Polémica

"A nuestros hijos les han robado Biniaraix": el pueblo que los vecinos ya no reconocen

La polémica por la fiesta privada del Bar-Bodega reaviva el malestar de los vecinos, que denuncian la pérdida de los espacios de encuentro, la gentrificación y el menosprecio por el mallorquín

ARA Balears
03/09/2026 - 21:26 h.

PalmaUn mismo portal, dos fotografías separadas por más de un siglo y una misma plaza que hoy ya cuesta reconocer a los que han crecido en ella. La comparación la ha hecho en las redes un vecino de Biniaraix, a raíz de la polémica provocada por una fiesta privada en el Bar-Bodega que acabó ocupando buena parte de la plaza durante las fiestas del núcleo.La imagen antigua muestra el edificio a comienzos del siglo XX. Según explica el autor de la publicación, se la hizo llegar Joan Marroig Piu y corresponde a la madre de su bisabuelo de Can Piu, que regentaba el ultramarinos que había en aquel mismo local antes de que se instalara el Bar-Bodega. Al lado de la fotografía histórica, hay otras del bar y de la plaza en tiempos antiguos, y dos imágenes actuales.El montaje ha servido para poner sobre la mesa una sensación que se repite en muchos de los comentarios: que el conflicto de este verano no es solo una cuestión de una fiesta, sino el síntoma de una transformación más profunda de lo que había sido durante décadas uno de los espacios de encuentro de Biniaraix."Nací y crecí en Biniaraix. He pisado este bar miles de veces, desde cuando lo llevaban madò Antònia y su hijo, Pedro Antonio", explica otra vecina en una publicación que también se ha hecho viral. Recuerda los helados que compraba allí durante las tardes de verano, los juegos en las cuatro esquinas de la plaza y las verbenas. "Siento Biniaraix como mi casa", afirma. Y añade que lo que más pena le da es "ver lo que está pasando", porque considera que ya no es solo una cuestión de tener o no una carta en catalán, sino de sentir que "la gente de aquí ya no cuenta".

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Una plaza que antes era punto de encuentro

Los recuerdos de los antiguos clientes del Bar-Bodega dibujan un establecimiento muy diferente al actual. Uno de los comentarios recupera incluso una anécdota que le contaba su madre, que había trabajado durante años con Pedro Antonio. Cuando veían bajar a muchos excursionistas después de hacer el barranco de Biniaraix, recuerda, Pedro Antonio decía: "Bien, cierra, cierra, que vienen muchos".La frase resume, para esta vecina, un modelo de negocio que tenía como principal clientela a los habitantes del núcleo y que huía de la masificación. "Les gustaba servir el cafecito y zumo tranquilos a la gente del pueblo", explica.Ahora, diversos vecinos lamentan que aquella relación entre el bar y el pueblo se haya perdido. "Hemos perdido lo que es nuestro. Ir a Biniaraix y tomar un café o un refresco en el Bar-Bodega ya se ha acabado", escribe otro usuario.Otro de los comentarios habla directamente de "gentrificación", mientras que hay quienes lamentan que a sus hijos "les han robado Biniaraix". La mayoría coinciden, con matices diferentes, en una misma percepción: el núcleo que recordaban ha cambiado y los habitantes de toda la vida tienen cada vez menos peso en su propio espacio.El conflicto de la fiesta

La discusión ha recuperado fuerza después del episodio vivido este mes de agosto en el Bar-Bodega. Una fiesta privada celebrada en el establecimiento provocó las quejas de vecinos porque la actividad se extendió a la plaza y coincidió con las fiestas de Biniaraix. El Ayuntamiento de Sóller intervino y levantó acta, mientras que los responsables del bar pidieron disculpas y aseguraron que la situación "se les fue de las manos".Para los vecinos que ahora han recuperado las fotografías antiguas, sin embargo, el episodio es solo el último capítulo de una transformación que viene de más atrás.La discusión también tiene una dimensión lingüística. Diversos testimonios aseguran que la nueva realidad del local y de la plaza les hace sentir extraños en un espacio que identificaban con su vida cotidiana y con el mallorquín. "No es solo una cuestión de tener o no una carta en catalán", insistía una de las vecinas. "Es ver que la gente de aquí ya no cuenta, que nuestra lengua molesta"."No sé si se puede volver atrás"

La publicación de las fotografías ha abierto también un debate sobre hasta qué punto estos cambios son reversibles. "No sé si se puede volver atrás esta invasión pagada que nos han hecho", escribe el autor de la comparación de las fotografías. Y se pregunta quién ha permitido que se llegara hasta este punto."Si no es reversible, le estamos haciendo una buena faena a nuestros hijos, nietos y bisnietos", concluye.El debate, en cualquier caso, ya no gira solo alrededor de un bar. Las fotografías de un mismo portal separadas por cien años han acabado convirtiéndose en el símbolo de una pregunta mucho más grande que se hacen los vecinos de Biniaraix: ¿qué debe quedar de un pueblo cuando el lugar donde antes se encontraban sus habitantes deja de funcionar como espacio de encuentro para ellos?

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