El país que funciona y la costa de enero

03/01/2026
Director del ARA Balears
2 min

PalmaEn contra de los principios elementales del periodismo que establecen que las buenas noticias, las cosas buenas, no interesan a nadie, creo que de vez en cuando toca hablar del país que funciona.

Mientras que algunos comentan en redes sociales, desde el sofá, que la ola migratoria nos dejará sin cultura y sin recursos, hay gente que enseña en catalán en unas circunstancias poco favorables. Y no sólo porque lo diga el proyecto educativo del centro, sino porque saben que la lengua de la tierra es todavía un elemento de cohesión y de acogida, de pertenencia y de futuro para los más jóvenes.

También los hay que, mientras todos coincidimos en asegurar que es necesario diversificar la economía, lo hacen. Han creado pequeñas empresas tecnológicas capaces de afinar predicciones meteorológicas globales y hacer más eficiente la gestión de otras compañías. Existen, no son ciencia ficción.

Otros, en vez de llorar porque se compra masivamente por Amazon, defienden propuestas de comercios especializados, activos en las redes sociales y con valor añadido. Y restaurantes con producto local que sobreviven con autenticidad en medio del puturrú de fuá artificial que impera.

Algunos realizan visitas guiadas trabajadísimas para descubrir el patrimonio. Y voluntarios que, en tiempos de cobardes en el sofá, se sacuden y acompañan procesos de dolor y soledad. Entrenadores de deportes base que se dejan la piel. Funcionarios, como los técnicos del Consell de Menorca que detuvieron las manías urbanísticas del PP y Vox, que defienden el interés público por encima de todo. Esto y mucho más está aquí. Es el país que funciona. Lo que hay que aplaudir, de entrada, y apuntarse ahora con los propósitos de enero.

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