El ego de Chalamet
No quisiera ser el publicista de Timothée Chalamet. Si le han despedido, se habrá sentido aliviado, después de una temporada de premios agotadora. Ojalá cada año tengamos una Karla Sofía Gascón.
Chalamet había firmado la mejor interpretación del año en Marty Supreme, un jugador de ping-pong vividor, ambicioso, sin escrúpulos y dispuesto a todo por ser una estrella. El actor está electrizando y sale prácticamente en todos los planes de la película. Objetivamente, en otro caso, habría arrasado en todas las entregas de premios. Era su año, carecía de grandes rivales y venía de otra actuación memorable como Bob Dylan; lo mejor de una película aburrida, sin nada interesante que contar y, en resumen, bastante mala.
Pero el nuevo gran mocoso cae mal en Hollywood y en el mundo. No le perdonan que haya dicho públicamente que quiere ser uno de los grandes como Marlon Brando y Daniel Day-Lewis. Que no se haría el humilde y que buscaba la grandeza como intérprete. Ha recalcado la excelencia de su papel en toda la gira promocional de Marty Supreme. Tiene razón, pero ni Hollywood ni el mundo funcionan así. Ya había perdido Oscar (las votaciones estaban cerradas) cuando dijo que el ballet y la ópera no importaban a nadie. Miles de indignados le crucificaron, miles de los cuales no habrán ido al ballet ni a la ópera en su vida. Fue honesto desde su perspectiva de un chico de 30 años, bocazas, que no lo considera un arte popular.
El público y la crítica se han rendido a otros grandes (muchos), además de Brando y Day-Lewis, que se han comportado al igual que Chalamet, de forma arrogante y han sido tan cretinos como él. Pero no deseaban un Oscar públicamente como Timothée ni decían abiertamente que lo merecían. Michael B. Jordan ha sido el gran beneficiado de la polémica: ya podrá estrenar películas vitaliciamente con el añadido bajo su nombre de Academy Award Winner para interpretar a unos gemelos en Sinners que muchas veces parecían lo mismo con distinta vestimenta.
A Chalamet nadie le puede negar, por muy pallús que sea, el título de mejor actor de su generación. El nuevo DiCaprio, como él fue el nuevo De Niro, y así sucesivamente. Que tenga paciencia, Hollywood le redimirá con una película mediocre y una interpretación histriónica. Que se lo digan al pobre Al Pacino, sin ir más lejos. Otro intenso incontestable.