El retroceso del catalán no es culpa de los jóvenes

El catedrático de la UIB y presidente de la Sección Filológica del IEC, Nicolau Dols, atribuye la situación a las políticas públicas y a las condiciones de uso de la lengua

PalmaEl catalán no ha desaparecido de la vida de los jóvenes de las Baleares. Se oye en las aulas, en conversaciones entre amigos y en muchas casas y entornos. Pero ya no siempre sale solo. Cada vez más, hablarlo es una elección –y es aquí donde se juega su futuro inmediato. El éxito de iniciativas como el Acampallengua y la presencia juvenil en las diadas por la lengua muestran que el músculo se mantiene activo y con capacidad de movilización. No es solo una cuestión simbólica: son espacios donde la lengua se practica, se refuerza y se proyecta hacia el futuro. Este año, la primera edición del Correllengua Agermanat pondrá a prueba este compromiso.

En este debate, sin embargo, conviene desplazar el foco. Como recuerda Nicolau Dols, catedrático de la UIB y presidente de la Sección Filológica del IEC, “los jóvenes de hoy son idénticos a los jóvenes de ayer; no hay ningún problema con ellos”. De hecho, insiste en que “el retroceso del catalán no es culpa de los jóvenes”, sino que “es responsabilidad de la Administración y, en especial, del Gobierno”. Esta idea obliga a mirar más allá de los comportamientos individuales y a analizar las condiciones que facilitan o dificultan su uso.

Los datos más recientes apuntan a una pérdida de inercia en el uso de la lengua. Según la Encuesta de la Juventud 2022, solo el 8,7% de los jóvenes catalanohablantes de entre 15 y 34 años mantienen el catalán cuando alguien se les dirige en otra lengua, muy por debajo del 22,3% registrado en 2004. También son pocos los que la emplean de entrada con desconocidos, un indicador relevante para entender la presencia real de la lengua en el espacio público.

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Ahora bien, estas cifras no describen un abandono, sino un cambio de hábitos que todavía se puede revertir. Los jóvenes crecen en entornos más diversos que nunca, donde conviven lenguas, orígenes y referentes. En este contexto, el catalán sigue estando presente, pero ya no siempre es la primera opción automática. Esto no lo debilita necesariamente: lo sitúa en un terreno donde gana peso cuando se utiliza con voluntad y conciencia.

Reprogramar a los catalanohablantes

Esta realidad también tiene que ver con la percepción. Tal como apunta Dols, “la percepción que puede tener un joven de 16 años hoy en día es que, si se dirige en catalán a un desconocido, puede tener problemas”. Los casos de discriminación lingüística contribuyen a este clima: “Todo ello crea un clima de indefensión” y, a menudo, “la reacción natural es evitar el conflicto”. Así, “los problemas de los jóvenes en este ámbito son, sobre todo, de percepción”. No se trata tanto de una falta de voluntad como de una adaptación a un contexto percibido como incierto.

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De hecho, hay indicadores que apuntan que esta relación con la lengua evoluciona con el tiempo. Los más jóvenes son los que más cambian de idioma, mientras que esta tendencia se modera a medida que aumenta la edad. Más que una ruptura, esto sugiere un proceso de consolidación. “Seguramente, lo que hacen los jóvenes de hoy es más visible que los de antes porque el conflicto es evidente”, señala Dols, en un contexto en que la lengua también se defiende más explícitamente.

El territorio continúa marcando diferencias claras. En Menorca y en la Part Forana de Mallorca, el catalán mantiene una presencia muy sólida y natural. En Palma y en las Pitiusas, en cambio, convive con más intensidad con otras lenguas. Pero incluso en estos contextos, la lengua está presente: no como única opción, pero sí como una más dentro de un ecosistema diverso y cambiante.

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Este equilibrio se ve claramente en el ámbito educativo. En las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) del 2025, casi dos de cada tres exámenes se respondieron en catalán. Es una cifra inferior a la de años anteriores, pero continúa situando la lengua como mayoritaria en un momento clave, con contrastes territoriales pero con una presencia sostenida. Es también un indicador de que, a pesar de las dificultades, el catalán mantiene una base sólida en los espacios formativos.

También en las primeras etapas hay señales claras de continuidad. Más del 80% de las familias de Baleares eligen el catalán como lengua de la primera enseñanza. En un contexto de cambio demográfico y social, es una decisión significativa que refleja una percepción positiva de la lengua como herramienta útil e integradora. En muchos casos, esta elección no responde solo a una cuestión identitaria, sino también a una voluntad de ofrecer más oportunidades a los hijos.

Esto no quiere decir que no haya retos. En Ibiza y Formentera, la situación es más delicada, tanto por el uso social como por los resultados educativos. Pero también es donde se hace más visible el trabajo de acogida lingüística y de integración que llevan a cabo escuelas y entidades. En entornos especialmente complejos, el catalán continúa encontrando espacios donde arraigar, a menudo gracias a iniciativas de base y a la implicación del tejido educativo.

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Herramienta de cohesión

El papel de la escuela es determinante. No solo enseña la lengua, sino que la convierte en una herramienta compartida. Es a menudo en el aula donde muchos jóvenes –vengan de donde vengan– incorporan el catalán con normalidad y lo hacen suyo, en mayor o menor medida y capacidad.

El contexto global también influye. El peso del turismo, la movilidad y la necesidad de dominar otros idiomas han cambiado las reglas del juego. Pero esto no ha expulsado al catalán, sino que lo ha situado dentro de un escenario multilingüe en el que convive con otras lenguas. Y en este escenario, tener más de una lengua no es una excepción sino la norma.

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En este sentido, Dols lo resume con claridad: “Los jóvenes, en materia lingüística, son como cualquier otra generación: actúan igual que los adultos”. Y añade: “Si algo es necesario, lo hacen. Si perciben que el esfuerzo no servirá para nada, se lo piensan”. Por eso, hay que “crear condiciones objetivas para que usarla no sea un acto heroico, sino una necesidad con beneficios”.

Los datos son claros, pero no definitivos: “Hacen falta acciones positivas que vayan mucho más allá de campañas o publicidad” y “crear las condiciones para que saber y usar el catalán sea beneficioso y necesario”. Si esto se hace –concluye–, “la situación es reversible”.

El catalán se sigue hablando. Quizá no siempre, pero sí en muchos espacios de la vida cotidiana. Y cada vez que se elige, gana peso y sentido.

Una lengua viva no es la que no cambia, sino la que se adapta. El catalán no parte de cero. Es una lengua presente, con una base social y con espacios donde es central. Y, en manos de los jóvenes, tiene todo el futuro por delante.