Música

La saturación de la oferta mata los festivales de música en Menorca

Las dificultades para rentabilizar grandes producciones ya han provocado la cancelación de dos festivales en dos años en la isla, donde solo sobreviven las propuestas de artes escénicas y clásicas más diferenciadas

18/08/2026 - 21:02 h.

CiutadellaLa segunda semana de agosto Menorca ha dado la bienvenida a un nuevo festival de música de gran formato, el Ukalari Live. Los gestores del teatro del mismo nombre en Ciutadella, Alberto Gómez y Miriam Torres, se atreven a programar 10 días de conciertos, desde David Bustamante hasta The Tyets y el homenaje This is Michael, en un recinto habilitado en el campo de fútbol del Sporting Mahonés donde caben 4.000 personas. Estos días dan trabajo a una treintena de personas y provocan la creación indirecta –calculan– de 300 puestos de trabajo más. Un salto importante, pero dicen que controlado, respecto de lo que están acostumbrados en el antiguo teatro de Calós, ahora Ukalari, donde en dos años han conseguido llenar regularmente sus 575 localidades y han atraído cerca de 25.000 espectadores.

Los sorteos de entradas dobles a través de los medios de comunicación dejan entrever, sin embargo, que se necesita un empujón final para que las ventas permitan cuadrar los números. Algo parecido a lo que hizo el Menorca Music Festival en la que debía ser, este agosto, la quinta edición y que se canceló solo una semana antes de que comenzara. Con artistas como Víctor Manuel y Loquillo a punto de viajar a la isla.

Financiación

La dirección del festival ha explicado con total transparencia a través de las redes sociales que el motivo real de la cancelación ha sido el “grave problema de salud sobrevenido” que el día 20 de julio, diez días antes del inicio del festival, sufrió “un socio inversor y estratégico fundamental” que debía financiarlo. Este hecho paralizó las operaciones y los ingresos que se habían previsto, lo cual ha acabado imposibilitando que tuvieran lugar los conciertos.

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“Lamentamos profundamente el daño, la frustración y los inconvenientes que esta situación involuntaria haya causado”, dicen los organizadores, que todavía están a la espera de encontrar el sistema para satisfacer sus compromisos con los artistas y proveedores y, a la vez, devolver al público el importe de las entradas que ya se habían vendido. Los promotores se excusan destacando la “complejidad” de hacer frente a la logística y los sobrecostes inherentes a la insularidad con un apoyo “limitado” de la administración pública y de patrocinadores privados “en relación con otros festivales de la Península”.

El exconsejero de Cultura, Miquel Àngel Maria, apunta que, ya en el primer contacto en 2018, los organizadores pidieron al Consell insular que les concediera una subvención nominativa. “Venían a hacer un ‘favor’ a los menorquines y a montar un festival como los de la Península, pero necesitaban el apoyo institucional para cuadrar las cuentas”, recuerda. A pesar de la negativa inicial del Consell, volvieron a requerir su apoyo después del covid y se derivó la petición al Fomento del Turismo. Así que comenzaron a programar el festival sin ayudas directes de la institución, pero sí del Ayuntamiento de Mercadal.

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La falta de liquidez y de viabilidad económica ha estado presente en las cinco ediciones del festival. De hecho, la organización llegó a acumular una deuda muy importante con la Sociedad General de Autores (SGAE) que amenazó incluso a la Administración que le había dado apoyo. “Llegamos a temer realmente que la SGAE nos requiriera el pago subsidiario de la deuda”, admite una fuente importante dentro del Consistorio. A pesar de tratarse de un evento privado, el hecho de que dispusiera de exenciones y bonificaciones municipales y se llevara a cabo en un espacio público alimentaban el miedo de la Administración. “No lo teníamos del todo claro”, reconoce. Finalmente, sin embargo, la SGAE aceptó el pago fraccionado de la deuda y, “aunque in extremis”, el Ayuntamiento ya había recibido la certificación para dar luz verde a la edición de este año.

Pero también músicos y proveedores cobraban con retraso. Love of Lesbian supeditó su actuación del año pasado a cobrar de manera avanzada gran parte de su caché, para así evitar los problemas que les habían transmitido otros grupos participantes. Algunos proveedores locales también se pusieron en contacto con el Ayuntamiento para alertarle de la deuda que arrastraban y pedirle colaboración.

La elección del Mercadal como sede del Menorca Music Festival no había sido casual. Además de su ubicación estratégica en el centro de la isla, la organización se favoreció de la cesión pública del espacio de los antiguos cuarteles y del hecho de que este recinto ya dispone de un plan de protección específico. Así que solo tuvo que adaptar los aforos, si bien tardó en cumplir los condicionantes técnicos municipales. “Tenían todas las licencias, pero se cumplía todo a última hora y de manera laxa. Así que les íbamos poniendo ratios de seguridad cada vez más estrictos”, apunta la fuente. Al final, sin embargo, este hecho no fue el causante de la suspensión.

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En cualquier caso, ha tenido más vida que el Lazareto Fest, que se canceló después de haber hecho solo dos ediciones en la isla: la primera, en el Llatzeret del puerto de Maó y la segunda, en el castillo de Sant Felip. La reducción del aforo en 2023, motivada por el cambio de ubicación fuera del emblemático islote que los había acogido el primer verano, fue uno de los motivos que provocó la pérdida de viabilidad del certamen. De hecho, los organizadores presumían de provocar un retorno económico de casi un millón de euros en cada edición. En los dos años de festival consiguieron sumar cerca de 20.000 espectadores y las actuaciones de Ara Malikian, Ana Torroja, Boney M, Anastacia, Ainhoa Arteta y los Gipsy Kings.

Oferta de conciertos

En este contexto y con tanta saturación de oferta de conciertos, ¿qué tipo de festival consigue sobrevivir en Menorca? Los promovidos a escala local, como los conciertos del Claustre en Maó y el Jazzbah en Ciutadella, y también otros más específicos, impulsados desde el voluntariado y, hasta incluso, con un alcance internacional.

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Más allá del festival Menorca Jazz, que ya suma 28 ediciones, y de los organizados por las Joventuts Musicals –la de Ciutadella cumple 54 años–, consiguen resistir los que más optan por diferenciarse. Es el caso de la asociación Líthica, que gestiona las antiguas canteras del Hostal y que ha convertido este recinto, uno de los más visitados de Menorca, en el nexo de un programa de Fosquets de verano con músicas del mundo y propuestas igualmente eclécticas como Anna Ferrer y Sílvia Pérez Cruz.

Quien también ha sabido encontrar su público es el festival de artes escénicas Pedra Viva, que este año ha vuelto de la mano de su mecenas Mariona Carulla y el director Joan Taltavull, con un programa que combina actuaciones como las de Buika y espectáculos y performances como Acquasonic, en parajes naturales emblemáticos de la isla, como Cala Morell y la Mola.

“Llevamos 15 años haciéndolo, pero cada vez con la sensación de que puede ser el último. Las subvenciones públicas llegan tarde, siempre son insuficientes y nos obligan a buscar recursos privados para no tener que depender tanto de la Administración”, dice Taltavull. De hecho, en su caso, prácticamente la mitad de los 285.000 euros de presupuesto proviene de la aportación a fondo perdido de las 90 personas y 20 empresas que le dan apoyo. Ahora bien, con el festival ya consolidado, cree que lo más básico es “fidelizar al público y actuar por vocación. Si montas un festival solo pensando en hacer negocio y con una visión empresarial, nunca te saldrá a cuenta, y mucho menos en Menorca”. Así que, en su caso, “es el apoyo de personas y empresas que confían en ello lo que me hace seguir adelante. Es todo un regalo”.