El eclipse del miedo en Mallorca

A la hora en que la Luna ya había comenzado a eclipsar el Sol, un par de fanfarronas alemanas chocaban bolsas de las tiendas de la milla de oro y cuatro testigos de Jehová esperaban sin éxito hacer proselitismo. Como si no estuviera a punto de producirse un fenómeno astronómico excepcional. De camino a las terrazas de Es Baluard, un vendedor ambulante colocaba, aburrido, sus sombreros de paja. “¿Tienes gafas?”. Negaba con la cabeza porque sabía que le pedían las del eclipse. Ya arriba del museo, un matrimonio extranjero había decidido tapar por la mitad el único par de que disponía y sus hijos miraban el Sol con un ojo y se tapaban el otro con una mano.

El reloj marcaba las 20.20 h y bastaba mirar el horizonte para saber que, cuando llegase el momento culminante del eclipse total, el Sol ya se habría puesto detrás de las montañas.

Los locales se lamentaban. Las voces se mezclaban, incluso conversaban. “Habríamos ido a El Arenal, pero nos han pintado el apocalipsis”. “En la Serra ni plantearselo. Es para los ricos”. “Mi cuñada me ha dicho que en El Arenal hay menos gente que por San Juan”. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Palma iba corrigiéndose en un baile de cifras ridículo. De los 100.000 asistentes previstos bajaron a 70.000; poco después, a menos de la mitad: 30.000, y acabaron hablando de 60.000.

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Los números no importan porque los gobernantes han convertido el evento en el eclipse del miedo. Han revestido la seguridad de un exceso de celo que ha dejado Zonas de Observación Oficiales prácticamente vacías porque se extendió la convicción de que era imposible llegar. Incluso en el Pla de Mallorca. Eso si es que la ciudadanía llegó a saber dónde podía ir, porque lo que sí tenía claro era dónde no podía ir.

El Govern puede vanagloriarse de un dispositivo de seguridad que funcionó como un reloj, pero debe saber que acabó por desmotivar y desincentivar la asistencia.

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Ante las dificultades, el isleño aplicó la política del "y además" y "además lo miraré tranquilo por IB3". Solo hay que consultar el récord de audiencia de TeleProhens.

Después, los privilegiados certificaron que nada era comparable con el hecho de estar delante del horizonte y ver en directo la corona de fuego que sobresalía del contorno de la Luna.

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No habrá más oportunidades. Es un fracaso habérselo hurtado a la ciudadanía.