Necesito unas alas para volar

Con su primera película (Los 400 golpes), François Truffaut inició un ciclo cinematográfico protagonizado por un personaje de ficción (Antoine Doinel, alter ego del propio Truffaut) que encarnó diferentes films, siempre interpretado por el mismo actor (Jean-Pierre Léaud). A partir de este continuo filmado, el querido cineasta francés pudo explorar los complejos y apasionantes vericuetos de la vida de un ser humano. En este ejemplo artístico he pensado mientras leía la nueva y ambiciosa novela de Pere Joan Martorell, Nits sense ales en Pagès Editors, ya que a través de sus páginas podemos volver a topar con un personaje que ha protagonizado otras obras del escritor de Lloseta, tal como el Llibre de les revelacions (Editorial Moll, 2007), porque Amador es, en efecto, el corresponsal de Martorell en posibles universos paralelos y cuánticos. En una aventura literaria que lo conecta con Solenoide, de Mircea Cărtărescu, Pere Joan Martorell no rehace su vida en el espejo de la ficción, la reinventa a partir de puntos de giro que podrían haber tenido lugar, y así recupera a Amador, un psicólogo y escritor en un centro dedicado a los trastornos de conducta. Pero toda historia se pone en marcha con un punto de giro, es decir, con un cambio, un trastorno, y es aquí cuando la aparición de Judith, joven atravesada por un pasado de violencia y abusos brutales, activa un mecanismo narrativo de alta tensión emocional. Su voz, que emerge con dificultad entre la vergüenza y la urgencia, interpela al terapeuta y lo desestabiliza hasta obligarlo a confrontar sus propios límites. Entonces es cuando la obra se articula como un descenso infernal progresivo hacia las zonas más opacas de la mente y de la sociedad, con un lenguaje altamente simbólico e imágenes de poderosa contundencia. El mundo que se dibuja alrededor de los personajes, con la presencia de una red sórdida de dominación y de explotación, no es meramente un decorado que bebe de un caso real: actúa como amplificador de los conflictos internos. Pero aquello que realmente sostiene la novela es su formidable capacidad para mostrar cómo los infiernos no solo son externos, sino sobre todo íntimos, incrustados en la memoria y en el cuerpo. Martorell desarrolla una historia que se mueve hábilmente por los márgenes de la ambigüedad moral, explorando la fina línea que separa la compasión del deseo.Con una prosa dúctil e intensamente expresiva, que sabe alternar el corte afilado con momentos de delicadeza reparadora, Nits sense ales, de Pere Joan Martorell, es un relato sobrecogedor sobre la vulnerabilidad y la búsqueda de redención, una novela que se adentra sin concesiones en los territorios más frágiles e incómodos de la experiencia humana, allí donde la herida y el deseo se confunden y donde la necesidad de empatía deviene casi una cuestión de supervivencia.