Cuando dos más dos no hacen cuatro: las formas de contar del mundo
No todas las lenguas cuentan igual. Algunas tienen palabras sólo hasta tres o cuatro, otras basan su sistema en grupos de cinco, diez o veinte. Esto ocurre porque los numerales, a diferencia de lo que podemos pensar, no son universales
PalmaAprimer vistazo, los números parecen una evidencia universal. Contar hasta diez es un aprendizaje tan básico que cuesta imaginar que pueda haber otros sistemas. Sin embargo, si comparamos cómo cuentan varias lenguas, nos muestra un panorama más variado: los números, que a menudo consideramos un lenguaje objetivo, también son una construcción cultural, elaborada dentro de cada tradición lingüística.
La mayoría de las lenguas actuales utilizan una base decimal. Esto significa que los números se construyen a partir de grupos de diez unidades, lo que probablemente se relaciona con tener diez dedos en las manos. Ahora bien, éste no es el único patrón posible. En muchas lenguas africanas y oceánicas encontramos sistemas de base cinco, que organizan los números según su mano. En estos casos, 'seis' puede expresarse literalmente como 'cinco y uno', 'siete' como 'cinco y dos', y así sucesivamente. Las series siguen un orden regular pero que se fundamenta en otra base.
Base vigesimal
Otras lenguas, como el vasco y el bretón, utilizan una base de veinte, denominada vigesimal, que combina manos y pies como unidades de recuento. En euskera, por ejemplo, 'hogey' significa 'veinte'. Y 'berrogei' significa 'dos veinte', es decir, 'cuarenta'. En bretón, cuarenta es 'daou-ugent', también 'dos veinte'. El francés conserva una huella de este sistema en 'cuatro-vingts', que literalmente significa 'cuatro veinte', y equivale a ochenta.
Hay lenguas que combinan más de una base. En danés, por ejemplo, el antiguo sistema vigesimal convive con el decimal y genera formas aparentemente irregulares, como 'halvfjerds' ('setenta'), que originariamente quería decir 'medio para el 4', es decir, 'tres y medio veinte'. Este tipo de sistemas mixtos son habituales en lenguas que han evolucionado durante siglos a partir de diversos contactos y cambios lingüísticos. Sin embargo, en ningún caso una base es más 'avanzada' que otra: todas responden a convenciones que se han transmitido y consolidado con el tiempo.
Algunas lenguas no tienen palabras para todos los números. En algunas comunidades amazónicas, como los pirahã de Brasil, el sistema numérico se reduce a tres términos: 'uno', 'dos' y 'muchos'. El discurso sigue siendo funcional, porque cubre las necesidades reales de contar dentro de la vida diaria: si el recuento no debe ir más allá de una decena de piezas o personas, no es necesario desarrollar un sistema más extenso. La idea de que todas las lenguas deberían tener un sistema completo de números es una proyección etnocéntrica de una sociedad que utiliza la aritmética cada día.
Otro aspecto relevante es la presencia de los clasificadores numéricos, un elemento típico de lenguas de Asia oriental como el chino. En esta lengua, no se puede decir simplemente "tres libros" o "dos flores": hay que añadir una palabra que clasifica el tipo de objeto que se cuenta. Por ejemplo, 'dos personas' se expresa como 'liang ge ren', mientras que 'dos flores' es 'liang duo hua'. Los clasificadores no son opcionales y hay cientos: algunos se aplican a seres humanos; otros, a objetos planos, redondos, largos, animales o herramientas. Este sistema obliga, por tanto, a identificar la naturaleza de lo que se cuenta cada vez que se habla.
El concepto de 'número' también puede aparecer como una categoría gramatical, independiente de la expresión numérica. Muchas lenguas, además del singular y del plural, disponen de un dual (para referirse exactamente a dos entidades) o de un paucal (que designa a un grupo pequeño, pero superior a dos). Estas distinciones son visibles, por ejemplo, en el sánscrito, en ciertas lenguas eslavas o en lenguas austronesias como el samoano y el fijano. En catalán, en cambio, el número gramatical se limita al singular y al plural, aunque existen restos léxicos de la dualidad en palabras como 'gafas', 'tijeras' y 'pantalones', que designan objetos formados por dos partes.
La formación de los numerales compuestos es otro campo de variación. En catalán y en la mayor parte de lenguas románicas, los números se articulan con un sistema aditivo y lineal: 'veintinueve', 'treinta y dos', 'noventa y nueve'. En cambio, el latín clásico combinaba adición y sustracción: 'duodeviginti' quería decir 'veinte menos dos', es decir, dieciocho. Estos cambios en el orden y en la forma de combinar las unidades ofrecen información sobre cómo cada lengua organiza las cantidades.
Relaciones genéticas
El léxico numérico también puede conservar rastros de contactos históricos. Los números del uno al diez suelen ser muy estables dentro de una misma familia lingüística, pero a partir del veinte aparecen a menudo préstamos. En las lenguas europeas, por ejemplo, muchos numerales superiores a diez proceden del latín, incluso en idiomas no románicos. En cambio, en algunos casos de lenguas aparentemente aisladas o poco documentadas, el sistema de números ha servido como pista para establecer relaciones genéticas: si dos lenguas comparten formas similares para los números básicos, puede que compartan un origen común.
El estudio de los numerales permite, pues, observar cómo las lenguas combinan aspectos cognitivos, históricos y gramaticales en una misma categoría. Cuando dos personas de sitios diferentes cuentan las mismas piedras, seguramente llegan al mismo resultado, pero cada una lo hace con un patrón propio. Al fin y al cabo, hay muchas formas de ordenar las cantidades, y todas son sistemáticas dentro de su propio marco. Entenderlas demuestra hasta qué punto incluso algo que nos parece objetivo como un número depende, en realidad, de la lengua que lo dice.