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    <title><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Melcior Comes]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/firmes/melcior-comes/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara Balears en Castellano - Melcior Comes]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[La demanda]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/demanda_129_5878451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Y ahora, de repente, elecciones en España. Parece que tendremos que ir a votar a finales de noviembre, y todo porque el gobierno de Madrid se ha puesto las pilas tarde y mal con el tema de la vivienda, mostrando al electorado, sin embargo, que quizás había un poco de voluntad política al mismo tiempo que ahora se puede culpar a la derecha (sobre todo a la catalana) del fracaso de unas medidas dudosas que pueden no funcionar en absoluto. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 05:32:11 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Proletarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/proletarios_129_5871932.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Es muy normal que la juventud esté muy enfadada por culpa del problema de la vivienda. Si algo marca el paso hacia la edad adulta es la posibilidad de independizarse, de huir de casa de los padres y poder hacer ya por fin una vida propia. Cuando esta posibilidad se frustra solo puede hacer crecer el desencanto, incluso la rabia, como se está viendo estos días en muchas capitales con las acampadas para protestar tanto contra la especulación como por los desahucios a personas vulnerables. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/proletarios_129_5871932.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2026 05:31:08 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una Mallorca negra y/o musulmana y catalanohablante no sería ninguna sustitución]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mallorca-negra-musulmana-catalanohablante-no-seria-sustitucion_129_5864839.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/722ca956-0e8e-469d-9e69-67f9e298e803_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Según las tesis de la derecha populista y nacionalista europea, se estaría orquestando una ‘Gran sustitución’: un reemplazo demográfico en las sociedades occidentales, sobre todo con la llegada de inmigración magrebí y subsahariana. Todo esto, según la teoría, se habría pensado desde las élites europeístas, que querrían acelerar esta sustitución étnica, detrás de la cual podría haber incluso a los judíos, la conspiración judía internacional y típica, la cual no tendría otro trabajo que ahora mover hilos, vengativamente, para borrar la blancura europea. Es una teoría que ha tenido un gran éxito, porque quien más quien menos teme la desaparición cultural o étnica, y debe su formulación intelectual a un libro de Renaud Camus. El terrorista supremacista que en el año 2019 asesinó a 51 personas en Nueva Zelanda asaltando dos mezquitas había hecho suya esta misma tesis, y había titulado como el libro de Camus su manifiesto criminal de setenta páginas, en el cual consideraba la inmigración musulmana una amenaza existencial para las sociedades occidentales. Este terrorista tenía un precedente europeo, el fanático que en el año 2011 asesinó a 77 personas en Noruega desde estas mismas tesis, hecho sobre el cual han hecho ahora una película de Netflix.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/mallorca-negra-musulmana-catalanohablante-no-seria-sustitucion_129_5864839.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2026 05:30:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gente en la calle Blanquerna de Palma.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[IA y miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ia-miedo_129_5858134.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Y ahora, de repente, la IA nos matará a todos. Todavía no hace ni cuatro años que llegó este aparato a nuestras vidas, y ya hay multitud de voces dentro de la misma industria que le da cuerda, que nos advierte de que sus responsables están asustados, y que ante el poder de lo que están poniendo en marcha no saben si parar o bien pedir que los paren con la ley en la mano. Esta IA era muy diferente de lo que teníamos antes: esta redacta, resume, traduce, argumenta e incluso programa, quitándole el trabajo, por lo que se ve, al tipo de profesionales que le dieron cuerda en primera instancia. Pero si uno se informa o hace un poco de investigación ve que la IA ahora mismo ya está salvando vidas: en la radiología y detección de cáncer, por ejemplo, o en oftalmología, donde la IA examina fotos de retinas y detecta de repente retinopatías en la atención primaria sin tener que ir al especialista. Hay multitud de sistemas que encuentran también arritmias, imágenes cardíacas ahora tratadas con IA, datos que el sistema puede procesar de una manera más acelerada y eficiente que la inteligencia del médico, y hace más complicado que incluso las anomalías más pequeñas pasen desapercibidas. Solo estos últimos años, desde que la IA ha empezado a hacer de médico, por decirlo así, se estima que se han salvado casi 50.000 vidas adicionales anualmente en todo el planeta. Pero ahora resulta que esta tecnología nos tiene que matar…: hay gente que se está tomando pastillas desarrolladas gracias a moléculas que la IA ha estructurado y a la vez teme que, de alguna manera, la IA también sea responsable de alguna clase de apocalipsis. La IA nos parece una amenaza porque cualquier cosa humana o medianamente consciente ya nos parece una amenaza. Nuestros vecinos tienen conciencia y libre albedrío, pero ¿nos dan miedo? En el caso improbable o difícil de que la IA tuviera conciencia propia: ¿cómo la diferenciaríamos de una IA que simplemente simula tenerla? ¿Y qué diferencia puede haber entre tener conciencia y tener una simulación de ella que puede ser más efectiva o profunda que la de nuestros conciudadanos? ¿Y por qué no se debería poder desenchufar? Los miedos a la tecnología son tan antiguos como la propia tecnología: el miedo de Platón a la escritura, o más modernamente el miedo a la imprenta, que haría correr todo tipo de herejías, de ideas falsas o informaciones que podían poner en duda la relación que se tenía con la autoridad o con la misma realidad. ¿Los responsables de estas empresas que ahora mismo desarrollan las herramientas de IA propagarían estos miedos si supieran que todo ello puede poner en peligro sus negocios? Son empresas emergentes, que están siendo valoradas en millones —en cientos de millones— de dólares, y curiosamente cada vez que hablan de estos ‘avances’ envolviéndolos de esta aura de miedo, no hacen más que atraer inversiones más cuantiosas. No están hundiendo sus negocios: el apocalipsis que quieren apuntar en el horizonte es una forma de reclamo, ya infalible, además, porque cuanto más miedo más poder, y cuanto más poder más capacidad tendrá una herramienta para hacer las cosas ilegales que ahora quizás están haciendo a la hora de apropiarse del <em>software</em> de los otros.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/ia-miedo_129_5858134.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 05:32:50 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las consecuencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/consecuencias_129_5851024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Una de las observaciones más graciosas que me han hecho como escritor es que para mí debía ser sencillo escribir, incluso “escribir bien”, porque yo soy “de Mallorca”. Como si ser “de Mallorca” ya lo diese todo hecho; ya sabemos que sa Pobla es como Bagdad, y que todo el mundo que vive allí o pasa por allí está cargado de historias o romances siempre maravillosos e interesantes, y que lo único que tenemos que hacer los escritores es prestar atención y ponerse manos a la obra. He pensado en esta anécdota leyendo ‘<em>Les conseqüències</em>’, de Pere Antoni Pons, que acaba de ver la luz en la editorial Proa. El autor lleva años demostrándonos que es uno de los escritores más sólidos, formados y lúcidos de nuestra literatura, un animal de pluma que no se arredra ante ningún género, y que con una obra diversa, amplia y de alcance total ha sabido hacer versos memorables, y entrevistas, y construir un articulismo formidable. Ahora Pons vuelve a la novela después de aquel fresco terrible y obsesionante que fue <em>Contra el mundo</em>. Lo que encontrará el lector en <em>Las consecuencias</em> es una novela en apariencia autobiográfica, que no esconde que el narrador y protagonista pueda tener también los rasgos del autor. Novela de la crisis personal de un creador, de un escritor que vive de escribir para los periódicos, y que de repente se encuentra ante un gran misterio, es decir, ante una gran historia, de aquellas que pueden dar fama y fortuna a un periodista, o a un novelista si consigue transformarla en una buena narración. El libro es seductor casi por lo mismo que decíamos: parece que Mallorca –Campanet– y su pasado de maravillas y horrores ya basta para darle impulso a un relato que mezcla la intriga clásica con el diagnóstico de actualidad más despiadado y sucio que podamos echarnos a la cara. El protagonista busca una determinada historia, sí, y que encima sea verdad, pero lo que va encontrando, como el rey que escuchaba a Scheherezade en <em>Las mil y una noches</em>, es otra historia que complica la primera, o la enmarca en otra más grande y todavía más extraña. Con una excusa más o menos clásica –aclarar la existencia de dos probables listas de víctimas, o el porqué de la visita de una pareja de nazis a Campanet el año 1940– el narrador va desplegando una galería de personajes demoledora, una entrada a saco en los círculos más oscuros de la ultraderecha españolista en Mallorca. El libro no decepcionará ni a los amantes de una aventura tradicional ni a los apasionados por una narrativa más punzante o disruptiva, y es que, poco a poco, a medida que vamos profundizando en capas y capas del misterio, todo ello se va haciendo más alucinante e improbable, hasta que esta misma imposibilidad acaba convenciéndonos de que estamos ante la última capa de una realidad desconocida. Hace falta mucho oficio para hacer una novela de lectura tan fácil, pero que a la vez intente dar una respuesta al misterio de la vida, del poder y del amor. <em>Las consecuencias</em> nos habla de la locura de escribir, de vivir y de querer saber en una Mallorca de las mil y una noches de insomnio, de añoranza y de aventura.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/consecuencias_129_5851024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2026 04:59:35 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oídos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/oidos_129_5844193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c86b2aca-9b62-4600-aec3-5c09ea200cde_16-9-aspect-ratio_default_0_x2655y1434.jpg" /></p><p>Walter Benjamin nos enseñó que las obras de arte, al verlas reproducidas en un libro o en una postal, pierden ‘el aura’. Es obvio que una reproducción puede ser buenísima, incluso absolutamente fiel a los colores y a las medidas originales –en el caso de una pintura–, o que el observador puede hacerse una idea muy cabal de lo que es, por ejemplo, la Mona Lisa. Pero una reproducción de <em>La Gioconda </em>no es la original, porque la original tiene la susodicha ‘aura’, que le viene de aquella teorizada ‘lejanía’: la original ha atravesado el tiempo, a menudo también el espacio, y aparece ante nosotros en un lugar, sin perder ni su misterio ni su autoridad. El concepto de aura, pues, ahora vuelve a estar de moda, parece que debido a los jóvenes que se encuentran para competir en unas fascinantes y un poco grotescas ‘batallas de aura’, la cual antes se ha tenido que cultivar, o ‘farmear’, según dicen ellos, haciéndose suyo un verbo inglés, sobre todo aprendido en los videojuegos. Se cultiva el aura porque mediante las batallas o enfrentamientos entre diferentes jóvenes se consigue que aumente la percepción social que los demás tienen del propio carisma, del estilo, de la presencia, la seguridad o la capacidad de mostrarse ‘<em>cool</em>’. Pero los jóvenes la saben más larga de lo que parece; debemos querer ir más allá de la crítica ciega y destructiva que muchos hacen en las redes para terminar de entender ‘el juego’, porque todo ello es demasiado revelador. A menudo solo hace falta poner un poco de cuidado. Porque cuanto más aura quieres tener menos tienes, o cuanto más parece que quieres hacerte el bueno y el carismático más se te ve el plumero y pierdes la partida completamente. No diría que dentro del campo literario las cosas funcionen de una manera muy diferente: hay quien tiene aura y quien no la tiene, y nadie parece más grotesco ni prescindible que quien quiere sobre todo cultivar el aura, es decir, ponerse a mover hilos o botones para parecer que se tiene grandeza o acierto o gracia, cuando precisamente si se tuviera todo eso no se tendría que hacer nada, porque ya estaríamos ahí. El juego o la ironía es competir por una cosa de la cual no se debe querer la victoria, porque solo con quererlo –o con exhibir ese deseo– ya no te lo pueden dar. Debe ganar quien menos parezca quererlo, y al mismo tiempo quien haga las cosas que, por una razón o la otra, acaben fascinando más al público. Ahora el aura se cuantifica, como también nos enseñó a hacer Benjamin, que sabía ver qué cosas eran o no ‘auténticas’. Y es aquí donde el arte vuelve, porque todo ello es pura simulación: se tiene que hacer ver que no haces nada, ningún esfuerzo, o que la manera de vestir, caminar, bailar o mirar no son fruto de horas de ensayo y error. Si para Benjamin el aura quedaba destruida por culpa de la técnica, estos jóvenes han aprendido que es la técnica la única manera en la que la pueden cultivar. El arte era irrepetible, pero el aura que ahora se busca tener no acaba siendo más que una reputación de singularidad producida mediante la repetición. El arte no les dice nada, seguramente, pero lo que hacen no es más que buscar de una manera más o menos vistosa la experiencia artística. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/oidos_129_5844193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2026 05:38:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jóvenes participan en una batalla de aura en Sevilla el 1 de septiembre de 2026]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carácter local]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/caracter-local_129_5837918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Supongo que cuando uno está fuera de casa se fija más en el carácter de la gente. Hace unas décadas, por Mallorca corría un libro que se decía <em>Queridos mallorquines</em>, atribuido a un autor llamado Guy de Forestier. El autor era realmente un arquitecto catalán, me parece, que hacía años que se movía por Mallorca y decía haber descubierto las particularidades del carácter local, que se encargaba de exponer con una más que cuestionable gracia, pero con bastante éxito y reediciones. Las reflexiones, sin embargo, sobre qué marca el carácter local de los pueblos o de los autóctonos de un determinado lugar son tan numerosas como la historia de la antropología, así Hipócrates, cinco siglos antes de Cristo ya intentaba pensar de qué manera el clima determina el talante de los pueblos. Aristóteles quiso pensar el carácter de los griegos como un punto medio entre los valerosos del norte y los asiáticos, rapaces pero sin espíritu. Y desde entonces nos hemos visto a nosotros como los ‘buenos’, en contraposición a los bárbaros, o aquellos que tienen costumbres violentas, pero a la vez son austeros y temerarios. Todas las reflexiones sobre los ‘caracteres nacionales’ son más que cuestionables, sobre todo porque nos enseñan a ver a los demás como tópicos, por mucho que la estadística o la mirada foránea pueda acabar encontrando rasgos comunes. Si uno se mueve por Galicia, por ejemplo, puede acabar dando la razón a los que hablan de un ‘carácter gallego’, que no tendría por qué ser muy diferente del carácter mallorquín, o al menos en alguno de sus rasgos más notorios. La famosa ‘retranca’ o ironía, reserva o tendencia a no acabar nunca de decir lo que se piensa podemos decir que también la compartimos; dice el tópico que si encuentras a un gallego en medio de una escalera es difícil aclarar si sube o baja, en parte porque él mismo te dice que ‘depende’. Tampoco hace falta ser antropólogo ni historiador de las culturas para darse cuenta de que el carácter que se forma en los minifundios o en los núcleos rurales muy aislados entre sí puede acabar siendo muy diferente del de las grandes concentraciones urbanas. Pero la niebla, los bosques, el mar y los naufragios, vivir de cara al Atlántico, o la especial relación con la muerte acaban definiendo el carácter de una manera muy particular, especialmente opaco para los forasteros, y todo esto más la lengua propia hacen un país elevado sobre una memoria y unos entendimientos a los cuales es difícil acceder. Quizás el carácter de un pueblo no es, al fin y al cabo, una esencia, sino una manera de protegerse. Hay comunidades que se han defendido con murallas y otras con una lengua, unos silencios, una ironía o una cierta desconfianza ante el forastero. Y quizás es aquí donde el turismo de masas resulta más transformador: no porque traiga gente de fuera, sino porque obliga a los de dentro a hacerse accesibles, amables y traducibles con Google. Un país turistificado acaba explicándose continuamente a los demás y, a fuerza de explicarse, corre el riesgo de simplificarse hasta el cliché. Tal vez el último privilegio de un pueblo sea conservar algo que el visitante no pueda comprar ni entender del todo: el derecho de continuar siendo, en alguna medida, opaco a los ojos de quienes solo están de paso.   </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/caracter-local_129_5837918.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 05:30:37 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Xenelasia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Uno de los factores que más deben decantar la balanza a la hora de saber si una zona del planeta tiene un futuro o no turístico debe implicar determinar el grado de autoestima o de identidad más o menos marcada que tienen sus nativos. No debe ser sencillo turistificar aquellos lugares donde los autóctonos son cerrados y huraños, entre ellos y delante de los demás, o aquellos lugares donde la lengua local está tan arraigada y es tan impenetrable que los forasteros no terminan nunca de hacerse un lugar ni que lo quieran. En Esparta existía incluso la institución de la ‘xenelasia’, o el derecho de expulsar a los forasteros que pudieran corromper las costumbres locales. El turismo como fenómeno de masas implica, en primer lugar, que la gente está dispuesta a viajar, y que tiene curiosidad y recursos para ver otras zonas del planeta, pero sobre todo implica que buena parte de los autóctonos de un determinado lugar deben cambiar, y no solo de trabajos sino de moralidad y de actitud. Quizás por eso cuando una zona está muy turistificada quien la gestiona ya no son los trabajadores locales sino los inmigrantes, la gente que ha venido de fuera a trabajar, y que puede tener aquel grado de cortesía descomprometida, vacía y estereotípicamente amable que se espera casi en todas partes. El sector turístico tiende a sustituir relaciones personales y arraigadas por la profesionalización de la atención al cliente. Hay muchos lugares de Japón, por ejemplo, donde los turistas no son bien recibidos, y hasta se les niega una mesa en los restaurantes, por mucho que haya sitio para los comensales de la zona. En otros sitios, por ejemplo, no pondrán nunca los menús de los restaurantes en inglés o en cualquier lengua ‘internacional’ o foránea, y quien quiera comer allí que se adapte o aprenda la lengua del país, cosa que contrasta enormemente con lo que hemos hecho en las Islas, por ejemplo, donde nos hemos encargado por sistema de suprimir y ocultar aquello que es propio, desde la cocina a la lengua, por no hablar de los que han hecho este trabajo de vitriolo desde elcastellanismo poniendo todo a los pies de una España que no se adapta a ellos cuando el viaje se hace en sentido contrario. Pero una sociedad sana debería permitirse el lujo de no gustar siempre. Tener horarios particulares, una cocina impresentable o una burocracia pesada para los forasteros. Pero ahora todo se convierte en un producto que debe ajustarse a las expectativas de los visitantes; la turistificación no es solo la llegada de millones de personas, sino la transformación psicológica de una comunidad, que acaba mirándose con los ojos del visitante y modificándose para satisfacer esa mirada sedienta. Es un mecanismo muy profundo porque cuando esto pasa, la renuncia ya no parece impuesta desde fuera, sino que se vive como una decisión libre, casi como una virtud: la de ser siempre amable, estar siempre disponible y ser siempre comprensible. Esta es, probablemente, la forma más sutil y duradera de transformación cultural, el agujero por donde entra un líquido corrosivo que lo acaba matando todo.  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/xenelasia_129_5832308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 05:30:45 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El templo del Sol]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/templo-sol_129_5827119.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En medio de la marjal poblera, el eclipse se ha visto genial. Desde días antes que había probado de vislumbrar cómo estaría el Sol a aquella hora, y la verdad es que según las previsiones y la zona, en aquel momento el Sol quedaría detrás de nuestra Serra, perdido más allá de Búger y Campanet. Muy probablemente no era el mejor lugar de Mallorca para apreciar la cosa, pero lo quería hacer desde encima de la pared del lavadero de mi abuelo Joan, a quien la cosa le habría divertido sobremanera. Es bien cierto que la tentación de mirar el Sol es tan antigua como Dédalo, y que, saturados de espectáculos, ya no nos quedaba otra cosa que consumir que un espectáculo cósmico. Si una cosa caracteriza el capitalismo de ahora es que se basa en la atención, en la capacidad de toda artimaña para atraer los ojos de la gente y mantenerlos encima. Lo que crea riqueza no es vender cosas sino comprar y vender atención, porque quien consigue esto puede construir encima cualquier trapicheo comercial. El eclipse, sin embargo, ha democratizado la atención, y ha puesto al alcance de todos de estas comarcas la posibilidad de ver cómo la bola de fuego del Sol, detrás del cristal de las gafas seguras y asequibles, se iba tapando por una bola negra que irrumpía desde la izquierda y desde abajo, como un globo hambriento. Es una banalidad, y al mismo tiempo una maravilla. ¿Qué hemos ido a ver sino una ocultación? ¿No se hacen más presentes las cosas cuando hacen ver que se esconden? Nadie quería perdérselo, o decir que no lo había visto, si bien, en esto también ha habido sus esnobs, sus desordenados, sus eruditos de pacotilla y los que no dejaban de sufrir por los ojos de la juventud. A mí me interesa más la sociología que la astronomía, y por eso acaba siendo más ilustrativo del mundo en que vivimos lo que pasa en la Tierra que lo que acontece en el cielo. Hemos visto que casi todo el mundo se lo ha tomado como unas campanadas de Fin de Año, o quien, cuando todo ello ha terminado, se ha preguntado en voz alta qué tocaba ahora, como si los astros estuvieran en el cielo para hacernos el payaso. Tras los plásticos oscuros, sin embargo, todo aquello solo era un juego de luces y sombras, no nos engañemos. Nada comparado con el primer eclipse que ‘vivimos’, que no fue televisado sino en cómic, cuando Tintín se salvaba de ser quemado vivo invocando al Sol un día marcado por el eclipse ante los idólatras incas. Hoy en día se calificaría el episodio de eurocentrista, o de arrogancia blanca, el dominio colonial de quien sabe frente a quien no sabe y puede ser –debe ser– manipulado para sacarlo de la ‘barbarie’. El eclipse también ha servido para volver a sacar a nuestros paranoicos, que ahora no se fiaban de las gafas homologadas, igual que antes no se fiaban de las mascarillas o de la verdad de la covid. Hay para ponerle sillitas, es cierto, pero mirando el horizonte, allí donde nuestro Sol amado se va a acostar, hoy bien tapado por una Luna entrometida. A ver si el Sol mañana vuelve, a aplastarnos hasta hacernos volver más tontos. Hasta agosto del año que viene, que dicen los sabios que habrá otro –de parcial, al menos en nuestro rincón de planeta. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/templo-sol_129_5827119.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 05:31:12 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Náufragos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/naufragos_129_5822143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Uno de los deportes preferidos de los intelectuales, por lo que estamos viendo, es ponerse en contra de lo que agrada a las masas. Lo que menos se debe perdonar a Christopher Nolan no es su cine, sino que este agrade, haga caja, y al mismo tiempo cuente con el prestigio de buena parte de la crítica y de la Academia.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/naufragos_129_5822143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Aug 2026 05:30:44 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Vete a casa']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/vete-casa_129_5817109.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El debate en torno al turismo, ahora ya transformado en reivindicación ciudadana movilizada en las calles, viene de muy atrás. Desde hace décadas sabemos o debatimos sobre el modelo económico basado en el turismo, muy a menudo sin haber acabado de entender las implicaciones de todo ello, cuál es la raíz profunda del problema o cuál es la viabilidad posible de las soluciones. Desde el ecologismo siempre se nos ha dicho que el turismo destruye el entorno, porque obviamente donde hay un hotel podría haber un pinar, y cabras salvajes en lugar de un matrimonio de holandeses. Toda la generación de mis abuelos, por ejemplo, vio cómo Mallorca se transformaba de un país de huertos y pueblos a un entorno de hoteles y bloques de apartamentos, y algunos supieron aprovechar el empuje de todo ello y se hicieron muy ricos, y empezaron a ver la antigua Mallorca como una pocilga, o de campesinos ofuscados que no sabían adaptarse a los tiempos encendidos de una fiebre de oro. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/vete-casa_129_5817109.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Aug 2026 05:30:48 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Triunfadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/triunfadores_129_5811564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Estos días de celebración patriótica en honor de los futbolistas de España que han ganado el mundial, vemos cómo no hay forma de nacionalismo que no se haga en contra de buena parte de las ‘naciones’ implicadas. España puede ganar a Argentina o a quien sea, pero lo que debería ser el símbolo de una superioridad deportiva de un grupo humano sobre otro se convierte en el emblema del supremacismo de un grupo o de una idea de la nación española por encima de los otros pueblos de España. Son victorias que sobre todo se celebran hacia dentro, y nada hacia fuera. Sirven de cara al interior; los del exterior ni se lo miran o pasan completamente, entre rabiosos o indiferentes. Los que dicen que el fútbol se debe separar de la política deberían admitir, como mínimo, que es imposible separar los resultados deportivos, porque de inmediato son usados políticamente como instrumentos de imposición simbólica, como emblemas de una identidad que borra o arrincona unas otras. Y no hace falta decir que son instrumentalizados por el poder de turno, sea este la monarquía o el progresismo del gobierno de Madrid, que se lo hará venir bien para interpretarlo todo de cara a su trifulca electoralista. España podría ser un proyecto plural, multilingüe, diverso e integrador, no hace falta decir que es teórica e intelectualmente posible, pero en la práctica es un proyecto de disolución, de asimilación y borrado, o que incluso vive con incomodidad, no la catalanidad de algunos jugadores, sino su diferente color de piel o su fe en el Islam. No ha habido ninguna fiesta de celebración del mundial que no se haya erigido en una fiesta de escarnio, donde los cánticos contra las minorías del mismo estado español son habituales, sin ninguna burla por los rivales caídos de camino a la final. Los estados se hacen contra las naciones, no contra los otros estados, que también son máquinas políticas de destrucción masiva de lenguas y diferencias, a las cuales, no hace falta decir, se renuncia de gusto, todo para poder participar del triunfo sin cavilaciones ni mala conciencia. Estamos viendo cómo sobre todo son los niños los que son asimilados en esta clase de explosiones de euforia colectiva, porque sobre todo es una forma de infantilismo, este nacionalismo basado en la ignorancia o el menosprecio o incluso el autoodio que te lleva a olvidar tu identidad o lengua y a querer integrarte en la masa ‘triunfadora’.  </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/triunfadores_129_5811564.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jul 2026 05:30:45 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Babel y la nación]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/babel-nacion_129_5805246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>La maldición de Babel –como nos recuerda Joan-Lluís Lluís en un ensayo magnífico, <em>Baila con Babel</em>– se basa en el equívoco de suponer que la variedad lingüística es una maldición divina, un castigo, cuando, de hecho, es todo lo contrario: un regalo de Dios, o de una Humanidad que se enriquece a sí misma cuando aborda el problema de la comunicación y la memoria y el conocimiento personal y colectivo desde miles de perspectivas diferentes.Fue el monolingüismo del mito bíblico el que llevó a la idea de levantar la torre. Una sola lengua significa una sola manera de entender el mundo, una sola narrativa, una sola cultura, una sola autoridad. Y es precisamente entonces que aparece el proyecto imperial. Vivimos, no en las ruinas de la torre, sino en el continuo proyecto de levantar nuevas y eliminar los otros miles de maneras de representar la vida y el mundo. Llamadle torre o estado nación. Llamadle como queráis. Cada lengua deposita no solo categorías gramaticales, sino metáforas, clasificaciones de la naturaleza, concepciones del tiempo y formas de cortesía, relaciones entre el individuo y la comunidad. Es la uniformización lingüística del planeta lo que lo hace un lugar más violento e inhabitable. Son las ganas de borrar lenguas lo que lleva a las ganas de borrar a las personas que las hablan y que se empeñan todavía en quererlas hablar y transmitir a los hijos. J.M. Coetzee dice que mientras matemos animales mataremos personas, y que los mataderos son las antesalas de los exterminios de masas entre humanos. No son los mataderos, sin embargo, sino los lingüicidios. Las políticas y las actitudes de asimilación cultural que llevan a la marginación lingüística son la antesala de los genocidios. Hecho que está históricamente documentado: los ejemplos de esta aseveración son innumerables. No hay lenguas superiores a las otras; no hay lenguas que fallen a la hora de expresar el amor y el conocimiento y las abstracciones.Cada lengua podría aportarnos un concepto redentor, ganador, una iluminación de sentido que perdemos para siempre. Porque igual que el griego dio luz a los conceptos que alimentan todavía buena parte de nuestra filosofía; el latín, las categorías jurídicas; el árabe medieval, el vocabulario científico y ahora el inglés nos da del lenguaje tecnológico, las otras lenguas del mundo podrían hacer su aportación, si no las dejamos morir en el desconocimiento y el silencio.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/babel-nacion_129_5805246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jul 2026 05:31:08 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El boomerang]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/boomerang_129_5799140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En este mundo se hablan más de 7.000 lenguas. Lamentablemente, sin embargo, más de 3.000 están amenazadas de desaparición. Y no estoy hablando de nuestra lengua catalana, que por mucho que sufra ataques cada día está lejos, todavía, de sufrir las circunstancias que tienen que afrontar las lenguas que de aquí a pocos meses no hablará nadie. Porque estamos dejando morir lenguas a un ritmo furibundo: cada dos semanas desaparece una lengua en este mundo. Esto, en pleno siglo XXI, cuando parece que la IA hace milagros, y que la moralización de la sociedad había llegado a niveles más altos que en ningún otro período de la historia. Porque la inmensa mayoría de personas de este planeta hablan lenguas que son grandes demográficamente hablando, unos pocos centenares de lenguas que acaba hablando el 90% de la población global. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/boomerang_129_5799140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 05:32:46 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obsesión y consentimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/obsesion-consentimiento_129_5792207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El estreno de la película <em>Obsesión</em> ha coincidido en nuestro rincón del mundo con una polémica –¿sexual?– notable. Un político de más de 30 años ha sido finalmente expulsado de un partido político nacionalpopulista, porque mantiene relaciones afectivas con una menor de edad, si bien la niña ya tiene 16 años, la mínima para el consentimiento sexual (recordamos que antes era 14). Entre los dos había una relación de alumna-profesor, hecho que aún enturbia más la cosa.En las redes sociales se ha levantado un revuelo tremendo, motivado por la necesidad o no de posicionarse como sociedad en medio de una relación de este tipo, o por si basta con simplemente ceñirnos a la ley y dar por bueno el vínculo una vez se admite que el consentimiento de la chica es válido. Pero aquí hay una confusión de términos demasiado evidente: la ley habla del consentimiento sexual, y que las relaciones a partir de entonces pueden ser consentidas y, por tanto, deja de haber delito de abusos. Pero ¿qué tiene que ver esto con una relación? Incluso no sabemos, ni tenemos por qué saber, si ha habido alguna vez sexo entre los dos, aparte de la historia de amor (“relación sentimental”, dice el profesor en un comunicado público) que ha motivado el follón.Aunque podamos suponer que sí, el hecho sexual pasa a un segundo término, porque lo que interesa evaluar es hasta qué punto un hombre de más de 30 años juega limpio cuando entra a seducir a una mujer –¿mujer?– tan joven, la cual además ‘educaba’. Ponerse a evaluar esto no es de puritanos ni de estirados, ni de moralistas herederos de la Iglesia, la cual siempre ha casado a la gente con menos edad y todo. El tema es que el amor puede ser muy bonito, pero la vida es larga, y todo aquello que nos parece amor, al final quizás solo es dependencia emocional, e incluso abuso, el cual, más allá de que sea penalmente reprimible, no puede dejar de verse cuando las personas no son muy conscientes de lo que hacen o sienten. La escritora Vanessa Springora ha hecho un libro admirable sobre todo esto (<em>El consentimiento</em>); es la misma chica ‘enamorada’ quien después se gira hacia la sociedad y le pregunta: ¿Por qué me lo permitisteis?En la película <em>Obsesión</em>, recién estrenada, vemos algo similar: un chico hace que una chica se enamore de él con un conjuro mágico, y a partir de entonces no se la puede quitar de encima. El film se está convirtiendo en un fenómeno, y no me extraña, porque está magníficamente rodado e interpretado, sobre todo por la actriz (Inde Navarrete) que hace de chica ‘enamorada’. La consumación del sueño sexoafectivo del joven bobo se transforma en una historia de terror mayúscula, porque no hay nada más espantoso que un amor forzado. O que un amor verdadero en un mundo donde ya no tiene lugar, o cuando el enamorado no sabe estar a la altura de lo que se le da. Los hay que han querido ver en la película también una alegoría del consentimiento forzado, o de aquellas relaciones basadas en el engaño, o de la dependencia emocional de los amores jóvenes, que siempre son dolorosamente enfermizos. ¿Y quién es el monstruo, entonces, la chica fatalmente ‘enamorada’ o quien ha forzado este amor con malas artes?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/obsesion-consentimiento_129_5792207.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2026 05:30:24 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Motos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/motos_129_5785459.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Una práctica usual en ciertas cadenas de supermercados ha sido ofrecer, al principio, productos de toda clase, para al final descubrir qué quiere verdaderamente el cliente. Una vez hecho este ‘descubrimiento’, sin embargo, se dejan de vender estos productos para empezar a vender productos iguales o similares pero solo de la marca del mismo supermercado. Allí donde había un producto ‘de marca’ ahora hay uno genérico o de ‘marca blanca’, quizás más barato y de calidad más o menos idéntica. Así, hay supermercados (y grandes vendedores <em>online</em>) que casi solo han acabado vendiendo productos de su mismo sello, incluso de cosas tan básicas como el agua o los huevos. Hay librerías que básicamente venden libros –los tienen más visibles o bien colocados– de las editoriales que pertenecen al mismo conglomerado de empresas a quien pertenece la librería: todo queda en casa. Y una cosa muy similar ha pasado con las llamadas redes sociales. Al principio, uno se apuntaba para ver a los amigos y conocidos, o a la gente de su sector de actividad, o a aquellos referentes de lo que más interesaba: periodistas deportivos, críticos de cine, gente cuyo contacto nos convenía por un motivo u otro. En la película sobre el nacimiento de Facebook (<em>La Red Social</em>, ganadora del Oscar) veíamos que el éxito del invento venía de la capacidad de unir personas y crear vínculos, facilitar conocimientos, ligar, etc. Que esto viniera de la mano de una persona insociable y a través del relato de los juicios que le habían puesto los amigos no era más que otra de las grandes ironías de la historia. Pero entonces se habló de solidaridad e incluso de democracia de las comunicaciones en una nueva era que internet acababa de empezar. Pero ahora las ‘redes’ no son eso, ni mucho menos, porque han hecho como los supermercados: se han convertido en depósitos de aquello que al amo más le interesa vender, y que no son precisamente los productos de los otros sino los suyos. Contenidos que ya no son los que venden nuestros amigos, sino los que crean una serie de personajes muy conocidos, a los cuales sigue todo el mundo pasivamente y sin interacción verdadera. Es curioso cómo se han transformado en lo que eran las televisiones, pero personificadas después del estudio que el algoritmo hace de cada uno de sus usuarios. Ya no son debate y sorpresa a raíz de los intereses de cada uno, sino entretenimiento y captación de la atención para su reventa con intenciones comerciales e ideológicas. Es decir: el invento primario de la cultura de masas. Y todo porque ha sido la manera de hacer rentable un invento que era gratuito, pero que en el fondo pagábamos con nuestra atención, nuestro tiempo y nuestros datos. Todo esto no es obviamente nuevo. Pero a menudo hay que pararse a reflexionar sobre cómo nos venden una moto para después transformarla en otra cosa, cuando ya nos han dado demasiadas vueltas encima. No me sorprendería en absoluto que lo mismo acabara pasando con la IA, porque repite el mismo patrón que los otros inventos digitales que nos han llegado en las últimas décadas. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/motos_129_5785459.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 05:32:22 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escenario del sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/escenario-sueno_129_5778671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En la película <em>Dream Scenario</em> se nos explicaba qué pasaba cuando una persona normal, un profesor que interpretaba Nicolas Cage, se convertía en la persona más célebre del planeta. Y no porque hubiera hecho nada especial: simplemente empezaba a salir en los sueños de todo el mundo. Todas las personas del mundo afirmaban, realmente o por no quedar al margen, que habían visto en sueños al profesor Matthews, para los demás, un personaje gris y olvidable. La fama llegaba de una manera tan gratuita como le está llegando ahora mismo a Tim Payne, un jugador de fútbol de Nueva Zelanda que participa en el mundial en curso. Payne no ha hecho nada para ser famoso; precisamente es famoso, ahora, porque no lo era. O porque era el que tenía menos seguidores en las redes en una selección no muy prometedora de cara al triunfo (nunca ha ganado ningún partido de una fase final). Pero Payne fue el elegido de un creador de contenidos argentino para hacerlo famoso; simplemente lo ha elegido y ha pedido que todo el mundo simpatice con él por encima de las explosiones de orgullo patriótico que suelen vertebrar las pasiones futboleras. Y sí, Payne pasó en pocos días de ser un futbolista cualquiera a tener más seguidores en las redes que habitantes tiene su propio país, simplemente por un capricho o idea de un <em>influencer </em>del otro lado del mundo, y de una manera incluso más arbitraria que el profesor de la película. En la actual economía de la atención, sin embargo, esto no es una anécdota o una historia curiosa. Tal como en la película, lo primero que pensaba el profesor era cómo aprovecharlo, ya que hoy en día tener la atención de la gente (que sepan quién eres y te escuchen) es el capital principal a partir del cual puede crecer la economía personal y colectiva. Así, no hace falta decir que el futbolista se ha puesto muy de cara; se ha dirigido a sus millones de nuevos seguidores y ha “agradecido el apoyo”. He aquí el funcionamiento de la economía de la atención: todo se basa en captar y mantener la atención de la gente, sea de la manera que sea, gracias a las redes evidentemente, las cuales construyen nuevas famas casi cada día, con la misma arbitrariedad que los sueños. Ahora que Payne tiene la atención de las masas, o de determinada gente del planeta, podrá capitalizarlo: hará anuncios, posts remunerados que verán millones de personas, la fama crea más fama y el dinero hará más dinero. Y todo a partir de un capricho o jugada de los nuevos dioses digitales, o de la ociosidad frenética de las nuevas masas en red, que se entrenan con el juego de la atención al mismo tiempo que ansían que algo igual les pase a ellos. O que por un golpe de suerte alguno de sus contenidos se haga viral; o incluso hacen las cosas, o las viven, en función del rendimiento que podrán sacar en las redes. Pero tal como en la película de Cage, la tortilla puede girar en cualquier momento. El profesor empezaba no a salir en los sueños sino en las pesadillas, rodeado de sangre y de dolor, y se iniciaba la infamia de ser odiado de una manera tan gratuita como antes se había sido admirable.   </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/escenario-sueno_129_5778671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 05:31:32 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Creer y practicar]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/creer-practicar_129_5771416.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Dicen los números del CIS que el tanto por ciento de personas que van a misa en el conjunto de España no llega ni al veinte por ciento del total de la población. En Cataluña, el porcentaje cae a menos de la mitad. El número de creyentes es más elevado, ya lo sabemos, de los que efectivamente después practican. Si estamos hablando del catolicismo romano, esto debe obligar a hacer algo, no debe bastar la simple manifestación retórica de la fe. Casi la mitad de la población se define como atea, agnóstica o indiferente. Y quizás lo más destacable sería saber si al bien común le interesa más que seamos cristianos o no, o si colectivamente nos irían mejor las cosas si hubiera un acuerdo, de raíz cristiana, entre todos nosotros. La visita del papa León XIV a nuestro país sirve para hacernos muchas preguntas, sobre todo al ver de nuevo el fervor que despierta un Santo Padre, muy por encima de lo que puede motivar una estrella del pop o cualquier otro personaje civil. Toda esta pasión tiene un punto de estridencia y de comedia, incluso de fealdad y de pose, y nos obliga a preguntarnos por qué, siendo aparentemente tan devotos y buenas personas, vivimos en una sociedad tan desigual, innecesariamente violenta, egoísta, intolerante y despreciativa ante las diferencias. Y que nos recuerda que la Iglesia ha sido un nido de criminales y de pederastas, amparados por la curia, todavía, una autoridad que busca más proteger que colaborar con la justicia y ponerse del lado de las víctimas. No deja de ser absolutamente abominable. Porque una cosa debe ser la fe y la moralidad, y otra las obras, y otra todavía debe ser simpatizar con una mafia de la pederastia (y del coleccionismo de arte y de la especulación inmobiliaria). Intenté escuchar el discurso del papa a los políticos, pero lo primero que pensé es que no debería haberse producido, o no en la sede de la soberanía popular. Un líder religioso no debe hacer discursos políticos en un recinto parlamentario, porque no estamos en un régimen islámico sino en una democracia liberal que ha separado el Estado de la Iglesia. Evidentemente, allí hizo política, o manifestó sus ideas en defensa de la ‘vida humana’, entendido esto como crítica al aborto y a la eutanasia. Pero aun así ni el papa mismo debe creer lo que predica; ya le pesa que ni aquí ni en ningún sitio volverán a prohibir el aborto, y en todas partes se implanta el derecho a morir dignamente, porque nuestra vida es nuestra, y no de Dios o del vicario. Todo ello da un tuf bastante lastimoso de decadencia intelectual y política, o de fe que no es auténtica, sino más bien una fe en la misma fe, o una creencia en cuando las creencias funcionaban. El Sentido es la añoranza del sentido.  Incluso el papa sabe que Dios ha muerto y que en el fondo vive de la nostalgia. Quien ha sabido entender todo esto de una manera admirable es Paolo Sorrentino con sus series sobre papas: todo se sostiene sobre el esteticismo y la voluntad de creer que la creencia todavía tiene una fuerza que ya no puede beber de ningún sitio, porque todos sabemos que solo tiene una entidad de comedia o de hipocresía culpable. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/creer-practicar_129_5771416.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 05:31:04 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maestro fracaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/maestro-fracaso_129_5763870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Desde hace décadas el prestigio y el reconocimiento del profesorado en nuestra sociedad no ha hecho más que decaer. Un profesor de instituto ya no es más que un pobre desgraciado a los ojos de demasiada gente, parece, a quien desprecian tanto los alumnos inteligentes, que se dan cuenta finalmente de la farsa, como los perezosos o torpes, que se ponen en contra de todo lo que implica arremangarse. Desde la política no se ha sabido dotar de herramientas y de valores a esta profesión, con la excusa del presupuesto o que los institutos solo eran zonas de paso entre la universidad, donde los válidos acabarían de hacerse, y la formación profesional, donde los otros aprenderían un oficio para no morirse de hambre. También ha habido, ciertamente, espíritus acomodaticios, que han hecho bueno el tópico del funcionario vago y escaqueador, que solo busca hacer lo mínimo –repartir fotocopias– y huir de fin de semana. Pero la mayoría son personas entregadas con pasión por el saber y por la transmisión del saber, que disfrutan explicándose y haciendo del conocimiento lo que de verdad es: una aventura. El resto de la sociedad, sin embargo, se ha quedado con la imagen del profesor inútil y sabelotodo, que tiene dos meses de vacaciones, pagas dobles y que cuando puede se coge la baja, no explica gran cosa a los chicos y en el fondo no querría estar allí. Pero lo que ha empeorado el oficio no han sido los profesores sino los alumnos; si estos vinieran con verdaderas ganas de trabajar, aprender y mejorar, los profesores serían los primeros que alucinarían; si los alumnos tuvieran verdaderas ganas de trabajar y de estudiar, la cosa podría llegar a hacerse insoportable para todo el sistema. Lo que ha ido a la baja y lo ha enrarecido todo aún más ha sido la quiebra de la educación básica doméstica, que envía hacia las instituciones –la ley obliga– a chicos que no tienen ganas de hacer nada más que mirar una pantalla o yacer. Si los chicos no creen en el futuro, en el conocimiento, en la mejor progresiva del yo y de la sociedad, en el hecho de que sabiendo cosas pueden tener un buen futuro y una buena vida, es inútil cualquier reforma educativa, incluso de las condiciones de los docentes. Pero el mundo que creen conocer les habla de futbolistas millonarios y youtubers, de impresentables que se hacen ricos con tonterías y sin saber nada. No les rodea una realidad donde el conocimiento parezca tener nada de importancia o prestigio, y aquí radica el problema. A menudo, el mismo profesor que tienen delante no es más que una advertencia, no un ejemplo: como si lo mejor que les pudiera llegar a pasar de sacar buenas notas fuera llegar a convertirse en profesor de Secundaria, con todo lo que implica de frustraciones y de miserias poco o muy económicas (ahora acentuadas por las huelgas). La sociedad, el mundo, no les da la información necesaria para que acaben entendiendo todas las opciones y realidades que hay en un mundo vasto y complejo como el que hay fuera de las aulas. Un mundo que desprecia a los profesores, que se ríe de ellos, tal como el policía nacional que se ha hecho viral por apalear arbitrariamente a una maestra valenciana de sesenta y ocho años.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/maestro-fracaso_129_5763870.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 05:30:18 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura automática]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/literatura-automatica_129_5756511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>A raíz de un reciente caso de plagio de un artículo en el ámbito catalán, que el falsario atribuía a una mala jugada que le habría hecho la IA, y a un premio literario anglosajón bastante importante, que habría ganado un autor sirviéndose también de la IA, se ha vuelto a hablar en el mundo de la creatividad literaria de qué haremos a partir de ahora con los textos que quieran circular por el mundo, la autoría de los cuales pueda ser cuestionada en virtud de su posible origen algorítmico. Que alguien haga servir la IA para escribir una pieza literaria solo se puede deber a motivos que tienen que ver con sus carencias como intelectual o como escritor. Para un autor de verdad, hacer servir la IA para escribir sería como hacer servir patines para jugar a fútbol, cuando precisamente la gracia del juego es correr. Para mí, que la máquina escriba por mí equivale a que una máquina haga el amor por mí, o que envíe un robot a la cama, con el amante, solo porque a mí me da pereza o temo que así quedaré mejor ante la amada. No tiene sentido que encomendemos a una máquina que haga aquello que nos da placer y lucidez, que nos hace sentir vivos e inteligentes. Además, dudo que ahora mismo ninguna máquina pueda llegar a escribir con el acierto que siguen teniendo los buenos escritores, pero aunque se llegara a este punto en un futuro cercano, tampoco tendría ningún interés lo que pueda llegar a decirnos el bot, ya que no es literalmente nadie y lo que acaba interesando de la literatura y del periodismo es qué opina –o siente o ve– una persona de carne y hueso. Una máquina no me puede decir qué pienso de las cosas, porque no lo sabe. Gracias a la IA quizás podemos acabar simulando una erudición que no tenemos, o que presumimos de lecturas que no hemos hecho realmente, pero eso tampoco sería una impostura nueva. Los tramposos son más viejos que la imprenta, en este oficio, y precisamente fue la imprenta lo que democratizó la escritura y el conocimiento. La IA no deja de ser una especie de imprenta automática, que produce texto al gusto del consumidor, cosa que no es lo que acaban haciendo los escritores; el papel de los intelectuales es precisamente recordarnos aquello que no queremos recordar, o hacernos pensar las cosas que pueden darnos dolor de cabeza. Cuando vea que una IA cuestiona las ideas fundamentales de la tribu me empezaré a asustar, pero de momento solo es la voz del amo, porque tampoco deberíamos olvidar que toda IA no es más que una forma de negocio para los que le dan cuerda. “Hemos sido lo suficientemente listos para inventar la IA, y tan tontos para necesitarla, y tan estúpidos que no podemos averiguar si hemos hecho lo que debíamos…”; esto lo ha dicho ni más ni menos que el humorista Jerry Seinfeld en una entrevista reciente. Y podemos pensar sin la IA si tiene razón o no. Yo, de momento, todavía prefiero seguir leyendo personas que se equivocan, que dudan, que se obsesionan e incluso que se autodestruyen escribiendo, antes que una máquina que simplemente calcula qué frase encaja más con las precedentes. La literatura no es solo producción de texto: es vanidad, es contradicción, es una conciencia humana intentando entenderse a sí misma. Y esto, para suerte o desgracia, todavía no se puede automatizar. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Melcior Comes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.arabalears.cat/opinion/literatura-automatica_129_5756511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 05:30:54 +0000]]></pubDate>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
  </channel>
</rss>
