Un examen para ser político, por favor

Muchas profesiones importantes para nuestra sociedad tienen unos filtros con el objetivo de que los candidatos a ejercerlas cumplan unos requisitos mínimos. Para ser médico de la sanidad pública y juez, por ejemplo, hay que pasar unas pruebas estrictas para demostrar pericia y capacidad.

Es curioso que cualquiera pueda ser político y alterar de pleno la vida de las personas sin haber superado un examen previo. Las urnas deberían ser la culminación, pero antes habría que asegurarse de que los candidatos tienen sus facultades a pleno rendimiento.

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Después de asistir a la comparecencia del vicepresidente del Consell de Mallorca, Pedro Bestard, que había de explicar qué uso ha hecho de los coches de la institución que le hemos comprado los mallorquines, estuve segura de que este señor no habría pasado un examen para entrar en las listas electorales de la extrema derecha. Que ocupe este cargo es responsabilidad de Llorenç Galmés, que supongo que se habrá dado cuenta de que Bestard no puede leer correctamente un texto que se supone que lleva preparado y tampoco es capaz de procesar las preguntas que se le hacen y emitir una respuesta coherente y mínimamente elaborada. Es triste que medidas que nos afectan estén en manos de alguien que debería repasar profundamente las nociones más básicas de comprensión lectora.

Ahora bien, Bestard es un caso destacado en medio de un nivel general que deja mucho que desear. El portavoz del PP en el Parlament, Sebastià Sagreras, no habla un castellano correcto en un contexto tan formal como la Cámara donde los ciudadanos de las Baleares están representados. Además de conjugar mal casi la totalidad de los verbos que emplea, la introducción de barbarismos en su discurso es constante.

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Sagreras es otro ejemplo de la mediocridad discursiva en la que se ha instalado la clase política de las Islas. Salvo excepciones como Josep Castells (Més per Menorca) y Lluís Apesteguia (MÉS per Mallorca), la mayoría de los diputados leen sus intervenciones como si no supieran leer. A veces, se quedan en blanco y parece que no entienden lo que dicen. O se pierden entre líneas y tienen que volver a empezar un párrafo. Muchos niños leen con mejor entonación en Primaria, y eso tiene mucho mérito porque se trata de niños que no cobran una millonada a cargo de los impuestos de la ciudadanía, como sí ocurre con los diputados. Supongo que a los niños les gusta leer.