Deje tranquilas las bibliotecas públicas
Los partidos de la derecha españolista que gobierna el Ayuntamiento de Palma, PP y Vox, han aprobado llevar a cabo un "estudio exhaustivo" de los fondos bibliográficos de las bibliotecas municipales de la ciudad. El motivo es que encuentran que hay "demasiado pocos libros en castellano". La iniciativa de realizar esta auditoría insólita en las bibliotecas públicas es de Vox, pero el PP se ha sumado, una vez más, sin ningún problema.
En realidad, no es que Vox y el PP encuentren pocos libros en castellano en las bibliotecas públicas, sino que consideran que hay demasiados en catalán. Como todo lo que dicen esta gente, esto también es mentira y es fácil comprobar: los fondos municipales de Palma suman 265.545 ejemplares, de los cuales 150.004 son en castellano y 86.945, en catalán, cómo puede leer en la información publicada por el ARA Baleares, que recoge los datos oficiales en esta materia. Los libros en castellano, por tanto, constituyen la rotunda mayoría del catálogo bibliográfico municipal de Palma: un 56,4% de libros en castellano frente a un 32,7% en catalán (el resto son libros en otros idiomas).
Si las cosas son así, ¿cuántos libros deberían ser en castellano para que Vox y el PP no los encuentren "demasiado pocos"? La respuesta es fácil de adivinar: todos. Pero la pregunta debemos hacerla al revés: ¿cuántos libros en catalán debería haber para que Vox y el PP no los considere excesivos? Exacto, la respuesta es ninguna. No es exactamente que quieran que todos los libros de todas las bibliotecas municipales de Palma sean en castellano: lo que de verdad quisieran es que no hubiera ninguno en catalán. La derecha española (Vox, pero también buena parte del PP) tiene sus propias ideas sobre el catalán. Según ellos, las bibliotecas no deberían tener libros en catalán, pero sí en mallorquín, menorquín, ibicenco, formenterero y todos los idiomas que sean capaces de inventar a cuenta de cualquier variación dialectal, hasta la extenuación.
Los profesionales de este ámbito han expresado, lógicamente, su queja y preocupación. En un comunicado, la Asociación de Bibliotecarios, Archiveros y Documentalistas de Baleares (ABADIB) alertaron de que "la lengua no puede ser utilizada como instrumento de confrontación política hacia las bibliotecas" y recordaron que la segmentación de los fondos por razones ideológicas atentan contra los principios de igualdad de acceso y pluralidad que deben regir las bibliotecas. En efecto, el servicio que dan las bibliotecas públicas a la sociedad es fundamental e insustituible, tanto en lo que se refiere a transmisión de conocimientos como por su valor como instrumentos de cohesión y mejora social. El trabajo de estos espacios es extremadamente delicado, y no puede consentir injerencias basadas en prejuicios políticos.
Los gobernantes no deben fiscalizar los fondos de las bibliotecas públicas, y mucho menos aún para actuar contra el catalán, la lengua propia de Baleares. En su lugar, deben trabajar para atender las necesidades de personal, recursos y locales. El PP y Vox, como ha denunciado el grupo municipal de MÉS, ahogan las bibliotecas de barrio, hasta el punto de que la de Son Cladera ya tuvo que cerrar, y las de Génova y Son Sardina están a punto de hacerlo, a causa de los impagos de los alquileres. La falta de personal, la interrupción de la compra de novedades, la reducción y control ideológico de las actividades que se llevan a cabo han convertido a las bibliotecas, como la escuela y la sanidad, en otro objetivo a abatir por parte de una derecha insaciable en su cruzada contra todo lo público.