Lengua

La historia del catalán, dentro de una pera

Por qué en Mallorca decimos ‘p[ə]ra’, en Valencia ‘p[é]ra’ y en Barcelona ‘p[è]ra’? La respuesta obliga a recorrer más de mil años de historia de las vocales del catalán

11/07/2026

PalmaUna pera es una pera, o al menos eso parece. La fruta es la misma tanto si la compras en el mercado de Inca como si la pides en una frutería de Valencia o en un puesto de La Boquería. La palabra también se escribe igual en todas partes. Ahora bien, basta con oír cómo se pronuncia para que algo cambie. Si la compras en Inca, probablemente te preguntarán si la quieres bien madura y oirás una ‘p[ə]ra’ (‘e’ neutra). Si estás en Valencia, será una ‘p[é]ra’ (‘e’ cerrada), y, en Barcelona, nadie dudará en ofrecerte una ‘p[è]ra’ (‘e’ abierta). Ahora viene la pregunta que quizás os estéis haciendo ante esto: ¿cómo es posible que una palabra tan corriente suene de tres maneras? Y, sobre todo, ¿cuál es la original?

La respuesta, como ocurre a menudo en lingüística (y en muchos otros ámbitos), es que la pregunta está mal planteada, porque presupone que hay una manera ‘correcta’ o ‘primigenia’ de pronunciar la palabra y que el resto son desviaciones. Las lenguas, sin embargo, no evolucionan así: no son un edificio que se agrieta con el paso del tiempo, sino un árbol que va echando ramas. Cuando comparamos dialectos, no comparamos una versión buena con otras deformadas; comparamos historias que un día empezaron juntas y que, poco a poco, tomaron caminos diferentes.

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Vocales largas o breves

La historia de la ‘e’ de ‘pera’ comienza mucho antes de que existiera el catalán. Para entenderla, hay que retroceder hasta el latín. No hay que recordar las declinaciones ni las conjugaciones del instituto, pero sí hay que recuperar un detalle al que a menudo no se da mucha importancia y que es esencial para entender qué pasa con las vocales de las lenguas románicas: el latín no distinguía las vocales porque fueran abiertas o cerradas, sino porque eran largas o breves. La diferencia, pues, era de duración.

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Con el tiempo, esta oposición se perdió. Las vocales largas tendieron a pronunciarse más cerradas y las breves, más abiertas. Así, el latín vulgar (la lengua hablada de la que nacerían las lenguas románicas) ya distinguía las vocales por el timbre. Este cambio es el punto de partida de buena parte de las diferencias que aún hoy oímos entre los dialectos catalanes.

Si volvemos a la palabra ‘pera’, podemos decir que proviene del latín ‘PĬRA’, con una ‘i’ breve. También provienen de palabras latinas con una ‘i’ breve o una ‘e’ larga muchas otras palabras que usamos cada día: ‘ceba’, ‘cadena’, ‘cera’, ‘seda’ y ‘negre’. En latín vulgar, estas dos vocales se pronunciaban como una ‘e’ cerrada, ‘i’, por tanto, durante un tiempo todas sonaron igual en todo el territorio. Hoy, sin embargo, las pronunciamos de manera diferente: así, un valenciano seguramente se quejará de los llantos que le provoca cortar una ‘c[é]ba’, un mallorquín de los que le produce la ‘c[ə]ba’ y un barcelonés, de los que le causa una ‘c[è]ba’. Lo mismo pasa con ‘cadena’, ‘cera’ y ‘seda’. Hay, pues, un patrón común a la hora de pronunciar todas estas palabras.

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Este patrón dibuja los dos grandes bloques dialectales del catalán. El catalán occidental (el que se habla en el País Valenciano, en las Tierras del Ebro y en buena parte de las comarcas de Lérida) conservó el timbre cerrado de esta vocal. Por eso, en Mutxamel y en Sant Joan d’Alacant, oiremos ‘p[é]ra’, ‘c[é]ba’, ‘cad[é]na’, ‘c[é]ra’ y ‘s[é]da’.

En cambio, los hablantes orientales siguieron un camino un poco diferente. Aquella vocal se fue desplazando hasta convertirse en una e neutra tónica, un sonido que hoy solo se conserva en una parte del dominio lingüístico. Es la vocal con la que un inquero o un andritxol dice ‘p[ə]ra’, ‘c[ə]ba’, ‘cad[ə]na’, ‘c[ə]ra’, ‘s[ə]də’ y ‘n[ə]gre’.

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La historia, sin embargo, no acaba aquí. En el resto del catalán oriental (el que se habla en Barcelona, Gerona y Tarragona, entre otros lugares) aquella neutra continuó evolucionando hasta convertirse en una e abierta. Es así como se llega a ‘p[è]ra’, ‘c[è]ba’, ‘cad[è]na’, ‘c[è]ra’, ‘s[è]da’ y ‘n[è]gre’.

Así, una misma vocal ha tenido tres destinos diferentes: el catalán occidental conservó la e cerrada; una parte del catalán oriental la transformó en neutra y aún la mantiene; otra parte continuó el cambio hasta abrirla.

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La historia, sin embargo, es un poco más complicada de lo que acabamos de dibujar. Hasta ahora hemos hablado de “Mallorca”, “Barcelona” o “Valencia” como si cada territorio fuera completamente homogéneo, pero las lenguas casi nunca dibujan fronteras tan netas.

Vocal neutra

En el caso que nos ocupa, uno de los tópicos más extendidos es decir que “en Baleares hacen la neutra”. Basta echar un vistazo al mapa, sin embargo, para que esta idea se desmonte. En Mallorca mismo hay excepciones bien conocidas. Así, en Binissalem, Alaró y Lloseta, aquella antigua neutra tónica se abrió hace siglos. Allí no se dice ‘p[ə]ra’, sino ‘p[è]ra’, igual que en Barcelona. Menorca también está dividida: en Ciutadella y Ferreries la neutra todavía está viva, mientras que en Maó y en el resto del levante menorquín predomina la vocal abierta. En Ibiza, hay una distribución similar a la de Menorca: en algunos hablantes del sureste predomina la apertura, mientras que en el resto de la isla la vocal es neutra.

Este mapa ayuda a entender que la neutra tónica no es un rasgo exclusivamente balear, sino el vestigio de una evolución que, durante la edad media, había ocupado un territorio mucho más amplio. Con el tiempo, buena parte del catalán oriental continuó evolucionando hasta llegar a la vocal abierta actual. En algunos lugares de las Islas, en cambio, aquel proceso se detuvo antes. Todo ello explica por qué hoy un mallorquín dice ‘p[ə]ra’, un valenciano ‘p[é]ra’ y un barcelonés ‘p[è]ra’. Ninguno de los tres pronuncia la palabra ‘mejor’ que los otros. Simplemente, cada manera de decirla conserva una etapa diferente de una misma evolución.u