Margalida Capellà Soler, la hija mallorquina de Homer
Aún no sé porvenir de la muerte de Margalida Capellà Soler. Toda una generación de profesores de latín y griego estamos en deuda con ella por su gran labor divulgativa. Nacida en Campanet en 1965, de adolescente Margalida quedó fascinada por lo que le explicaba su profesora de griego, Coloma Blanes y Blanes, en el instituto Berenguer de Anoia de Inca. Entonces ya tuvo claro que, al terminar COU, partiría a Barcelona a estudiar Filología Clásica. No sucumbió a los 'cantos de sirena' de sus profesores de ciencias que, al constatar su versatilidad intelectual, le insistieron en que hiciera una carrera "con más salidas".
Margalida hizo bien en seguir su vocación. Al licenciarse en la UB, se quedó a vivir en la ciudad condal, donde ganó las oposiciones de catedrática de griego de Secundaria. Durante años trabajó en el Institut Premià de Mar. También sería profesora asociada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se integró en el Equipo Argón de Lenguas y Cultura Clásicas. Igualmente formó parte de la junta de la Sociedad Catalana de Estudios Clásicos y de colectivos de docentes de clásicas como Chiron y Culturaclasica.com. Aparte, Margalida fue formadora de profesorado y autora de un gran número de material didáctico y de adaptaciones literarias. Impulsó juegos de etimologías grecolatinas y traducciones sobre todo de autoras femeninas como 'Poetas griegas antiguas'y 'Corinna de Tánagra. Testimonios y fragmentos'.
Siguiendo el rastro de los modernistas del siglo XIX, Margalida reivindicó la lengua y la cultura catalanas como grandes depositarios de la tradición clásica de Occidente. Su consigna era 'hacer querer nuestra lengua a partir del estudio del latín y el griego'. No era una misión fácil. En el imaginario colectivo estaba la cantinela del 'rosa, rosae' con la que durante años muchos profesores, principalmente exseminaristas reciclados, habían torturado a toda una generación de alumnos, que en 3º de BUP ya desistieron de estudiar griego, el grado supremo de la sapiencia clásica. Ya lo dijo el ex primer ministro británico Winston Churchill: "Naturalmente estoy a favor de que los jóvenes aprendan inglés. Les haría aprender inglés a todos; y después, dejaría a los inteligentes aprender latín como un honor y, griego como un placer".
Margalida exceliría tanto en ese placer que bien podría ser considerada la hija mallorquina de Homer. Quería hacer vivas unas mal llamadas lenguas muertas. Y lo hizo saliendo de la torre de marfil del mundo académico, tan celoso siempre de sus conocimientos. Se arrancó a fondo. Era consciente de que el estudio del mundo clásico no podía limitarse sólo al aprendizaje de la gramática, de resultados a menudo estériles. Para traducir y analizar sintácticamente los tediosos fragmentos de la 'Guerra de las Galias', antes había que hablar de la figura de Julio César, de su contexto histórico, de tradición clásica, de etimología, de la vida secreta de las palabras, de la historia de verbos como 'recordar', que inicialmente significaba 'volver a la vuelta'. Lo mismo debía hacerse con el griego, el otro gran pilar cultural de Europa que tantos mitos nos ha regalado, como el de la caverna de Platón, el embrión de la actual era de la manipulación.
A partir de 2000 Margalida fue una visionaria al ver las posibilidades que tenía internet para modernizar la didáctica de las lenguas clásicas. Así animó a sus alumnos con un blog llamado 'El hilo de las clásicas'. Fue una herramienta pionera que reivindicaba la vigencia del pensamiento clásico en todos los ámbitos del conocimiento y la vida cotidiana. En 2008 sería galardonado con uno de los premios Blocs Catalunya. Aquella experiencia animaría a los estudiantes a crear sus propios blogs con títulos igual de interesantes como 'El universo clásico de nuestras palabras', 'El cielo de los mitos', 'Literatura griega en escena' y 'Metamorfoseados'.
Como docente, para mí todos estos recursos fueron como una especie de revelación que hizo cambiar mi manera de enseñar. Me hizo gracia descubrir que su artífice fuese una mallorquina. Enseguida contacté. Los mensajes que nos intercambiábamos por la red transmitían mucha humanidad y generosidad. Margalida siempre estaba dispuesta a ayudarme en lo que fuera. En 2021 nos conocimos en persona cuando le propuse que me acompañara a presentar en Barcelona mi primer libro que tanto debía a ella, 'Mitología para profanos. Manual para entender la tradición clásica de Occidente'. Quedé cautivado por la bondad que desprendía su cara luminosa y risueña.
Margalida era una persona sabia que te hacía sentir bien. Rehuía el elitismo cultural para contagiar su curiosidad infinita por el mundo a partir de la maestría de los clásicos. Para mí, ella representaba a la perfección la figura del humanista, de la persona que utiliza la cultura no para bravear y alimentar a su ego, sino para hacerte partícipe de la belleza y del misterio de la vida desde la humildad. Margalida ha sido mi atalaya. Con ella cobra sentido la famosa cita que en el siglo XVII pronunció Isaac Newton: "Si he podido ver más lejos, es porque iba a hombros de gigantes". Ahora uno de esos gigantes es su hija, la joven cineasta Valèria Cuní, que acaba de estrenar el cortometraje 'Cementerio de verano', ambientado en la Mallorca turística, con Campanet como epicentro.
Antoni Janer Torrens, periodista y profesor de Secundaria de latín y griego