San Sebastián será diurno
PalmaPor pura deformación profesional, tengo un interés nulo por la verbena y por las fiestas de San Sebastián. Pasé años escribiendo hasta la madrugada crónicas de esa noche y, cuando pude dejar de hacerlo, me prometí que no volvería.
Hace años que estoy convencido de que el modelo no tenía ningún sentido. Había muerto porque era el producto de una época en la que los artistas giraban, existía una efervescencia musical real y, además, los hábitos eran nocturnos. Después, ningún dirigente se ha atrevido a intervenir al enfermo o, al menos, a ponerlo en boxes. Ningún alcalde desea una polémica. Con las fiestas patronales, todavía menos.
El PP, en cambio, ha sabido leer los nuevos tiempos e introducir los cambios de forma suave, para que nadie se solleve. O será que a la ciudadanía no le importa demasiado. En cualquier caso, es una buena idea esponjar la celebración con las horabauxes, en unos horarios de conciliación, o ceder espacios a géneros como la electrónica.
El equipo de Jaime Martínez ya coloca sus logos en las actividades de las cofradías, aunque no formen parte del programa oficial. Tampoco protestan, porque su lucha es otra: que les dejen divertirse y construir San Sebastián que los políticos no han sabido adaptar a los nuevos tiempos. No tiene mucho sentido sacralizar una fiesta con tan poco recorrido histórico, y parece claro que el futuro está en manos de las cofradías y debe ser diurno.
Más pronto o más tarde, la verbena debería quedar como residual y las celebraciones deberían centrarse en el día festivo. No tiene ningún sentido que los cofrades pidan el día libre o que frieran por salir del trabajo sólo para llegar a la comida ya lo que venga después, día 19. El encuentro irá creciendo y es hacia aquí hacia donde se debe encaminar la fiesta. Quizás desde primera hora de día 20. Y, a partir de ahí, que orbite el resto.
Las fiestas deben ser ciudadanas y aquí laoff está ganando claramente la partida al oficial. En contra, juega la meteorología: el frío y la lluvia. A favor, que en realidad está todo por hacer. La absurda cancelación de este año por el siniestro ferroviario de Córdoba –había otras formas institucionalmente elegantes de gestionarlo– no frenó a aquellos que sí sienten San Sebastián como propio. Tampoco tenían mucho margen de maniobra cuando el anuncio de la caída de la programación llegó a mediodía. Con la mesa ya parada.