Campo de sangre
Haceldama es una palabra arameo (Akeldama) que significa 'campo de sangre'. Hace referencia al pedazo de tierra comprado con las monedas de Judas que después se convertiría en un cementerio de extranjeros. Es también el título de la segunda y tan injustamente maltratada novela de Blai Bonet, que ahora vuelve a ver la luz gracias a una cuidadosa edición de Nicolau Dols para Club Editor, sello que ya ha logrado recuperar todas y cada una de las novelas editadas del autor. La meta es doble, ya que la obra vuelve a respirar con la voz primigenia originariamente concebida por el desatado novelista, sin las correcciones excesivas e innecesarias que había sufrido en la Editorial Aymá y que había arrastrado en la reedición a Ensiola. Por tanto estamos ante un noble acto de recuperación literaria, pero también ante una auténtica fiesta que llega al principio de este Año Blai Bonet que apenas se ha iniciado. Por tanto, somos testigos de un evento cultural de primera magnitud.
Lo que consiguen Nicolau Dols y Club Editor no es sólo rescatar un libro a menudo infravalorado, sino también restituir una voz y un corpus, devolver al lector el acceso a un gran creador que demasiado a menudo ha sido leído como periférico y alocado cuando, en realidad, es un genio irradiante y fértil que les asume la y las obras y milagros de Blai Bonet. Con HaceldamaAsí pues, Bonet vuelve a las tablas de novedades con toda su grandeza y nos recuerda que la literatura catalana también es capaz de arriesgar, de sacudir y de posibilitar otras miradas, otros estilos, otras formas de hacer. La trágica y camusiana historia de Andreu Crous no avanza talmente una columna marcial, sino más bien como una constelación que se forma a partir de piezas dispersas aparentemente desencajadas por culpa de la violencia del relato. Bonet articula la trama de forma fragmentaria y polifónica, como si el mundo sólo pudiera explicarse desde una pluralidad de voces, registros y perspectivas. Las escenas se superponen igual que capas de una pintura matérica de Antoni Tàpies, y acaban definiendo una composición que no es plana ni unívoca. Esta estructura, que algunos llamarían posmoderna y otros, visionaria, funciona casi como un 'collage': recortes que, una vez conectados, revelan el exaltado mapa interno del personaje y la brutalidad de la vida. Tal rompecabezas vibrante confirma que ninguna identidad es cerrada sino un proceso, una lucha y una respiración hecha a partir de furores verbales.
Blai Bonet fue un meteorito único de una intensidad desconcertante, sensual y radicalmente moderna en la literatura catalana, y (re)leer 'Haceldama' debería ser una de las estrictas y felices obligaciones de este año.