Un 'Werther' para la historia
Xabier Anduaga bisó, por primera vez en su debut del personaje trágico por excelencia, la celebérrima y legendaria 'Pourquoi me réveiller'
PalmaHay momentos en la ópera que, siempre y sin excepción, resultan absolutamente memorables. Son aquellos que cuando el/la cantante acaba de interpretar habitualmente el aria más famosa de la composición, los aplausos del público tienen un tono especial, muy elocuente, incluso exigente. Y, si casi siempre van perdiendo intensidad, en estos casos los decibelios aumentan de manera exponencial. El protagonista primero guarda silencio, respetuoso y agradecido, sin ningún movimiento, ni el más mínimo que pueda interrumpir la fiesta que han iniciado los espectadores de allí arriba y han contagiado al resto. Mira al director. Éste, atento, espera que el protagonista cierre los ojos de manera afirmativa, corroborando lo que quien más quien menos ya tenía claro. Y así comienza de nuevo la apoteosis, el bis. Para los mallorquines que allí estábamos, tenía valor añadido, el primero que hizo Xabier Anduaga, con Una furtiva lagrima, fue en el teatro Principal de Palma. El domingo, en la tercera función de su primer Werther, el Liceo estalló y convirtió la velada en memorable, una de las que no se olvidan. Xabier Anduaga bisó, por primera vez en su debut del personaje trágico por excelencia, la celebérrima y legendaria Pourquoi me réveiller. Una circunstancia que podría haber convertido el resto de la función en pura anécdota.
Sería muy injusto. Esta producción, con Anduaga y las dos partenairesfemeninas Cristina Stanek y Sofia Esparza, quedó sellada con la impronta de las grandes y no tan solo por haber podido escuchar este bis que lleva camino de convertirse en costumbre para el resto de funciones, sino porque Cristina Stanek fue una Charlotte de inmenso nivel, tanto dramático como vocal, con un impecable Werther!, Werther! Qui m’aurait dit, sentencia de todo ello. Del mismo modo, Sofia Esparza interpretó una Sophie con mucho más peso específico en la narración que la mayoría de los que han diseñado no pocos directores artísticos. No hace falta decir que los personajes de Schmidt y el Batle, con su innecesario Vivat Bacchus!, alguien podría plantearse ahorrarlos. La orquesta, dirigida por Henrik Nánási, al servicio de los cantantes, aunque sin perder personalidad ni protagonismo. Christoph Loy estuvo mejor en la dirección de actores que en la concepción de la escenografía, que estaba ahí porque tenía que haberla, pero sin demasiada relevancia argumental. Lo mejor que se puede decir es que daba total y absoluta libertad de movimientos a los protagonistas de un Werther para la historia.