La protesta contra Aena en Ibiza retrata al PP y al PSOE

La movilización pone encima de la mesa el debate sobre el futuro del aeropuerto, el modelo turístico y la capacidad de los residentes para decidir sobre el territorio

25/09/2026 - 22:41 h.

IbizaAena es hoy el malo de la película. Peor aún: es aquel secundario de película de gánsteres, con una cicatriz en la cara y mirada desafiante, que nadie quiere tener cerca. Ahora mismo, ningún político ibicenco en su sano juicio querría hacerse una foto con un representante de Aena al lado. La verdad es que el operador aeroportuario se lo ha ganado a pulso: terminal vendida a las discotecas, reiterados vertidos contaminantes en ses Salines y una avaricia sin límites. Es así que Aena se ha convertido en el catalizador de la indignación popular por toda una diversidad de problemas, desde los precios de la vivienda hasta la saturación turística; en la manifestación del 20-S en Ibiza –cinco mil personas según la Delegación del gobierno–, el cartel de protesta más abundante era la silueta de cartón de un avión. Sí: una simple silueta de un aeroplano se ha convertido en el símbolo de la protesta. Con eso es suficiente, no hace falta ningún eslogan: ¿cómo nos llegan los turistas, si no es en avión?

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El problema que tienen tanto el PP como el PSOE es que, no salir en la foto con Aena será muy complicado. Cinco mil manifestantes no son ni muchos ni pocos. Pero son suficientes para situar el problema encima de la mesa de manera ineludible. Suficientes para mantener la cuestión viva al menos hasta las próximas elecciones locales y autonómicas, dentro de ocho meses. La presidenta de Joves d’Eivissa, la asociación organizadora, dejó claro en el manifiesto que aquello “solo era el inicio”.

En Joves son conscientes de dónde reside su fuerza: en mantener la credibilidad y la independencia; es improbable que se dejen utilizar por parte de ninguna tendencia política, al menos a corto plazo. Y defienden argumentos más que razonables, que casi cualquier ibicenco –de izquierdas o de derechas– podría suscribir. Como, por ejemplo, que no puede ser que los residentes no tengamos ningún poder de decisión en política turística. Es un cambio de perspectiva notable. Hasta ahora, parecía que debíamos asumir con la cabeza baja que el modelo turístico era cosa de los mayores, un tema que se manejaban entre un par de grandes empresas, el partido político de turno y algún organismo como Aena o Autoridad Portuaria. Ya les gustaría, al PP y al PSOE, que Aena se hubiera guardado el DORA III hasta después de mayo del 27.

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“Modernización” del aeropuerto

Pero no ha sido así. El PP –en el Gobierno, en el Consell y en todos los ayuntamientos ibicencos– parece que todavía no ha decidido qué hará; la posición del presidente del Consell, Vicent Marí, ha presentado vacilaciones importantes según el cariz que tomaba el tema en la opinión pública. Lunes 21, después de reunirse con los organizadores de la manifestación, se pronunció rotundamente en contra de una “ampliación” y a favor de una “modernización” del aeropuerto de Es Codolar. El malestar con el modelo turístico en Ibiza es transversal, no solo es cosa de la izquierda. En el PP lo saben y por eso ya hace tiempo que nos tienen acostumbrados a los juegos conceptuales: crecimiento no, pero sí en calidad; ampliación no, pero sí si es modernización... Es una técnica eficaz hasta cierto punto; de tanto jugar con ello, las palabras acaban vaciándose y significando cualquier cosa, y ya no funcionan ni en este sentido ni en aquel otro. Como escribir ‘sostenible’, que ya suena más a greenwashing que a otra cosa; todo es sostenible: el detergente, los hoteles y las patatas fritas con sabor a jamón. Una buena parte de los electores ya no cree mucho en estas cosas. ¿Se creerán que la modernización del aeropuerto no abre la puerta a un incremento de pasajeros?

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La situación del PSOE ibicenco es peor. Ante una derecha que amenaza con desbordarlos en las próximas elecciones, los socialistas se ven obligados a ejecutar una complicada danza, un fabuloso equilibrio entre su oposición al proyecto de Aena y su adscripción política: Aena es una empresa controlada al 51% por el gobierno de España; es decir, por el partido de turno; es decir, ahora mismo, por Perro Sanxe. Escribo ‘Perro Sanxe’ para remarcar lo fácil que será devaluar la oposición de los socialistas al proyecto de ampliación del Codolar. Ya pueden ir buscando una buena estrategia. La última encuesta electoral conocida sobre el Consell de Eivissa la publicaba Periódico de Ibiza el 14 de junio pasado y otorgaba nueve consejeros al PP, tres al PSOE, uno a Vox y ninguno a Unidas Podemos. Si se cumple, un auténtico desastre. Quizás se queden sin escaños, pero podrán pedir trabajo al Cirque Du Soleil como equilibristas. En realidad, a los socialistas les supone más poder de presión sobre el gobierno de España que a un pequeño consejo insular gobernado por el eterno rival. ¿Tiene realmente alguna capacidad de presión el PSIB sobre el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible? (Uy, qué sorpresa: ¡estos también son sostenibles!).

Silencio de Aena

Mientras tanto, Aena guarda silencio. Al menos así lo hizo hasta el jueves pasado, que es el día que se entregó este artículo. Cinco mil manifestantes no son suficientes. ¿Y por qué habría de decir nada, Aena? El silencio es lo que más le conviene; si la cosa se pusiera muy fea, todavía les quedaría recurrir al argumento de la seguridad; la seguridad, o la adaptación a según qué norma, es el caballo de Troya de manual para justificar ampliaciones, desdoblamientos y crecimientos de toda índole; así pasó con el desdoblamiento de las carreteras de San Antonio y el aeropuerto en el año 2005. La gente protesta en la calle, pero Aena hace como que no es su problema. Y, efectivamente, no lo es. La política turística ibicenca, pitiusa o balear no son competencia del operador aeroportuario; ellos mismos se han ocupado de remarcarlo en alguna ocasión. Son competencia de nuestros representantes políticos. Así que la protesta les interpela en realidad a ellos. Tal vez es un buen momento para demostrar que tienen, si no una firme capacidad ejecutora, al menos la posibilidad de influir. Y, si no, ¿para qué les votamos en las elecciones?