a igualarse, lamentablemente, año tras año. Y que si la cosa va de vender libros populares, tampoco podemos esperar que, una vez convertidos ciertos libros en ‘cultura de masas’, estas obras sean las que destaquen más por sus valores estéticos o literarios –o por su mérito intelectual. Todavía hay gente que se sorprende cuando ve lo mala que puede llegar a ser la mala literatura, y hasta es admirable que se dediquen más esfuerzos de la alta cultura a hundir aquello que el mercado ha elevado que a levantar aquello que, siendo excelente, pasa más o menos desapercibido y no da nada de caja. No hace falta decir que este fenómeno muestra más resentimiento y esnobismo que una verdadera preocupación por el estado de la cultura. Que Sant Jordi sea una fiesta de la literatura comercial o popular tampoco debería asustar a nadie, porque al día siguiente (Sant Fidel) podemos seguir yendo a las librerías y llevarnos, sin colas ni aglomeraciones, las verdaderas maravillas que continúan publicando los editores que no se han transformado en proxenetas de la propaganda ideológica disfrazada de narratividad 'para todos'. Aquello que conocemos como literatura, o buena literatura, no morirá nunca, pero cada vez tendrá un papel y un lugar más reducido en la cultura, fenómeno que cada día que pasa se aleja más de lo que debería ser (una exhibición y aprendizaje de la excelencia posible) para transformarse en una simulación de integración cultural o ideológica: en la celebración del tópico, o de aquello más manido y previsiblemente inocuo, de lo que ya sabemos reforzado con propaganda y papelinas. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/san-fidel_129_5722034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 05:31:35 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/d27c1e9e-ec0a-43d1-9d41-7d607c943a16_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[WhatsApp Imagen 2026-04-23 a las 11.22.43]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/d27c1e9e-ec0a-43d1-9d41-7d607c943a16_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La primavera tenía un precio]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/primavera-tenia-precio_129_5714849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Parece que hemos vuelto a tener, estos días, un poco –demasiado– de controversia cultural a raíz de la publicación en castellano de lo que ahora consideramos que es la mejor novela de Mercè Rodoreda. David Uclés, la reciente estrella de la literatura castellana (lleva treinta ediciones vendidas de su primera novela, y la segunda, premiada con el Nadal, se está vendiendo bastante bien) escribe un epílogo e incluso ilustra, más bien feamente, la cubierta de la obra. A algunos líderes de opinión se les ha ocurrido criticar la propuesta, como si la literatura catalana no pudiera ser prologada por autores castellanos, por más que es el éxito de Uclés el que hace que pueda ser tentador que su nombre acompañe la novela de Rodoreda de cara a los lectores de España. Uclés, guste o no lo que escribe (y debe gustar, porque se vende) puede servir para atraer lectores, en un país, España, donde ni Rodoreda ni ningún catalán ha hecho mucha fortuna literaria escribiendo en catalán (pero sí los catalanes que han escrito en castellano, de Gironella a Cercas pasando por Mendoza… ). Uclés, sin embargo, no deja de ser un síntoma, y ahora ya un símbolo. Es indiferente que su literatura sea floja –como apunta la mejor crítica–: vende. Y porque vende se le da después un premio como el Nadal, porque ya se había hecho un nombre, por bien que se sepa que, cuando no era nadie, intentó ganarlo unas cuantas veces. Ya sabemos el pan que se da, pues: se le da un premio porque ya es alguien, no porque haya hecho un buen libro (todo el mundo dice que es una tontería). Antes, sin embargo, las cosas no funcionaban así. Los editores pretendían dirigir el gusto del público, no satisfacerlo o amoldarse a él ciegamente. La literatura, o más bien el mundo del libro comercial, es una más de las ramas de la economía de la atención, la cual ahora mismo también da forma a la cultura. ¿Quién llama la atención? ¿De quién se habla? ¿Quién consigue atraer las miradas y centrar las conversaciones, o los artículos, aunque sea para oponerse? Pues aquellos de quienes hablamos consiguen traducir esa atención en dinero, sea a través de la literatura o de la política. Eso es el trumpismo, pero también es Rufián, que afirma estos últimos días que prefiere estar en TikTok antes que en las bibliotecas; es en TikTok donde la gente pasa más horas ahora mismo. Y sabemos que tiene razón, pero al mismo tiempo sabemos que no debería tenerla. Hay gente muy hábil para saber dónde se tienen que poner: captan qué tienen que decir, qué tienen que hacer, con quién se tienen que relacionar para capitalizar la atención dispersa. Lo ha hecho Mendoza esta semana hablando contra Sant Jordi, y lo hace Uclés acercándose a un referente del cual nunca se ha dejado de hablar: sea Rodoreda o una ciudad de Barcelona reducida a museo de folklorismos culturales, a imágenes de camiseta, como la que él mismo ha elaborado para la cubierta de <em>La mort i la primavera</em>. Que todo esto sea polémico o criticado le favorece, curiosamente, no hace falta decir que mucho más que si fuera excelente y, por lo tanto, no hiciera levantar los ojos de la pantalla a nadie… Viva la cultura. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/primavera-tenia-precio_129_5714849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 05:31:51 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El millón]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/millon_129_5707790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La dotación de un nuevo premio literario en el estado español ha levantado una cierta polémica. En teoría, según las bases, los libros que pueden ser premiados con un millón de euros por Aena han sido publicados el año anterior en una de las lenguas oficiales del Estado, si bien, ahora que ya sabemos quiénes eran los cinco finalistas (todos recibirán 30.000 euros, menos la ganadora, Samanta Schweblin, que se llevará el millón) son en castellano. Los autores catalanes podrían optar a él, siempre que la obra tenga traducción castellana, ya que parece que los jurados no tienen por qué saber leer en catalán, euskera o gallego. Ignoro qué pasa con las obras escritas en otras lenguas oficiales que salen en castellano pero no lo hacen el mismo año de su publicación original: podemos pensar que ya no son premiables. Esto dificulta enormemente que ningún autor en catalán, por ejemplo, pueda aspirar nunca a este galardón, incluso que ser finalista ya sea una quimera. En esta primera convocatoria, que podría ser programática, todo han sido libros en castellano. Cuando un autor o autora gana el premio Planeta, ahora ya dotado con un millón, realmente no gana ningún premio: se lleva un anticipo de ventas, de tal manera que si el libro vendiera más de un millón de ejemplares todavía se le tendrían que añadir dinero (cosa que creo que no ha pasado nunca…). El Planeta es a una obra inédita, a un mecanoscrito que los autores presentan al galardón; pero no este nuevo premio de Aena, que viene a reconocer una obra que ya está publicada, y que, por lo que vemos, tiene un perfil más literario, o más de literatura personal y ‘de riesgo’, más allá de novelas de fórmula o de las martingalas más o menos exitosas que se venden bien y que suelen nutrir el negocio editorial. Pero la dotación de este premio –tan gorda– está levantando una cierta polémica, por lo que tiene de nouveaux riches, de ostentación brutal de poder (la empresa Aena es medio pública) y de desnivell, me gustaría añadir a mí, con los finalistas, o con lo que se ha hecho –ignorándolos– con otros libros publicados en lenguas también oficiales. Es muy probable que ninguno de los ahora finalistas vuelva a oler una cantidad así de dinero (ni ganando el Nobel, como se dice que podría Vila-Matas, otro finalista). Un premio así puede poner fin a la carrera literaria de un escritor, no hace falta decirlo: puede profesionalizarlo, si es lo que desea, pero también atraerá un foco sobre su obra que puede ser contraproducente, o incluso innecesario. Porque una cosa es ganarse la vida vendiendo libros a los lectores que te aprecian, y la otra es poder jubilarte porque una institución –aeroportuaria– te ha elegido más en beneficio de su prestigio cultural que del tuyo. Y todo en una semana en la que hemos sabido que un montón de editoriales catalanas ven peligrar su supervivencia porque resulta que no tienen no sé qué sello que certifica el ecologismo del papel con que imprimen… Y cuando los diarios publican menos crítica literaria seria que nunca en su historia, una crítica que debería arbitrar el gusto mucho mejor y mucho antes que los jurados de escritores que juzgan a otros escritores (que los juzgarán a ellos en el futuro).  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/millon_129_5707790.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 05:33:07 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
  </channel>
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