Contra el elitismo cultural

La definición de 'cultura' del diccionario queda corta. El DIEC dice que es el "conjunto de los conocimientos literarios, históricos, científicos o de cualquier otro tipo que se posee como fruto del estudio, de las lecturas, de viajes, de experiencia, etc.". El problema es que deja de lado las emociones, porque la mochila de la cultura de una persona también va cargada de emociones, recuerdos, sentimientos... Lágrimas, risas, vértigo: no sólo poseemos la cultura, sino que la cultura también nos posee y nos lleva por caminos que no conoceríamos de otra forma.

Por eso no creo en ninguna jerarquía de creaciones culturales. El elitismo me parece, por decirlo rápido y mal, una mierda en cualquiera de sus manifestaciones. Y, por supuesto, también en cuestiones culturales. Empecé a emocionarme con la lectura con 13 Rue del Percebe y después me hice adicta a las fotonovelas de Barbie, que salían cada 15 días. Iba al quiosco como si peregrinarás para encontrar el sentido de la vida. Compaginé las aventuras de Julio Verne con el consultorio sexual de la Súper Pop, y gracias a los casetes que venían de regalo tenía un buen repertorio para bailar en mi habitación.

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Charlando de bailar, los minutos previos a la ducha son fundamentales. Puedo bailar con Jugar de Triquell y, si tengo un mal día, me pongo La muerte de Asno de Grieg y aprovecha para llorar un rato y salir relajada de casa.

Mientras que alucen con La Historia de Elsa Morante –por favor, léala, es de las novelas más increíbles con las que me he topado en mi vida–, cojo a escondidas en casa de mis padres la revista Semana, porque me gusta cotillear, aunque ya no sé quién es mucha gente que sale.

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Después de disfrutar de La Chimera (de Alice Rohrwacher), una película que me dejó maravillada como si fuera una muñeca pequeña, me he puesto al día con Anatomía de Grey, que me ayuda a poner el cerebro en blanco 45 minutos durante los cuales estoy en tensión por si se envuelven de una vez aquellos dos personajes que pienso que están predestinados en estar juntos.

La cultura es lo que las personas hacemos para que las sentimos y para que otras las hagan suyas. Es cierto que la cultura capitalista tiene el don de manipular nuestra necesidad de imaginar y sentir para sacarle beneficio. No hay nada perfecto. Pero me da igual. Hoy estoy muy contenta. ¡Ya tengo el último libro de Maxim Ósipov!