La rana dentro del baño maría
La celebración de Fitur, la feria española de turismo, sirve tradicionalmente a las autoridades isleñas para presentar los resultados de la temporada y sacar pecho. Los de este año son particularmente triunfales, si entendemos como triunfo el haber recibido más turistas que nunca, unos 19 millones que constituyen un nuevo récord. Enhorabuena. Puede leer los datos exactos en la crónica de Maria Llull para el ARA Baleares.
Antoni Costa (el vicepresidente económico que sostenía que es necesario suprimir el catalán de la sanidad pública porque según él es un freno para que vengan sanitarios a Baleares, una afirmación que se ha demostrado falsa) presentó a Fitur el informe Coyuntura económica turística 2025 y perspectivas 2026, y se llenó la boca con las palabras-comodino habituales en esta situación: 'mercado maduro', 'incidencia potente', 'desestacionalización' (ha crecido más el número de turistas que vienen en invierno que los que vienen en verano), 'máximos de gasto por turista', etc.
En realidad, de lo que estamos hablando es de lo mismo que siempre: un modelo económico basado en la dependencia del turismo de masas (una actividad de naturaleza extractiva y de escaso o nulo valor añadido), con una serie de consecuencias negativas para el conjunto de la sociedad que supera de largo los beneficios que algunos obtienen. Entre estas consecuencias destacan el impacto directísimo que tiene el turismo de masas en la sobrepoblación de Baleares (produce un efecto llamada que hace venir a miles de personas a buscar trabajo en el sector), y la incidencia que esto tiene en el gravísimo problema de vivienda que sufren los ciudadanos de Baleares, un problema para el que Costa y Prohens aseguraron que tenían la más agravarse por momentos. Lo seguirá haciendo mientras Baleares sea un territorio masificado y sobreexplotado turísticamente, porque eso no hace más que inflar la burbuja de los precios de los alquileres y la venta de casas. Basta con fijarse en el fenómeno, extendido principalmente en Mallorca e Ibiza, de la compra de viviendas por parte de extranjeros, a menudo para dedicarlas después a alquiler turístico.
La especulación y la construcción casi sin límite que ha legislado por decreto el Govern balear son un paso definitivo en la más que posible taiwanización, o acapulquización, de Baleares: es decir, territorios limitados (islas) que se ven arrasados por un tsunami turístico que los desfigura hasta que la cultura y las formas de vida autóctonas subsisten como. En la superficie ya sólo pueden verse los grandes complejos turísticos, residenciales y comerciales, conectados entre ellos por vías rápidas con desviaciones hacia puntos de la costa, también convenientemente urbanizados y provistos de la necesaria oferta complementaria: gran presencia de las redes internacionales de tráfico de drogas y prostitución. Para el resto, empobrecimiento de la población, desigualdades extremas entre pobres y ricos, abandono de los estudios por parte de los jóvenes, bajísima inversión en investigación e investigación.
No es una descripción exagerada sino más bien neutra y aséptica, de los efectos del turismo de masas en los territorios donde se convierte en "sano nuestra industria más importante", como no se cansa de repetir la obediente presidenta Prohens. ¿Que para algunos es agradable? Seguro: es el efecto, bastante conocido, de las ranas puestas en un recipiente sumergido en agua caliente, hirviéndose en el baño maría. poco a poco se duermen, y luego simplemente mueren.