Cosas del idioma: sátira, cambio de código e ironía

La Trinca ya ridiculizaba el habla de los bilingüistas sociales, burlándola desde el ejemplo de un hombre de Santa Coloma que, por ignorancia, traducía literalmente del castellano y decía cosas como 'el coche le hace higo'

31/01/2026

Palma¿Os acordáis de aquella canción de la Trinca cuyo estribillo decía "Vaya un lío, yo te lo digo! Cosas del idioma"? Estrenada en 1979, la pieza respondía plenamente al esquema discursivo característico de las composiciones del grupo. La Trinca hacía uso de la sátira como recurso estilístico para cuestionar, denunciar y desenmascarar actitudes, comportamientos e ideologías de la sociedad tardofranquista.

Como herramienta privilegiada de crítica social, la sátira se construye a menudo a partir de juegos del lenguaje, cambios de registro, calcos lingüísticos, mezclas de lenguas o usos metafóricos que ponen en evidencia incoherencias, absurdos y contradicciones. Así, en 1976, con la canción La faja, el grupo hacía un juego memorable de palabras al apelar "aquellos fabricantes de fajas, de lo contrario dichos: fascistas". El humor les permitía expresar lo que, dicho directamente, pudo ser censurado o rechazado. En Cosas del idioma, este recurso adoptaba la forma del cambio de lengua o code-switching para denunciar el bilingüismo social de los catalanohablantes.

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Bilingües sociales

El cambio de código consiste en la alternancia entre dos lenguas –o variedades lingüísticas– por parte de uno mismo hablando en un mismo discurso o una misma oración. Este cambio puede ser intencionado, cuando el hablante recurre a otra lengua con una finalidad concreta, como exhibir un cierto capital cultural mediante un latinismo o un extranjerismo. Sin embargo, el cambio de código también puede producirse de forma no intencionada. Este segundo caso es habitual en el habla de los llamados bilingües sociales: hablantes que, por razones sociopolíticas, necesitan de dos lenguas para la interacción cotidiana. Si paseamos por Europa, encontramos el caso de los hablantes de frisón en los Países Bajos, obligados a recurrir al neerlandés –la lengua del poder y del prestigio– en numerosos ámbitos de uso. Durante siglos, el frisón quedó ausente del sistema educativo. Y si miramos más cerca, los catalanohablantes también tuvieron que estudiar en castellano hasta el último tercio del siglo XX. Aún hoy, el catalán es una lengua europea que se afana por sobrevivir en determinados ámbitos de uso.

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Precisamente esta bilingüización social es la que la Trinca denuncia satíricamente en Cosas del idioma. Los bilingües sociales utilizan dos lenguas no tanto por elección individual como por necesidad estructural: forman parte de comunidades en las que la lengua propia ocupa una posición subordinada y es la lengua externa la que tiene garantizado el acceso a los ámbitos referenciales de la sociedad (Administración, educación, mercado laboral, medios, ocio). En estos contextos, el hablante suele recurrir al cambio de código no intencionado. Lo sentimos a menudo en tertulias de medios en catalán, cuando alguien introduce en su discurso un dicho en castellano –"como dicen en castellano, legar y besar al santo". El hablante no ha dispuesto del recurso paremiológico en catalán: "llegar y moler". El hecho de que ambas lenguas coexistan en la competencia lingüística del hablante y se activen simultáneamente, sumado a la exclusión histórica de la lengua subordinada de la escuela, la universidad, la justicia o la producción cultural formal, facilita éste code-switching. El cambio de código no intencionado se convierte así en un síntoma de la historia de las lenguas.

Universo cognitivo

Para denunciar este hecho, la Trinca, en Cosas del idioma, emplea la sátira, recurso estilístico en el que nada es exactamente lo que parece: narrador y lector deben compartir un mismo universo cognitivo para que la comunicación sea efectiva. Y es así que la canción relata la peripecia de un hombre de Santa Coloma que debe viajar a Madrid con el inconveniente de que "hace tiempo que ha perdido la costumbre de hablar castellano". Cuando quiere explicar que el coche le hace higo, afirma literalmente que el coche le hace higo, y, si quiere esparcir la niebla, se va a esparcir la niebla. Se encadenan a lo largo de la canción expresiones idiomáticas de imposible traducción literal que convierten el cambio de lengua en una fuente constante de despropósitos.

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Pero, ¿qué denuncian los de la Trinca? La ridiculización del habla de los bilingües sociales. Cabe recordar que, en la sátira, el sentido suele ser lo contrario de lo que se expresa literalmente. Si el hombre de Santa Coloma, por ignorancia, traducía literalmente del catalán al castellano y afirmaba que el coche hace un pedo como una bellota, señor, eso rai, el sentido último de la burla apunta, en realidad, a quienes calcan las estructuras del castellano cuando hablan catalán. Es decir, la Trinca señala, irónica y burlescamente, a los hablantes que "tiran la casa por la ventana" –calco directo de echar la casa por la ventana– y se olvidan que no conviene estirar más el brazo que la manga. La canción invita, así, a pensar también en aquellos locutores que todo el tiempo 'escuchen' las cosas y se olvidan de 'sentirlas', bajo la influencia directa del campo semántico del verbo castellano escuchar.