El campo de Menorca sobrevive a la crisis
Mantiene más de 200 fincas activas, la mitad de las cuales orientadas a la producción de leche y queso, y se aferra a la vocación y el relevo generacional para superar el incierto panorama marcado por la guerra y los recortes de la PAC
CiutadellaSuperada la tradicional dependencia de El Caserío que marcó la partida del sector hasta principios de siglo, el campo de Menorca sobrevive a los embates de la política internacional, a la inquietud que suponen los encarecimientos provocados por la guerra de Irán y el recorte en un 22% de las ayudas europeas de la PAC. La sustitución de la titularidad de las tierras en manos de inversores foráneos, como es el caso del empresario Víctor Madera, ha evitado el abandono prematuro de decenas de fincas y ha acentuado la apuesta del sector por otros tipos de explotación del campo que le han dado un nuevo impulso.
La gestión tradicional, enfocada sobre todo a la producción de leche y queso, mantiene todavía un amplio seguimiento, a pesar de los precios cada vez más reducidos que paga la industria de transformación a los ganaderos y que ponen en riesgo su rentabilidad. De hecho, todavía en torno al 90% de la superficie labrada son forrajes y cereales para la alimentación del ganado bovino.
La consellera menorquina del ramo, Maria Antònia Taltavull, ve el vaso medio lleno. A pesar de la incertidumbre provocada por el conflicto bélico en Oriente Medio y la drástica subida del gasoil y los piensos, la consellera y, a la vez, señora de la casa de Torralbet (Ciutadella), ve a los agricultores “animados”. “Los dos últimos años han sido buenos en lluvias y, por tanto, para poder dar de comer al ganado, y las ayudas públicas han llegado”, explica. También las del mismo Consell insular, que han subido un 24%, hasta los 1,3 millones de euros, el fondo que destina al Contrato Agrario, la compensación pública a los propietarios y agricultores que mantienen la biodiversidad y preservan el paisaje rural tradicional, la imagen de postal que se vende a los turistas.
Tampoco se ha producido ningún cierre significativo de fincas –en un año solo se han dado de baja tres, dejando el último censo conocido con 209– y el relevo generacional apunta nuevamente al alza. Actualmente, en el centro de capacitación de Sa Granja hay 13 alumnos en primer y otros 13 en segundo curso que se forman para poder trabajar en el campo. De hecho, la Conselleria de Agricultura del Govern balear calcula que cada año una veintena de jóvenes menorquines se incorporan a trabajar en la agricultura de la isla.
Cuatro generaciones de Mussuptà de Baix
El lugar de Mussuptà de Baix, en la carretera de Sant Climent, es un buen ejemplo. A 26 años, Guiem Pons da continuidad a un linaje de agricultores que se remonta al menos a cuatro generaciones atrás. “Es un trabajo vocacional que, por poco que te dediques, da sus frutos”, dice el amo Guiem. “A quien no le guste estar en el campo no lo sacará”, destaca.
No es su caso. Desde que era un niño, ha visto a sus padres y abuelos trabajando en la finca y, a pesar de la multiplicidad de salidas profesionales que ahora cualquier joven tiene por delante, ha decidido quedarse y abrirse camino en solitario. “A Guiem siempre le han gustado los tractores y los animales y ha seguido lo que ha visto desde pequeño. Tenemos vocación, amamos el campo y, como otros oficios, este también es viable”, explica su padre, Tóbal Pons.
Mussuptà de Baix dispone de una cuarentena de vacas lecheras, además de unas pocas terneras. El lugar vende buena parte de su producción a Coinga. La cooperativa de Alaior se ha convertido con el tiempo en una de las industrias de transformación de referencia para el sector. Aun así, Quesería Menorquina –que ha heredado el legado de la antigua planta de El Caserío en Mahón– absorbe todavía hoy día casi una tercera parte de la leche que producen las explotaciones ganaderas de la isla.
Las fincas que se dedican a la leche han bajado por primera vez del centenar, pero la superficie de pasto y forraje se mantiene, hasta el punto de que la cabaña bovina de Menorca se ha incrementado con 597 ejemplares a lo largo de 2025. Ha sido el primer de los últimos 17 años que el número de cabezas de ganado aumenta. “Si el ganadero ve que llueve, se anima y destina más animales a hacer leche”, destaca el secretario de la Asociación Frisona, José Ramón de Olives.
Buena prueba de ello son las 93 ganaderías que actualmente están inscritas en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen (CRDO) del queso Mahón-Menorca. Estos lugares produjeron el año pasado 38,6 millones de litros de leche, 28,5 de los cuales se destinaron a la fabricación de queso.
Las 47 queserías sujetas a la Denominación de Origen, 41 de ellas artesanas, alcanzaron en 2025 su propio récord al producir casi 3.300 toneladas de queso. De estas se vendieron 2.649, la cifra más alta alcanzada nunca por el queso de la isla. El 68% se comercializa dentro mismo de las Baleares; un 25%, en la Península, y el 7% restante, en el extranjero.
La creciente producción de vino y la de huerta y fruta, que consume 120 hectáreas, ayuda a diversificar la economía ligada al sector primario. También juega un papel cada vez más importante el turismo, que ya roza las 1.300 plazas de alojamiento, vinculadas en todos los establecimientos a la obligación de que se mantenga la actividad agraria.