Dificultad 1 sobre 5
Distancia 4 km
Desnivel 50 m
Duración 1 h 30 min
Altitud máxima 45 m
Ruta circular
PalmaDice el escritor suizo en lengua alemana Robert Walser (1878-1956) que todo paseo debe ir aparejado de la contemplación de la naturaleza. La propuesta que queremos compartir con todos vosotros lo contempla, desde una doble vertiente: la natural, el río de Santa Eulària; y el patrimonial, la iglesia fortificada del monte de Misa. Todo ello, un breve e intenso itinerario. Porque subir a lo alto del monte de Misa de Santa Eulalia del Río es entrar en la luz blanca que Villangómez supo decir: una Ibiza vertical, vigilante y silenciosa, donde la iglesia es a la vez casa de Dios y muralla del pueblo. "Desde aquí, lo que ansias, la belleza, / se te ofrece extendida y dilatada. / Un bosque espeso que sube abajo resbala. / De verde y de ocre el campo es lijado. / La huerta se acaba allí y el mar comienza. / Blanco encima azul, espumas, nave en la (Santa Eulalia del Río. Mariano Villangómez Llobet. Poemas Mediterráneos –1943-1944–).
La subida es un recorrido breve pero cargado de significado histórico y simbólico. El ascenso, desde el casco urbano hasta la colina que domina la desembocadura del río de Santa Eulària –el único río de Baleares–, reproduce un itinerario secular: el camino que los habitantes hacían para acudir a la parroquia y, al mismo tiempo, el lugar de refugio. Su bastión controlaba con sus cañones la desembocadura del río y los molinos.
En este itinerario no marcaremos tiempo entre los diferentes puntos de interés de la marcha. La distancia es corta y el desnivel escaso. Tómeselo con calma, disfrute del paseo. Si desea utilizar el transporte público, la L-13 conecta Villa con Santa Eulària. Aunque si consulta la web eivissa.tib.org podrá ver y valorar otras opciones.
[00 min] Iniciamos la caminata a la altura de los números 25 y 27 de la calle de Sant Jaume. Entre estas dos casas se inicia el camino de la Vila, un paso escalonado que nos lleva cuesta arriba hasta las puertas de Can Ros, sede del Museo Etnográfico de Ibiza. Fue en 1994 que, gracias al esfuerzo conjunto de la Fundación Illes Balears y el Consell insular de Eivissa, esta emblemática boda tradicional de mediados del siglo XVIII, que se dedicaba a la agricultura y la ganadería, con una extensa finca que llegaba a los márgenes de la desembocadura del río, abrió las puertas transformado en un inmenso expositor.
Continuamos nuestro paseo por la avenida del Padre Guasch. Antoni Guasch Bufí (Santa Eulalia del Río, 1879 - Sevilla, 1965) fue un jesuita viajero, erudito, lingüista, que tuvo una vida pletórica de afanes en los dos hemisferios: en Europa, Asia, América y Oceanía. Nació en la casa solariega de Can Ros y era el menor de cinco hermanos. Antoni Costa Bonet y Felip Cirer Costa le dedicaron un libro, El padre Antoni Guasch Bufí, apóstol del guaraní, editado en 1991 por el Instituto de Estudios Baleáricos. Sin salir de la misma avenida, siempre en sentido ascendente, los populares 'pasos' nos anuncian nuestra inminente llegada a la iglesia del monte de Missa.
Los 'pasos' ponen de manifiesto una vieja y centenaria costumbre asociada a la práctica devocional católica del vía crucis (camino de la Cruz), representado a menudo por una cruz negra de madera o pintada de negro sobre un muro blanco en el camino exterior que rodea la iglesia, a menudo situada sobre un monte. Los últimos pasos antes de alcanzar la cima de 55 metros sobre la que se asienta nuestro macizo objetivo vienen rodeadas de un fuerte simbolismo. Estrechas callejuelas y anchas escalonadas se abren paso entre un pequeño conjunto de casas a los pies de la iglesia fortificada de Santa Eulària des Riu. La que ahora contemplamos se edificó hacia 1560, en un contexto de asedio permanente de la piratería, al tiempo que se hacían las murallas de la villa de Ibiza. La antigua, del siglo XIV, quedó muy dañada a consecuencia de un ataque turco de 1543. De un indudable valor estratégico, todo el conjunto fue concebido para vigilar la costa y anticipar peligros.
Cabe decir, sin embargo, que monte de Misa es la denominación que recibe cada una de las dos colinas a cuyas cumbres se asientan las iglesias-fortaleza dedicadas, respectivamente, a Santa Eulària ya Sant Miquel, la segunda en el cuartón de Balansat. Construidas inicialmente en el siglo XIV, su emplazamiento alto y dominante permitía organizar rápidamente el refugio y defensa civil en caso de ataque por mar. El monte de Misa de Santa Eulalia controlaba el paso marítimo de levante, mientras que el monte de Misa de San Miguel lo hacía sobre la costa norte. Otras iglesias fortificadas son las de Sant Jordi de ses Salines y de Sant Antoni de Portmany.
Antes de proseguir la caminata, vale la pena visitar el interior de la iglesia de Santa Eulària y dar un pequeño paseo por el exterior. Porque a continuación nos toca bajar a los dos puentes, el Nou de 1918 –de entrada a la villa– y el Viejo del siglo XVIII –peatonal– que todavía atraviesan sobre el río de Santa Eulària. Ambos fueron sustituidos por una tercera infraestructura, más moderna y sin encanto, que abre paso hacia la vía de circunvalación. El monte y el río se conectan por el camino de Cala Llonga, que sale a la calle de Sant Jaume, de donde nuestros pasos continúan por el paseo del Pont Vell.
Una de las leyendas más curiosas de Eivissa es la de los familiares, unos duendes de cabeza enorme que, según cuentan, nacen de una hierba mágica que sólo crece bajo el puente Viejo de Santa Eulària durante la noche de San Juan. Alerta si desperta uno, porque, le pedirá sin parar "trabajo o comida". Pero el puente en sí mismo es fruto de otra leyenda, aquella que cuenta como los aldeanos, incapaces de construir un puente para atravesar el caudaloso río, pidieron ayuda al demonio. Éste aceptó construirlo en una sola noche a cambio del alma del primero que lo atravesara, pero fue engañado por el alcalde de Santa Eulària, que al verlo terminado soltó un gato. El resto fue trabajo del párroco, el agua bendita y muchos rezos.
La bajada hasta el mar es sencilla y llana por un paseo muy agradable, acera del río. Un entorno antiguamente rodeado de hortales y con numerosos molinos harineros hidráulicos, que se nutrían del abundante caudal. Como el molino de Dalt o de Can Planetes (centro de interpretación del río), el molino de Enmig, el de Can Marge y el molino de Baix. Por la punta del Nadador salimos al paseo Marítimo que no abandonaremos hasta ser la altura del paseo del Alamera, por donde entraremos en la villa y cerraremos el circuito delante del Ayuntamiento [1 h 30 min]. Podemos visitar el refugio antiaéreo de la Guerra Civil, reconvertido en un espacio expositivo.
Dificultad 1 sobre 5
Distancia 4 km
Desnivel 50 m
Duración 1 h 30 min
Altitud máxima 45 m
Ruta circular
@Fita_a_Fita