Materia sensible

"Sin saber exactamente cómo, llegas a tener la casa que derrama de llena": así empieza El imán y las cosas, el inclasificable primer libro del artista, maestro y filólogo Mateu Coll (Pollença, 1962). No en vano, los objetos y la idea de colección (o de acumulación) son algunos de los ejes en torno a los que gira el volumen, que explora la relación que las personas mantenemos con las cosas que poseemos o que queremos. "Vas detrás, las búsquedas, los objetos", dice Coll. "He comprado y recogido de forma desaforada, como si el mundo se acabara, un arca en medio del diluvio, una pareja y más de cada especie". Y nos adentra así en un discurso que bascula entre una parcialísima prosa memorialística y el ensayo, entre el pensamiento más personal y la prosa casi poética.

El volumen, publicado por Lleonard Muntaner, Editor y con fotografías de Jean Marie del Moral, se suma a la lista de imprescindibles de la colección 'Speculum Mundi', donde el lector también puede encontrar el deslumbrante ensayo Traducir cómo trashumar, de Mireille Gansel (traducido por Dolors Udina), o bien Corfú, Cabrera, Martinica, el delicioso compendio de islas reales e imaginadas del poeta, traductor e ilustre anglófilo Miquel Àngel Llauger. Y eso, que de entrada puede parecer anecdótico, tiene mucho sentido, porque si algo tienen en común estos tres títulos, más allá de la colección, es su empeño en recoger obsesiones, fijaciones y maneras de estar en el mundo en preciosísimos libros raros.

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En El imán y las cosas, Coll se lleva al lector a despejar casas, a deambular y regatear a los mercadillos, a revisar la memoria más íntima que tenemos de nuestras cosas. "Porque coleccionar es un ejercicio de entusiasmo", dice, "y de frustración, también", y la idea de colección, lo que se tiene, está tan presente como aquellas cosas que no se tienen, la "colección invisible", que "abraza no sólo los objetos que ya no están, sino también los que habrías querido tener, los pero humo, los que no compraste y los que quedaras con el retraso, los que te dijeron que tendrías y nunca llegaron, los que descartaste". Las fotos que un día alguien descabezó o rayó hasta hacer irreconocible alguna cara. La historia de su padrino, barbero formado en Francia, y la de la madrina joven de éste, Margalida Coll, que sirvió como criada en casa de Alcover. Retratos de desconocidos. Ajuares amarillentos y no tan amarillentos que hablan en una gramática que ya no puede entenderse totalmente. Los invitados a decenas de fiestas y cenas recogidas en un álbum de menús del periodista cultural Enric Vives a principios de siglo XX. Lo que se sabe y que se acuerda y todo lo que ya no se sabrá, pero que se puede tocar y palpar.

En la sección final del libro, Mateu Coll declara que para escribirlo se ha desmueblado, que ha querido vaciar su casa. Los lectores que se atrevan a mirar, ya sea espiando a través de los huecos diminutos de una cortina de encaje o pasando por el portal grande, encontrarán un libro del que difícilmente querrán desprenderse nunca.