Mientras Vox cuenta libros en Palma, sa Pobla crea la primera biblioteca social
La polémica por el fondo en catalán en Cort contrasta con un nuevo modelo bibliotecario en el que se trabajan las nuevas realidades de los municipios
PalmaLas bibliotecas han vuelto a primera página de la actualidad y lo han hecho, una vez más, por razones que poco o nada tienen que ver con su función ni su funcionamiento. La última es el informe que realizará el Ayuntamiento de Palma –a propuesta de Vox y con el apoyo del Partido Popular– para saber cuántos libros del catálogo municipal son en castellano y cuántos en catalán. Según el partido de extrema derecha, los primeros se encontrarían en minoría en las bibliotecas de Ciutat, especialmente en la sección infantil y juvenil, una anomalía que debería corregirse, dicen, en beneficio de los derechos lingüísticos de los usuarios. Es el mismo argumento que ha utilizado el PP para incluir el castellano en los certámenes literarios, para garantizar "la libertad de los autores locales" que quieran presentarse, si bien de los seis galardones en castellano convocados en los Ciudad de Palma desde 2023 ninguno ha recaído en un autor local, sólo uno de cinco en el caso de los Premis Mallorca.
En cuanto a la presencia de libros en castellano en las bibliotecas de Palma, los datos demuestran que sí existe una diferencia importante por lenguas: el fondo municipal dispone de 150.004 libros en castellano, casi el doble que en catalán (86.945). Las compras del año 2025 han mantenido también esta diferencia: 5.973 en español y 3.065 en catalán.
"Hay más libros en castellano, porque se editan más libros que en catalán, tanto originales como traducciones. A la hora de escoger los títulos que adquirimos empleamos criterios técnicos que tienen que ver con las temáticas, el contenido, si es novedad o clásico, la calidad de la traducción, poner en duda las colecciones de las colecciones que se encargan de esa labor". Así lo valora Catalina Quetglas, jefe de servicio de Bibliotecas y Archivos del Consell de Mallorca que, entre otros, se encarga de coordinar la Red de Bibliotecas de Mallorca.
En la misma línea se ha manifestado la Asociación de Bibliotecarios, Archiveros y Documentalistas de las Islas Baleares (ABADIB), que emitió un comunicado en el que rechazaba el uso de las bibliotecas para la confrontación política y reclamaba respecto a los criterios profesionales. La propuesta de Vox en el Ayuntamiento de Palma, de hecho, incluía el establecimiento de criterios lingüísticos para futuras adquisiciones, si bien el PP votó en contra de este punto porque "sería ir en contra del trabajo que realizan los bibliotecarios", en palabras de Javier Bonet, concejal de Cultura de Cort.
Actualmente, las compras se hacen de acuerdo con una primera elección de los responsables de las diferentes bibliotecas, como explica Margalida Plomer, jefa de la Red de Bibliotecas Municipales: "Normalmente, respetamos lo que nos sugieren, porque, al fin y al cabo, ellos conocen tanto el fondo como los usuarios. best-sellers, que cojan clásicos o libros para ampliar fondos.
En la Red de Bibliotecas de Mallorca, los títulos que se adquieren para destinarlos a los clubes de lectura son mayoritariamente en catalán: 23 en catalán y 7 en castellano. "Pero no se puede reducir todo a una cifra, hay que entender y conocer la realidad de las bibliotecas. No debería hacerse política con esto", habla Catalina Quetglas. Y es que ni las bibliotecas de Palma, 22 en total, ni las 70 que se reúnen bajo el paraguas de la Red de Bibliotecas de Mallorca tienen políticas de colección propias, unos documentos que servirían para establecer los marcos y los condicionantes que deben tenerse en cuenta para diseñar y actualizar el fondo de cada una. Si no lo tienen, coinciden todos los profesionales consultados, se debe a la problemática principal a la que se enfrentan cada día: la falta de manos.
Auxiliares que hacen de técnicos
"Es nuestro talón de Aquiles", asegura Quetglas, quien reclama más implicación de los ayuntamientos, no sólo para aumentar el personal que se destina a él sino, sobre todo, para mejorar las condiciones de quien trabaja. "Muchas bibliotecas de Mallorca las lleva una única persona, que suele tener consideración y remuneración de auxiliar, pero se le exigen trabajos de técnico. A veces, incluso, se les cae encima la gestión cultural del municipio, lo que deberían hacer en la categoría laboral que les corresponde. Cuando hacemos reuniones, vemos que todo el mundo está muy contento con el trabajo que hacen,"
Más allá de las condiciones de cada una de las bibliotecas municipales, la misma Red de Bibliotecas de Mallorca tiene también carencias en cuanto a recursos humanos: de las 38 plazas de que dispone el servicio de Bibliotecas y Archivos del Consell de Mallorca, actualmente hay ocho sin cubrir. En las bibliotecas de Palma, incluido el personal de coordinación, trabajan unas 50 personas, lo que significa que la gran mayoría de bibliotecas tienen un único bibliotecario. "Y si todo funciona, en muchas de ellas no hay ningún problema por ser sólo uno. El problema viene cuando hay bajas o vacaciones, o cuando quieren ponerse en marcha servicios complementarios, como el préstamo a domicilio", expone uno de ellos.
De esta problemática, de hecho, se ha derivado la situación actual de la biblioteca de Son Cladera, cerrada desde el pasado mes de abril, como recordaba Miquel Àngel Contreras, concejal de Més per Palma, en la rueda de prensa que ofreció en respuesta a la iniciativa propuesta por Vox. "Es una cortina de humo para tapar el abandono real que sufren las bibliotecas de barrio", expuso Contreras, quien señaló otras fuentes de conflicto existentes entre las bibliotecas y el actual equipo de Cultura en Cort, como la nula estabilidad del servicio de préstamo interbibliotecario, fundamental para el funcionamiento de muchas de estas bibliotecas, o la modificación del proceso. Desde hace aproximadamente dos años, todas las solicitudes de actividades deben ser dirigidas a la concejalía de Cultura antes de ofrecer ninguna respuesta, que hasta entonces dependía exclusivamente de los bibliotecarios.
Las bibliotecas sociales
La programación de actividades se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la gran mayoría de bibliotecas isleñas, que se esfuerzan día a día por rebatir la idea, muy extendida todavía ahora entre una parte importante de la sociedad, de que una biblioteca es un simple almacén de libros. "Las batallas ideológicas como la que proponen PP y Vox en Palma no ayudan", expone una bibliotecaria con diez años de experiencia. "Pero muchas veces son los mismos políticos que no saben nada, de lo que se hace. Te dan la enhorabuena por tener los libros bien ordenados, cuando vienen a pedir información para una actividad que quieren hacer y no vuelven a pisarla en cuatro años", añade.
Donde siempre hay movimiento es en la biblioteca de Sa Pobla, Es Rafal, todo un referente para muchas bibliotecas de Baleares, que en los últimos años ha empezado a dar pasos para convertirse en la primera biblioteca social del Archipiélago. De hecho, su bibliotecaria, Maria Magdalena Tugores, más conocida en el municipio como Malena, acabará este año el grado en Educación Social y será también en la biblioteca de sa Pobla donde este mes de febrero empiece las prácticas un estudiante de esta misma formación. Será la primera vez que los futuros educadores sociales puedan realizar sus prácticas profesionales en una biblioteca; ha sido posible gracias a la colaboración tanto del Consejo de Mallorca como de la Universidad de las Islas Baleares.
"Aquí nos parece muy nuevo, pero hace años que en el norte de la Península y en Cataluña hacen mucho trabajo con el concepto de biblioteca social", comparte Tugores, "que es fundamental hoy en día. En las bibliotecas se debe poder trabajar la interculturalidad, igualmente como hay que poder hacerlo bien los socialistas. Los educadores sociales pueden complementar. bibliotecas somos agentes de cambio".
Tugores calcula que cada tarde pasan entre 150 y 200 personas por Es Rafal y la asistencia a actividades ha pasado de 2.700 personas en el 2022 a más de 7.000 el año pasado. "Tenemos desde niños que vienen a cuentacuentos hasta personas mayores que se acercan para adquirir herramientas digitales. Lo que hacemos es estar en contacto con las asociaciones del municipio, también con las escuelas y otros centros, para conocer las necesidades de los usuarios y averiguar cómo la biblioteca puede contribuir", expone la bibliotecaria de Es Rafal.
La distribución del edificio, en tres plantas, contribuye a dotarlo de múltiples funciones: la planta baja, donde siempre hay gente y conversaciones, se dedica a las actividades, mientras que el piso superior, el único lugar donde se pide que se respete el silencio, se destina al aula de estudio. "Vino una chica que acababa de llegar de Marruecos y no charlaba nada de catalán, y se ofreció a hacer algo con nosotros. Ahora, ella se encarga de enseñar informática a un grupo de personas mayores que, a cambio, le enseñan el idioma", comenta la bibliotecaria como uno de los numerosos ejemplos de la tarea que se desarrolla. Lo es también la Biblioteca Humana, una iniciativa que consiste en juntar a un grupo de personas que, como si fueran libros, cuentan sus historias. "Al último que hicimos, a finales de enero, tuvimos a una persona de Pakistán, una de Chile y una de Ecuador. Nos contaron sus historias y los mitos y leyendas de sus culturas, como lo hizo igualmente Isabel Crespí Font, responsable del archivo de Sa Pobla, con las de aquí. también debe aplicarse a las personas", resume Tugores. Ya lo dijo Doris Lessing, que las bibliotecas públicas son la institución más democrática del mundo. "Las bibliotecas nos hacen libres", sentenció la autora de El cuaderno dorado, "y nos permiten escapar del confinamiento que provocan los climas políticos del momento".