Lengua

En catalán, no todo debe ser 'nuestro'

Hablamos del uso (y el abuso) de los posesivos cuando el contexto ya deja claro de quiénes son las cosas

14/02/2026

PalmaSe ha detenido nunca a pensar por qué, antes de que comience una función, nos piden "apague sus móviles"? ¿De verdad hay que precisar que los móviles son nuestros? ¿Hay alguna posibilidad real de que, en ese momento, alguien entienda que debe apagar el teléfono de un desconocido sentado tres filas más atrás? La fórmula no es extraña ni 'incorrecta', por supuesto. Ahora bien, ¿el posesivo aporta información alguna que no sea ya evidente?

Los posesivos, como sabéis, son determinantes que concuerdan con el nombre que acompañan ('mis libros', 'mi libreta', 'nuestras casas') y que establecen un vínculo entre el sustantivo y un poseedor. Sin embargo, que la lengua disponga de este recurso no significa que deba activarla siempre que existe una relación de pertenencia. De hecho, el funcionamiento habitual de nuestra lengua muestra lo contrario: se tiende a prescindir del posesivo cuando el contexto o la estructura de la oración ya dejan clara la relación entre el nombre y el poseedor. Hay muchos casos en los que esta relación queda expresada por otras vías, sobre todo por medio de los pronombres débiles y del artículo definido. En estos contextos, el posesivo no aporta nada nuevo y, por tanto, resulta redundante.

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Duplicar un vínculo

El caso más evidente es el de las partes del cuerpo. Si alguien dice "me he roto el brazo", nadie interpreta que habla del brazo de otra persona. El pronombre 'm' ya establece la relación con el sujeto y hace innecesario cualquier posesivo. Decir "me he roto mi brazo" no añade ninguna información; simplemente duplica un vínculo que ya ha quedado marcado. Lo mismo ocurre con frases como 'nos duele la cabeza', 'le han arrancado una muela', 'se ha torcido el tobillo' o 'le han lavado el pelo'. En todas estas construcciones, la combinación de pronombre débil y artículo definido expresa ya la relación de posesión inherente.

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Este comportamiento no se limita al ámbito corporal. También lo encontramos en acciones que afectan directamente a una persona y en las que el complemento indirecto identifica al poseedor: 'le han anulado el vuelo', 'les han cambiado el horario', 'nos han concedido el permiso'. En estas frases, decir "su 'quiere" o "su 'horario"no sería inadmisible desde el punto de vista normativo, pero no aporta ninguna información que no quede clara con el pronombre.

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Este criterio se pone especialmente a prueba en el lenguaje administrativo e institucional, un ámbito en el que se ha extendido el hábito de añadir posesivos casi por defecto, en frases como 'presente su solicitud', 'adjunte su documentación' o 'revise sus datos personales'. Sin embargo, en un formulario o en un procedimiento dirigido a un único destinatario, la solicitud, la documentación y los datos ya son implícitamente de aquella persona. Decir "presente la solicitud" o "adjunte la documentación" no genera ninguna ambigüedad y evita el uso de un elemento que, en este contexto, no delimita ni contrasta nada. El posesivo, aquí, no afina el significado; simplemente repite información innecesariamente.

Esto no quiere decir, evidentemente, que los posesivos deban eliminarse sistemáticamente. Son necesarios cuando introducen una distinción que no puede deducirse del contexto o cuando evitan una ambigüedad real. Si decimos "Pol y Joan miraron a la madre", la frase puede ser equívoca: ¿se trata de su madre o de la de otro? En cambio, "Pol y Joan miraron a su madre" deshace la incertidumbre e identifica claramente el referente.

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También es justificado cuando la relación de pertenencia no es inmediatamente recuperable o cuando queremos especificar un vínculo concreto. Si escribimos que alguien "publicó su primer libro", el posesivo indica que es el primer libro de ese autor, y no el primer volumen de una colección o de una serie editorial. Aquí el determinante sí aporta información relevante.

Con nombres que expresan acciones –'arribada', 'intervención', 'reconstrucción', 'aprobación'– el posesivo puede tener varios matices. En 'su intervención fue breve', el posesivo identifica al agente de la acción y la construcción resulta natural, porque delimita claramente quien interviene. En cambio, en una frase como 'enviaronnos el acta unos días antes para agilizar su aprobación', la lengua ofrece una alternativa más adecuada: 'para agilizar su aprobación'. El pronombre retoma 'acta' y establece la relación con el nombre 'aprobación' sin necesidad de añadir el posesivo.

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Otro aspecto que a menudo genera dudas es la variación formal. En femenino singular conviven formas como 'mia'y 'mia', 'tuya' y 'tuya', 'suya' y 'suya'. Las formas en'-va' son habituales en el catalán oriental; las formas en '-ua' son propias del catalán occidental y también presentes en muchas variantes baleares. Ambas son plenamente admisibles en contextos formales y forman parte del sistema. Decir "madre mía" o "madre mía", pues, no altera la función del posesivo: la cuestión sigue siendo si es necesario utilizarlo en ese contexto concreto.

Información nueva

Un criterio práctico puede ser preguntarse si el posesivo introduce una nueva información o si simplemente repite una relación que ya ha quedado establecida. Si decimos "he dejado las llaves sobre la mesa", el oyente interpreta, a menos que el contexto indica lo contrario, que son las claves del hablante. Sólo será útil decir "mis claves" si existe un contraste (es decir, si hay más claves en juego), porque así las distinguiremos de otras claves.

Si retomamos la frase inicial, podemos ver claramente el mecanismo: "Apague los móviles" es una instrucción completa, porque la situación ya determina que cada uno debe apagar el suyo. Añadir 'vuestros' no cambia el sentido ni evita confusión alguna. En catalán, por tanto, no todo lo nuestro es decir. A menudo, cuando no lo decimos, la frase gana en claridad y mejor se ajusta al funcionamiento genuino de la lengua.