Tres narradores para un nuevo tiempo

Perseguida, menospreciada y, todavía hoy, minorizada: la narrativa mallorquina no siempre ha tenido el relevo garantizado. Porque si bien hemos contado con un continuum de autores que han cultivado nuestra poesía, la narrativa ha vivido intermitencias más preocupantes. Tras el truncamiento de la Guerra Civil, la narrativa ya precaria de principios de siglo XX encontró en los autores de posguerra un notable resurgir, y vivió su estallido definitivo con la Generación de los Setenta. Autores como Antònia Vicens, Guillem Frontera, Maria Antònia Oliver, Biel Mesquida y Gabriel Janer Manila dejaron claro lo que entonces no era del todo evidente: que Mallorca era tierra de poetas… Y también de narradores. Ahora, la irrupción de tres voces jóvenes refuerza este camino, mantenido por decenas de autores hoy consolidados como Sebastià Alzamora, Neus Canyelles, Melcior Comes y Sebastià Perelló.

La voz más nueva es la de la felanitxera Olívia Lund (2002), que con Corcs (Nova Editorial Moll), deja muy claro que la madurez literaria no siempre tiene que ver con la edad. En este primer título, Lund sumerge al lector en una torrentada lírica y llena de vida sobre el peso de las herencias: la sanguínea, la emocional, la cultural… Y lo hace a través de una escritura que sobresale en la combinación de diferentes planos temporales. Teje un tapiz orgullosamente carcomido, parcial, a partir de una saga de mujeres. El tratamiento de la lengua, en el plano dialectal, pero también en el creativo, es de los mejores que he leído en los últimos años, y la narración pasa sin manías, y con una gracia inquietante, de la voz más psicológica a la fábula, del costumbrismo a la explosión surrealista.

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Otra irrupción sonada fue la de Aina Fullana (Manacor, 1997) con Els dies bons(2021), que recibió diversos premios a obra publicada y una gran acogida lectora. Ahora, Fullana vuelve con De gran vull ser una casa(Bromera), una novela que toma la forma de un diario voluntariamente fragmentario, subjetivado, para hablar de la noción de casa. ¿Qué quiere decir, sentirse o no sentirse a resguardo? ¿Qué implica, tener o no tener una "casa propia"? ¿Podemos ser también casa, las personas? ¿Todavía estamos a tiempo de mirar a Mallorca y decir "nuestra casa"? Un libro afiladísimo, sensible e inteligente que no rehúye las grandes incomodidades de nuestro tiempo, con una mirada deliciosamente compleja.

Laura Gost (sa Pobla, 1993) no es, ni mucho menos, una joven promesa, sino una realidad feliz. Con El precio de nacer(Proa), la autora da un paso adelante en su exploración de los ángulos muertos del alma humana y nos propone un auténtico page-turner bioético. Una distopía en la que, para que nazcan nuevos niños, algunos vivos deben morir para darles el relevo. Un espejo distorsionado que retrata la sociedad en la que vivimos, la de los vientres de alquiler, la de la obsesión por la crianza, la de la presión sobre las mujeres para tener hijos. Unos diálogos muy fluidos y una trama trabajadísima hacen el resto.

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¿Quién renunciaría al privilegio de leerlas?