En 2010, el antropólogo catalán Jaume Franquesa publicó el libro Sa Calatrava Mon Amour (Documenta balear). El subtítulo ya era bastante revelador: Etnografía de un barrio atrapado en la geografía del capital. Este año, para recordar los humildes orígenes de esta barriada de calles estrechas, la asociación de vecinos ha promovido la creación de un mural dedicado al antiguo oficio de adobero de pieles, documentado desde el siglo XV. Dirigido por la artista Claire Sintes, ocupa una pared de un solar municipal en la calle del Bastió d'en Berard. El año pasado la asociación se sintió totalmente impotente al no poder impedir la decisión de Cort de talar los 18 esponjosos árboles, 'los bellasombros', de la plaza de Llorenç Villalonga, antiguamente conocida como 'el jardinet de l'amor'. El Consistorio adujo motivos de seguridad.El nombre de la Calatrava proviene de la orden militar de Calatrava, a la que pertenecían los caballeros catalanes llegados en el siglo XIII a raíz de la conquista de Mallorca. Estos soldados religiosos recibieron en donación los terrenos de la parte extrema de la Medina Mayurqa islámica por mediación del conde Nuno Sanç. Del siglo XI son los baños árabes, situados en los jardines de Can Fontirroig. Constituyen una de las pocas muestras de la arquitectura musulmana en la isla. En 1256, sobre los restos de una mezquita, se inició la construcción del convento de Santa Clara.Dentro de la Calatrava también está el call Mayor, que formaba un recinto cerrado rodeado de un muro. La puerta principal del antiguo barrio judío estaba situada en la confluencia de las calles de Monti-sion, del Sol, de Santa Clara y del Call. Uno de sus habitantes más ilustres fue Jafudà Cresques, autor del Atles Català (1373), considerado la obra maestra de la cartografía medieval europea –hoy se puede consultar en la Bibliothèque Nationale de París. Desde 2007 una estatua del famoso cartógrafo preside la plaza del Temple.Del siglo XVI data la iglesia de Monti-sion, ubicada en la calle homónima. A un lado se levanta el colegio de los jesuitas, que ahora se reconvertirá en una residencia medicalizada gestionada por el grupo Quirón. No muy lejos está la plaza de Sant Jeroni, donde en el siglo XVII se construyó el colegio de la Sapiença bajo la advocación de Ramon Llull –en 1976 el capellán Jaume Santandreu lo reconvertiría en un albergue para marginados. Otro edificio singular del barrio es Ca la Gran Cristiana, en la calle de la Portella, que desde 1976 acoge el Museu de Mallorca.En la calle de Sant Alonso destaca Ca n’Alcover, actual sede de la OCB. La casa del autor de La Balanguera fue el epicentro de la vida intelectual de la Mallorca de principios del siglo XX. De 2003 es el teatro Xesc Forteza. Uno de los últimos establecimientos emblemáticos del barrio fue el Forn de sa Pelleteria. Inaugurado en 1565, estuvo abierto hasta 2012. Su carismático pastelero, Miquel Pujol Ferragut, murió dos años después, en 2014, a los 66 años. Ahora, en la Calatrava ya no hay comercios con historia.
La Calatrava, el barrio que trajo la libertad a Mallorca
Una vez muerto Franco, a partir de 1976 uno de los barrios más degradados de Palma creó la primera neofesta y fue pionera en la lucha ecologista y feminista a través de una explosiva creatividad artística. El subversivo modelo calavino inspiraría las verbenas de la Part Forana y en 2014, Orgull Llonguet
PalmaEn la Mallorca del tardofranquismo, la revolución comenzó en La Calatrava, un pequeño barrio de Palma situado entre la catedral y el Baluarte del Príncipe. Antoni Rotger Martínez fue su alma máter. “Ya no reconozco –lamenta a sus 80 años– las calles donde me crié y jugué con otros niños. Por todas partes hay turistas y, por culpa de la gentrificación, muchos de mis antiguos compañeros de lucha han tenido que marcharse. Este era un barrio degradado, de clase trabajadora, y ahora es carne de la especulación inmobiliaria que sufre toda la isla”. En 1975 este calatraviense de piedra picada tenía 32 años y, con un Franco agonizante, ya lideró la movilización vecinal contra la construcción de un gran aparcamiento para autocares de turistas frente a la Seu. El grito de protesta fue ‘Parque SÍ, parking NO’. A causa de aquella presión, en mayo de 1976 el Ayuntamiento rectificó y dio paso a un concurso de ideas para la proyección del actual parque del Mar, que quedó inaugurado en 1984.
El verano de 1976, ocho meses después de la muerte del dictador, Rotger se propuso dinamizar el erm cultural que era Palma. Con un grupo de amigos montó la Comisión de Fiestas de la Calatrava para dar un nuevo impulso a las fiestas de Sant Cristòfol (10 de julio), que entonces se limitaban a la bendición de vehículos, en la plaza de Santa Fe. “Nuestra base de operaciones fue la fábrica de alfombras S’Alfombrera, en la calle Berard, que rebautizamos como Sa Fàbrica. Hacía una quincena de años que estaba cerrada y era propiedad de la familia Mercadal, que nos la cedió de franc. El OCB, del cual yo era socio, se unió a la iniciativa y nos hizo mucha difusión”. Durante la primera quincena de julio las calles estrechas donde en el siglo XIV vivió el famoso cartógrafo Jafudà Cresques se engalanaron con murales reivindicativos para acoger la primera fiesta mayor popular de Ciutat que despertó la conciencia ciudadana. “Lo tuvimos fácil con las instituciones. Desde enero de 1976, en sustitución del ultraderechista Carles de Meer, el gobernador civil de las Baleares era un calatravo, Ramiro Pérez-Maura, sobrino nieto del presidente Antoni Maura”.
Primera neofesta
Uno de los miembros de la Comisión de Fiestas fue el activista de Felanitx Bartomeu Mestre Balutxo, de 74 años, entonces muy vinculado al barrio. “Creamos la primera neofiesta de Mallorca –dice–, antes que el Coso de Felanitx, nacido en 1983. El programa fue fruto de una explosión de creatividad insólita. Organizamos conciertos, pasacalles, partidos de fútbol, talleres, mesas redondas sobre cultura popular, espectáculos de circo y teatro, recitales de poesía, cenas y cine al aire libre. Conseguimos descastellanizar, desfolklorizar y hacer más participativas las verbenas de verano herederas del franquismo. Recibimos alguna subvención de Sa Nostra y La Caixa. Para recaudar dinero, hicimos merchandising con artículos como camisetas, bolsas y gorras. Apostamos por el sistema de taquilla inversa, pero fue un fracaso, porque era una cultura que aún no estaba extendida en la sociedad. Los organizadores, movidos por la ilusión, no tuvimos más remedio que endeudarnos”.
El éxito de la convocatoria superó las expectativas. “Todos los actos –apunta Mestre– eran multitudinarios. Las sillas plegables siempre eran insuficientes y había gente de pie por todas partes. Incluso vinieron personas de la Part Forana a tomar nota del ‘modelo calatraví’ para organizar sus propias verbenas”. Al cabo de cinco meses, el 16 de diciembre de 1976, la Comisión de Fiestas estuvo de luto a raíz de la muerte de uno de sus miembros más queridos, Pere Mascaró. El joven, de 26 años, trabajaba en Galerías Preciados de Palma y fue asesinado por un vigilante de seguridad vinculado a la extrema derecha, que inmediatamente después se suicidó. “Eran tiempos de la mal llamada Transición –asegura el activista– y los grupos fascistas actuaban con absoluta impunidad. Nosotros nos movilizamos en la calle para denunciarlo, pero el caso acabó archivándose”.
Els Joglars
Para las fiestas de la segunda edición, las de 1977, la Calatrava no dudó en enarbolar la bandera de la libertad de expresión. En la plaza de Santa Fe, se representó la satírica obra de teatro La Torna, del grupo Els Joglars, de Albert Boadella. La pieza, que después sería prohibida en Barcelona, giraba en torno a la vida del delincuente alemán Heinz Ches, de 30 años, que el 2 de marzo de 1974 fue el último preso ejecutado a garrote, junto con el anarquista catalán Salvador Puig Antich, de 25. Hubo más compañías catalanas que participaron del bello sueño calatraví, entre las cuales Dagoll Dagom y Comediants. De Mallorca, la animación infantil estuvo representada por el Grup de Teresetes S’Estornell y los Cucorba, que acababan de nacer. Y en 1981 sería el debut de Música Nostra, de Miquela Lladó.
Muy recordada fue la velada de 'Nit de cançons de l’illa', que llenó la explanada de Dalt Murada con miles de asistentes. Desfilaron destacados cantautores y grupos de la escena musical isleña como Guillem d’Efak, Toni Morlà, Biel Majoral, Bel Cerdà, Maria Àngels Gornés, los hermanos calatravinos Joan Ramon y Maria del Mar Bonet, Els Valldemossa, Traginada y CPEP de Menorca y UC de Eivissa. También se dedicó una noche a 'La cançó del camp' con la participación de muchos grupos de bailes tradicionales de las cuatro islas y de algunos cantores como Biel Caragol. No faltó la ocasión de escuchar a las dos figuras de Palma más relevantes de la época: el cantante Pere Bonet, Bonet de Sant Pere, (1917-2002) y la joven promesa del flamenco José Esteves de la Concepción, más conocido como Chocolate –en 1978, a los 13 años, fue hallado muerto en Dalt Murada, víctima supuestamente del consumo de droga adulterada.
Escola de la democràcia
El calor humano generado por aquella epopeya cultural trascendería las fiestas. Sa Fàbrica se convertiría en una auténtica escuela de la democracia. Dio cobijo a los primeros manifiestos para reclamar centros de salud en los barrios de Palma, que, finalmente se materializarían con la creación de los PACS. También impulsó la publicación de los primeros cómics reivindicativos y satíricos de Mallorca con cabeceras icónicas como Calatrava Story y Sa Lavativa. La caterva de colaboradores fue importante: dibujantes como Jaume Ramis, Tomeu Matamalas y Jaume Vaquer y escritores como Biel Mesquida, Miquel López Crespí, Gabriel Janer Manila y Climent Picornell.
En 1976 una asamblea de mujeres calatravinas daría el impulso necesario a la periodista argentina Leonor Taboada para constituir el Colectivo Pelvis, centrado en ofrecer educación sexual a las mujeres. Otras iniciativas cocinadas en aquel reducto de la contracultura palmesana fue la Comisión de defensa de la Dragonera. Entre los componentes se encontraba la formación anarcoecologista Terra i Llibertat, que el 7 de julio de 1977, junto con Talaiot Corcat, encabezó la ocupación del islote andritxol para evitar su urbanización. “Hicimos –recuerda Mestre– la cabeza de un dragón gigante que, con unos 12 metros de tela verde, paseamos por todas partes en defensa de la Dragonera”.
En 1979 los propietarios de Sa Fàbrica reclamaron el local. Entonces el nuevo centro neurálgico de los calatravinos fue Ses Voltes, un antiguo cuartel militar abandonado situado a los pies de la Seu. Se lo cedió Joan Nadal, el flamante concejal de Cultura del primer ayuntamiento de la era democrática del socialista Ramon Aguiló (1979-1991). Desde este edificio la revolución continuó con la organización de las primeras fiestas de Sant Sebastià y la primera Rua desde el tiempo de la Segunda República. Tampoco faltaría la Rueta para los más pequeños.
Inspiración para Orgull Llonguet
Ses Voltes vería nacer el CAT (Centre d’Activitats Teatrals) y la colla de xeremiers liderada por Toni Artigues, Pep Toni Rubio y Pep Rotger. El espacio también sería un punto de encuentro de artistas residentes en el barrio como el bufón italiano Leo Bassi, los pintores Miquel Barceló, Rafael Joan, Pere Pavia y Miquel Àngel Llonovoy, y toda una hornada de creadores exiliados sudamericanos, entre ellos, el argentino Horacio Sapere. En 1983 los calatravinos hubieron de devolver las llaves de Ses Voltes a Cort. En enero de 1984 se hizo un sonado concierto de despedida con el grupo Peor Imposible, que acababa de fundarse. La banda de pop mallorquina del polifacético Toni Socias y de Rossy Palma daría después el salto a Madrid, donde se convertiría en todo un icono de La Movida.
“Habiéndose quedado sin local –asegura Mestre–, el dinamismo cultural de la Calatrava fue muriendo, ya que todo pasó a estar bajo el control del departamento de Cultura del Ayuntamiento, incluida la Rua. La asociación de vecinos, constituida en 1979, no fue capaz de llevar la voz cantante. Al menos, a partir de 1989 el barrio se mantendría vivo gracias al club de esparcimiento que impulsó el activista Salvador Bonet”. Ahora el felanitxer, junto con Antoni Rotger, trabaja en el programa del 50 aniversario de las icónicas fiestas que trajeron la libertad a Mallorca. El acto central tendrá lugar el próximo domingo 12 de julio, a partir de las 18 h, en Dalt Murada. Faltará otro de sus grandes impulsores, Manel Domènech, fallecido en 2025, a los 72 años. En 2014 la subversiva Comisión de Fiestas de la Calatrava inspiraría la creación de Orgull Llonguet, que anima las fiestas de Sant Sebastià y, desde 2015, la neofiesta de final de verano de Canamunt y Canavall –con pistolas de agua, recrea el enfrentamiento de los dos famosos bandos nobiliarios de la Palma del siglo XVI.