¿De qué es capaz una madre?

Muchas construcciones literarias son, en realidad, el resultado feliz de haber conseguido superar retos técnicos, es decir, artefactos creativos construidos sobre trabas que han potenciado, como bien sabían y saben y sabrán siempre los integrantes de Oulipo, los motores cada vez menos secretos de la escritura. La novela El eclipse, de Georges Perec, que podemos disfrutar en castellano gracias a la editorial L’Avenç con magistral traducción de Adrià Pujol, es uno de los máximos ejemplos de esto: una fabulosa historia en la que el autor no usa ninguna palabra que contenga la letra A. Poca broma. Sin embargo, no olvidemos que formas tan empleadas como los sonetos o las sextinas son, también, complicaciones formales que nos invitan a superar obstáculos para vehicular el fondo que deseamos expresar. 

El libro que nos interpela esta semana plantea una elección textual curiosa, ambiciosa y compleja. El resultado es, en efecto, fascinante y estimulante, ya que nos incita, como proclama Roberto Bolaño, a buscar nuevos caminos, nuevas rutas, nuevas posibilidades todavía ni soñadas. Hoy quiero hablar de la novela con título Stabat Mater y subtítulo Un viento divino, de Òscar Palazón Ferré, una propuesta atrevida que mereció el premio Mallorca de narrativa 2025 y que ha visto la luz en Galés Edicions con el apoyo del Consell de Mallorca. El caso es que el nuevo volumen del prolífico y multipremiado Palazón impone el fundamento básico, e imprescindible, de no interrumpir el torrente verbal, ni el flujo de conciencia joyceano, con párrafos ni puntos, tanto seguidos como aparte: la novela entera es una única frase que tiene la duración, agárrate fuerte, de 200 páginas.

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Más de una persona tendrá miedo de enfrentarse a un experimento tan radical. No quiero engañar a nadie: en efecto lo es, como también lo es buena parte del trabajo de un escritor pionero como Óscar Palazón Ferré, que ha abierto nuevos caminos dentro de la literatura catalana actual y no siempre ha recibido el caso ni la atención crítica que bien merece. Sin embargo, en el otro polo de este carácter arriesgado –que no suele ser del gusto de un gran público que parece que quiera que la literatura sea cada vez más Netflix– hay una tremenda fuerza como es la ternura y, a mi entender, así se alcanza un peso que equilibra la balanza narratológica. Si la forma es compleja, el fondo es de una delicadeza suma: una investigación sobre la maternidad a partir de la figura angelical y demoníaca a la vez, ya que condensa todos los espectros de la humanidad, de una madre que habla y que parece que no se pueda detener nunca. Brillante. Entonces hechos aparentemente reales y otros de ficcionales –¿quién lo puede distinguir del todo?– se despliegan al lado de reflexiones sobre la lengua y anécdotas de toda clase. En resumen: ‘Stabat Mater’, de Òscar Palazón Ferré, es un estimulante torrente que no se puede dejar.