Rebelión interna en el Consejo de Menorca
El gobierno insular del PP busca técnicos externos para avalar sus políticas tras toparse con la negativa de los funcionarios a validar su modelo territorial, de lengua y patrimonio
PalmaCrece la resistencia interna a las nuevas políticas de la derecha en el Consell de Menorca. Prácticamente desde el inicio del mandato, la acción de gobierno del PP ha sido discutida –con fundamentos– por el propio personal de la institución, lo que ha llevado al equipo de Adolfo Vilafranca a buscar fuera el apoyo necesario que no recibe dentro.
La última iniciativa en este sentido acaba de ser aprobada. La consejera de Ordenación del Territorio, Núria Torrent, ha impulsado la firma de un convenio con el Consell de Mallorca para que un arquitecto superior de la institución pueda asesorar y emitir informes durante un mínimo de nueve meses sobre cuestiones urbanísticas de relevancia en Menorca. Todo el mundo ha interpretado, y el gobierno tampoco lo ha desmentido, que se pretende conseguir fuera a un técnico afín que pueda avalar las propuestas de modificación del Plan Territorial Insular (PTI) que el personal del Consejo menorquín tumbó este pasado verano.
El ingenio administrativo que el PP había preparado para reducir la protección del territorio y permitir ampliar la carretera, la cabida de las playas y la implantación de equipamientos, viviendas, alojamientos y restaurantes en el suelo rústico de Menorca se fue a pique. Desde la secretaria de la Corporación hasta la arquitecta del departamento de Ordenación del Territorio: todos los informes internos y preceptivos fueron contrarios y contundentes. "Se está alterando el modelo territorial de Menorca", advirtieron al ver que se modificaban 95 de las 140 disposiciones del documento. Pidieron que se revisara "a fondo" esta "desprotección del territorio", porque "no se ajusta al ordenamiento ni al marco legal vigente". El gobierno del PP no tuvo más remedio que reiniciar de nuevo su revisión y, sirviéndose nuevamente de asesores externos a la institución, volver a elaborar una propuesta que, esta vez sí, reciba el necesario visto bueno técnico para poder entrar en vigor.
Arquitectos de Mallorca
El argumento empleado por Torrent para sacar adelante el convenio con el Consell de Mallorca es que acumula bajas de arquitectos en su área y, por tanto, no dispone de técnicos suficientes para gestionar el día a día. Sin embargo, los hechos la han desmentido más bien de lo que cabía esperar. La reciente reincorporación de una de las dos arquitectas que habían sido de baja temporal, incluso antes de que el convenio fuera ratificado en el plenario, ha destapado la verdadera intención del gobierno insular.
"Lo que quieren es que técnicos de Mallorca firmen las propuestas que los técnicos del Consell de Menorca no quieren firmar", afirmó hace pocos días en pleno el consejero Eduard Robsy (PSOE). Advirtió incluso de que el técnico del Consell de Mallorca que se avenga a participar de este acuerdo "se la juega mucho, porque sospechamos que firmará informes muy litigiosos y la responsabilidad no quedará cubierta por el seguro ni la defensa jurídica de ninguno de los dos consejos". Núria Torrent, sin embargo, le ha contradicho y ha asegurado que "actuará como un funcionario propio de Menorca, con todas las coberturas legales" correspondientes.
"La solución la tienen en casa", señala el conseller Esteve Barceló (Más por Menorca) que, como Robsy, recuerda que la arquitecta recién reincorporada es la misma que firmó uno de los informes más demoledores contra la frustrada revisión del PTI de este verano. Pero el gobierno del PP, con el apoyo siempre decisivo de la consejera no adscrita Maite de Medrano, expulsada de Vox, ha echado todo derecho el acuerdo. Ni siquiera el informe del interventor del Consell de Mallorca, en el que advierte que la institución mallorquina tampoco dispone de técnicos suficientes y debe contratarlos de la empresa Tragsatec, ha detenido el convenio. "Lo que quieren -sentencia Barceló- es mallorquinizar Menorca".
Carreteras informa sobre Patrimonio
Buscar técnicos externos que validen sus políticas es una constante en el Consell Insular en este mandato. Se ha visto con las evaluaciones patrimoniales que, desde el inicio, se encargaron fuera de la institución para avalar la decisión del gobierno popular de ejecutar el viaducto de la carretera general que la Unesco pide tomar por no afectar a las navetas prehistóricas de Rafal Rubí, un yacimiento incluido en la Menorca Talayótica, declarada Patrimonio de la Humanidad. Para reforzarlo, incluso los informes internos y preceptivos, que por ley deben tener en cuenta los parámetros patrimoniales y paisajísticos, los ha elaborado el área de Carreteras del departamento de Movilidad, que, lógicamente, siempre prioriza la seguridad vial por delante de otros aspectos también fundamentales.
Esta forma de funcionar ha sido cuestionada por diversas entidades y colectivos profesionales y por la propia Unesco, que ha advertido que la actual propuesta impactará de forma negativa en el contexto paisajístico de las navetas y afectará a la integridad y autenticidad del paisaje declarado de Valor Universal Excepcional. Ni siquiera las soluciones a nivel que el organismo internacional pide como alternativa han sido consideradas, por ahora, por el gobierno insular, que ha visto cómo un centenar de expertos internacionales rebatían su decisión y los propios especialistas que forman parte del Consejo Científico asesor de la Menorca Talayótica dimitían en disconformidad. Es el caso de quien fue coordinador del expediente, el recientemente desaparecido Cipriano Marín, y del propio director de la Agencia Menorca Talayótica, Antoni Ferrer, quien dimitió este pasado verano y su baja todavía no ha sido cubierta.
La agencia, ha explicado el conseller Joan Pons Torres, funciona "con plena normalidad", pese a ser dirigida provisionalmente por técnicos de su departamento. "La agencia está desmantelada y tiene una estructura mínima", rebate Esteve Barceló, quien avisa de que esta situación "afecta de lleno a los compromisos contraídos ante la Unesco. Pedimos transparencia y responsabilidad, no favoritismos".
Sin apoyo de los lingüistas
La Consejería de Cultura, Educación, Juventud y Deportes que dirige Pons Torres es la que ha ido más lejos en este sentido. Ha modificado de arriba abajo el reglamento de usos lingüísticos del Consell Insular para introducir también el castellano y priorizar al menorquín en la atención presencial y la publicación de avisos, comunicaciones y normativas. Lo ha hecho sin el apoyo del Servicio de Asesoramiento Lingüístico (SAL) ni de su principal ente académico, el Instituto Menorquín de Estudios (IME), para garantizar que el Consejo charle "como habla el pueblo". Y, para asegurarse de que nadie le contraviene, ha suprimido la comisión de seguimiento que hasta ahora decidía cómo aplicar el reglamento a la institución y ha pasado a ser él mismo el supervisor único de la nueva normativa. Incluso se guarda la opción de externalizar el asesoramiento lingüístico.
Esta imposición no ha pasado desapercibida, más bien al contrario, ya que desde la Universidad de las Islas Baleares (UIB) hasta el propio presidente del Consejo Científico del IME, Josep Maria Quintana, han dirigido escritos a la institución para mostrar su desacuerdo con la medida, que ha recibido igualmente numerosas alegaciones.
El último incendio interno que se ha conocido entre los políticos y los trabajadores del Consell todavía no se ha apagado tampoco en el área de Deportes, en la que el director insular Rafel Quintana y uno de los trabajadores han cruzado denuncias de acoso laboral que han hecho intervenir a la Inspección de Trabajo y Seguridad Social. Aunque ambas se han archivado, el Consell ha contratado a un orientador deportivo, que comparte consultoría con la mujer de un concejal del PP, para intentar poner paz y resolver el "mal clima laboral" y "el tienes ambiente de trabajo" que el responsable de Servicios Generales reconoce que existe en el área, "lo que provoca dificultades en la comunicación y una disminución de la motivación". Las diez primeras sesiones que se habían contratado no han sido suficientemente efectivas para resolver la controversia, lo que ha obligado al Consejo a contratar otras quince. Cada una cuesta a los menorquines 250 euros.
"Es una práctica habitual y recomendable en estos casos", justifica el conseller Joan Pons Torres. "Si puede aportar en positivo, ¿qué daño hace contratar a un orientador? ¿Es un problema o es parte de la solución?", se pide. "El problema –replica el socialista Edu Robsy– es que la gente no suele interponer denuncias cuando mantiene cualquier diferencia de criterio. Lo que les ocurre es que su estilo de dirección no cuadra con el criterio de los técnicos de la casa". Ejemplos sobran, y aún queda un año y medio de mandato.