El día que Bestard habló sin saber qué decir

La comparecencia del vicepresidente del Consejo de Mallorca no aclara el uso que ha hecho de dos vehículos de la institución

07/05/2026

PalmaEl vicepresidente segundo del Consell de Mallorca, Pedro Bestard, compareció este jueves para aclarar el uso que ha hecho de dos coches de la institución insular. Pero la comparecencia sirvió sobre todo para confirmar una cosa: que Vox considera una explicación suficiente decir que Bestard hace mucho trabajo y que se desplaza a muchos lugares de Mallorca. Querer saber qué hacían dos vehículos públicos —sin el rótulo que los identifica como tales— aparcados delante de su casa no es más que una estrategia de la izquierda para desgastar al gobierno del PP y la extrema derecha, según defendió el portavoz de Vox en el Consell, Antoni Gili. Negar que se haya hecho un uso personal de un Subaru y de un Dacia que deberían servir para tareas institucionales ya es, aparentemente, dar explicaciones.

Y si con esto no es suficiente, siempre queda el recurso del victimismo. Bestard quizás se ha detenido en algún acto de partido entre compromiso y compromiso, pero lo habría hecho —según su versión– por una cuestión de eficiencia temporal y de recursos públicos. Y sí, quizás los coches dormían delante de su casa. Pero no se debe olvidar que, tal como recordó la portavoz de Vox en el Parlament, Manuela Cañadas, Bestard es una persona que trabaja de sol a sol y a la que, faltaría más, no se le puede exigir “venir a Palma, aparcar y volver atrás”.

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La comparecencia de Bestard pareció más un sainete que un ritual político. Al vicepresidente le costó leer las intervenciones que llevaba preparadas y se trabó a menudo. Además, cuando se salió del guion previsto, le costó argumentar de manera ágil y sembró de silencios incómodos sus palabras, mientras los presentes se miraban unos a otros con estupor.

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"Si acabo tarde, el coche acaba en mi casa o en Son Pardo", "Los vehículos tienen un rótulo imantado que se puede colocar o no", "A alguien, le vendría bien dejar de ser político y hacer narrativa y películas", "Una foto en un momento puntual no es una historia completa", "Si voy de Manacor a Alcúdia y me tengo que parar a comer en Ses Torres, me pararé. O en Es Cruce", "El personal es "impoluto"; "Cuando vuelvo, según qué hora es, sí que [el coche] se queda en nuestra casa. ¿Es un pecado?", "Tengo una ventaja, no tengo vida social. No voy ni con mi coche", "Un Dacia... Y Sánchez va en Falcon a actividades privadas", "Quiero que se me pidan disculpas públicamente", "En el diario salió '"cazador cazado', y no sé por qué", "Tengo 55 años, y no me amedrentaré con infundios". Estas fueron solo algunas de las frases memorables de una comparecencia que osciló entre la justificación, el victimismo y el monólogo improvisado.

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En un momento determinado, Bestard también reivindicó su trabajo durante estos tres años como vicepresidente del Consell. El resumen, sin embargo, quedó un poco disperso: “He homologado la ruta GR-222, he hecho el camino de Santiago, más carreras de trote, actividades deportivas, que vuelva la lengua española a la casa, que se tengan que acreditar cinco años de residencia para recibir ayudas…”.

Ni Catalina Cladera (PSIB) ni Catalina Inés Perelló (MÉS per Mallorca) obtuvieron respuesta a sus preguntas. La comparecencia terminó, por tanto, sin aclarar qué hacían dos coches del Consell sin rotular delante de su casa; por qué se ordenó retirar la identificación; cuántas veces los ha utilizado Bestard para ir a actos de Vox; cuántas noches han dormido delante de su casa; si llenaba los registros de uso; quién pagaba el combustible; cuántos kilómetros han recorrido; si el presidente, Llorenç Galmés, estaba al corriente, ni qué responsabilidad política estaría dispuesto a asumir.

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La portavoz del PP, Núria Riera, no desaprovechó la ocasión para reivindicar la transparencia del gobierno insular casi como si se tratase de una excepción histórica. También hizo un llamamiento a la prudencia. No tanto a Bestard como al resto. “No le prejuzgaremos”, remarcó, mientras Antoni Gili asentía satisfecho con la cabeza. “El PP no mirará hacia otro lado, señor Bestard. Pero actuaremos con prudencia hasta que tengamos los informes”, añadió.

Riera lamentó que la oposición pidiese explicaciones a la banda popular del gobierno, como si el vicepresidente de Vox fuera un satélite desconectado del resto del equipo de Galmés. "Pretender trasladar esto al conjunto del gobierno es una estrategia política. Están más preocupados por hacer ruido que por buscar la verdad", lamentó. El representante de El Pi, Antoni Salas, no fue más allá de manifestar el dolor que le provoca el daño que se hace a la clase política con polémicas como esta. "Los servidores públicos no solo debemos ser honrados, sino parecerlo. Es aquello antiguo que se decía de la mujer del César", comentó.

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El Parlament, en fase de desgaste

Salida de la polémica en torno a Bestard para dar un poco de vida al panorama político, porque el pleno del Parlament del martes fue sobre todo la constatación de que la Cámara ha entrado en fase de desgaste y que el año que queda de legislatura no promete grandes sorpresas más allá de la tramitación de la ley de proyectos estratégicos. Los partidos dan vueltas sobre sí mismos y se miran más de lo que miran hacia afuera.

Para resumirlo: el conseller de Vivienda, Territorio y Movilidad, José Luis Mateo, continúa trabajando a destajo, como cada semana, para mejorar el transporte público y conseguir vivienda asequible para todos los ciudadanos de las Baleares, aunque no se note; la consellera de Salud, Manuela García, asegura que el Govern "gestiona como no se había hecho nunca", a pesar de la saturación, las listas de espera y las polémicas, como la de la coordinadora del centro de salud de Manacor; el conseller de Turismo, Jaume Bauzá, continúa celebrando que se han puesto límites, a pesar de que los turistas continúan aumentando, y asegura que la desestacionalización es una maravilla; Vox continúa exhibiendo sus manías con el catalán y los migrantes; y la presidenta del Govern, Marga Prohens, intenta que la extrema derecha no se pase demasiado de la raya porque hay que aguantar hasta 2027 sin sustos. Siempre nos quedará el Consell de Mallorca.