Chúpame la autonomía
En las entrevistas que responde Mahmud Darwix en el bello volumen La Palestina como metáfora (Lleonard Muntaner, Editor), el poeta palestino indaga en temas capitales, como la idea de exilio permanente y la ruptura de la Historia a causa de la fragilidad de los eslabones de transmisión –idea que Lluís Calvo analiza en el magnífico ensayo Els llegats (Arcàdia)–, también en el hecho de que el cuerpo se ha convertido en el último baluarte, el último refugio, el arma definitiva con la que continuar el combate en estos tiempos de caos. Me atrevería a decir que esta es una de las claves para entender la proliferación y exaltación de las poéticas del cuerpo y de la poesía mórbida, tendencias imprescindibles de la poesía catalana del siglo XXI en un movimiento de fuerzas que se opone, de manera marcada, a un neoformalismo recalcitrante que vuelve a la métrica y a la rima como fundamentos de la escritura de versos. En todo esto he pensado leyendo, y disfrutando, El cant de les cigales, el novísimo y brutalísimo título de la poeta de Llucmajor Cecília Navarro, obra más que merecedora del 43º premio de poesía Manuel Rodríguez Martínez Ciudad de Alcoy.
Habíamos tenido la suerte de poder leer algunos de los poemas, los más eróticos, gracias a la formidable antología Un llumí a la llengua. Dotze poetes catalans diuen el desig (Edicions de la Ela Geminada), pero la lectura atenta deEl cant de les cigales lleva la sensualidad más allá: no se trata, solamente, de una explicitación del gozo físico, de una celebración del placer y de una confesión de fervores libidinosos: nos encontramos ante un auténtico manifiesto existencial que eleva la córporea con todo su fisiológico esplendor. La arquitectura del libro se despliega en cinco partes que funcionan como modulaciones sinfónicas de una misma suite, estructura que me recuerda la que ha utilizado a menudo Eduard Sanahuja i Yll en algunos de sus mejores volúmenes.
El ritmo de lectura es frenético por la concisión de los poemes, por la rotundidad de las imágenes y por la exuberancia del lenguaje. Hay poemes para enmarcar tal como 'Frit de matances', que empieza así: “Eres una simple putita de Dios / yo te habría lamido mejor los cojones!”. Se alcanza una fusión entre sagrado y profano, éxtasis místico y genial resbalada, que nos recuerda la línea subversiva y escandalosa de Blai Bonet –de quien este año celebramos el centenario de nacimiento–, pero también el estilo orgiástico y provocador de Biel Mesquida –reciente premio de Honor de las Letras Catalanas–, y para rematar la apuesta, la voz de Cecília Navarro lleva el furor venusiano de Maria Mercè Marçal a nuevos apogeos, dialoga con la línea textualista de Anne Carson al estilo de los setenta y ofrece una bacanal audiovisual al estilo de las queridas películas de Bigas Luna. El empático, simpático y programático epílogo de Jeroni Mas Fiol sella un nuevo libro espléndido de Cecília Navarro, poeta valiente para mí ya de cabecera.