Qué nos dejan 30 años de la Noche del Arte
Un tejido fuerte no es solo aquel que atrae más público o vende más, sino también aquel que hace crecer una escena artística propia
PalmaNo son muchas las iniciativas culturales que, a nuestro alrededor, puedan presumir de haber cumplido 30 años. La Nit de l’Art lo ha conseguido, y eso no es poca cosa. Nacida en 1997 como iniciativa de algunos galeristas de Palma como Pep Pinya (Pelaires), Xavier Fiol y Joan Guaita, entre otros, se concibió con la voluntad de unir fuerzas –quizás pensando que cuantos más son, más ruido se hace– y, sobre todo, con el propósito de acercar el arte a la ciudadanía. Ya hace muchos años que la Nit de l’Art ha alcanzado buena parte de estos objetivos. Pero, ¿qué nos deja y qué podría dejar la Nit de l’Art, con la fuerza que ha reunido en estos 30 años? Quizás es un buen momento para preguntárselo.
Es innegable que los galeristas han mantenido la capacidad de acción conjunta. En estas tres décadas, no solo han incrementado las iniciativas del estilo de la Nit de l’Art: el Art Palma Brunch (que se organiza desde 2005), el Art Palma Summer (desde 2016) y el recientemente estrenado Mallorca PhotoFest (2026). También ellos han crecido; la misma asociación de galeristas ha pasado de ser una agrupación reducida y cerrada como era la AIGAB original a la mucho más abierta Art Palma Contemporani, que ahora ya reúne a 16 galerías. El hecho de ser capaces de organizar actividades conjuntas de un volumen más que significativo, aunque sean puntuales durante el año, no es un hecho menor. Significa que hay o podría haber un tejido sólido que mueve el mercado y el público que necesita la creación artística. Si, además, como es el caso, los galeristas desde casi los comienzos lograron que, en la Nit de l’Art y en el resto de eventos, se unieran los museos, centros de arte y otras infraestructuras socioculturales, significa que hay o debería haber una plataforma de apoyo a los artistas lo suficientemente amplia y fuerte.
Además, ya desde las primeras ediciones de la Noche del Arte, la ciudadanía respondió, y lo hizo masivamente y de manera muy creciente a medida que pasaban los años. Con tanta gente como la que reúne cada Noche del Arte, el interés por el arte y por lo que ofrecen las galerías y los espacios expositivos públicos debería estar más que garantizado. De hecho, si se valora solo la capacidad de convocatoria en términos cuantitativos se podría concluir que este es uno de los grandes éxitos de la Noche y de quienes la organizan. Menos clara es la respuesta a la cuestión de si todo ello ha contribuido a fortalecer el tejido artístico, es decir, a impulsar la creación, a hacer más sólidas y rentables las galerías, y a aumentar el interés por el arte por parte de los ciudadanos. Obviamente, no hay una respuesta única, pero es un hecho que la inmensa mayoría de la gente que va a las galerías y museos por la Noche del Arte no vuelve en todo el año. Y la cantera de artistas de Mallorca parece hoy más débil, aunque solo sea porque los creadores se tienen que hacer un hueco dentro de un ámbito internacional que se ha metido en casa. Además, sea por una coincidencia casual o no, conviene remarcar aquí que la asociación de artistas, un tiempo tan activa en la defensa de las buenas prácticas y los derechos del colectivo, hoy está deshecha.
Un tejido fuerte
En todo caso, no se trata de reclamar que las galerías programen únicamente artistas locales, ni de confundir proximidad con calidad. Se trata de preguntarse si el crecimiento del circuito galerístico y de sus actividades ha ido acompañado de una apuesta igualmente decidida por crear, acompañar y dar salida a los artistas que trabajan en las Baleares. Un tejido fuerte no es solo aquel que atrae más público o que vende más, sino también aquel que hace crecer una escena artística propia.
La cuestión se hace más compleja si miramos la evolución del mundo del arte. Si la Noche del Arte es fruto del mercado, funciona cada vez más de manera digital y global, y los flujos de creadores y negocios han ido perdiendo referencias locales. En la isla, el proceso se ha acentuado, y mucho, por la compra de casas por parte de extranjeros y, paralelamente, por el desembarco de negocios dedicados a la venta de obras destinadas a ‘decorar’ las viviendas que adquieren. Estos negocios no suelen funcionar a partir de una cantera de artistas, como sí hacían las galerías del núcleo original de la asociación y que, en todo caso, cosas de una evolución general, trabajan cada vez menos con ellos.
Es un hecho, sin embargo, que las galerías originales de la isla, especialmente en eventos como la Noche del Arte, el Art Palma Brunch, el Art Palma Summer y el Mallorca PhotoFest, podrían haber aprovechado la proyección internacional para dar más protagonismo a los artistas del entorno. No es el camino que han emprendido. Basta con mirar la nómina de artistas y los espacios incorporados a la Noche del Arte para comprobar hasta qué punto se ha extranjerizado todo este circuito, ni más ni menos que como se ha extranjerizado la isla. El riesgo para el arte es que Mallorca acabe siendo sobre todo un escaparate y un mercado, y no tanto un lugar de creación.
La Noche del Arte también se ha turistizado. No porque participen artistas o galerías de fuera, sino porque cada vez confluyen más turistas y los residentes, de todas formas, pasan por ella como visitantes ocasionales. Una de las cosas que no ha conseguido la Noche es infundir en la ciudadanía el hábito de acercarse a las galerías durante el resto del año. Ha conseguido que el arte forme parte de la fiesta, pero no de las costumbres.
Tantas Noches del Arte
Es más, con el tiempo, el modelo se ha extendido casi por todas partes y, en Mallorca, la mayoría de los municipios tiene hoy su Noche del Arte. Es una buena noticia que los lenguajes artísticos salgan de las salas y lleguen a más gente. Pero también hay que preguntarse qué se ofrece y con qué criterios. La profusión de este modelo es signo de su éxito, pero también de peligro. La masificación –lo tenemos bien comprobado– es contraproducente y, sobre todo, poner ante los ojos de la ciudadanía como arte unas obras que no lo son no contribuye ni a la educación, ni a la creación; no beneficia ni a los artistas, ni a los profesionales, ni al público. La calidad es un valor que no es subjetivo, lo es el gusto. La calidad se puede analizar a partir de la solidez, la ambición, la coherencia, la sensibilidad y la capacidad de desarrollar un lenguaje propio. Lo decía, porque las Noches del Arte podrían ser una herramienta extraordinaria de mediación cultural, descubrimiento de creadores y formación de públicos.
Llegados a este punto, se puede pensar que estos 30 años de Noche del Arte nos dejan un tejido galerístico más amplio y suficientemente articulado, una iniciativa cultural resistente, una marca reconocida y una capacidad de convocatoria indiscutible. Pero alrededor tienen una escena artística local debilitada, un mercado cada vez más desvinculado del territorio y la oportunidad pendiente de convertir la fiesta anual en una puerta de entrada a una relación más continuada con el arte.
30 años son tiempo suficiente para celebrar el éxito. También lo son para pedir más. Porque el ruido de la Noche del Arte ha sido enorme. Ahora haría falta que sirviera también para escuchar mejor qué pasa dentro de las galerías, qué hacen los artistas y qué necesita la cultura de estas Islas para que no sea cada vez más un escaparate y menos un territorio de creación.