La hija única

¿Por qué volvemos a querer estar delgadas?

Durante un tiempo creímos que habíamos dejado atrás la obsesión por lo físico. Pero el retorno de la delgadez como ideal estético nos obliga a preguntarnos si alguna vez dejamos de mirar nuestro cuerpo

12/07/2026

PalmaChicas, nos hemos traicionado. Yo, de verdad, que lo intento. Habíamos quedado en que ahora ya no pensábamos en nuestro cuerpo. Estábamos todas a favor de este delirio colectivo juntas. ¿Qué? ¿Publicidad para que “si empiezas en junio, con esta operación bikini estarás irreconocible en julio”? No me afecta. ¿Que se han vuelto a poner de moda los Capri, unos pantalones en los que, aunque sean de mi talla, nunca me cabrán los muslos? Me da igual. ¿Cómo? ¿Que dices que has engordado y que te ves fatal? Después de decirte que estás guapísima, no pensaré en absoluto en mí misma ni me preguntaré si yo también debería preocuparme.

Yo, de verdad, que lo intento. Pero ya no puedo continuar, porque nuestros referentes visuales de mujeres se están, literalmente, desvaneciendo. Ya no puedo ignorar más qué está pasando con cuerpos como los de Rosalía, Nathy Peluso y Alexa Demie (Maddy Pérez, en Euphoria). De acuerdo, los cuerpos cambian y buena parte de las veces desconocemos las razones y los objetivos. Ahora bien, la tendencia es siempre la misma, sobre todo cuando sube el estatus. La delgadez llega justo después del éxito. O justo antes. Nunca sabremos si es la constatación o el precio a pagar.

Cargando
No hay anuncios

Con el éxito, los cuerpos casi nunca cambian en el sentido inverso: casi nunca se expanden, casi nunca se ensanchan. Hablemos de los cuerpos mediáticos: no son la norma, pero son el mainstream. Igual que el mainstream es Paula Gonu en un vídeo en el que intenta ayudarte a justificar que has engordado con ese discurso melodramático que se ha vuelto viral: “¿Que has engordado 2 kg? Quizás fue el otro día, cuando quedaste con tus amigas para cenar y lo pasasteis tan bien. O la semana pasada, cuando tu madre y tu tía te cocinaron tu plato preferido”. Todo normalizando que nos mortifiquemos por ello. Dando por hecho que necesitamos una justificación lo bastante sólida para no sentirnos mal. Todo esto, mientras ella se viste con un top diminuto para ir a hacer Hyrox. Ah, claro.

¿Por qué siento que volvemos a querer estar delgadas? Es una sensación latente: un día son unos pómulos tan definidos que me dan rabia, otro unos brazos tonificados o unas clavículas prominentes. Y, uf, confusión. ¿Estaría mejor así? Durante mucho tiempo tuvimos claro que ya no nos interesaba estar delgadas. Bajamos la guardia. Y queríamos ser listas, interesantes, misteriosas. Nos marcamos otros objetivos, como si no fueran otro lastre. Eran igual de exigentes, quizás menos violentos. Como mínimo, no atacaban nuestra integridad física.

Cargando
No hay anuncios

Durante un período muy corto de tiempo, hicimos ver que no nos importaban nuestros cuerpos. Fue justo después del pesadísimo body positive, un instrumento más del capitalismo y, en algunos casos, del machismo. Si el body positive no fue ningún triunfo, es porque nos responsabilizaba y culpaba a nosotras, una vez más, de la relación con nuestros cuerpos. En lugar de querer cambiar la mirada con la que nos escrutamos, nos pidieron que –simplemente– la desactiváramos de nuestro cerebro. El mundo continuaría siendo el mismo, y nosotras debíamos hacernos cargo de protegernos de él. Los motivos para odiar nuestros cuerpos no habían desaparecido, pero ahora ya no podíamos dejar que nos afectaran, porque debíamos amarnos “tal como somos”. Es decir, que nos odiábamos igual, pero con culpa.

Más que amar nuestro cuerpo, lo hemos acabado ignorando. Ser mujer y amar tu cuerpo es un trabajazo, así que hemos optado por que, al menos, no nos moleste. Así, lo hemos acabado transportando con nosotras, de un lado a otro, resignadas, como un bolso de mano que, aunque no nos encanta, nos hace el servicio. Hemos acabado tan aburridas de hablar del cuerpo, que ya no sabemos si evitamos, el cuerpo o el hecho de hablar de él. A mí, al menos, se me ha instalado esta incomodidad: una capa más de sedimento en la relación con lo físico.

Cargando
No hay anuncios

En mi cerebro, un resorte mental desactiva cualquier pensamiento relacionado con querer modificar mi cuerpo. Automáticamente, queda inhibido, solo para evitar sus posibles efectos. He conseguido ignorar todo esto y también lo que me quieren decir transformaciones como las de Rosalía, Nathy Peluso y Alexa Demie. He intentado protegerme durante tanto tiempo de estos cuerpos, que he anulado la voz interna que quiere ser como ellas y, al mismo tiempo, la voz que se enfada y se queja. Pensaba que haciéndome inmune a cualquier físico hegemónico me protegía –de quererlo, de culparme, de no quererme. Y lo que hacía era desarticular mi rabia. Yo, de verdad, que lo he intentado. Pero he vuelto a pensar en nuestro cuerpo. Y no sé si podré dejar de hacerlo.