La bandera

No es la única que hay, pero siempre suele estar. ¿Cómo es que la bandera española, también llamada estanquera o rojigualda, en castellano, tarde o temprano acaba apareciendo cuando hay algún pronunciamiento o manifestación ‘en contra’ de alguna cosa, y tan pocas veces a favor?No conozco lo suficiente la situación en Ceuta para formular una opinión a fondo, y de ninguna manera es lo que me propongo hacer. Con todo, tengo la impresión de que nos encontramos ante un caso en el que todo el mundo lo ha hecho prácticamente todo tarde y mal: el gobierno español ha actuado con una falta de celeridad solo atribuible al periodo de vacaciones, cosa injustificable desde un punto de vista institucional, y los partidos de la oposición se han abalanzado como hienas sobre los habitantes de la ciudad autónoma y también las personas que han intentado entrar desde Marruecos solo para conseguir un miserable rédito electoral. También ha hecho acto de presencia la Federación de Municipios y Provincias del Estado, a la que le ha faltado tiempo para convocar una movilización marcadamente partidista y con un lema sin duda perverso, adulterado: todo el mundo sabe que las concentraciones convocadas ante los ayuntamientos no iban tan dirigidas a dar apoyo a Ceuta como a protestar por enésima vez contra el supuesto ‘gobierno ilegítimo’ de Pedro Sánchez. O como mucho, para reivindicar las trazas de un pasado colonial nada lejano en una ciudad también supuestamente española… En el norte de África. Y dentro de este caldo de cultivo, está claro, la bandera española no podía faltar.Es la que sacan cuando quieren reprimir los anhelos de libertad de alguno de los pueblos o naciones que actualmente forman parte del Estado (al menos de manera parcial, como son los casos de Euskal Herria y los Países Catalanes, que también se despliegan en otros estados como Francia, Andorra e Italia). Es la que muchas veces la comunidad LGBTIQ+ se encuentra delante de sus narices cuando la derecha reaccionaria protesta contra leyes que protegen su integridad física y emocional. Es la bandera que suele salir cuando hay competiciones y cuando se aplastan otros países, especialmente en deportes mayoritariamente practicados por hombres, y también cuando hay conflictos con otros estados, como el Reino Unido, con Perejil, y Marruecos, en esta última crisis migratoria pero también territorial. Es una bandera que dice, con tres franjas de color, algo parecido al “a por ellos” que hemos sentido que gritaban a pleno pulmón miembros de las fuerzas de seguridad del Estado que supuestamente deberían proteger a los ciudadanos, y no apalearlos. Es la bandera del “España es una, y no cincuenta y una” (que no se suele decir, naturalmente, en catalán), y la que a veces pierde el escudo actual de la restauración borbónica y recupera el aguilucho que la presidió durante cuarenta ignominiosos años. Es la bandera del no, la bandera del “te jodes”, la bandera de los que se irritan y que desgraciadamente solo suelen salir a la calle cuando la rabia y las ansias de destrucción les empujan. Para ir en contra. Pocas veces a favor.No es mi bandera.