Literatura

Concha Alós, dos veces premio Planeta, marcada por los ex y salvada por las amigas

A pesar de obtener el galardón literario en 1962 y en 1964, la escritora valenciana estuvo a punto de acabar en una fosa común en Barcelona, después de vivir en Palma. Como es habitual en figuras femeninas, su trayectoria estuvo marcada por la vida personal, como expareja de Baltasar Porcel, y fue menospreciada por feminista

17/09/2026 - 21:18 h.

PalmaHagamos un ejercicio. Si nos referimos a Concha Alós, ¿quién reconoce este nombre? Y para presentarla, ¿qué título nos suena más familiar: el de expareja del escritor y periodista Baltasar Porcel o el de doble ganadora del premio Planeta en pleno franquismo (un mérito que ostenta solo ella, por cierto). El momento de cambios que le tocó vivir, el castigo machista y su alzhéimer contribuyeron a que hoy todavía no estudiemos a Alós igual que a sus contemporáneas de la Generación del Medio Siglo –la de los años 50 o los Niños de la guerra–, como Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Carmen Laforet, y mucho menos que a ellos, Camilo José Cela, Juan Marsé y los hermanos Goytisolo. Alós nació en Valencia en 1922, vivió en Palma en los años 50 y murió en Barcelona en 2011, donde habría acabado enterrada en una fosa común, si no hubiera sido porque tenía una muy buena amiga: Maria del Mar Bonet.

“Concha era amiga de mis padres y venía a nuestra casa. Ella no fue madre, y era como si mi hermano y yo fuéramos sus hijos. Después, en 1960, se marchó a Barcelona, donde vivió con Baltasar Porcel. Y cuando yo fui a estudiar cerámica, nos veíamos en su casa –primero, en Vallvidrera y más tarde, en Gracia– con Toni Catany, de quien acabó siendo más amiga, incluso”, recuerda la artista. “También nos unían amigos pintores y escritores del ambiente de Barcelona de aquel momento. Era un estado de las cosas que formaba parte del tiempo que nos tocó vivir: la muerte de Franco, el camino hacia la democracia, la Transición…”, indica Bonet. En común, sin embargo, también tenían la censura: “Estaba por todas partes. La gente que pintaba, que escribía, que hacía canciones lo sabía, pero teníamos nuestras estrategias”.

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Cuando ambas todavía vivían en Palma, los padres de la cantante fueron un gran apoyo para Alós ante la separación de su marido, Eliseo Feijóo, director del diarioBaleares, donde era compañero de Joan Bonet. Alós llegó a Mallorca con Feijóo en 1948 y, una década después, lo dejó para comenzar una relación con Baltasar Porcel –que también trabajaba en el diario como corrector–, en un momento en que el divorcio no era legal y el adulterio, delito. “Luchó por hacerse a sí misma y salir de aquel matrimonio. Lo pudo hacer de aquella manera: se separó y se marchó, pero se lo puso muy difícil”, explica Bonet, que todavía recuerda con alegría el momento en que vio a la escritora entrar por la puerta con Porcel. Alós era nueve años más joven que su exmarido, pero 15 años mayor que su nueva pareja, y esto también influyó en la relación: “Doña Concha le ayudó muchísimo en el mundo editorial. Ella tenía un bagaje como escritora que publicaba”, matiza.

“Era una persona muy culta y muy avanzada. Tenía una mirada que ahora todavía nos hace falta. No entiendo cómo, premiada como fue, en un momento en que no era habitual como mujer, no se le hiciera más justicia como escritora”, denuncia la artista. “Su separación le pasó factura y después sufrió una enfermedad larguísima, que la hizo quedarse sin amigos. Cuando murió, Toni Catany y yo nos enteramos de que la querían enterrar en una fosa común, e hicimos todo lo necesario para que la enterraran sola”, afirma.

Concha Alós alcanzó un hito histórico y, todavía ahora, su trayectoria parece inseparable de su vida sentimental y de los hombres que la acompañaron, como sucede a menudo con las figuras femeninas. Por eso, su biógrafa, la profesora jubilada de la Universidad Jaume I Amparo Ayora, se ha encargado de que ella tenga una historia propia que la convierta casi en una proeza. “Ella venía de una familia obrera, republicana, del estrato social más bajo. Su madre y su madrina fueron prostitutas. Y el hombre que le dio el apellido no era el padre biológico”, cuenta Ayora. Según la investigadora, fue su inteligencia lo que la catapultó: empezó escribiendo crónicas y artículos en el diario Baleares, sobre moda y desfiles, y acabó siendo dos veces ganadora del premio Planeta. Si bien la primera vez, con Los enanos (1962), el premio quedó impugnado porque Plaza & Janés reclamó los derechos –Alós había presentado el manuscrito a la editorial y en un primer momento lo rechazaron por tener ideas demasiado socialistas–, dos años después lo ganó oficialmente con Las hogueras (1964).

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Escritora y feminista en los 50

Junto con su vida, Ayora ha investigado su obra, enmarcada en el género del realismo social: “La novela realista sirve como documento histórico. Fue muy fiel: utiliza localizaciones exactas y nombres de personas reales”. Todo ello le ha aportado suficiente conocimiento para reflexionar sobre la decadencia de su figura: “El principal motivo que lo explica es el hecho de ser mujer y hablar tan claro como ella lo hacía –sobre temas como el deseo femenino, el aborto y la prostitución. El cambio de modas literarias también le afectó: le recriminaban que escribía de manera comercial, para Planeta, y que el alzhéimer le había afectado –aunque no se le manifestó hasta los 90. Pero una figura clave en su declive fue Porcel, a quien ella le había traducido los libros al castellano y le había hecho de agente literario, presentándolo a todo el mundo. Él no solo la dejó –para emparejarse con Maria-Àngels Roque–, sino que después de separarse, a ella le dejaron de pedir colaboraciones y no volvió a escribir en La Vanguardia, donde él mandaba mucho. Los artículos eran una fuente de dinero para ella e, incluso, cayó en dificultades económicas. Concha pasó de estar en todas las ferias, firmar en Galerías Preciados y ser jurado de premios a desaparecer del panorama literario”.

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Ayora evidencia el peso del machismo en su vida: “Todos sus cambios de ciudad están marcados por la relación con los hombres. Parte de Valencia hacia Castellón por un cambio de trabajo del marido de su madre. Después de casarse con Eliseo Feijóo se va a Mallorca porque a él lo trasladan. Y, finalmente, acaba en Barcelona por Baltasar”. Con todo, el discurso feminista lo encontramos tanto en sus libros como en su relato vital: “Es como si dijera ‘la vida me ha pegado tantas hostias, que he aprendido a defenderme sola’”, mantiene la investigadora, que la ha acompañado como otra amiga a distancia, pero en el tiempo, y que ha sido la última en rescatarla del todo. Expirada la concesión del nicho que Maria del Mar y Joan Ramon Bonet le procuraron –y a punto de acabar en una fosa de nuevo– Ayora hizo las gestiones que hacían falta con el Ayuntamiento de Castellón para que los restos de Concha Alós acabasen en el lugar donde creció. Gracias a ella, desde 2022, es posible visitar su tumba en el cementerio Viejo de la ciudad, convertida en un pequeño memorial.

Alzhéimer cultural

La genealogía de mujeres como Concha Alós no sería posible sin amigas como Maria del Mar Bonet ni investigadoras como Amparo Ayora, pero tampoco sin nuevas generaciones de escritoras que mantengan vivo su legado, como ha hecho Llucia Ramis. Para la reedición de Las hogueras en 2024 –en el 60 aniversario de su publicación–, Seix Barral encargó el prólogo a Ramis, que ya había reivindicado la figura de Alós en un programa en TV3 y en un artículo en La Vanguardia. “En Las hogueras está todo: la identidad de Mallorca, la lengua, el turismo de masas, el elitismo, el territorio, el deseo femenino… Y todo en una época en la que no se hablaba de ello. Ella tenía esa mirada que sigue estando de actualidad”, señala Ramis, que califica de “falta de respeto” este “alzhéimer cultural” hacia Alós.

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“La memoria ha sido respetuosa con Baltasar Porcel y no con Concha Alós. Considero que no haber sabido nada de ella nos ha hecho conocer a un Porcel incompleto e ignorar que ella estaba presente en muchos aspectos de su obra”, añade. “Si le hubiéramos dado relevancia a esta obra, quizás las cosas habrían sido diferentes para las mujeres. Es como si siempre volviéramos a empezar”, lamenta la autora, que lo atribuye “al sistema literario” y también al hecho de que “las obras feministas eran menospreciadas”. Sea como sea, Ramis aclara que Alós tiene “una mirada universal”, solo que “estamos acostumbrados a la mirada y la voz masculina”, e insiste en que ella vio “los que serían los grandes temas literarios y que todavía lo son”. “Un escritor puede hacer dos cosas: pasar a la posteridad o trascender a su tiempo. Y Concha trascendió a su tiempo”, concluye.

Publicaba en castellano, pero enseñaba en catalán

Aunque Concha Alós solo publicó en castellano, su biógrafa, Amparo Ayora, asegura que utilizaba el catalán en su día a día. “Consideraba que no tenía suficiente formación para escribir en catalán, pero hizo traducciones de una lengua a la otra”, señala. Asimismo, cuando ejerció de profesora en los años 50 en Can Picafort y Santa Maria “tenía que dar las clases en catalán, en una mezcla de dialectos, porque los pobres niños no entendían nada de castellano”. La investigación de Ayora se publicará este otoño en formato de libro con el título Las ciudades de Concha Alós, con la editorial valenciana Vincle.

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